Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Comentario al Apocalipsis

17. La gran Ramera y la Bestia

 
Versión: 05-04- 2022

 

Carlos Aracil Orts

Introducción

“Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; (2) con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación.  (3) Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. (17:1-3).

Como podemos comprobar, es “uno de los siete ángeles que tenían las siete copas”, el que habla con Juan, para mostrarle “la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; (2) con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación” (17:1-2). El Apóstol es llevado en “el Espíritu al desierto”.Aunque parece que es el ángel el que induce a Juan a ser llevado por “el Espíritu al desierto”. En cualquier caso, el Apóstol vuelve a tener un éxtasis con el objeto de recibir la visión de este capítulo 17, y, en esta ocasión, el escenario, que el Espíritu Santo considera más adecuado mostrarle en la visión, es el desierto. Quizá con el objeto de que pudiera concentrarse mejor, y que la visión quedara más nítidamente resaltada en tal desolación que simboliza la esterilidad del desierto. Recordemos también que “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo” (Mt. 4:1; cf. Mr. 1:12-13). Juan fue llevado al desierto no para ser tentado sino para recibir la visión de una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos.” (17:3).

Sin embargo, notemos que esta mujer aunque es visionada desde el desierto, ella no está en él, como en el caso de la mujer del capítulo 12, que representa la Iglesia de Cristo, y que huyó, de las garras del dragón –“la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás” (12:9)–, para refugiarse en el desierto donde sería “sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo” (1.260 días-años) (12:14; cf. 12:6). Notemos que, en este caso, el desierto tenía la función de proteger a la mujer pura –la Iglesia de Cristo– de las persecuciones del diablo.

Contenido capítulo 17: La gran Ramera y la Bestia

“Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; (2) con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación. (3) Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. (4) Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; (5) y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA. (6) Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro. (7) Y el ángel me dijo: ¿Por qué te asombras? Yo te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene las siete cabezas y los diez cuernos. (8) La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será. (9) Esto, para la mente que tenga sabiduría: Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer, (10) y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo. (11) La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición. (12) Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia. (13) Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia. (14) Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles. (15) Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas. (16) Y los diez cuernos que viste en la bestia, éstos aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego; (17) porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios. (18) Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra.” (Apocalipsis 17:1-18)

Comentario capítulo 17: La gran Ramera y la Bestia

“Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; (5) y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA. (6) Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro. (7) Y el ángel me dijo: ¿Por qué te asombras? Yo te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene las siete cabezas y los diez cuernos.”(17:4-7).

En los siguientes textos continuaremos comprobando que ese periodo de 1.260 días-años –en profecía, por lo general, un día simboliza 1 año– es el tiempo durante el cual fue perseguida la verdadera Iglesia, que es representada por una mujer pura, en contraposición de la mujer ramera de Apocalipsis 17:1-6, que se prostituyó aliándose con los reyes de la Tierra, enseñando doctrinas falsas y persiguiendo a los santos de Dios.

Babilonia también representa confusión y falsedad y engaño, como todo lo que abunda en nuestro tiempo, y que ya existía en Babilonia, como la astrología, el ocultismo, el espiritismo, y más recientemente la Nueva Era.

Esta bestia escarlata es la misma de la visión del capítulo 13 –“vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo (13:1)–; y,  aunque en esta ocasión es descrita con menos detalles, se le ha añadido el color escarlata, que representa la sangre de los mártires sacrificados por ella. En Apocalipsis 13:7-8, se nos decía que “se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos…y la adoraron todos los moradores de la Tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (13:7-8).

En el citado capítulo 13, comprobamos que dicha bestia simboliza al Imperio Romano, que tuvo una primera etapa de persecuciones de los cristianos, llevadas a cabo por los emperadores romanos, desde Nerón (54-68 d.C.) hasta Diocleciano (285-312 d.C.). Sin embargo, observemos que dicha visión (13:1-4) no se refiere a esa etapa de persecuciones seculares, en las que todo el poder se concentraba en los emperadores, sino a la etapa posterior del Imperio Romano –la Roma papal–, especialmente desde su caída en el año 476 d.C., que se representa en la mencionada visión profética, cuando Juan vio “una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la Tierra en pos de ella” (13:3).

Por tanto, en esta segunda etapa, se trata del Imperio Romano que surgió después de su caída del año 476 d.C., cuando “su herida mortal fue sanada” (13:3). La visión profética del capítulo 13 se refiere, pues, a las persecuciones a los cristianos, realizadas por el Imperio Romano resucitado, que fue siendo restaurado, poco a poco, a partir de su caída. Recordemos que no pasaron muchos años, desde que el emperador Constantino hiciera la paz con la Iglesia, con el Edicto de Milán (313 d.C.), cuando la propia Iglesia de Roma, con el poder que le otorgaba el Estado empezó a perseguir a todos los que disentían de sus mandatos. De perseguida se convirtió en perseguidora; esto se acentuó con el gobierno del emperador Justiniano, que restauró el Imperio, reconquistando muchos de los territorios que habían invadido los bárbaros hacia los años 538-554 d.C.; este Imperio Romano se prolongó hasta cerca del año 1806 d.C.

Viene muy a propósito la siguiente cita, obtenida del libro Introducción a la Historia de las religiones (ps. 191-192), de Antonio Bentué, Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

“[…] Ese Edicto [el de Milán] fue luego radicalizado por Teodosio, el año 380, con el nuevo Edicto de Tesalónica, por el cual hizo del cristianismo la religión oficial del Imperio romano, remitiéndose además a la autoridad apostólica del Papa Dámaso. Y entonces la persecución comenzó a tener como víctimas a los antiguos “paganos”, destruyéndose sus templos e incluso a veces condenándolos a penas durísimas que incluían la muerte o, al menos, la incapacidad para acceder a cargos públicos en el Imperio. Las herejías religiosas contra la fe católica oficial se convirtieron así en delitos sociales y políticos. Esa actitud de apoyo exagerado a la Iglesia llegó a su punto culminante con el emperador Justiniano, en el siglo VI, quien llegó a hacer clausurar la escuela filosófica de Atenas y a prohibir todo resquicio “pagano”, imponiendo obligatoriamente la instrucción cristiana a todas las familias, así como el bautismo como requisito para poder gozar de plena ciudadanía política, amenazando con la pena capital a los paganos y a los apóstatas o herejes, quienes quedaban excluidos de toda docencia.

Con este viraje en la relación del Imperio romano con el cristianismo, la gente se hizo masivamente cristiana, sin que ello les representara grandes dificultades, consiguiendo con ello ventajas económicas y políticas. De esta manera, como lo expresaba el Padre y ermitaño, San Jerónimo, “después de la paz constantiniana, la Iglesia creció en riqueza y en poder, pero se empobreció en virtudes”. (Historia de las religiones de Antonio Bentué.  Págs. 191 y 192. Negrillas y subrayado no aparecen en el original) (129).

Notemos que el Imperio Romano de Oriente no finalizó hasta el año 1453 d.C., cuando fue invadido por los otomanos. Por otro lado, el Imperio Romano de Occidente, después de Justiniano volvió a recobrar nuevo auge con Carlomagno hacia el año 800 d.C., con el que empezó la dinastía del Sacro Imperio Romano Germánico que, con distintas fluctuaciones, se mantuvo de manera efectiva hasta aproximadamente el año 1555, y oficialmente “desapareció el  6 de agosto de 1806 cuando Francisco II renunció a la corona imperial para mantenerse únicamente como emperador austríaco” (Wikipedia-Imperio Romano) (130).

“Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; (5) y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA. (6) Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro.  (17:4-6)

“La mujer… vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas”, sin duda, es rica y poderosa; además, otro rasgo para identificarla es que “tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación”. Ese “cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación” simboliza el tipo de idolatría que practicaba, y su contenido simbólicamente representa las doctrinas falsas, herejías, desviaciones que confunden a la verdadera doctrina de Dios, como, por ejemplo, la práctica de la transustanciación de las especies del pan y vino, que llevan a cabo los sacerdotes cuando hacen participar a sus fieles del “sacrificio de la Misa”. La Palabra de Dios denuncia como una abominación el hecho de pretender convertir dichas sustancias materiales en el divino Cristo entero resucitado, para a continuación darlo a comer en dicho cáliz a los fieles de la citada “mujer”.

Además, la jerarquía católica ha ensalzado tanto a la Virgen María, que ha llevado a sus fieles a hacer de ella un ídolo: “ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar” (Apocalipsis 9:20). El pueblo católico se postra ante las múltiples imágenes y variadísimas representaciones de la Santísima Virgen María, y con fervor supersticioso e idolátrico, las besa, les dirige oraciones, ruega y suplica en constantes e innumerables peticiones, en todo el mundo católico, como si ella fuese omnipotente, omnipresente y todopoderosa, y pudiera oír todo lo que se le pide a la vez, y concederlo, como si del mismo Dios se tratase. ¿Puede haber algo más sacrílego y abominable a los ojos de Dios, como cuando los seres humanos olvidan su dignidad, como hijos de Dios, y se rebajan adorando imágenes que son obra humana, y le dan a la Virgen María –una criatura humana– la gloria que solo al Creador y Dador de la vida pertenece? 

No es, por tanto, extraño deducir que el diablo, “padre mentira”, haya alentado y siga estimulando la devoción a la Virgen María, realizando muchas y variadas apariciones en diversos lugares del mundo, haciéndose pasar por ella, “porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2ª Corintios 11:14). Realmente ha tenido mucho éxito en todas las apariciones. Mucha gente se ha enriquecido alrededor de estas apariciones, pero ciertamente muchísima más gente ha sido tristemente engañada, entregada a las supersticiones, y alejada de Dios, el único que puede salvar y escuchar las oraciones.

Como hemos visto anteriormente, poco después de que el emperador Constantino firmara la paz con los cristianos en el 313 d.C., la Iglesia fue convirtiéndose progresivamente de perseguida a perseguidora de todos aquellos que se oponían a ella, disintiendo de sus doctrinas, lo que se acentuó a partir de los años 538-550 con el emperador Justiniano. Las persecuciones se prolongaron, más allá de la Edad Media, y fueron especialmente crueles las efectuadas por la Inquisición. Por eso, ahora a Juan se le muestra a la mujer impura, que simboliza a la iglesia apóstata “ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús” (17:6).

“Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro. (7) Y el ángel me dijo: ¿Por qué te asombras? Yo te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene las siete cabezas y los diez cuernos.” (17:6-7)

El momento en que Juan experimenta ese “gran asombro”, fue cuando  recibe del ángel la interpretación de los símbolos de la visión: “Y el ángel me dijo: ¿Por qué te asombras? Yo te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene las siete cabezas y los diez cuernos.” (17:7). Pero el ángel empieza a desvelar el segundo misterio, el “de la bestia que la trae, la cual tiene las siete cabezas y los diez cuernos”, dedicándole los diez siguientes versículos; y deja para el final el misterio de la “mujer”, y lo despacha o lo zanja en un solo versículo: Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra. (17:18).

La única “gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra” en los días en que San Juan vivía, es la ciudad de Roma, la capital del Imperio Romano, es decir, la Roma pagana, la de los emperadores que promovieron las crueles persecuciones a los cristianos del primer siglo. Sin embargo, la visión profética, como hemos visto arriba se proyecta hacia el futuro de Juan, cuando la Roma pagana se convertiría en la Roma cristiana y papal, gracias a la protección y poder que el emperador Constantino el Grande fue concediendo a la Iglesia cristiana de su tiempo, que fue in crescendo, hasta incluso después de la muerte del Emperador. Esta política de unión de la Iglesia con el Estado es la que siguieron de forma semejante los emperadores que le sucedieron, especialmente desde Justiniano en adelante, hasta casi el fin de dicho Imperio aproximadamente hacia el 1800 d.C.

¿Por qué el apóstol Juan cuando vio “a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús;… quedó “asombrado con gran asombro”  (17:6)?

Que el ángel le dijera a San Juan que Roma era la sede imperial y, por tanto, reinaba sobre los reyes de la Tierra no podía ser algo tan sorprendente como para que él quedase “asombrado con gran asombro” (Apocalipsis 17:6). San Juan no podía asombrarse de esa manera tan redundante si la “mujer-gran ciudad” (Apocalipsis 17:18) que vio “ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús” (17:6) fuera la Roma Imperial; puesto que él ya sabía sobradamente, por propia experiencia, el talante perseguidor de la Roma pagana hacia los cristianos.

En este momento es nuevamente necesario recurrir a la Historia para saber quién era “la mujer ramera-gran ciudad” que el ángel le mostró a Juan “sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos” (17:3). La Historia nos dice que en el año 313 d.C., mediante el Edicto de Milán, el emperador Constantino puso fin a las persecuciones de los cristianos, y no mucho después la religión cristiana llegó a ser la religión oficial de Roma. El poder de la Iglesia romana fue aumentando progresivamente, sobre todo, a partir del año 330 en que Constantino trasladó la capital del Imperio Romano a Constantinopla (Bizancio); lo que causó que el Obispo de Roma empezara a realizar tareas políticas y civiles que antes estaban solo en manos del poder civil. Muy pronto, pues, la Iglesia  pasó, de ser perseguida por los emperadores romanos, a convertirse en perseguidora de los paganos, y de todos aquellos que se oponían abiertamente a sus doctrinas. A fin de probarlo históricamente remito de nuevo al lector a una cita dada anteriormente de un historiador que por ser católico no es sospechoso de tener intereses o ideas en contra del catolicismo. Me refiero al teólogo católico, Dr. Antonio Bentué, licenciado en Teología católica en 1969, profesor titular de la Pontificia Universidad Católica de Chile que escribió lo siguiente (ahora recorto la cita anterior):

“[…] Las herejías religiosas contra la fe católica oficial se convirtieron así en delitos sociales y políticos. Esa actitud de apoyo exagerado a la Iglesia llegó a su punto culminante con el emperador Justiniano, en el siglo VI, quien llegó a hacer clausurar la escuela filosófica de Atenas y a prohibir todo resquicio “pagano”, imponiendo obligatoriamente la instrucción cristiana a todas las familias, así como el bautismo como requisito para poder gozar de plena ciudadanía política, amenazando con la pena capital a los paganos y a los apóstatas o herejes, quienes quedaban excluidos de toda docencia. (“Historia de las religiones” de Antonio Bentué.  Págs. 191 y 192. Negrillas y subrayado no aparecen en el original). (131)

“El vino de su fornicación” (17:2) son sus falsas doctrinas, que ella impuso matando a todos los que se atrevían a discrepar de las mismas, y ser fieles a su conciencia, y los persiguió durante el largo periodo medieval (1260 años), en que formó una unidad con el poder político y civil, y que duró desde, aproximadamente, el 538 al 1798 d.C., en que Napoleón Bonaparte conquistó Italia y llevó prisionero al papa Pio VI, o bien, del 554 al año 1814 d.C., fecha en que fue liberado el papa Pio VII. (Wikipedia-Napoleón Bonaparte)  (132)

Esta mujer ramera –“la gran ciudad que reina sobre los reyes de la Tierra” (Apocalipsis 17:18) – sin lugar a dudas no es la Roma pagana sino la Roma papal que tiene incluso dominio “sobre los reyes de la tierra”. Ahora bien, ¿quién le da este poder civil a una entidad religiosa regida por el Papa? Ya hemos visto anteriormente que los emperadores, empezando por Constantino, siguiendo por Teodosio, etc., hasta llegar a Justiniano (538-554) le fueron dando más y más poder. Por eso, “la mujer ramera” actúa en unión con el poder político para conseguir por la fuerza sus fines de dominación de todas las gentes: “Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada” (13:12). Pues bien esta segunda bestia con apariencia de cordero pero que “hablaba como dragón” representa el poder político-religioso que obtuvo la Iglesia apóstata con el Papa al frente; pero notemos que tiene dos cuernos, uno representa a lo que acabamos de nombrar y el otro cuerno simboliza a la Iglesia Ortodoxa que con su Patriarca al frente cometió parecidas atrocidades; ambos enseñaron igualmente a sus fieles una doctrina falsa, llena de idolatría y falsedades.

