Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Comentario al Apocalipsis

02. Cómo entender el Apocalipsis

 
Versión: 01-04- 2022

 

Carlos Aracil Orts

Claves para su interpretación*

 

Las principales claves para entender y estudiar el libro de Apocalipsis, que me han parecido más importantes e interesantes, son las que presento y desarrollo a continuación.

Primera. Cuál es su género literario

Para responder a esta pregunta basta con aceptar lo que declara su propio autor: “La Revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto (Ap. 1:1). Además, en su versículo 3, Juan también nos confirma con claridad la clase de género literario que trata, cuando escribe su primera bienaventuranza: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía,…porque el tiempo está cerca(Ap. 1:3).

Esto significa que “tanto la apocalíptica como la profecía tratan de acontecimientos que están por venir” (Barclay) (5), en relación al tiempo en el que su autor, Juan, escribió dicho libro.

Robert H. Mounce, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, P. 41, dice:

“Normalmente se considera que el libro de Apocalipsis pertenece al género literario que hemos descrito como literatura apocalíptica. Es la contrapartida neotestamentaria del libro apocalíptico de Daniel en el Antiguo Testamento. Existen buenas razones para apoyar esta clasificación. La pródiga utilización del simbolismo, la visión como instrumento fundamental de revelación, la concentración en el tiempo del fin y la espectacular inauguración de la edad futura, la revelación de un orden espiritual que subyace tras los acontecimientos de la Historia y los determina, el uso de temas apocalípticos comunes: todo ello en conjunto, justifica la aplicación del término «apocalíptica» en relación con el libro de Apocalipsis.” (Mounce) (6)

Desde el versículo 4 en adelante, Juan dirige una hermosa y singular salutación a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; (5) y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra” (Ap. 1:4,5). Lo que añade al género literario de su obra, que es fundamentalmente el de profecía, otro rasgo que es el epistolar, común a todos los escritores del Nuevo Testamento.

Esto puede ser un primer indicio de que el autor del libro de Apocalipsis es el apóstol Juan, que fue coetáneo con Jesucristo, y que vivió hasta finales del siglo I d.C., y no otro personaje distinto; pues a partir del siglo tercero, surgieron varios críticos que cuestionaron dicha autoría, empezando, por Dionisio, obispo de Alejandría, discípulo de Orígenes, que fue el primer “antagonista más importante”, porque  negaba que fuera Juan el apóstol el autor del Apocalipsis.  (Wikipedia-Apocalipsis) (7)

En la siguiente clave, trato de reunir los máximos argumentos para probar, en lo que esté a mi alcance, que el autor de Apocalipsis fue el mismo que escribió el cuarto Evangelio, y que registró en su último capítulo lo siguiente: “Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? (21) Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? (22) Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. (23) Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? (24) Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero. (Juan 21:20-24).

Segunda. Quién es el autor del libro de Apocalipsis

Él mismo se identifica con el nombre de Juan cinco veces a lo largo de todo el libro, de las cuales tres corresponden al capítulo 1 (Ap. 1:1,4,9), y las dos restantes citas se encuentran en los capítulos 21:2 y 22:8.

Además de su salutación apostólica que caracteriza a Juan, el autor de Apocalipsis, y que nos da un primer indicio de su apostolicidad, existen muchas otras pruebas, como, por ejemplo, las que cito a continuación, extraídas, la mayoría de ellas de Wikipedia, la enciclopedia libre.

“El Apocalipsis da detalles escasos pero no irrelevantes acerca de su autor: su nombre es «Juan» (Ap. 1:1,4,9; 22:8). El autor se incluye entre los profetas (Ap. 22:9) y se atribuye varios títulos genéricos, tales como «siervo» de Dios (Ap. 1:1) y «hermano y compañero en la tribulación» del grupo al que se dirige (Ap. 1:9). Su presencia en la isla de Patmos (Ap. 1:9) fue la probable consecuencia de un destierro impuesto por las autoridades romanas. Las cartas que envía a las siete iglesias (Ap. 2:1-3:22) manifiestan que era muy conocido por los cristianos de Asia y que, dentro de las comunidades cristianas, gozaba de una autoridad indiscutida. (Wikipedia-Juan el Apóstol) (8)

Cito ahora de Robert H. Mounce, que en su Comentario al libro de Apocalipsis, p. 42, destaca la diferencia existente entre Juan, el autor de Apocalipsis con otros autores de literatura apocalíptica, no canónicos, que solían ocultarse bajo seudónimos de personajes famosos:

“[…]  El autor del libro de Apocalipsis se identifica claramente a sí mismo como «Juan» (1:4, 9; 22:8; cf. 1:1). No utiliza el nombre de algún ilustre personaje de la Historia en un intento de ganar audiencia o de elevar la relevancia del presente, sino que escribe en el suyo propio, con la convicción de que está proclamando la Palabra de Dios y que, por tanto, su mensaje es autorizado y vinculante para sus lectores. Bruce Jones subraya que la directa comunicación que Juan establece con sus coetáneos al utilizar su nombre es demasiado deliberada para ser fortuita: «Somos forzados a concluir que Juan quiere subrayar la diferencia entre su libro y la anterior literatura apocalíptica», Aunque los autores de la literatura apocalíptica son en general pesimistas respecto a la edad presente (Boring lo llama un «pesimismo» que no era final), Juan mantiene el equilibrio que expresa el logion del Evangelio: «En el mundo tendréis aflicción. Pero confiad, yo he vencido al mundo» (Juan 16:33). Aunque en los últimos días habrá una irrupción de actividad satánica, la Historia sigue estando bajo el control soberano de Dios. La redención ya ha sido lograda por el Cordero, que conquistó a sus enemigos por medio de la muerte en la Cruz (5:9), un sublime acontecimiento histórico que proporciona victoria sobre Satanás a sus seguidores (12:10-11). Aunque la perspectiva de sufrir se plantea de un modo realista, todo el texto está impregnado de un genuino optimismo.” (Mounce), (9)

Esencialmente solo disponemos, para identificar al personaje que se presenta como Juan, de dos fuentes:

A) En el Evangelio de San Juan aparecen conceptos y expresiones que son típicos, característicos y propios de este Apóstol, los cuales se vuelven a utilizar en el libro de Apocalipsis.

Por ejemplo, él es el único evangelista que se refiere a Jesucristo, como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29,36). Y en el último libro de la Biblia, Juan usa la palabra “Cordero” para referirse a Jesucristo, unas veintisiete veces (Ap. 5:6,8,12-13, 6:1,16; 7:9,10,14,17; 12:11; 13:8; 14:1,4,4,10; 15:3; 17:14; 19:7,9; 21:9,14,22,23,27; 22:1,3).

Como muestra, transcribo dos de las primeras menciones que aparecen en su libro: “…decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. (13) Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 5:12-13).

Otra palabra clave es “Verbo”, que Juan utiliza por primera vez en su Evangelio para referirse a Jesucristo en Su existencia anterior a su encarnación como hombre:En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios….Y aquel Verbo fue hecho carne…” (Jn. 1:1,14; cf. 1 Jn. 1:1); concepto que nuevamente introduce en Apocalipsis: “Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS (Ap. 19:13).

La palabra “testimonio” también es usada muchas veces (unas 26), por el apóstol Juan en su Evangelio, ya sea para referirse al “testimonio de Jesucristo” o a su propio testimonio y esta misma expresión la repite en su libro El Apocalipsis, unas doce veces. Aunque sin duda existen muchas más expresiones en este libro, que son compatibles con el estilo del autor del cuarto Evangelio y de sus tres epístolas, creo que con lo que antecede es suficiente.

Un dato a considerar, para identificar al “Juan”, autor del libro de Apocalipsis, es el hecho de que él, cuando lo escribió, estaba preso y exiliado en la isla de Patmos. Juan, en el primer capítulo, nos relata que sufrió persecución y como consecuencia fue desterrado y recluido a la citada isla: “Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo (Ap. 1:9).

B) Las pruebas más determinantes las aportan varios Padres de la Iglesia de los primeros siglos. Las siguientes citas son de Wikipedia, la enciclopedia libre.

