Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Antropogía bíblica

¿Cuál es la naturaleza del ser humano?

 
Versión: 10-09- 2019

 

Capítulo 1.

 

Introducción*

 

Carlos Aracil Orts

1. Introducción*

Sin duda, la vida, ya sea del reino mineral, vegetal o animal, es un misterio, porque ¿acaso ha podido explicarnos la ciencia de nuestro tiempo, la que ha logrado descifrar el genoma humano y ha avanzado tanto en el conocimiento de la célula humana, y en las múltiples funciones de nuestro cerebro, cuál es el origen de la vida y en qué consiste ésta exactamente?, o lo que parece más simple: ¿cuál es el origen de la materia?

La ciencia parte de la hipótesis de que la vida surgió por generación espontánea, cuando, por azar, a través de miles de millones de años, se produjeron unas combinaciones químicas de las moléculas de ciertos elementos, como el carbono, el oxígeno, etc., en determinadas condiciones físicas de presión y temperatura, que evolucionaron hasta formar los primeros organismos unicelulares, los cuales añadiendo millones de años siguieron evolucionando, de forma inteligente, para ir formando la vida más compleja, hasta llegar a los primates o simios, y de ahí, con “un pequeño salto”, surgieron los homínidos, y finalmente el homo sapiens.

Sin embargo, esta teoría evolucionista contradice totalmente la Santa Biblia cristiana que afirma que “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gn. 1:1), “que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay” (Hch. 17:24), y que “constituyó el universo por Su Palabra” (Heb. 11:3; cf. Sal. 33:6); “porque Él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió” (Sal. 33:9).

En el sexto día de la semana de la creación, Dios, –después de haber creado, en el día quinto, los seres que viven en las aguas y las aves del cielo (Gn. 1:20-23)– creó los seres vivientes terrestres –excepto el hombre– de la siguiente manera: “dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así.  (25)  E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno” (Génesis 1:24-25).

Obsérvese que Dios “mandó, y existió” (Sal. 33:9). Pero la creación aún no había terminado, pues faltaba lo más importante, el hombre, al que le diría: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1:28).

Notemos que –a continuación, en ese mismo día sexto, después de la creación de los últimos animales– Dios creó al hombre de una forma distinta a los demás seres vivos, pues fue una creación especial: Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. (27) Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. (28) Y los bendijo Dios…” (Génesis 1:26-28).

Aquí es necesario destacar y enfatizar, todo lo posible, que el ser humano adquiere la máxima dignidad que puede tener una criatura, solo por haber sido creado por Dios a Su imagen y semejanza; lo que contrasta con el concepto evolucionista del hombre, que le rebaja a lo sumo, porque no solo le concibe surgido por azar, sino también procediendo de los animales inferiores, haciendo al ser humano semejante a los animales de los que supuestamente desciende.

Por tanto, lo que diferencia fundamentalmente al ser humano del animal o bestia más inteligente que existe, es que, realmente, aquel fue creado a imagen y semejanza de Dios. Es decir, Dios hizo al hombre, además de un ser psicosomático,  un ser espiritual, que le capacitaba para estar en comunión con Él. Sin embargo, desgraciadamente, esta última cualidad se perdió en la caída del primer hombre en el pecado, porque, a consecuencia de la misma, se produjo la separación de Dios y, con ello, su muerte espiritual; quedando el hombre reducido a un ser psicosomático, incapaz de tener comunión con Dios.

En el presente estudio, en primer lugar, trataremos de averiguar cuál es la constitución del ser humano según la antropología bíblica: ¿Es el ser humano un compuesto de cuerpo y alma según la tradicional creencia derivada de la tradición cristiana, que, a su vez ha sido influida y contaminada por la cultura y filosofía griegas y paganas?, o bien, como la Palabra de Dios, en varios textos, distingue perfectamente entre el alma y el espíritu humanos, ¿estaría formado el hombre de espíritu, alma y cuerpo, la unión de tres sustancias distintas y heterogéneas?

Esta última posibilidad se deriva de la interpretación aislada de varios textos del Nuevo Testamento, en los que, esas las palabras – espíritu, alma y cuerpo–aparecen juntas en la misma frase, y resultaría una incongruente redundancia tomar como equivalentes o sinónimos los vocablos “alma” y “espíritu”. Este es el caso de los textos que transcribo  continuación:

1 Tesalonicenses 5:23: Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

Hebreos 4:12: Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Observemos que el alma no es igual al espíritu, porque si así fuera se produciría una inexplicable e innecesaria repetición y redundancia en esos dos textos citados. Además, comprobaremos que el ser humano no está constituido o compuesto de dos partes o sustancias distintas separables, una material y física –el cuerpo– y otra totalmente opuesta –alma– que es espiritual. Y mucho menos, sería concebible al hombre como la una unión de tres sustancias heterogéneas como son espíritu, alma y cuerpo.