Los textos que estudiamos en el capítulo 13 nos aportaron mucha luz, pues nos permitieron averiguar, en primer lugar, quién o qué es la primera bestia, aquella “que tenía siete cabezas y diez cuernos, […] que era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como de león” (13:1,2). Y en segundo lugar, quién o qué es la “otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. (12) Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella…”  (Apocalipsis 13:11,12).

Debemos hacer notar que el apóstol Juan nos proporciona un dato muy importante: la otra bestia, que “…tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero” (13:11), coexiste con “…la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada” (13:12); es decir, se produce una convivencia y cooperación necesarias entre las dos bestias, las cuales son coetáneas porque una está en “presencia” de la otra. Y esta colaboración entre ambas bestias se produce especialmente a partir de que la primera bestia –la que tiene siete cabezas y diez cuernos– es sanada de su herida mortal. Las dos bestias representan dos poderes o reinos que se retroalimentan mutuamente.

Hemos aclarado los significados de la primera bestia (13:1; cf. 17:3) (la Roma cristiana o papal), y la segunda bestia (13:11-18) (el reino papal y el reino del patriarca ortodoxo), nombrada como “el falso profeta” en Apocalipsis 16:13 y 19:20; y, ahora, gracias al ángel que le dio e interpretó la visión de Juan, ha quedado descifrado “…un misterio: la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; (5) y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA” (17:4-5).

Ahora, pues, debemos seguir con la interpretación que el ángel proporciona a Juan de la primera bestia del capítulo (13:1-4), y que en este capítulo 17, vuelve a aparecer, pero esta vez con una mujer sentada sobre la misma: “una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos”. (17:3).

“Y el ángel me dijo: ¿Por qué te asombras? Yo te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene las siete cabezas y los diez cuernos. (8) La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será. (9) Esto, para la mente que tenga sabiduría: Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer, (10) y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo. (11) La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición. (12) Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia.” (17:7-12)

En Apocalipsis 17:10, el ángel nos revela que las siete cabezas “son siete reyes”; y que “cinco de ellos han caído; uno es; y el otro aún no ha venido…”.  Por un lado, como sabemos, las bestias son símbolos de “reyes-imperios”, y estos a su vez representan a –o bien, son sinónimos de– “reinos”, porque así se lo revela el ángel a Daniel cuando le dice “Estas cuatro grandes bestias son cuatro reyes…” (Daniel 7:17) y algunos textos más adelante, el mismo personaje celestial, confirma que “la cuarta bestia [Roma] será un cuarto reino en la tierra” (Daniel 7:23). Por otra parte, si cinco reyes o reinos “han caído”, quiere decir que los siete reinos o reyes o imperios, simbolizados por las siete cabezas, no coexisten a la vez, sino que indudablemente se trata de una serie de reyes o reinos o imperios que han ido sucediéndose a lo largo de la historia mundial, de manera que en cada etapa de la historia existirá solo un rey o reino; del resto de la lista de siete cabezas-reinos, unos habrán caído y, por tanto, por pertenecer al pasado histórico, ya no existen, y otros están en el futuro, respecto, al tiempo en que San Juan recibe la visión.

Puesto que la  bestia de la visión de San Juan “tenía siete cabezas y diez cuernos”, y las cabezas representan reyes o reinos que habían existido en distintas épocas de la historia, realmente, solo habría habido una cabeza a la vez dirigiendo a la bestia: la cabeza-reino que en cada momento de la historia existiese. Aunque la bestia tenía características que eran comunes a otras bestias o reinos del pasado –semejante a un leopardo, pies de oso, boca de león–, lo que en realidad importa es identificar cada cabeza para poder ubicar los eventos en las fechas de la historia en que se produjeron. También sabemos que el apóstol Juan vivía en tiempos de la cuarta bestia de Daniel (Dn. 7:7-28), que vimos que se trataba del Imperio Romano, del que más de cuatro siglos después salieron diez cuernos o reyes cuando se dividió el Imperio Romano de Occidente (Dn. 7:7-11,17,19-25). En el momento en que Juan escribe el Apocalipsis –finales del siglo I– el Imperio Romano está en todo su apogeo.

Sin embargo, Juan ve en visión algo que está en el futuro para él, que nadie podía saber entonces, pero que Dios, el único que conoce el futuro le revela; y para nosotros es una pista importantísima: “Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia,” (13:3). ¿Qué cabeza de las siete que tenía la bestia fue esa? Algo está clarísimo: el ángel le desvela a Juan en el capítulo 17, que “cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido” (Apocalipsis 17:10). ¿Qué cabeza-reino pudo sufrir “la herida de muerte que fue sanada”? Las cinco primeras cabezas eran reyes o reinos que existieron antes de Juan, pertenecían a la historia, y, por tanto, ya no existían. Luego es imposible influir sobre ellos de ninguna manera. Igualmente ocurre con el séptimo rey o reino –“el otro aún no ha venido”–, que tampoco existe, pues es futuro.

Luego nos queda solo una cabeza –la sexta– la única que pudo ser herida de muerte y posteriormente sanada: el Imperio Romano es el que existía en la época del apóstol Juan. Esta es la cabeza que fue herida de muerte y posteriormente sanada. El resto no es difícil de deducir si recurrimos a la Historia. El Imperio Romano de Occidente sufrió una herida mortal cuando fue invadido por los pueblos bárbaros. Aunque el Imperio había ido perdiendo paulatinamente casi todo su poder, los historiadores han convenido en fijar la fecha oficial de su caída en el año 476, en que Roma fue conquistada por el rey bárbaro Odoacro; pero asombrosamente esa “herida mortal” –la que sufrió el Imperio– “fue sanada” cuando el mismo fue restablecido por el emperador Justiniano; aunque el Imperio restaurado no recuperó completamente sus anteriores límites, sí consiguió recuperar gran parte de su anterior  extensión, y con ello también el gobierno autocrático y perseguidor, que ya poseía la Roma cristianizada posterior al 330 en que Constantino traslada la capital del Imperio a Constantinopla.

Las siete cabezas de la bestia de Apocalipsis 13:1-10 y 17:3,8-11 simbolizan siete reinos, imperios o naciones que destacaron especialmente por ser perseguidores del pueblo de Dios, que se extienden desde el pasado, presente y llegan hasta el fin del mundo, lo que evidentemente está en el futuro.

Siempre debemos dejar que sea la misma Biblia la que interprete lo que representan las siete cabezas de la bestia. Así pues los siguientes versículos nueve y diez responden con rotundidad: “Esto, para la mente que tenga sabiduría: Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer,  (10)  y son siete reyes(Apocalipsis 17:9-10).