"La mayoría de los Padres de la Iglesia primitiva, o Padres Apostólicos, como Papías (c.69-c.150), Justino (100/114-162/168), Melitón (m.180), Ireneo (120-205), Hipólito (170-236), y otros más, afirmaban que el autor de este Libro inspirado era el propio Evangelista, discípulo del Señor. En el año 633, el IV Concilio de Toledo –intentando despejar la duda creada recién a partir del último tramo del siglo III, cuando ya no vivía ningún discípulo que hubiese tratado o conocido al autor del Cuarto Evangelio–, afirmó que el Apocalipsis era obra del Evangelista y que debía tenerse por obra divina y ciertamente canónica, castigando con la excomunión a quienes lo negasen." (Wikipedia-Apocalipsis) (10)

[…]

Eusebio llega a su conclusión de que Papías hace una distinción entre dos personas distintas y que ambas llevan el mismo nombre Juan: una está citada entre nombres de apóstoles que coinciden con nombres del «grupo de los Doce», y otra refiere el nombre de un «presbítero». Según señala el teólogo alemán Wikenhauser, Eusebio tiene al primero de estos dos personajes por autor del Evangelio de Juan, y se inclina a atribuir al segundo la paternidad del Apocalipsis; pero críticos independientes contemporáneos, apartándose en esto de Eusebio, atribuyen la composición del cuarto Evangelio al presbítero Juan. (Wikipedia-Juan el Apóstol) (11)

[…]

La mención del nombre «Juan», antecedido por el de «Santiago» y el de «Cefas» (Simón Pedro), como uno de los «pilares» de la Iglesia primitiva por parte de Pablo de Tarso en su epístola a los Gálatas es interpretada por la mayoría de los estudiosos como referencia de la presencia de Juan el Apóstol en el Concilio de Jerusalén. (Wikipedia-Juan el Apóstol) (12)

[…]

Las polémicas que sobre él se abatieron y aún se abaten (en particular, si Juan el Apóstol y Juan el Evangelista fueron o no la misma persona, y si Juan el Apóstol fue autor o inspirador de otros libros del Nuevo Testamento, como el Apocalipsis y las Epístolas joánicas -Primera, Segunda y Tercera-) no impiden ver la tremenda personalidad y la altura espiritual que a Juan se adjudica, no solo en el cristianismo, sino en la cultura universal. Muchos autores lo han identificado con el discípulo a quien Jesús amaba, que cuidó de María, madre de Jesús, a pedido del propio crucificado (Stabat Mater). Diversos textos patrísticos le adjudican su destierro en Patmos durante el gobierno de Domiciano, y una prolongada estancia en Éfeso, constituido en fundamento de la vigorosa «comunidad joánica», en cuyo marco habría muerto a edad avanzada. (Wikipedia-Juan el Apóstol) (13)

[…]

“La distinción entre un «presbítero Juan» y «Juan el Apóstol» fue extendida en Europa Occidental por San Jerónimo, basado en la autoridad de Eusebio. La Enciclopedia Católica considera que la distinción no cuenta con una base histórica: ni Ireneo de Lyon, ni ningún otro escritor anterior a Eusebio, tuvieron conocimiento alguno de un segundo Juan en Asia. Asimismo, la Enciclopedia Católica sostiene que la palabra «presbítero» solo puede entenderse como «apóstol».” (Wikipedia-Juan el Apóstol) (14)

[…]

La solución comúnmente aceptada desde el siglo II y hasta el desarrollo de la «crítica bíblica» a mediados del siglo XIX fue que el «Discípulo Amado», garante del Evangelio de Juan, era Juan el Apóstol, el hijo de Zebedeo. A partir el siglo XVIII comienza a difundirse el uso del método histórico-crítico en lugar de métodos de índole estrictamente religiosa para construir un conocimiento verificable de Jesús de Nazaret. Este método fue utilizado particularmente para interpretar el Evangelio de Juan en general y la figura del «Discípulo Amado» en particular. Más aún, se propusieron significados alternativos del «Discípulo Amado» con los que se buscó superar las posibles debilidades que los críticos argumentaban había en la identificación con Juan el Apóstol. No se trataba de un tema menor, pues representaba indirectamente un desafío a la misma autoría del Evangelio. Este proceso, reservado en principio a los estudiosos, demandó décadas. Con los años, las distintas hipótesis esgrimidas sobre la identidad del «Discípulo Amado» como alguien distinto a Juan el Apóstol mostraron a su vez sus debilidades, mientras que se edificaron nuevas hipótesis sobre el proceso de redacción del Evangelio que, en la opinión de muchos, enmarcaba el grado de responsabilidad del «Discípulo Amado» en el mismo. (Wikipedia-Juan el Apóstol) (15)

[…]

Entre los Padres de la Iglesia que mencionaron al «Discípulo Amado» se destaca Ireneo de Lyon. Ireneo no dice que se trate del «hijo de Zebedeo»: siempre refiere el nombre de «Juan» como «discípulo» del Señor (más de 15 veces). Se podría objetar que, dado que Juan es mencionado únicamente como «discípulo» y no como «apóstol», su identidad estaría en duda ya que los apóstoles son indicados con ese título. Sin embargo, una lectura cuidadosa de todo el texto de Ireneo permite inferir que, al mencionar Ireneo la figura de «Juan, el discípulo del Señor que se reclinó sobre su pecho», se refiere inequívoca y consistentemente al apóstol Juan. (Wikipedia-Juan el Apóstol) (16)

[…]

Ireneo de Lyon (ca. 130 - ca. 202) escribió sobre «Juan, discípulo del Señor» en varias oportunidades, identificándolo con el discípulo a quien Jesús amaba y haciendo referencia a su permanencia en Éfeso hasta los tiempos del emperador Trajano:

«[...] Por fin Juan, el discípulo del Señor «que se había recostado sobre su pecho» (Jn 21:20; 13:23), redactó el Evangelio cuando residía en Éfeso [...]» Ireneo de Lyon

«[...] todos los presbíteros de Asia que, viviendo en torno a Juan, de él lo escucharon, puesto que este vivió con ellos hasta el tiempo de Trajano. Algunos de ellos vieron no solo a Juan, sino también a otros Apóstoles, a quienes han escuchado decir lo mismo.» Ireneo de Lyon

«Finalmente la Iglesia de Éfeso, fundada por Pablo, y en la cual Juan permaneció hasta los tiempos de Trajano, es también testigo de la Tradición apostólica verdadera.» Ireneo de Lyon

Ireneo suele dar a este Juan el título de «discípulo del Señor» (más de quince veces), título que en singular no aplica a ningún otro. En otro pasaje de su obra parece aplicarle el título de apóstol. (Wikipedia-Juan el Apóstol) (17)

En efecto, Ireneo menciona:

«[...] todos los presbíteros de Asia que, viviendo en torno a Juan, de él lo escucharon, puesto que éste vivió con ellos hasta el tiempo de Trajano. Algunos de ellos vieron no solo a Juan, sino también a otros Apóstoles, a quienes han escuchado decir lo mismo.»21 «[...]Por fin Juan, el discípulo del Señor «que se había recostado sobre su pecho» (Jn 21:20; 13:23), redactó el Evangelio cuando residía en Éfeso [...]»20 Ireneo de Lyon. (Wikipedia-Juan el Apóstol) (18)
[…]
El escritor Orígenes (185-254), principal referente teológico del cristianismo hasta Agustín de Hipona, apunta una y otra vez:

Juan, el hijo de Zebedeo, dice en su Apocalipsis[...] [...]Una vez más, en su descripción del Logos de Dios en el Apocalipsis, el Apóstol y Evangelista (y el Apocalipsis le da también el título de profeta) dijo que vio la Palabra de Dios en el cielo abierto[...] [...] ¿Qué vamos a decir de él, que se apoyó en el pecho de Jesús, a saber, Juan, que dejó un Evangelio, a pesar de confesar que él podría hacer tantos que el mundo no los contendría? Pero también escribió el Apocalipsis [...].43 Orígenes, Comentario sobre el Evangelio de Juan. (Wikipedia-Juan el Apóstol) (19)
[…]
Algunos argumentos a favor de la identificación de Juan el Apóstol con el «Discípulo Amado» surgen del análisis comparado entre el Evangelio de Juan, los Evangelios sinópticos y los Hechos de los Apóstoles, y pueden resumirse brevemente en los siguientes puntos:

1. La manera vívida y pormenorizada con que el Evangelio de Juan describe las escenas, y sus expresas afirmaciones, ponen de manifiesto que su autor intelectual primario (es decir, quien lo predicó inicialmente) fue un testigo presencial de los sucesos (Juan 1:14; Juan 19:35; Juan 21:24), uno de los más íntimos de Jesús, seguramente un apóstol. Jesús tenía tres apóstoles a los cuales distinguió: Pedro, Juan y Santiago o Jacobo (Marcos 5:37; Marcos 9:2; Marcos 14:33). Pedro se diferencia del «Discípulo Amado», porque aparecen claramente identificados como personas distintas (Juan 13:23-24; Juan 20:2-10; Juan 21:20). Santiago el Mayor (traducido a veces como Jacobo) tampoco puede ser el «Discípulo Amado», porque murió tempranamente (Hechos 12:1-2), mientras que el «Discípulo Amado» llegó, por su longevidad, a adquirir fama de inmortalidad (Juan 21:23).

2. El «Discípulo Amado» participó de la Última Cena a la cual, según los Evangelios sinópticos, tuvieron acceso «los Doce» (Marcos 14:16-17; Mateo 26:19-20), los Apóstoles (Lucas 22:13-14).