En segundo lugar, es necesario que tratemos de profundizar en el conocimiento de esas tres dimensiones o elementos, que parecen constituir al ser humano. Porque solo entendiendo el correcto significado de esas tres grandes y misteriosas palabras, que, según la Sagrada Escritura conforman todo nuestro ser, podremos desarrollar más óptimamente nuestras vidas, para progresar en armonía y de acuerdo con la voluntad y el plan de Dios. Y de esta manera, aprender a guardar, todo nuestro ser –los tres elementos que lo componen– “irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Ts. 5:23).

Veremos en qué se diferencian el alma y el espíritu, y cuáles son sus funciones desde el punto de vista de la antropología bíblica: ¿Qué es el alma? ¿Qué es el espíritu? ¿Cómo coexisten en el ser humano sus tres dimensiones que lo componen –espíritu, alma y cuerpo (1 Ts. 5:23)–?

Dentro del cristianismo, por lo general, tanto los evangélicos como especialmente los católicos sostienen una posición dualista del ser humano, porque lo conciben como resultado de la unión del cuerpo –parte física o material– con el alma o espíritu –parte espiritual–. Por tanto, para la gran mayoría de los cristianos, los términos “alma” y “espíritu” son sinónimos. Es decir, las dos grandes ramas que representan el cristianismo coinciden en  utilizar, indistintamente, cualquiera de estos dos vocablos para designar la parte espiritual del ser humano. Esta es una concepción dualista que no tiene su origen en la Sagradas Escrituras cristianas, sino que procede del paganismo y de la filosofía griega, específicamente la filosofía platónica y neoplatónica.

De esta concepción, dualista y equivocada del ser humano, nace también la falsa creencia en la inmortalidad del alma humana, que tanto católicos como protestantes en general sostienen y defienden “a capa y espada”. Entonces, ellos razonan así: cuando un ser humano muere, el componente material –su cuerpo– evidentemente muere, pero la parte espiritual –su alma o espíritu–,  consideran que es una entidad que puede, no solo separarse del cuerpo, sino también seguir viviendo conscientemente, con independencia del mismo, en otra dimensión, ya sea el Cielo o el infierno.

A lo largo de este estudio, para probar lo erróneo de ambas doctrinas, expondré la enseñanza de las Sagradas Escrituras acerca de qué es el ser humano: ¿Es un ser compuesto de la unión del cuerpo y el alma, según el concepto cultural tradicional tan extendido, que procede de las influencias paganas y filosóficas? O bien, ¿es un ser unitario que se desarrolla en las tres dimensiones de espíritu, alma y cuerpo?

En último lugar, también averiguaremos si existen bases bíblicas que respalden, la muy popular doctrina de la inmortalidad del alma o del espíritu. Estudiaremos las incongruencias, inconsistencias y contradicciones que se derivan de creer que el espíritu o el alma, cuando muere el ser humano, sigue viviendo, una vida consciente en otra dimensión, como lo que en el cristianismo se conoce como el cielo o el infierno.

 

Quedo a su disposición para lo que pueda servirle.

Afectuosamente en Cristo

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 

 

Índice

 

¿Cuál es la naturaleza del ser humano?

2. El ser humano en la antropología bíblica

3. ¿Es el ser humano un compuesto de espíritu-alma-cuerpo?

4. Significado del vocablo "carne" en la Biblia

5. Cómo vivir cristianamente

6. ¿Cuál es la diferencia entre alma y espírtu?

7. ¿Qué es el alma humana?

8. ¿Qué es el espíritu humano?

9. Solo hay vida eterna en Cristo

10. Conclusión

 

 

 

 

 


Referencias bibliográficas

*Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

Abreviaturas frecuentemente empleadas:

AT = Antiguo Testamento

NT = Nuevo Testamento

AP = Antiguo Pacto

NP = Nuevo Pacto

Las abreviaturas de los libros de la Biblia corresponden con las empleadas en la versión de la Biblia de Reina-Valera, 1960 (RV, 1960)

pp, pc, pú referidas a un versículo bíblico representan "parte primera, central o última del mismo ".

Abreviaturas empleadas para diversas traducciones de la Biblia:

NBJ: Nueva Biblia de Jerusalén, 1998.

BTX: Biblia Textual

Jünemann: Sagrada Biblia-Versión de la LXX al español por Guillermo Jüneman

N-C: Sagrada Biblia- Nacar  Colunga-1994

JER 2001: *Biblia de Jerusalén, 3ª Edición 2001

BLA95, BL95: Biblia Latinoamericana, 1995

BNP: La Biblia de Nuestro Pueblo

NVI 1999: Nueva Versión Internacional 1999

 

 

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