Aquí, el ángel nos dice que las cabezas son símbolos que, en este caso particular, representan dos cosas a la vez. No encontramos incongruencia alguna en que se utilice un mismo símbolo para representar dos objetos diferentes, pues se aplican a entidades distintas, a fin de identificarlas. Por un lado, son siete montes o colinas donde se asienta “la mujer ramera”, y por otro, son siete reyes o reinos. Esto último lo vimos en Daniel 7: 17, 23, que se refiere indistintamente a que “las cuatro grandes bestias son cuatro reyes que se levantarán en la tierra” (Daniel 7:17), y que “la cuarta bestia será un cuarto reino en la tierra…” (Daniel 7:23). Por lo que debemos deducir que la palabra “rey” es sinónima del reino o imperio mundial que está representando.

¿Es imprescindible que elijamos entre montes o reinos? Eso sería desvirtuar la misma interpretación que da Dios por medio del ángel. La sabiduría a que se refiere el ángel, puede consistir en comprender que las siete cabezas representan montes solo en relación con la mujer que se sienta sobre ellos, un dato que tiene que ser muy significativo para que nos permita identificar a la mujer. La misma Palabra de Dios afirma que “la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra” (Apocalipsis 17:18).

¿Cuál era “la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra” en tiempos del apóstol Juan? ¿Cuál es la ciudad que se asienta sobre siete colinas? Notemos que el tiempo verbal empleado es el presente: “reina”. Claramente, en tiempos del apóstol Juan, era Roma la que reinaba sobre todos los reyes de la tierra, puesto que ella fue la sede del Imperio Romano; y también es sabido, que Roma – “la gran ciudad”– se asienta sobre siete colinas o montes, donde, desde los primeros siglos de nuestra era, reside la Santa Sede de la Iglesia católica. Esta organización dirigida por diferentes papas consiguió, a partir del año 756 d.C., los Estados Pontificios, que quedarían reducidos al Estado de la Ciudad del Vaticano, que “comenzó su existencia en 1929 tras la firma de los Pactos de Letrán celebrados entre la Santa Sede y el entonces Reino de Italia, que en 1870 había conquistado los Estados Pontificios” (Wikipedia Estados Pontificios) (133).

Ahora necesitamos identificar cuáles son los siete reyes que representan reinos o imperios mundiales. Para ello vamos a analizar lo que le dice el ángel a Juan:

 “La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo […] se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.” (Apocalipsis 17:8).

En mi opinión, esto quiere decir, que la bestia, que como sabemos simboliza a los imperios mundiales tiene una parte que está en el pasado, visto desde el tiempo de Juan. Esa parte son los imperios mundiales que hubo desde Juan, que vive en tiempos del Imperio Romano hacia atrás hasta el primer imperio, reino o nación, todos los cuales se deben conocer por la Biblia que fueron especialmente perseguidores del pueblo de Dios. Todos ellos están contenidos en ese “era”, puesto que al ser pasado ya no son, o referido a la bestia, “no es”, ese es el presente de Juan. Esos imperios pertenecen al pasado, ya no existen, solo existe el Imperio Romano donde se ubica Juan, pero la bestia, que representa a los demás imperios y también a este último, no está completada, pues “está para subir del abismo”. Es decir, desde el siglo I d.C., en que Juan vive, hasta la caída del Imperio Romano en el 476 d.C., y la posterior división del Imperio en diez reinos, son eventos que pertenecen al futuro. La bestia, por tanto, tiene una parte que es pasado, “era”, luego, ya “no es”, y otra parte que “será”, es decir, está en el futuro desde la perspectiva de Juan.

“Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido;…” (Apocalipsis 17:10).

Desde la perspectiva de San Juan, hay cinco cabezas-imperios que han caído.

¿Cuáles son los cinco imperios mundiales que puesto que han caído ya pertenecen a la historia? Ahora es la Historia que si la consultamos fácilmente averiguaremos que se refiere a los siguientes imperios que han sido perseguidores del pueblo de Dios:

“Cinco de ellos han caído;”

“uno es”

“y el otro aún no ha venido;…”

“La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición” (Apocalipsis 17:11).

Al parecer la bestia no termina con la séptima cabeza o reino mundial, pues este versículo claramente revela que de esta bestia –“de entre los siete”– surge un octavo reino. Lógicamente este último reino no puede surgir sino de las dos últimas cabezas-reinos –la sexta y la séptima cabeza de la bestia–, o de lo que queda de ellos [los dos últimos reinos]. Ahora necesitamos recordar lo que vimos en el capítulo trece de Apocalipsis, porque, aunque ya hemos identificado a la sexta cabeza –el Imperio Romano– todavía no conocemos qué o a quién representa la séptima cabeza de la bestia.

¿Qué reino es el representado por la séptima cabeza de la bestia?

“…y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo” (Apocalipsis 17:10).

Vimos que la sexta cabeza –el Imperio Romano– fue “como herida de muerte” en el año 476, “pero su herida mortal fue sanada” (Apocalipsis 13:3) hacia los años 538-554, cuando el emperador Justiniano restauró el Imperio, reconquistando muchos de los territorios que habían invadido los bárbaros.

Desde mi perspectiva, entiendo que algunos autores han cometido el error de considerar al Imperio Romano restaurado, es decir, la Roma papal, como la séptima cabeza de la bestia. Sin embargo, esta interpretación no es lógica, ya que la Palabra de Dios no habla, en ningún momento, de que otra cabeza distinta haya sustituido a la que fue “herida de muerte”. Por el contrario, se trata de la misma sexta cabeza de la bestia, la que, una vez sanada de su herida mortal, continúa. Recordemos que el Imperio Romano de Oriente no finalizó hasta el año 1453 d.C., cuando fue invadido por los otomanos. Por otro lado, el Imperio Romano de Occidente, después de Justiniano volvió a recobrar nuevo auge con Carlomagno hacia el año 800, con el que empezó la dinastía del Sacro Imperio Romano Germánico que, con distintas fluctuaciones, se mantuvo de manera efectiva hasta aproximadamente el año 1555, y oficialmente “desapareció el  6 de agosto de 1806 cuando Francisco II renunció a la corona imperial para mantenerse únicamente como emperador austríaco” (Wikipedia Impero Romano Germánico) (134).

Nótese que el periodo 538-1806 coincide prácticamente con la época de hegemonía del “cuerno pequeño” –el papado–, periodo que duró la autarquía y las persecuciones, y que la profecía de Daniel 7:25 y las de Apocalipsis antes citadas anticiparon que sería de 1260 días-años.

Por tanto, me atrevo a afirmar, que esta interpretación, la de que la séptima cabeza simbolice al Imperio Romano restaurado, o como algunos dicen, la Roma papal, no se ajusta a lo revelado en Apocalipsis 13:3 y 17:10, por las siguientes razones:

Primera. La cabeza “herida de muerte”, la que “fue sanada” (Apocalipsis 13:3), no son dos cabezas distintas, sino que es la misma. Es obvio, y ratificado por la Historia, que el Imperio Romano no termina en el año 476 d.C., sino que se prolonga, como antes dije, en Oriente, hasta el año 1453, y en Occidente, efectivamente hasta el 1555, y oficialmente hasta el año 1806 d.C.

Segunda. Puesto que la séptima cabeza-rey-reino “cuando venga, es necesario que dure breve tiempo” (17:10), es, ahora, procedente preguntarnos lo siguiente:

¿Significa durar breve tiempo 1260 años, toda la Edad Media y algo de la Edad Moderna, desde el 538-554 al 1798-1814? Si la séptima cabeza de la bestia fuera el Imperio Romano restaurado ¿por qué la Palabra inspirada añade el importante dato de que tenía que durar necesariamente “breve tiempo”?

Si somos consecuentes con la Revelación reconoceremos que la sexta cabeza de la bestia es el Imperio Romano, desde que surgió, en 30 a.C., hasta el 1806 aproximadamente, casi dos mil años de existencia.