3. El «Discípulo Amado» y Simón Pedro llevaron una amistad abierta (Juan 13:23-25; Juan 20:2-9), que en el libro de los Hechos de los Apóstoles se pone de manifiesto en el trabajo apostólico conjunto de Pedro y Juan, tanto en la predicación en Jerusalén (Hechos 3:1-9) como en la predicación en Samaría (Hechos 8:14-15). El único vínculo con el ministerio de Jesús en Samaría relatado por el Evangelio de Juan parece encontrarse en la predicación de Pedro y Juan el Apóstol en los Hechos de los Apóstoles. (Wikipedia-Juan el Apóstol) (20)
[…]
Jerónimo de Estridón (c. 340 – 420) también conoció el relato del martirio de Juan en el caldero de aceite en Roma y de su destierro en Patmos, pues lo refiere en su Commentariorum in Evangelium Matthaei XX, 23, al explicar el pasaje en que Jesús predice a los dos hijos de Zebedeo que beberían el mismo cáliz que él.

Pero San Jerónimo escribe además que Juan, en su ancianidad, no podía ir por su pie a las reuniones de los cristianos, y los discípulos lo llevaban en una silla a las asambleas de los fieles de Éfeso. Su consejo era siempre el mismo: «Hijitos, amaos los unos a los otros». Cuando le preguntaron por qué repetía siempre la frase, Juan respondió: «Porque ese es el mandamiento del Señor y, si lo cumplís, lo habréis hecho todo». Jerónimo también hace referencia a la larga vida de Juan y a su muerte en Éfeso a comienzos del siglo II. (Wikipedia-Juan el Apóstol) (21)

Otra cita importante nos la proporciona Robert H. Mounce,  en su Comentario al libro de Apocalipsis, p.61-62:

"Justino Mártir, que vivió y enseñó en Éfeso poco después de su conversión hacia el año 130 dC., escribe que «cierto hombre de entre nosotros llamado Juan, uno de los apóstoles de Cristo, en una revelación que tuvo, profetizó que aquellos que creían en nuestro Cristo pasarían mil años en Jerusalén». Otro testimonio de la zona geográfica a la que inicialmente se dirigió el libro de Apocalipsis es el que nos llega de Melitón, obispo de Sardis, quien hacia el año 175 dC. escribió una obra acerca del libro de Apocalipsis, cuyo título ha sido preservado por Eusebio.

Ireneo (nacido en Asia Menor, probablemente en Esmirna), obispo de la ciudad de Lyon en la Galia del Sur, cita frecuentemente el libro de Apocalipsis en su obra fundamental, Contra las Herejías (escrita en la última década del siglo segundo). En ella se refiere a «todas las genuinas y antiguas copias» del Apocalipsis de Juan, indicando de este modo su temprana circulación. En una epístola a los creyentes de Asia y Frigia, las iglesias de Lyon y Viena (177 dC.) se refieren varias veces al libro de Apocalipsis (12:1; 14:4; 19:9; 22:11), una de las cuales se introduce con la fórmula neotestamentaria para las citas de la Escritura.

El hecho de que el libro de Apocalipsis aparezca en el Canon de Muratori (la lista más antigua existente de los escritos del Nuevo Testamento) indica su circulación y aceptación como texto canónico en Roma hacia finales del siglo segundo. Hipólito, el teólogo más importante de la iglesia romana del tercer siglo, lo cita repetidamente, considerando que su autor es «el apóstol y discípulo del Señor». En Cartago (la «hija de la iglesia romana») el libro de Apocalipsis fue aceptado como autoritativo hacia finales del siglo segundo. Tertuliano, el gran apologeta cartaginés del cristianismo, cita profusamente el libro de Apocalipsis (alude a dieciocho de sus veintidós capítulos) en los primeros años del siglo tercero. En el mismo periodo, Clemente de Alejandría aceptó el libro como escrito apostólico, al igual que el entonces joven Orígenes que fue contemporáneo de él. En la zona sirio-occidental, el obispo Teófilo de Antioquía, hizo uso del «testimonio del Apocalipsis de Juan» en su tratado Contra la Herejía de Hermógenes. Existen otras referencias, pero éstas bastan para demostrar que, hacia el fin del siglo segundo, el libro de Apocalipsis había circulado ampliamente por todo el Imperio y era ampliamente aceptado como parte de la Escritura y como obra del apóstol Juan." (Mounce) (22)

La conclusión respecto a la clave segunda –¿Quién es el autor del libro de Apocalipsis?– la extraigo también de Robert H. Mounce, que en su Comentario al libro de Apocalipsis, p.52, argumenta:

“Puesto que la evidencia interna no es completamente desfavorable a la autoría apostólica y la evidencia externa es unánime en su apoyo, lo más sabio es aceptar como una hipótesis razonable que el libro de Apocalipsis fue escrito por el apóstol Juan, hijo de Zebedeo y discípulo de Jesús”. (Mounce) (23).

Tercera. En qué fecha se redactó el Apocalipsis

Las fuentes históricas coinciden en que los cristianos sufrieron persecuciones, “durante un periodo de más de dos siglos entre el gran incendio de Roma en el año 64 bajo Nerón y el Edicto de Milán en el 313” (Wikipedia) (24); éstas fueron  “llevadas a cabo por el Estado y también por las autoridades locales de manera esporádica y puntual” (Wikipedia) (25), hasta el año 250, en que el emperador Decio proclamó un edicto, consecuencia de cual la persecución se extendió por todo el Imperio Romano." Persecución a cristianos en el Imperio romano - Wikipedia, la enciclopedia libre (26)

El libro de los Hechos de los Apóstoles registra que, pocos años después del gran acontecimiento de Pentecostés (año 30 d.C.), el apóstol Juan fue enviado junto con Pedro a predicar a Samaria (Hch. 8:14); y, muy probablemente, Juan también estaba entre los apóstoles que recibieron a Pablo y Bernabé en Jerusalén (Hch. 15:2,4), con motivo del llamado Concilio de Jerusalén (c. 50 d.C.). Aparte de que el apóstol Pablo cita al apóstol Juan en su Epístola a los Gálatas (2:9), ya no aparece en el Nuevo Testamento hasta que él mismo se identifica como el autor del libro de Apocalipsis. No obstante, con mucha probabilidad Juan iría a establecerse a Éfeso, algunos años antes de la destrucción de Jerusalén por el ejército de Roma en el año 70 d.C., porque es seguro que haría caso a la advertencia de Jesús: “Cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado…entonces huyan…” (Lc. 21:20). Esto pudo pasar hacia el año 68 d.C., poco después de la muerte de los apóstoles Pedro y Pablo (Goena, Historia de la Iglesia) (27); cuando muchos judíos cristianos abandonaron Palestina.

La cita anterior obtenida de Historia de la Iglesia - Edad Antigua (gecoas.com),  es confirmada, además, por los siguientes párrafos extraídos de la vida de Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre:

" Respecto de los años que siguieron a los acontecimientos narrados en los Hechos de los Apóstoles, la tradición apostólica más antigua está de acuerdo en ubicar el ministerio de Juan el Apóstol en Éfeso, con un período de exilio en la isla de Patmos." (Wikipedia-Juan el Apóstol) (28)
[…]
"Ireneo de Lyon (ca. 130 - ca. 202) escribió sobre «Juan, discípulo del Señor» en varias oportunidades, identificándolo con el discípulo a quien Jesús amaba y haciendo referencia a su permanencia en Éfeso hasta los tiempos del emperador Trajano. […]" (Wikipedia-Juan el Apóstol) (29)

Cito ahora unos párrafos muy expresivos y conmovedores extraídos también de la Historia de la Iglesia - Edad Antigua (gecoas.com)

"Hacia el año 130, San Papías, el famoso obispo de Hierápolis, diócesis de la Frigia, uno de los discípulos inmediatos del Evangelista, en un texto que nos ha sido transmitido por el primer gran historiador eclesiástico Eusebio de Cesarea, habla con profunda veneración de su Maestro fallecido pocos años antes, a quien llama "Juan el Anciano, discípulo del Señor".

San Juan anciano

Por varias fuentes sabemos la vitalidad de la comunidad cristiana de Éfeso, regida un tiempo por San Pablo, y después por San Juan.

No es extraño que bajo el báculo de Juan fuera metrópoli de la provincia eclesiástica más activa. Y la figura de Juan se agiganta cuando queda único sobreviviente del Colegio Apostólico, único representante del grupo íntimo de discípulos que había recibido las confidencias del Salvador. Entonces las miradas todas de la Iglesia se dirigieron al Discípulo predilecto.

Cuando habían desaparecido todos los "testigos de la palabra", los oyentes de Jesús, quedaba allí Juan, que había visto al Maestro con sus ojos, y le había tocado con sus manos, y había recogido las últimas palabras de su vida mortal.

Muerte de San Juan

Es de suponer que semejantes noticias acerca del prestigio de Juan debieron de llegar al emperador Domiciano. Estamos en el bienio 94-96, que fue el tiempo en que se desplegó su persecución. Sabemos por Eusebio de Cesarea, que el Emperador dispuso la detención de varios orientales, por sospecharles especiales autores de la creencia, muy extendida en Oriente, sobre un próximo reino de Jesús de Nazaret. Es Tertuliano, el gran apologista (siglos II-III), quien cuenta que San Juan sufrió en Roma la terrible prueba del aceite hirviente. La tradición señala como lugar del hecho la Puerta Latina, o mejor dicho, el espacio que ocupó más tarde dicho portazgo romano: un campo de las afueras de la Urbe, al principio de la vía que atravesaba el Lacio.

Podemos imaginar la escena: El venerable anciano ha sido echado, con las manos atadas, en una gran caldera llena de aceite que hierve y chisporrotea; los verdugos atizan el fuego y le contemplan estupefactos, reza el Mártir con los ojos fijos en el Cielo: se le ve intacto, sereno, alegre.

Se desiste de traer nuevas cargas de leña y de revolver el brasero; es inútil: nada puede hacer daño a la carne virginal de aquel hombre prodigioso; el fuego le respeta y el aceite que arde es para él como un rocío.

Tertuliano lo narra con emoción, añadiendo que el Evangelista, después de haber salido incólume del perverso baño, fue desterrado, por orden imperial, a una isla. Consta históricamente que fue la de Patmos, una de las Espóradas, en el mar Egeo, árida, agreste, volcánica; allí tendrá las visiones del Apocalipsis y permanecerá largos meses, hasta la muerte de Domiciano, para regresar a su Éfeso querida, amparado por una amnistía general, decretada por Nerva, benigno emperador inmediato.

La tradición nos ha transmitido un hermoso anecdotario de la última vejez del Apóstol. Entusiasta de la pureza de la fe, no se recató de manifestar su más absoluta repugnancia contra las primeras herejías que en la Iglesia aparecieron.

Es el mismo San Jerónimo el que, en su libro Sobre los Escritores Eclesiásticos, intenta establecer la cronología del cuarto Evangelista y dice que vivió hasta los plenos días del Emperador Trajano (98-117) y falleció sesenta y ocho años después de la Pasión del Señor. (Goena, Historia de la Iglesia) (30)

También Wikipedia se refiere al martirio fallido del que, al parecer, fue víctima el apóstol Juan:

Tertuliano (ca. 160 – ca. 220), en su De praescriptione haereticorum XXXVI, asentó que Juan padeció sin morir el martirio en Roma, en una caldera de aceite hirviente. Según este relato milenario de la Iglesia, el martirio habría tenido lugar aproximadamente entre los años 91 y 95, en las cercanías de la Puerta Latina (Porta Latina), en los Muros Aurelianos. Juan habría salido ileso. El emperador Domiciano habría considerado este prodigio como una especie de magia y, no animándose a intentar otra clase de ejecución, habría desterrado a Juan a la isla de Patmos. (Wikipedia-Juan el Apóstol) (31)

Los siguientes párrafos obtenidos de la fuente citada arriba, también atestiguan que Juan el Apóstol escribió el libro del Apocalipsis hacia el año 95 d.C., cuando el emperador Domiciano (81-96 d.C.) acentuó la persecución a los cristianos.

Domiciano fue señalado por los escritores cristianos antiguos como el segundo emperador romano en perseguir a los cristianos, luego de Nerón.

Muchos investigadores coinciden en la hipótesis de que el Apocalipsis fue escrito durante el gobierno de Domiciano como reacción a la intolerancia religiosa del emperador. […](Wikipedia-Juan el Apóstol)  (32)

Completo los datos que he obtenido sobre la fecha en que se escribió el libro de Apocalipsis con la información que proporciona Robert H. Mounce,  en su Comentario al libro de Apocalipsis, p.53-55:

"La referencia externa más antigua que sitúa la redacción de Apocalipsis durante el reinado de Domiciano es la de Ireneo. Hablando del libro de Apocalipsis, dice: «porque no comenzó a circular en un tiempo muy lejano, sino casi en nuestra generación, a finales del reinado de Domiciano»."(R. Mounce, p.53) (33)

[…]
"Cuando se considera el libro de Apocalipsis en sí, se hace evidente que en su trasfondo está el conflicto entre las demandas de un poder secular totalitario y la adhesión a la fe cristiana. El Imperio Romano se personifica en una bestia que exige adoración universal (13:4, 15-17; 14:9; 16:2; 19:20), y que insiste en que todos lleven su «marca» o sean ejecutados (13:15-17; 14:9; 16:2; 19:20; 20:4). Estas referencias solo pueden interpretarse razonablemente en términos del desarrollo del culto imperial, y específicamente en Asia Menor. El concepto de la adoración del Emperador experimentó una evolución natural en el antiguo mundo gentil, ayudado por el politeísmo, la adoración de los antepasados, y la posterior deificación de los héroes legendarios. En el Imperio Romano, la deificación del estado que un tiempo atrás se había desarrollado entre las provincias, aportó ciertas razones para que los emperadores fortalecieran su autoridad y reivindicaran un cierto estatus divino. Julio César (100-44 a.C) aceptó que se le adorara como un dios durante su vida. Augusto (27 a.C.-14 d.C.) fue más prudente en la ciudad de Roma, pero consintió la existencia de templos dedicados a él en las provincias. Después de su muerte se le adoró ampliamente en Asia y en las provincias occidentales. Calígula (37-41 d.C.) no se contentó con que se le tributara adoración voluntaria. Exigió que todos sus súbditos rindieran homenaje a su estatua. En el tiempo de Nerón (54-68 d.C.) el culto imperial se estableció firmemente como una institución religiosa, aunque la persecución de los cristianos que se produjo bajo su mandato no se debió a la reivindicación de su deidad como emperador, sino a que necesitaba algún grupo al que culpar por el gran incendio de Roma. Tendría que llegar el reinado de Domiciano (81-96 d.C.) para que la negativa a confesar la divinidad del Emperador se convirtiera en un delito político y susceptible de castigo. W. G. Kümmel observa que, bajo Domiciano «se produjo por primera vez la persecución de los cristianos por parte del Estado por motivos religiosos». Aunque el cuadro de la imposición universal del culto imperial que encontramos en Apocalipsis 13 representa la predicción de una situación futura más que una descripción de las condiciones existentes bajo Domiciano, todos los elementos de la visión estaban presentes en la última década del siglo primero y, por tanto, es lícito y razonable que hagamos una extrapolación. El inminente conflicto de lealtades entre Cristo y César que se refleja en el libro, indica que la redacción de Apocalipsis debería probablemente situarse no antes del reinado de Domiciano. Kümmel afirma: «El cuadro de la época que se esboza en el libro de Apocalipsis no coincide mejor con ninguna época de la historia primitiva que con el periodo de la persecución de Domiciano»

Dentro del propio libro existen indicaciones de que la tormenta de la persecución está próxima a estallar. El autor ha sido desterrado a la isla de Patmos «a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús» (1:9). Aunque este exilio se produjo a instancias de una autoridad local, no es poco razonable asumir que tras aquella decisión había una política general procedente de Roma. En la carta a la iglesia de Pérgamo se habla de Antipas, fiel testigo de Dios, que fue ejecutado, según parece por negarse a renunciar a su fe (2:13). A los creyentes de Esmirna se les advierte acerca de un sufrimiento y encarcelamiento inminentes que puede suponer la muerte de alguno de ellos (2:10). A los cristianos de Filadelfia se les promete que por su fidelidad, serán guardados «de la hora de la prueba, esta hora que está por venir sobre todo el mundo» (3:10). Cuando se abre el quinto sello, se ve a «los que habían sido muertos a causa de la palabra de Dios y del testimonio que habían mantenido» (6:9). Aunque esta descripción podría interpretarse de un modo general e incluir a los mártires de todos los tiempos, la orden de que «descansaran un poco más de tiempo» hasta  que se completara su número sugiere que la persecución iba todavía a continuar. Es evidente que algunos pasajes donde se habla de la gran ramera (Roma), ebria de la sangre de los santos y los mártires implica un contexto de persecución (17:6; 18:24; 19:2; cf. 16:6; 20:4)." (Mounce) (34)
[…]
"Clemente de Roma, contemporáneo de Domiciano, habla de «las repentinas y reiteradas calamidades y adversidades que nos han sobrevenido,» lo cual concuerda con lo que sabemos de Domiciano por el testimonio de autores posteriores que hablan de sus persecuciones a los cristianos. Aunque las pruebas de que bajo Domiciano se produjo una extensa persecución no son especialmente contundentes, no hay ningún otro periodo del siglo primero en que tales persecuciones sean más probables. Beckwith observa que el libro refleja una etapa del desarrollo de la adoración al Emperador que no se había alcanzado anteriormente y concluye que «por tanto, el lugar que ocupan las persecuciones en los motivos y profecías del autor de Apocalipsis parece apuntar con toda claridad al tiempo de Domiciano».