Ahora, debemos descubrir quién es la séptima cabeza. Disponemos de tres pistas:

El único imperio que se nos ocurre que cumpla estas características es el que se conoció como “Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que fue un Estado federal constitucionalmente socialista que existió en Eurasia entre 1922 y 1991” (Wikipedia- unión soviética) (135).

Este imperio, que hizo bandera del ateísmo, y que puso en práctica el marxismo, haciendo propia la famosa frase de su fundador (Karl Marx-1818-1883), “la religión es el opio del pueblo”, a pesar de su enorme extensión geográfica, y de haber llegado a ser una superpotencia mundial, curiosamente, cumplió la profecía pues solo permaneció unos 70 años. Periodo de tiempo breve, no solo comparado con la duración del anterior sino con la vida misma del ser humano, que es igualmente así de breve y efímera. Por lo demás de todos es conocido la crueldad de este régimen y de los primeros dirigentes que tan fácilmente eliminaban a todo aquel que se les opusiera, contándose en miles los que sufrieron la muerte, o lo que es peor, la deportación y prisión en los terribles campos de concentración de Siberia. Transcribimos a continuación unos párrafos extraídos de Wikipedia.

“El decreto de 1918 del Consejo de Comisarios del Pueblo que establecía a la República Socialista Federativa Soviética de Rusia como un Estado secular también decretó que «la enseñanza de la religión en todos [los lugares] donde se enseñen materias de aprendizaje general, está prohibida. Los ciudadanos pueden enseñar y pueden aprender religión en privado.» Entre otras restricciones, las aprobadas en 1929, con media década de gobierno de Stalin, incluían prohibiciones expresas de una variedad de actividades de la iglesia, incluyendo reuniones organizadas para el estudio de la  Biblia. Miles de establecimientos tanto cristianos como no cristianos fueron cerrados en las décadas de 1920 y 1930 y, en 1940, fueron cerradas no menos del 90 por ciento de las iglesias, sinagogas y mezquitas que habían estado operando en 1917.

Convencido de que el antisovietismo religioso se había convertido en una cosa del pasado, el gobierno de Stalin comenzó a trasladarse hacia una política más moderada con respecto a la religión en la década de 1930. Los establecimientos religiosos soviéticos se congregaron abrumadoramente para apoyar el esfuerzo bélico durante la guerra con la Alemania nazi. En medio de otras adaptaciones a la fe religiosa, las iglesias fueron reabiertas, la Radio Moscú comenzó a transmitir un horario religioso y en 1943 fue celebrado un encuentro histórico entre Stalin y el Patriarca Sergio I de Moscú, el líder de la Iglesia Ortodoxa en ese entonces. La tendencia general de este período fue un incremento de la actividad religiosa entre los creyentes de todas las religiones.

El sistema soviético se enfrentó nuevamente con las iglesias bajo el liderazgo del Secretario General Nikita Jrushchov, que tuvo la característica de ser un período donde el ateísmo fue enfatizado en el currículum educativo y donde numerosas publicaciones estatales promovieron opiniones ateas. Entre 1959 y 1965, el número de iglesias cayó de 20.000 a 10.000, y el número de sinagogas descendió de 500 a 97. El número de mezquitas activas también disminuyó, cayendo de 1.500 a 500 en una década”. (Wikipedia- Unión Soviética) (136)

La bestia es también el octavo rey

“La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición” (Apocalipsis 17:11).

En este versículo once se vuelve a repetir la misteriosa frase que en el versículo ocho se cita dos veces La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será” (Apocalipsis 17:8). El hecho que esta frase se reitere en tres ocasiones es porque encierra una información importante para todos los creyentes, ¿por qué si no es así el ángel del Señor iba a mencionarla tres veces?

En mi opinión, se nos pretende decir que la bestia, con la cabeza correspondiente, que ha reinado, o reinará, en cada época de la historia representa un reino perseguidor del pueblo de Dios, que permanecerá hasta el fin del mundo, porque le es dada la autoridad por el diablo, hasta que por el juicio de Dios, la bestia y el falso profeta sean “lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre” (Apocalipsis 19:20) “Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta….” (Apocalipsis 19:20).

No podemos perder de vista que el libro de Apocalipsis da una información literal por medio de símbolos, que son necesarios interpretar siguiendo la buena norma de dejar que la Biblia se interprete así misma, atendiendo siempre al contexto cercano y lejano, y de toda la Revelación Antiguo y Nuevo Testamento. Entendemos que el lago de fuego donde son lanzados el diablo, la bestia y el falso profeta representa la destrucción total de estas entidades.

Sin embargo, lo que Dios quiere que sepamos y comprendamos bien, no es ya tanto que el mal y los malvados serán al final vencidos y exterminados, que también, sino más bien que “no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6:12), y que nuestras únicas armas para vencer a estas fuerzas diabólicas que operan a través de los reinos de este mundo es solo por medio de creer y obedecer la Palabra de Dios. Debemos, pues, si queremos vencer a “la bestia que viene –el octavo rey”– seguir el consejo del apóstol Pablo: “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. (14) Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,  (15)  y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.  (16)  Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.  (17)  Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;” (Efesios 6:13-17).

Como hemos visto “la bestia era” o ha sido en todas las épocas, pero ahora “no es”, porque en el presente del Apóstol aún no había surgido –él vivía en la Roma Imperial–, porque tuvieron que transcurrir cuatros siglos para que “la bestia que sube del abismo" [hiciera] "guerra contra ellos –los dos testigos–, y los vencerá y los matará” (11:7); esta bestia aún “no es” en tiempos del Apóstol, porque corresponde a la sexta cabeza resucitada como la Roma papal, pues apareció a partir de la caída del Imperio Romano en el 476 d.C.

Puesto que la sexta cabeza –la Roma papal– y la séptima cabeza –La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.)– ya no existen, ahora  estamos viviendo en el periodo previo a la venida del octavo rey/reino, que será el Anticristo. Por eso es una etapa de libertad religiosa y de conciencia, y de protección de los derechos humanos, aunque esto ciertamente  no se cumple de manera universal, en todas las naciones, aunque sí en gran parte de nuestro mundo. Pero Dios nos advierte que la “bestia” que nuevamente “está para subir del abismo” será “el octavo reino”, que se corresponde con el Anticristo.

Dado que ese reino es el que permanece hasta el fin del mundo, Satanás lo instrumentalizará, como ha hecho con todos los anteriores, pero ahora usando medios mucho más refinados, adaptados a una época en que priman grandes avances en la ciencia y la tecnología. Mucha gente que vive ajena a la Palabra de Dios será engañada, y deslumbrada por las grandes señales, y portentosos falsos milagros, que serán realizados por el anticristo, inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, (10)  y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. (11) Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, (12) a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia” (2 Tesalonicenses 2:3-12).

Los pocos datos que la Palabra de Dios da para identificar a la bestia que es el octavo rey-reino, deberían ser suficientes si estamos atentos a los eventos y noticias del mundo, y si, además, somos no solo oidores de la Palabra de Dios sino también hacedores de todo lo que se recomienda en ella. La información se nos da en Apocalipsis 17:1-18, que ya hemos comentado anteriormente, pero especialmente, a partir del versículo once.

¿Quién es la bestia-octavo reino de Apocalipsis 17:11?

El dato fundamental es: la bestia-octavo reino “es de entre los siete, y va a la perdición.” (17:11)

¿Qué quiere decir esto?

Desde mi punto de vista, significa que el octavo rey-reino surgirá de entre los reinos que conformaron el sexto y el séptimo, que como sabemos permanecen actualmente, en la forma de la Unión Europea y Rusia.