Existen otros argumentos que pueden apoyar la época de Domiciano como fecha de redacción del Apocalipsis: (1) la forma concreta del mito de Nerón que subyace en los capítulos 13 y 17 no hubiera podido desarrollarse y ser aceptada tan ampliamente hasta finales de siglo, (2) el declive espiritual de Éfeso, Sardis y Laodicea requiere un extenso periodo de tiempo, (3) la existencia de una secta herética bien conocida como los nicolaítas presupone un periodo de distancia de las epístolas apostólicas (en estos escritos ni siquiera se insinúa su existencia), (4) la ausencia de cualquier referencia a la obra pionera de Pablo en Asia Menor es más comprensible con el paso del tiempo, (5) la probable utilización del texto de Mateo (y quizá también de Lucas) para la redacción de Apocalipsis estaría en favor de una fecha posterior a los años 80-85 si se acepta la datación corriente, (6) es posible que la iglesia de Esmirna no existiera hasta después de 60-64 dC.,97 y (7) en Apoc. 3:17 se describe a la iglesia de Laodicea como rica aunque la ciudad quedó casi totalmente destruida por un terremoto en 60-61 dC." (Mounce) (35).

Cuarta. Distintos métodos o enfoques para interpretar el Apocalipsis

Los distintos enfoques –preterista, futurista, idealista e historicista– que tratan de explicar el citado libro, se basan principalmente en la interpretación de los siguientes textos del capítulo uno del Apocalipsis:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, (2) que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. (3) Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca (Apocalipsis 1:1-3).

“Las cosas que deben suceder pronto” corresponden a sucesos que ocurrirán en un futuro próximo. Son “palabras de profecía” reveladas por Dios a Juan, por medio de Jesucristo, a través de un ángel. La dificultad estriba en evaluar el alcance temporal de la palabra “pronto”; aunque el Apóstol, al final del versículo 3, lo puntualiza un poco más cuando nos dice que el tiempo está cerca. Es decir, las profecías que se le revelan a Juan, cuando escribió el Apocalipsis hacia el año 95 d.C., empezarán a cumplirse en un tiempo indefinido después de la citada fecha, pero relativamente “pronto”, y, por supuesto, no todas las cosas sucederán al mismo tiempo, sino que se desarrollarán a lo largo de un tiempo que todavía está en el futuro para el apóstol Juan.

Mientras Juan estaba en el Espíritu en el día del Señor” (Ap. 1:10), –se refería a una especie de éxtasis inducido por el Espíritu Santo, que le permitía recibir las visiones– oyó “detrás” de él “una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea” (Ap. 1:10-11). Era Jesucristo que se presentaba al apóstol, enfatizando Su cualidad fundamental que le identifica como el Ser eterno, y que le hace igual a Dios el Padre. Es el momento histórico en el que Juan recibe el mandamiento de Jesús para que escriba en un libro las visiones que a continuación irá teniendo, y lo envíe a las siete iglesias locales antes citadas, que representan a la Iglesia universal de todos los tiempos hasta la segunda venida de Cristo.

Cuando Juan se vuelve para ver de dónde salía la voz, es el momento en el que recibe la primera visión: “vi siete candeleros de oro, (13) y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. (14) Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; (15) y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. (16) Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. (17) Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; (18) y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.” (Ap. 1:12-18)

En el versículo que sigue a la visión “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas” (Ap. 1:19)–, Jesucristo reitera a Juan el mandato que le ordenó anteriormente en el versículo 11. Pero observemos que hace una distinción entre “las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas”. Esta frase alude, en primer lugar, a un pasado reciente – “las cosas que has visto”, que se refieren a la visión de la apariencia del Hijo del Hombre, situado entre “los siete candeleros”, y que “Tenía en su diestra siete estrellas” –, o sea, lo que acaba de mostrársele; en segundo lugar, el presente “las [cosas] que son”, es decir, los siete candeleros, que son las siete iglesias de Asia, citadas en el v.10, y que existían en tiempos en que Juan escribió “La Revelación de Jesucristo”; y en tercer lugar, se refiere al futuro, “las [cosas] que han de ser después de estas”. En opinión de muchos eruditos, este futuro, que Jesucristo le va a revelar a Juan, no tiene por qué estar limitado a los primeros cuatro o cinco siglos de existencia de la Iglesia cristiana, sino que puede extenderse hasta el día del fin del mundo, que ocurrirá con la segunda venida de Cristo.

En los dos versículos últimos de este capítulo uno, algunos símbolos que se emplearon en la anterior descripción, son desvelados por Jesucristo mismo: “El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias” (Ap. 1:20).

La interpretación preterista

Los autores que utilizan el punto de vista preterista para analizar y comentar el libro de Apocalipsis, consideran que “las cosas que deben suceder pronto” (Ap. 1:1), que pertenecían al futuro en tiempos de Juan, la mayoría de ellas –excepto las de los capítulos 19 al 22– se cumplieron en los dos o tres primeros siglos, o, como máximo, antes del siglo quinto, de existencia de la Iglesia.

Robert H. Mounce define y describe muy bien la perspectiva preterista de la siguiente manera: "[Es la que] entiende el Apocalipsis desde el punto de vista de su escenario histórico del primer siglo. La Iglesia, amenazada por las crecientes demandas que planteaba la adoración al Emperador, está entrando en un periodo en el que su fe habrá de ser probada con gran severidad. La persecución irá en aumento, pero aquellos que permanezcan fieles participarán en la victoria final de Dios contra los poderes demoníacos que controlan y dirigen el estado totalitario”. (Mounce, p.66) (36)

"[…] Los preteristas sostienen que las principales profecías del libro se cumplieron, bien durante la caída de Jerusalén (70 d.C.), o con el colapso de Roma (476 d.C.)." (Mounce) (37)
"[…] El problema fundamental de la posición preterista radica en que la decisiva victoria que se describe en los últimos capítulos del Apocalipsis nunca ha llegado. Es difícil de creer que lo que Juan plantea no sea otra cosa que la completa destitución de Satanás, la destrucción final del mal, y el reinado eterno de Dios. Si esto no fuera así, entonces: o bien el vidente estaba completamente equivocado en la idea fundamental de su mensaje, o su obra era tan absolutamente ambigua que sus primeros receptores se confundieron totalmente respecto al sentido del libro." (Mounce) (38)

La interpretación futurista

Esta interpretación es totalmente opuesta a la preterista. Porque los comentaristas o estudiantes del libro de Apocalipsis entienden que solo el capítulo uno, prólogo del mismo,  y los capítulos dos y tres, –que contienen las siete epístolas, dirigidas expresa y particularmente “a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea”–, “tratan el periodo de la presente Dispensación de la Gracia” (Truman) (39). Ellos entienden que este periodo comprende desde el establecimiento de la Iglesia primitiva en el día de Pentecostés del año 30 d.C. hasta el fin del tiempo de gracia, que ocurrirá unos pocos años antes de la Parusía de Jesucristo. Sin embargo, “Los capítulos 4-19 describen el tiempo de los siete años de la [gran] tribulación” (Truman) (40), que ocurrirá durante ese periodo especial de años inmediatos a la venida en gloria de nuestro Señor Jesucristo.

Cito a continuación, también los párrafos del contexto en el que se insertan las frases entrecomilladas arriba extraídas del libro, Comentario a Apocalipsis, cuyo autor es Cliff Truman:

" Ningún juicio en la historia jamás ha igualado los descritos en los capítulos 6, 8, 9 y 16. El capítulo 20 tiene que ver con el reino milenario de Cristo en la tierra. Los capítulos 21-22 describen el estado eterno. Los acontecimientos predichos en Apocalipsis se han de cumplir de manera normal. "Su mensaje es fundamentalmente escatológico, porque su tema gira alrededor de la realidad de la segunda venida de Cristo a la tierra y de los acontecimientos que precederán, acompañarán y seguirán a un hecho tan singular".

Los símbolos usados enseñan verdades y cosas reales. Todos los símbolos y las metáforas han sido tomados del Antiguo Testamento. De los 404 versículos que constan el libro, 265 contienen el lenguaje del A. T. Hay 550 referencias al A. T. Está saturado con los modismos hebreos. Estando íntimamente ligado con las profecías del A. T., es un gran error tratar de interpretar el libro por medio de la historia gentil.