Lógica y racionalmente, el octavo reino-imperio no puede surgir de la Unión Europea, porque ésta es “un reino dividido” (Dn. 2:41). Es pertinente ahora que volvamos a leer la parte final de la profecía de Daniel, aquella en la que Dios le da la interpretación del sueño de la gran estatua que tuvo el rey Nabucodonosor (605-587 a. C.); especialmente nos interesa el significado de los diez dedos de los dos pies de la estatua: “Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro, será un reino dividido; mas habrá en él algo de la fuerza del hierro, así como viste hierro mezclado con barro cocido.” (Dn. 2:41) .

Daniel 2:41-45: Y lo que viste de los pies y los dedos, en parte de barro cocido de alfarero y en parte de hierro, será un reino dividido; mas habrá en él algo de la fuerza del hierro, así como viste hierro mezclado con barro cocido. (42) Y por ser los dedos de los pies en parte de hierro y en parte de barro cocido, el reino será en parte fuerte, y en parte frágil. (43) Así como viste el hierro mezclado con barro, se mezclarán por medio de alianzas humanas; pero no se unirán el uno con el otro, como el hierro no se mezcla con el barro. (44) Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre [el Reino de Cristo], (45) de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación.

Por tanto, de la Unión Europea –un reino dividido – no puede surgir nunca un imperio; y en el caso que surgiera sería muy improbable que fuera un imperio autocrático y tiránico, y que, además, persiguiera no solo a los cristianos, sino a todos los que se le oponen.

Sin embargo, Rusia sí es, actualmente, un imperio autocrático y tiránico, cuyos gobernantes lo han demostrado ampliamente masacrando a Ucrania, violando las leyes internacionales, al atacar a los civiles y bombardear las ciudades y centros sanitarios, centrales nucleares, y manteniendo a su mismo pueblo sin libertad de Prensa. No es, pues, nada absurdo sacar la conclusión de que el Imperio Ruso es el octavo reino al que se refirió el ángel del Señor en Apocalipsis 17:11.

Como hemos visto a lo largo de este estudio, de la sexta cabeza, el Imperio Romano, surgieron diez cuernos-reyes poderosos que se han desarrollado y que en este siglo XXI, están perfectamente delimitados porque conforman la  Unión Europea.

 “Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia. (13) Estos tienen un mismo propósito, y entregarán su poder y su autoridad a la bestia. (17:12-13)

Los diez reyes representan simbólicamente las diez naciones europeas que se han ido desarrollando y formando desde el comienzo del desmembramiento del Imperio Romano de Occidente, siendo que algunas continuaron, y otras surgieron, u obtuvieron poder, después de la caída de Roma Imperial en el año 476 d.C. La bestia es el Imperio Romano que surgió después de su caída, –con los emperadores Justiniano (527-552 d.C.), y siguientes, especialmente Carlomagno en el siglo IX–, y que oficialmente se prolongó hasta el año1800.

"Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles.(17:14)

Este versículo del libro de Apocalipsis (17:14) es el primero que asigna al “Cordero”, es decir, a Jesucristo, el título de “Señor de señores y Rey de reyes”. Y por segunda vez se le aplica el mismo al “jinete del caballo blanco” –“El Verbo de Dios” (19:11-12)–, que aparece en el capítulo 19. Estos textos dan seguridad a los creyentes, porque se les confirma muy claramente que el que ha obtenido para ellos la vida eterna mediante su muerte vicaria, como “ Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, recibe la misma dignidad real que Dios el Padre (véase 1 Ti. 6:16); y por tanto, es todopoderoso como Dios Padre.

Los diez reyes-naciones, junto con la bestia –la Roma papal–, que “se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses” (13:5úp) –1260 días-años–, “se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación” (13:7). La lección para los cristianos es que el Imperio Romano –la bestia– en colaboración con las citadas naciones pudieron vencer a los santos, pero, éstos –los creyentes en el Cordero–, pueden confiar plenamente en Él, porque finalmente  “el Cordero los vencerá” [a la bestia y a dichos reyes-reinos] (17:14).

“Me dijo también: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas.”(17:15)

Este texto nos muestra que “la ramera” –la Iglesia idólatra o el reino papal– con “la cual han fornicado los reyes de la Tierra, y los moradores de la Tierra se han embriagado con el vino de su fornicación” (17:2) –es decir, sus falsas doctrinas e idolatrías– tiene influencia, y en este sentido autoridad sobre todo el mundo.

“Y los diez cuernos que viste en la bestia, éstos aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego; (17) porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios. (17:16-17)

Como vimos, primeramente “la ramera” o reino papal, con diversas alianzas con los citados reyes-naciones fue adquiriendo progresivamente cada vez más poder; así nos lo confirma la Historia. Veamos algunos párrafos extraídos de Wikipedia:

“Desde que se instituyó la sede episcopal de Roma, los fieles, y en mayor medida los emperadores cristianos, fueron donando a la Iglesia romana cuantiosos bienes territoriales, algunos de ellos constitutivos de importantes extensiones de terreno. Estas posesiones, más otras de carácter inmueble, vinieron a integrar lo que se conoció como Patrimonio de San Pedro, y estuvieron diseminadas por toda Italia e incluso fuera de ella. Su administración, aunque no convirtió inicialmente a los papas en jefes de Estado, les confirió no obstante auténticas prerrogativas civiles y políticas reconocidas por la Pragmática Sanción de 554 promulgada por el emperador Justiniano (una vez que, tras la conquista de Belisario, Roma volvía a estar bajo la soberanía de los emperadores, tras el interregno hérulo y ostrogodo), entre otras la de poseer una fuerza militar que llegó a constituir un respetable ejército puesto en acción en múltiples ocasiones, en no pocas bajo el mando del propio pontífice-caudillo. Por otro lado, muchos de los papas procedían de las clases dominantes romanas y ejercieron simultáneamente el cargo episcopal y el de gobernante civil de la Ciudad Eterna. Tal fue el caso de Gregorio Magno (590 – 604), hombre avezado en el desempeño de funciones políticas pues había ostentado anteriormente el cargo de prefecto de la propia ciudad (prefectus Urbis) y pertenecía a una familia de patricios romanos.

Sin embargo, fue el siglo XI el momento culminante de la ofensiva teocrática de la Iglesia de Roma, bajo la dirección del papa Gregorio VII, sumo pontífice entre 1073 y 1085, cuya política se consagró a defender el poder absoluto de la Iglesia de Roma (que ya había pagado por ello en 1054 el alto precio del Cisma de Oriente), desde la imposición de la liturgia romana sobre todas las demás (combatiendo, por ejemplo, el tradicional rito mozárabe español), hasta la reclamación del poder temporal en Italia (a partir de la supuesta Donatio Constantini, un documento falsificado para apoyar tales pretensiones, cuya denuncia con argumentos irrefutables llevaría a cabo en el siglo XV el filólogo Lorenzo Valla en su De Constantini Donatione”. (Wikipedia- Dominación del mundo) (137)

“Fue en el siglo VII, específicamente en el año 756, cuando surgieron los Estados Pontificios, gracias a una donación territorial que hizo el rey de los francos Pipino, el Breve al papa Esteban II.” (Nanopdf.com-los estados pontificios) (138)