Hay un progreso de la profecía bíblica. Las predicciones de Daniel avanzan más allá de las de Isaías; Zacarías agrega más datos al cuadro creciente de los últimos tiempos. En su discurso del Monte de los Olivos, Cristo pone más detalles que hacen más claro el cuadro escatológico, mientras Pablo, en su segunda carta a los Tesalonicenses dibuja con su pluma profética algunos renglones de manera tan vívida y clara sobre el Hombre de Pecado (el Anticristo), que los santos de la tribulación podrán reconocerle inmediatamente.

Pero el libro de Apocalipsis corona toda la palabra profética con sus símbolos y cuadros, sus explicaciones y sus testimonios, para que los hijos de Dios posean un guía infalible en cuanto a los tiempos peligrosos e inminentes de la consumación de esta presente dispensación de la Iglesia.

Una buena regla para la interpretación bíblica es, "Cuando el claro sentido de las Escrituras hace un sentido común, entonces no busque a otro sentido"; es decir, hay que aceptar cada palabra en su sentido primario, ordinario, usual, y literal, a menos que los hechos del texto inmediato, estudiado a la luz de pasajes correspondientes y verdades fundamentales, indiquen lo contrario.

La escuela de pensamiento futurista, debido a su insistencia de interpretación tan literal que sea posible, ha sido un antídoto saludable al extremo simbolismo que trata de obligar a Apocalipsis a decir cualquier cosa, salvo lo obvio." (Truman) (41)

La interpretación idealista

“Ve al Apocalipsis como una alegoría del combate espiritual entre el bien y el mal que debe tener todo fiel.” (Wikipedia-Apocalipsis) (42). “El libro de Apocalipsis es un poema teológico que plantea la lucha entre el reino de luz y el de las tinieblas” (Mounce) (43). La debilidad de esta interpretación “radica en el hecho de que niega al libro cualquier cumplimiento histórico específico. Desde el punto de vista idealista los símbolos representan un permanente conflicto: no existe ninguna consumación necesaria del proceso histórico”. (Mounce) (44). “Los idealistas creen que el Apocalipsis presenta una filosofía de la historia que presenta al cristianismo como una fuerza triunfante sobre el diablo y el mal. Interpretan el texto a la luz de alguna situación socio-política contemporánea. Esto produce un alejamiento de los principios básicos de una hermenéutica normal, gramatical, histórica y literal.” (Truman) (45)

La interpretación historicista

Aunque el autor del libro del Apocalipsis no podemos tipificarlo como preterista, futurista, idealista o historicista, muy probablemente el contenido del libro tiene características que pueden clasificarse en cualquiera o  todas las mencionadas interpretaciones. No obstante, muchos comentaristas eruditos, consideran que fundamentalmente el citado libro bosqueja, utilizando muchos símbolos, la historia de la Iglesia cristiana desde su fundación en el día de Pentecostés del año 30 d.C., hasta el día del fin del mundo, con la segunda venida de Jesucristo. Lo cual implica el pasado reciente del apóstol Juan, que coincide con la vida pública de Jesucristo y la fundación de Su Iglesia, su situación presente de los últimos años de su vida, a partir del año 95 d.C., caracterizada por la crecientes persecuciones a los cristianos, las que se producirían en los años siguientes, y finalmente las profecías que Dios le reveló, que afectarán a Su Iglesia, y  que irán cumpliéndose conforme el avance o progreso del tiempo, que se extiende desde la muerte del Apóstol hasta fin del mundo.

Por tanto, el tema de Apocalipsis es proporcionar a todos los creyentes la seguridad de la salvación mediante “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29,36); es decir, mostrarnos que, puesto que Jesucristo ha obtenido la victoria  sobre el pecado, la muerte y el diablo, todos los fieles que confíen en Él y perseveren hasta el fin, también vencerán y recibirán la vida eterna en la Nueva Jerusalén, la Ciudad de Dios. Sin embargo, la victoria del bien significa la derrota del mal, y necesariamente los juicios de Dios caerán sobre la humanidad rebelde, materializándose en la destrucción de este planeta junto con todos los impíos y del diablo y sus ángeles (Ap. 19:11-21; 20:7-15).

El apóstol Juan lo anuncia ya en el prólogo, versículo 7 de Apocalipsis. Leámoslo: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. (8) Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Ap. 1:7).

No obstante, muchos comentadores y estudiantes del Apocalipsis ven una dificultad en adoptar los enfoques futurista e historicista, porque consideran que dichas interpretaciones no se corresponderían con un cumplimiento inminente de la profecía apocalíptica, como parece, a simple vista, desprenderse de las primeras palabras de Juan, cuando se refiere a “las cosas que deben suceder pronto…porque el tiempo está cerca” (Ap. 1:1,3).

¿Cómo, pues, el cumplimiento de “las palabras de esta profecía” (Ap. 1:3) que “deben suceder pronto” (Ap. 1:1) podría extenderse a lo largo de un periodo de tiempo que abarcase desde el año 95 d.C. – cuando se escribió “La Revelación de Jesucristo”– hasta Su segunda venida, y el fin de este mundo?

En mi opinión, Robert H Mounce responde a la cuestión anterior, con razonamientos y argumentos suficientemente satisfactorios, los cuales  presento en los párrafos que transcribo a continuación, extraídos de su libro citado anteriormente.

“Juan afirma que los acontecimientos que constituyen la revelación han de «suceder pronto». Para algunos, el hecho de que hayan transcurrido casi 2.000 años de historia de la Iglesia y el final no haya llegado todavía plantea un problema. Una solución es entender «pronto» en el sentido de «repentinamente», o «sin demora» una vez haya llegado el tiempo señalado. Otro acercamiento consiste en interpretar esta declaración en términos de la certeza de los acontecimientos en cuestión. La sugerencia de que Juan pueda estar usando la fórmula de 2 Ped 3:8 («Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día»), le haría responsable de una especie de artimaña verbal”. (Mounce p.83) (46)

“Otros creen que la crisis que se anticipa no alude a la consumación de la Historia sino a la persecución de la Iglesia, y esto, sin duda, sucedió al poco tiempo. Existe aun otro acercamiento a la cuestión: para los primeros cristianos el fin del orden mundial presente había ya comenzado con la resurrección de Jesús y se consumaría con su reconocimiento universal (un acontecimiento que Juan creía inminente). Si bien es cierto que, en un sentido, el reino de Dios es sin duda una realidad presente, esto deja sin resolver el problema del gran retraso de la consumación final.

La solución más satisfactoria es la de considerar la expresión «han de suceder pronto» en un sentido sencillo, recordando que en la perspectiva profética el fin es siempre inminente. El tiempo entendido como una secuencia cronológica es de importancia secundaria para la profecía. Esta valoración del tiempo es común a todo el Nuevo Testamento. Jesús enseñó que Dios vindicaría sin demora a sus elegidos (Lucas 18:8), y Pablo escribió a los Romanos que Dios aplastaría «pronto» a Satanás bajo sus pies” (Romanos 16:20). (Mounce, p.84) (47)

Este sentido de inminencia que la Biblia –especialmente el Nuevo Testamento– da al cumplimiento de las profecías de una forma implícita y esencial, se confirma en varias ocasiones al final del libro de Apocalipsis, como muestran los siguientes textos –además, teniendo en cuenta que, en dos de ellos es Jesucristo mismo, que no puede mentir, el que da testimonio de su pronta segunda venida– que presento a continuación: “¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro” (Ap. 22:7); y por si creemos que se trata de un error, para que nadie pueda decir que no se le había advertido, unos pocos versículos más adelante, Jesús mismo nos vuelve a reiterar: “He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” (Ap. 22:12). Pero, en este final del libro, aún hay más pruebas del sentido inminente que caracteriza al cumplimiento de la profecía del Apocalipsis. Comprobémoslo:

Apocalipsis 22:10-21: Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. (11) El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía. (12) He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. (13) Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. (14) Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. (15) Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira. (16) Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana. (17) Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente. (18) Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. (19) Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro. (20) El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. (21) La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.

Quinta. Significados de algunos símbolos

A) Significado de algunos números en el libro de Apocalipsis

“Los números básicos empleados en el libro de Apocalipsis tienen el fin de expresar cualidades antes que cantidades” (Apuntes curso sobre Apoc.) (48). Por ejemplo, son importantes el “tres” y el “cuatro” porque suman “siete”, que es el número que en la Biblia simboliza plenitud y perfección y, además, el séptimo es el día que Dios santificó y en el que reposó (Gn. 2:2-3), figura del reposo que los cristianos obtienen cuando confían plenamente en la salvación que ofrece Cristo, debido a su obra redentora en la cruz (véase Heb. 3:12-14; 4:1-3,9-11). También tiene un significado relevante para los cristianos el número “doce”, que es el  producto de los dos citados primero.