“[...] Y, sobre todo, de la superioridad del poder espiritual del papado sobre el temporal del emperador, que dio lugar a la famosa querella de las investiduras sobre los nombramientos de las autoridades eclesiásticas, con la utilización por parte del pontífice de la poderosa arma de la excomunión (que desvinculaba a los vasallos de su juramento al soberano), pero que, tras una victoria provisional sobre el emperador Enrique IV (la llamada humillación de Canossa de 1077), provocó un largo enfrentamiento que llevó a Gregorio VII a morir en el exilio en Salerno y que no se solucionó provisionalmente sino años más tarde con el llamado Concordato de Worms (1122). Concordato que no puso fin a los enfrentamientos entre papas y emperadores, sobre todo tras la irrupción de la dinastía alemana de los Hohenstauffen en Italia y la aparición de las facciones de güelfos (partidarios del papa) y gibelinos (partidarios del emperador), que siguieron activas y dividiendo a los italianos hasta mucho después, como denota, por poner un ejemplo, la actuación política del poeta Dante Alighieri. En ese sentido, las Cruzadas formaron parte de la misma política expansiva de la Iglesia de Roma. La primera fue proclamada por el Papa Urbano II en 1095 y tenía como objeto la recuperación de los llamados Santos Lugares de manos de los musulmanes que parecían aumentar su presión sobre las peregrinaciones cristianas a Jerusalén. (estudis_02 medieval.pdf) (139)

“Y los diez cuernos que viste en la bestia, éstos aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda” (17:16)

También progresivamente fue el reino papal perdiendo gran parte de su poder y propiedades materiales; pero fue Napoleón Bonaparte el que le asestó un fuerte golpe hacia el año 1798 d.C., al conquistar Italia y llevar prisionero al papa Pio VI. Entonces el Reino papal también perdió “los Estados pontificios”, los cuales volvió a recuperar después de la derrota de Napoleón en 1814 (Wikipedia-Estados Pontificios) (140). Pero, finalmente los perdió en 1870, permaneciendo por un periodo de 59 años sin apenas poder temporal, hasta el año 1929 en que firmó el Tratado de Letrán con Benito Mussolini, y le fue concedido el Estado de la Ciudad del vaticano, desde donde actualmente reina. Veamos cómo lo explica Wikipedia:

[…] El Concordato de 1801 con el Papa Pío VII, puso fin al enfrentamiento con la Iglesia Católica originado por el inicio de la Revolución.

https://es.wikipedia.org/wiki/Napole%C3%B3n_Bonaparte  (141)
[…]
El papa –lo era entonces Pío VII– regresó a Roma, de donde retornó a París para coronar emperador a Napoleón en 1804. Pero pronto el papa supuso un estorbo en los planes del emperador, quien en 1809 se adueñó de los Estados Pontificios, los incorporó al Imperio y retuvo a Pío VII como prisionero en Savona. Tras las derrotas de Napoleón, el papa pudo retomar sus posesiones en 1814, siendo reconocida en el Congreso de 1815 la pervivencia de los Estados Pontificios dentro del nuevo orden europeo, aunque con una ligera merma territorial que fue a parar a poder del Imperio. https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios  (142)
[…]
 “En 1870 estalló la Guerra Franco-prusiana y el emperador francés Napoleón III precisó disponer de todos los efectivos militares, incluidas las unidades de guarnición en Roma. Italia fue aliada de Prusia en esta contienda, por lo que contó con el beneplácito del Canciller de Alemania Otto von Bismarck para actuar sin reparos contra las posesiones del pontífice pro francés. Pío IX reunió ocho mil soldados en un desesperado intento de resistir, pero el insuficiente ejército papal no pudo contener a las divisiones italianas que marcharon patrióticamente enardecidas sobre Roma. El 20 de septiembre de 1870 entraban en la capital del flamante reino de Italia en cuyo palacio del Quirinal establecía su corte el rey Víctor Manuel II.

Desde el comienzo de su pontificado el Papa Pío IX se vio envuelto en la vorágine histórica que significó el proceso de unificación de Italia. Ésta implicaba necesariamente el fin de los Estados Pontificios, a lo que Pío IX se opuso tenazmente. El papa Pío IX se autoproclamó prisionero en el Vaticano cuando el reino papal en Roma acabó a la fuerza, los Estados Papales se unieron al resto de Italia para formar el nuevo Reino de Italia unificado bajo el rey Víctor Manuel II y la ciudad de Roma se convirtió en su capital.

Tuvieron que pasar 59 años hasta que, el 11 de febrero de 1929, Pío XI y Benito Mussolini suscribieran los Pactos de Letrán, en virtud de los cuales la Iglesia reconocía a Italia como estado soberano, y ésta hacía lo propio con la Ciudad del Vaticano, pequeño territorio independiente de 44 hectáreas bajo jurisdicción pontificia” (https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios) (143)

“porque Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo, y dar su reino a la bestia, hasta que se cumplan las palabras de Dios.”(17:15)

Nada puede ocurrir en el mundo que impida que se cumplan los planes de Dios de salvación de los que están con Él [los que] son llamados y elegidos y fieles.(17:14úp)

“Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra." (17:15)

Ya vimos arriba que “la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra”, no fue solo la Roma Imperial, sino también la Roma papal, puesto que el reino papal fue progresivamente alcanzando más y más poder, e interviniendo también en asuntos civiles y sociales, formando alianza con los distintos emperadores, desde Teodosio, pasando por Justiniano, seguido de Carlomagno, etc.  Además, en Roma – “la gran ciudad”– desde los primeros siglos de nuestra Era, reside la Santa Sede de la Iglesia católica. Esta organización dirigida por diferentes papas consiguió, a partir del 756, los Estados Pontificios, que quedarían reducidos al Estado de la Ciudad del Vaticano, que “comenzó su existencia en 1929 tras la firma de los Pactos de Letrán celebrados entre la Santa Sede y el entonces Reino de Italia, que en 1870 había conquistado los Estados Pontificios” (144).

Si Dios lo permite y me sigue dando fuerzas, mi próximo estudio bíblico consistirá en comentar el  capítulo 18 siguiente del libro del Apocalipsis de San Juan: 18. La caída de Babilonia

 

Quedo a disposición del lector para lo que pueda servirle.

 

Afectuosamente en Cristo

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 

 

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Referencias bibliográficas

*Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

Abreviaturas frecuentemente empleadas:

AT = Antiguo Testamento

NT = Nuevo Testamento

AP = Antiguo Pacto

NP = Nuevo Pacto

Las abreviaturas de los libros de la Biblia corresponden con las empleadas en la versión de la Biblia de Reina-Valera, 1960 (RV, 1960)

pp, pc, úp referidas a un versículo bíblico representan "parte primera, central o última del mismo ".

Abreviaturas empleadas para diversas traducciones de la Biblia:

NBJ: Nueva Biblia de Jerusalén, 1998.

BTX: Biblia Textual

DHHe (D): versión Dios habla hoy con Deuterocanónicos

Jünemann: Sagrada Biblia-Versión de la LXX al español por Guillermo Jüneman

N-C: Sagrada Biblia- Nacar  Colunga-1994

JER 2001: *Biblia de Jerusalén, 3ª Edición 2001

BLA95, BL95: Biblia Latinoamericana, 1995

LBLA: La Biblia de las Américas

BNP: La Biblia de Nuestro Pueblo

NVI 1999: Nueva Versión Internacional 1999

LPD: El Libro del Pueblo de Dios, Levoratti y Trusso

SB-MN: . La Santa Biblia-Martín Nieto

SRV2004: Spanish Reina Valera 2004

 

Bibliografía citada

 

(1) Strong, Diccionario griego español

(2) versión parafraseada del Apocalipsis extraída del Curso anónimo sobre Apocalipsis

(3) Ibíd.

(4) Relación de algunos de los diversos Comentarios bíblicos del Apocalipsis leídos

Shappley de Álamo, Homero,  APOCALIPSIS Análisis de las profecías y visiones, 2007

Taylor,  R. A. Apocalipsis: Un Comentario de Referencia, 20/06/1998

MacArthur, John, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Apocalipsis, Editorial Portavoz, 2010.