Veamos, a continuación, por qué es importante para entender el Apocalipsis, comprender lo que ciertos números pueden simbolizar en la Biblia. Y para explicarlo me basaré en los apuntes de un curso sobre el libro de Apocalipsis que estudié hace ya muchos años, y en el que no aparece su autor o autores.

Tres es el número de la Trinidad. Simboliza unidad, como lo ilustran sus muchos usos. La verdadera Trinidad está identificada en Apocalipsis 1:4-6. Allí Dios está descrito en forma triple: "El que es y que era y que ha de venir", “los siete espíritus que están delante de Su trono” (v.4) –siete espíritus representan la plenitud del Espíritu Santo– y “Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra” (Ap. 1:5). Los cuatro seres vivientes, que están “junto al trono, y alrededor del trono” de Dios, entonan un canto triple de alabanza a Dios: "Santo, santo, santo” (Ap. 4:8) y también realizan acto de adoración “al postrarse delante del Cordero” (Ap. 5:8). De ese trono proceden tres cosas: rayos, truenos y voces (Ap. 4:5). Tres puertas de perla se abren en cada uno de los cuatro muros de la Ciudad Eterna (Ap. 21:12,13).

En contraste, se menciona la falsa trinidad del dragón, la bestia y el falso profeta (13:4,11; 16:13; 19:20; 20:10). Tres espíritus impuros, en forma de ranas, salen de sus bocas (16:13). Se pronuncian tres ayes entre el sonido de las trompetas. Así podríamos seguir. Cada vez que leemos del número tres debiéramos pensar en unidad, unicidad, unión.

“Cuatro” es el símbolo de la universalidad. Hay cuatro seres vivientes ante el trono. Y Juan describe cuatro ángeles en los cuatro ángulos de la tierra que detienen los vientos de lucha (7:1). Un momento culminante de la gran controversia llega en una específica hora, en un específico día, en un específico mes, en un específico año (9:15). En el día del juicio, la sangre del lagar se extiende por 1.600 estadios (4 multiplicado por sí mismo, cien veces) (14:20). Los habitantes de la tierra están divididos en cuatro designaciones: nación, tribu, lengua y pueblo (7:9; 11:9; 13:7; 14:6). El jinete del caballo amarillo mata una cuarta parte de la tierra, mediante, cuatro armas: espada, hambre, peste y fieras (6:8). Cuando está por caer el juicio de Dios, es precedido por cuatro llamativos eventos: truenos, voces, rayos y un terremoto (11:19; 16:18). La culpable Babilonia es seducida a mayor iniquidad por cuatro músicos: arpistas, músicos, flautistas y trompeteros (18:22). La destrucción que produce la sexta trompeta, deja a los impenitentes con una clasificación de cuatro pecados: homicidios, hechicerías, fornicación y hurtos (9:21). Y en este caso también podríamos seguir. Así, el número “cuatro” indica universalidad.

“Siete” es el número más prominente del Apocalipsis es, el número del sábado. No sólo el descanso al final de una ocupada semana de trabajo, pero más importante en el marco del Apocalipsis, el eterno descanso que Dios ha prometido a su pueblo, desde aquella primera promesa pronunciada en el jardín del Edén (Gen. 3: 15). El número siete se menciona más de cuarenta veces en el Apocalipsis, desde los grandes "sietes" de los sellos (6:1-17; 8:1-5), las trompetas (8:6-13; 9:1-21); 11:15-19) y las copas de las plagas (15:1,6: 16:1-21), hasta los siete inexplicados truenos que oyó Juan (10:4). Vuelven a aparecer hasta el tiempo en que Jesús recibe a su pueblo y les da el descanso prometido en su reino de gloria. El “siete” representa el descanso prometido.

 “Doce” generalmente identifica al Reino de Dios. Recordamos -que el reino del Antiguo Testamento empezó con los doce hijos de Jacob. En el Nuevo Testamento creció a partir de los doce discípulos. Y el número doce tenía ese significado para los primeros creyentes, porque tan pronto como pereció uno de ellos, con rapidez se reunieron para elegir a un reemplazante. (Véase Hch. 1; cf. 6:1,2.) La hermosa madre encinta de Apocalipsis 12 lleva una corona de doce estrellas. En la capital del Reino, el número doce se multiplica rápidamente: doce puertas de perla, doce fundamentos, doce diferentes piedras preciosas, doce nombres en los cimientos, doce frutos del árbol de la vida, y la altura y el largo de los muros son múltiplos de doce. Incluso “El número de los sellados”, “ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel” (7:4) – que representan a todos los redimidos de la tierra que vivirán en la segunda venida de Cristo, y que serán transformados en cuerpos espirituales e incorruptibles, sin pasar por la muerte, y arrebatados junto con los muertos resucitados al encuentro con Jesús (1 Co. 15:51-58; 1 Ts. 4:13-18)– está designado por el número doce, porque “ciento cuarenta y cuatro mil” es igual al producto de doce por doce y por mil. Entonces el número “doce” representa al Reino de Dios. (Apuntes curso sobre Apoc.) (49)

B) Las bestias que aparecen en el libro de Daniel representan imperios o reinos mundiales y a sus emperadores, porque así se interpretan en el mismo libro (véase Dn. 7 y 8). Los cuernos que tienen las bestias simbolizan a los reyes o reinos en los que se dividieron los imperios (ver Dn. 7:7,20,24). En el capítulo trece del libro de Apocalipsis se describe una bestia que tiene rasgos y características de las cuatro bestias que aparecen en el capítulo siete del libro de Daniel.

Sexta. El libro de Apocalipsis desarrolla Mateo 24 y profecías de Daniel

El libro de Apocalipsis también se puede entender como una extensión  detallada de las palabras de Jesús pronunciadas en el sermón del monte de los Olivos y registradas en el capítulo 24 del Evangelio de San Mateo; y también como desarrollo, aplicación y continuación de algunas profecías del Antiguo Testamento, y especialmente de las profecías del libro de Daniel.

Recordemos que, como norma general fundamental, cualquier interpretación que hagamos de este libro siempre deberá estar en armonía con el mensaje del resto de la Biblia. “El lenguaje de Apocalipsis tiene que ser entendido en su sentido común, de otro modo, los lectores del libro no entenderían su mensaje. Aunque el libro por naturaleza es apocalíptico, es necesario interpretarlo según el criterio histórico, literal, y gramatical” (Cliff Truman, p.3) (50)

“Para interpretar adecuadamente el libro de Apocalipsis es importante recordar que Dios está comunicando su mensaje mediante visiones que son más simbólicas que literales. La realidad que se representa en tales visiones existe objetivamente, pero las visiones en sí no son sino meros medios que Dios utiliza para transmitirla. (Mounce, p.85) (51)

Séptima. El apóstol Juan usa muchos pasajes del Antiguo Testamento

El Espíritu Santo inspira al apóstol Juan a que se sirva de la fuente veterotestamentaria, y extraiga y cite elementos del Santuario Terrenal descritos en el libro de Éxodo y de algunas visiones que tuvieron los profetas Isaías, Jeremías, Daniel, Ezequiel y varios profetas menores como Zacarías, Amós, Joel, etc. Sin embargo, Juan las interpreta libremente para aplicarlas en el Apocalipsis; esto se debe a que debemos tener en cuenta, que las profecías y visiones dadas por Dios al pueblo de Israel, por lo general,  tienen un alcance local, y en el libro de Apocalipsis tienen una trascendencia mundial.

Octava. Estructura del libro de Apocalipsis

La estructura del libro de Apocalipsis es la que se deduce o deriva del contenido literario y orden de sus capítulos. En principio se prevé un progresivo avance desde la época histórica de su autor, el apóstol Juan –nacido a primeros del siglo I– y que murió cerca del fin de dicho siglo, final del gobierno del emperador Nerva (96-98 d.C.) –sucesor de Domiciano (81-96 d.C.)–; o quizá, a principios del siglo II, durante los primeros años de gobierno del emperador Trajano (98-117 d.C.).

 

Quedo a disposición del lector para lo que pueda servirle.

 

Afectuosamente en Cristo

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 

 

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Referencias bibliográficas

*Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

Abreviaturas frecuentemente empleadas:

AT = Antiguo Testamento

NT = Nuevo Testamento

AP = Antiguo Pacto

NP = Nuevo Pacto

Las abreviaturas de los libros de la Biblia corresponden con las empleadas en la versión de la Biblia de Reina-Valera, 1960 (RV, 1960)

pp, pc, úp referidas a un versículo bíblico representan "parte primera, central o última del mismo ".

Abreviaturas empleadas para diversas traducciones de la Biblia:

NBJ: Nueva Biblia de Jerusalén, 1998.