Mounce, Robert H. Comentario al libro del Apocalipsis, Editorial Clie, 2007

Maxwell, C. Mervyn, Dios revela el futuro, el mensaje de Apocalipsis, t.2, Publicaciones Interamericanas, 1989

(5) Barclay, William, p. 5, 0283 Comentarios completos N.T. Apocalipsis C.T.C. 01-02-0283-14. Editorial CLIE, 1991

(6) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 41,  Editorial Clie, 2007

(7) Apocalipsis - Wikipedia, la enciclopedia libre,

(8) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(9) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 42,  Editorial Clie, 2007, 

(10) https://es.wikipedia.org/wiki/Apocalipsis

(11) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(12) Ibíd.

(13) Ibíd.

(14) Ibíd.

(15) Ibíd.

(16) Ibíd.

(17) Ibíd.

(18) Ibíd.

(19) Ibíd.

(20) Ibíd.

(21) Ibíd.

(22) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 61-62,  Editorial Clie, 2007 

(23) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 42,  Editorial Clie, 2007

(24) Persecución a cristianos en el Imperio romano - Wikipedia, la enciclopedia libre

(25) Ibíd.

(26) Ibíd.

(27) Goena, Fernando y Lasheras, Juan, Historia de la Iglesia - Edad Antigua (gecoas.com)

(28) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(29) Ibíd.

(30) Goena, Fernando y Lasheras, Juan, Historia de la Iglesia - Edad Antigua (gecoas.com)

(31) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(32) Ibíd.

(33) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 53,  Editorial Clie, 2007

(34) Ibíd. 54-55

(35) Ibíd., p. 57-58

(36) Ibíd., p. 66

(37) Ibíd., p. 67

(38) Ibíd., p. 67

(39) Truman, Cliff, Comentario a Apocalipsis, p.25

(40) Ibíd., p. 25

(41) Ibíd., p. 25-26

(42) Apocalipsis - Wikipedia, la enciclopedia libre

(43) Mounce, H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 69,  Editorial Clie, 2007

(44) Ibíd., p. 69

(45) Truman, Cliff, Comentario a Apocalipsis, p.24

(46) Mounce, H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 83,  Editorial Clie, 2007

(47) Ibíd., p. 84

(48) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis.

(49) Ibíd.

(50) Truman, Cliff, Comentario a Apocalipsis, p.3

(51) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 85,  Editorial Clie, 2007
(52) Emperadores romanos que buscaron destruir el cristianismo y fracasaron (aciprensa.com)Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en National Catholic Register.
(53) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 84,  Editorial Clie, 2007

(54) Ibíd., p. 87-88

(55) Ibíd., p. 88

(56) Ibíd., p. 89-90

(57) Ibíd., p. 92-93

(58) Ibíd., p. 93

(59) Ibíd., p. 93-94

(60) Ibíd., p. 94-95

(61) Ibíd., p. 95

(62) Ibíd., p. 96

(63) Ibíd., p. 96-98

(64) Ibíd., p. 99-100

(65) Ibíd., p. 100-101

(66) Ibíd., p. 101

(67) Ibíd., p. 102

(68) Ibíd., p. 102

(69) Ibíd., p. 102

(70) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(71) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 103,  Editorial Clie, 2007

(72) Ibíd., p. 103

(73) Apuntes Curso sobre el libro de Apocalipsis

(74) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 102,  Editorial Clie, 2007

(75) Ibíd., p. 103

(76) Ibíd., p. 104

(77) Ibíd., p. 105

(78) Ibíd., p. 106

(79) Ibíd., p. 106

(80) Ibíd., p. 106

(81) Ibíd., p. 107

(82) Ibíd., p. 107

(83) Ibíd., p. 108

(84) Ibíd., p. 108-109

(85) Ibíd., p. 109-110

(86) Ibíd., p. 111

(87) Ibíd., p. 112

(88) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(89) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 103,  Editorial Clie, 2007

(90) Ibíd., p. 103

(91) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(92) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 103,  Editorial Clie, 2007

(93) Ibíd., p. 103

(94) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(95) Ibíd.

(96) Diccionario de la iglesia primitiva (p.124).  www. ElCristianismoPrimitivo.com. Compilado por Brian Gray y editado por Anthony Hurtado Este diccionario es obsequiado al dominio público. No tiene derechos reservados www. ElCristianismoPrimitivo.com

(97) García de Cortazar, José ángel y Ruiz de Aguirre, Universidad de Santander, Valdeon Baruque Julio, Universidad de Valladolid; Gran Historia Universal, tomo XI, p. 83, Ediciones Najera (S.A. de Promociones y Ediciones Club Internacional del Libro, Madrid)

(98) Diccionario bíblico (módulo e-Sword)

(99) Ibíd.

(100) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  ¿Reinarán Cristo y sus santos un Milenio en la Tierra restaurada?, … p.23-25

(101) Mounce, H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 543,  Editorial Clie, 2007

(102) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(103) Ibíd.

(104) Ibíd.

(105) Ibíd.

(106) Ibíd.

(107) Ibíd.

(108) Ibíd.

(109) Ibíd.

(110) Ibíd.

(111) Ibíd.

(112) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia, los reinos mundiales y el Reino de Dios,  ¿Es el Arcángel Miguel el que detiene al Anticristo?

(113) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia y el falso profeta

(114) Auge y disolución de la Unión Soviética (lavanguardia.com)

(115) http://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_romano

(116) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia, los reinos mundiales y el Reino de Dios,  

(117)  Bentué, Antonio,  Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Introducción a la Historia de las religiones (pág. 191).

(118) Ibíd., ps. 191-192.  (Extraído de  Aracil, Orts, Carlos,  ¿Es el Arcángel Miguel el que detiene al Anticristo?)

(119) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia, y el falso profeta,

(120) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 366-367,  Editorial Clie, 2007

(121) Ibíd., p. 369

(122) Ibíd., p. 387-388

(123) Ibíd., p. 410-411

(124) Ibíd., p. 413-414

(125) Ibíd., p. 411-412

(126) Ibíd., p. 411

(127) Ibíd., p. 415

(128) Ibíd., p. 416

(129) Bentué, Antonio,  Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Introducción a la Historia de las religiones (pág. 191-192).

(130) http://es.wikipedia.org/wiki/Sacro_Imperio_Romano_Germ%C3%A1nico

(131) Bentué, Antonio,  Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Introducción a la Historia de las religiones (pág. 191-192).

(132)  https://es.wikipedia.org/wiki/Napole%C3%B3n_Bonaparte

(133) https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios

(134) http://es.wikipedia.org/wiki/Sacro_Imperio_Romano_Germ%C3%A1nico

(135)https://es.wikipedia.org/wiki/Uni%C3%B3n_Sovi%C3%A9tica

(136) Ibíd.

(137) Dominación del mundo - Wikipedia, la enciclopedia libre

(138) https://nanopdf.com/download/los-estados-pontificios_pdf

(139) Biblioteca Nacional de España (bne.es)

(140) https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios

(141) https://es.wikipedia.org/wiki/Napole%C3%B3n_Bonaparte

(142) https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios

(143) Ibíd.

(144) Ibíd.

(145) Catecismo de la Iglesia Católica, 2121

(146) Aracil, Orts, Carlos,https://amistadencristo.com. El dragón, la bestia, y el falso profeta

(147) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 534,  Editorial Clie, 2007

(148) Ibíd., p. 532

(149) Ibíd., p. 534

(150) Ibíd., p. 535

(151) Ibíd., p. 538

(152) Ibíd., p. 540-541

(153) Ibíd., p. 541

(154) Ibíd., p. 541-542

(155) Ibíd., p. 543

(156) Ibíd., p. 544

(157) Ibíd., p. 544

(158) Ibíd., p. 548

 

 

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