BTX: Biblia Textual

DHHe (D): versión Dios habla hoy con Deuterocanónicos

Jünemann: Sagrada Biblia-Versión de la LXX al español por Guillermo Jüneman

N-C: Sagrada Biblia- Nacar  Colunga-1994

JER 2001: *Biblia de Jerusalén, 3ª Edición 2001

BLA95, BL95: Biblia Latinoamericana, 1995

LBLA: La Biblia de las Américas

BNP: La Biblia de Nuestro Pueblo

NVI 1999: Nueva Versión Internacional 1999

LPD: El Libro del Pueblo de Dios, Levoratti y Trusso

SB-MN: . La Santa Biblia-Martín Nieto

SRV2004: Spanish Reina Valera 2004

 

Bibliografía citada

 

(1) Strong, Diccionario griego español

(2) versión parafraseada del Apocalipsis extraída del Curso anónimo sobre Apocalipsis

(3) Ibíd.

(4) Relación de algunos de los diversos Comentarios bíblicos del Apocalipsis leídos

Shappley de Álamo, Homero,  APOCALIPSIS Análisis de las profecías y visiones, 2007

Taylor,  R. A. Apocalipsis: Un Comentario de Referencia, 20/06/1998

MacArthur, John, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Apocalipsis, Editorial Portavoz, 2010.

Mounce, Robert H. Comentario al libro del Apocalipsis, Editorial Clie, 2007

Maxwell, C. Mervyn, Dios revela el futuro, el mensaje de Apocalipsis, t.2, Publicaciones Interamericanas, 1989

(5) Barclay, William, p. 5, 0283 Comentarios completos N.T. Apocalipsis C.T.C. 01-02-0283-14. Editorial CLIE, 1991

(6) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 41,  Editorial Clie, 2007

(7) Apocalipsis - Wikipedia, la enciclopedia libre,

(8) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(9) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 42,  Editorial Clie, 2007, 

(10) https://es.wikipedia.org/wiki/Apocalipsis

(11) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(12) Ibíd.

(13) Ibíd.

(14) Ibíd.

(15) Ibíd.

(16) Ibíd.

(17) Ibíd.

(18) Ibíd.

(19) Ibíd.

(20) Ibíd.

(21) Ibíd.

(22) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 61-62,  Editorial Clie, 2007 

(23) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 42,  Editorial Clie, 2007

(24) Persecución a cristianos en el Imperio romano - Wikipedia, la enciclopedia libre

(25) Ibíd.

(26) Ibíd.

(27) Goena, Fernando y Lasheras, Juan, Historia de la Iglesia - Edad Antigua (gecoas.com)

(28) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(29) Ibíd.

(30) Goena, Fernando y Lasheras, Juan, Historia de la Iglesia - Edad Antigua (gecoas.com)

(31) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(32) Ibíd.

(33) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 53,  Editorial Clie, 2007

(34) Ibíd. 54-55

(35) Ibíd., p. 57-58

(36) Ibíd., p. 66

(37) Ibíd., p. 67

(38) Ibíd., p. 67

(39) Truman, Cliff, Comentario a Apocalipsis, p.25

(40) Ibíd., p. 25

(41) Ibíd., p. 25-26

(42) Apocalipsis - Wikipedia, la enciclopedia libre

(43) Mounce, H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 69,  Editorial Clie, 2007

(44) Ibíd., p. 69

(45) Truman, Cliff, Comentario a Apocalipsis, p.24

(46) Mounce, H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 83,  Editorial Clie, 2007

(47) Ibíd., p. 84

(48) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis.

(49) Ibíd.

(50) Truman, Cliff, Comentario a Apocalipsis, p.3

(51) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 85,  Editorial Clie, 2007
(52) Emperadores romanos que buscaron destruir el cristianismo y fracasaron (aciprensa.com)Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en National Catholic Register.
(53) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 84,  Editorial Clie, 2007

(54) Ibíd., p. 87-88

(55) Ibíd., p. 88

(56) Ibíd., p. 89-90

(57) Ibíd., p. 92-93

(58) Ibíd., p. 93

(59) Ibíd., p. 93-94

(60) Ibíd., p. 94-95

(61) Ibíd., p. 95

(62) Ibíd., p. 96

(63) Ibíd., p. 96-98

(64) Ibíd., p. 99-100

(65) Ibíd., p. 100-101

(66) Ibíd., p. 101

(67) Ibíd., p. 102

(68) Ibíd., p. 102

(69) Ibíd., p. 102

(70) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(71) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 103,  Editorial Clie, 2007

(72) Ibíd., p. 103

(73) Apuntes Curso sobre el libro de Apocalipsis

(74) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 102,  Editorial Clie, 2007

(75) Ibíd., p. 103

(76) Ibíd., p. 104

(77) Ibíd., p. 105

(78) Ibíd., p. 106

(79) Ibíd., p. 106

(80) Ibíd., p. 106

(81) Ibíd., p. 107

(82) Ibíd., p. 107

(83) Ibíd., p. 108

(84) Ibíd., p. 108-109

(85) Ibíd., p. 109-110

(86) Ibíd., p. 111

(87) Ibíd., p. 112

(88) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(89) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 103,  Editorial Clie, 2007

(90) Ibíd., p. 103

(91) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(92) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 103,  Editorial Clie, 2007

(93) Ibíd., p. 103

(94) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(95) Ibíd.

(96) Diccionario de la iglesia primitiva (p.124).  www. ElCristianismoPrimitivo.com. Compilado por Brian Gray y editado por Anthony Hurtado Este diccionario es obsequiado al dominio público. No tiene derechos reservados www. ElCristianismoPrimitivo.com

(97) García de Cortazar, José ángel y Ruiz de Aguirre, Universidad de Santander, Valdeon Baruque Julio, Universidad de Valladolid; Gran Historia Universal, tomo XI, p. 83, Ediciones Najera (S.A. de Promociones y Ediciones Club Internacional del Libro, Madrid)

(98) Diccionario bíblico (módulo e-Sword)

(99) Ibíd.

(100) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  ¿Reinarán Cristo y sus santos un Milenio en la Tierra restaurada?, … p.23-25

(101) Mounce, H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 543,  Editorial Clie, 2007

(102) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(103) Ibíd.

(104) Ibíd.

(105) Ibíd.

(106) Ibíd.

(107) Ibíd.

(108) Ibíd.

(109) Ibíd.

(110) Ibíd.

(111) Ibíd.

(112) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia, los reinos mundiales y el Reino de Dios,  ¿Es el Arcángel Miguel el que detiene al Anticristo?

(113) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia y el falso profeta

(114) Auge y disolución de la Unión Soviética (lavanguardia.com)

(115) http://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_romano

(116) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia, los reinos mundiales y el Reino de Dios,  

(117)  Bentué, Antonio,  Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Introducción a la Historia de las religiones (pág. 191).

(118) Ibíd., ps. 191-192.  (Extraído de  Aracil, Orts, Carlos,  ¿Es el Arcángel Miguel el que detiene al Anticristo?)

(119) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia, y el falso profeta,

(120) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 366-367,  Editorial Clie, 2007

(121) Ibíd., p. 369

(122) Ibíd., p. 387-388

(123) Ibíd., p. 410-411

(124) Ibíd., p. 413-414

(125) Ibíd., p. 411-412

(126) Ibíd., p. 411

(127) Ibíd., p. 415

(128) Ibíd., p. 416

(129) Bentué, Antonio,  Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Introducción a la Historia de las religiones (pág. 191-192).

(130) http://es.wikipedia.org/wiki/Sacro_Imperio_Romano_Germ%C3%A1nico

(131) Bentué, Antonio,  Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Introducción a la Historia de las religiones (pág. 191-192).

(132)  https://es.wikipedia.org/wiki/Napole%C3%B3n_Bonaparte

(133) https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios

(134) http://es.wikipedia.org/wiki/Sacro_Imperio_Romano_Germ%C3%A1nico

(135)https://es.wikipedia.org/wiki/Uni%C3%B3n_Sovi%C3%A9tica

(136) Ibíd.

(137) Dominación del mundo - Wikipedia, la enciclopedia libre

(138) https://nanopdf.com/download/los-estados-pontificios_pdf

(139) Biblioteca Nacional de España (bne.es)

(140) https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios

(141) https://es.wikipedia.org/wiki/Napole%C3%B3n_Bonaparte

(142) https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios

(143) Ibíd.

(144) Ibíd.

(145) Catecismo de la Iglesia Católica, 2121

(146) Aracil, Orts, Carlos,https://amistadencristo.com. El dragón, la bestia, y el falso profeta

(147) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 534,  Editorial Clie, 2007

(148) Ibíd., p. 532

(149) Ibíd., p. 534

(150) Ibíd., p. 535

(151) Ibíd., p. 538

(152) Ibíd., p. 540-541

(153) Ibíd., p. 541

(154) Ibíd., p. 541-542

(155) Ibíd., p. 543

(156) Ibíd., p. 544

(157) Ibíd., p. 544

(158) Ibíd., p. 548

 

 

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