Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Comentario al Apocalipsis

21. Cielo nuevo y Tierra nueva

 
Versión: 06-04- 2022

 

Carlos Aracil Orts

Introducción. Resumen del Apocalipsis

San Juan inició su libro El Apocalipsis mostrándonos a Jesucristo, el Hijo del Hombre, el cual nos dio un diagnóstico de la Iglesia universal, a través de un dictamen particular del estado espiritual de cada una de siete iglesias locales de Asia, en los capítulos 1, 2 y 3. En el capítulo 4, siguió presentándonos a Dios Padre en Su trono y la adoración con la que le servían los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos, que estaban alrededor de Su trono; terminando dicho capítulo con el hermoso himno de alabanza: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (4:11).

Esta visión preliminar fue completada, en el capítulo 5, con la de “un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la Tierra” (5:6); significando el número siete plenitud de sus cualidades divinas. El Cordero era a la vez, “el León de la tribu de Judá”, y “la raíz de David”, y Dios Padre le dio el rollo “escrito por dentro y por fuera” (5:1), porque el Cordero, por haber “vencido”, era el único capaz de abrir los siete sellos con los que estaba sellado. Como vimos, este rollo contenía los acontecimientos futuros de siete periodos consecutivos que afectarían a la Iglesia, que abarcaban desde su fundación el día de Pentecostés del año 30 d.C., con el comienzo de la predicación del Evangelio del Reino a todo el mundo, hasta el fin del mundo con la venida gloriosa de Jesucristo. A continuación, en el capítulo 6, el Cordero abrió los seis sellos primeros, en los que se presentaba esa visión futura, que alcanzaba un momento culminante en el sexto sello, cuando  “el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar. (15) Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; (16) y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; (17) porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (6:14-17).

No obstante, previamente a estos acontecimientos finales, Dios haría una operación especial a sus siervos. Y, esto fue lo que se nos dice en el capítulo 7, que nada de lo descrito arriba sucedería hasta que Dios hubiera “sellado en sus frentes” a Sus “siervos” (7:3); y se hubiera completado el número de los elegidos: “oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel” (7:4), que simbolizan “la gran multitud” (7:9) que formará el grupo de los salvados: “Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. (15) Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. (16) Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; (17) porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos” (7:14-17).

El apóstol Juan ahora, en el capítulo 21, nos lleva al momento futuro en que todo ello se cumplirá: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. (2) Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. (3) Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. (4) Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (21:1-4). Pero para llegar aquí, es decir, para ser ciudadanos de la Jerusalén celestial, los creyentes debemos acudir a Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. (29) Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; (30) porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mt. 11:28-30); y no solo eso sino también obedecer Su Palabra: “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. (25) Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.” (Mt. 16:24-25).

Debemos reconocer que todos somos pecadores y que, por tanto, necesitamos de la Gracia de Dios para poder seguirle y obedecerle y para que nos transforme en personas semejantes a Él; de ahí las fuertes advertencias que se proclaman, en los capítulo 8 y 9, cuando el mundo rebelde contra Dios recibe la plagas-juicios correspondientes a las siete trompetas; y en especial la sexta trompeta: “Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar; (21) y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.” (9:20-21)

Como decía arriba, antes de llegar a la Tierra prometida –la Jerusalén Celestial–, debemos vivir en coherencia con nuestra fe en Cristo, y también no dejar de predicar el Evangelio del Reino de Dios, y hacer lo que “el ángel con el librito” del capítulo 10, le mandó a San Juan: Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.” (10:11).

Esta es la misión de la Iglesia –Los dos testigos del capítulo 11–, que debe predicar “este Evangelio del Reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mt. 24:14), aun a costa de sufrir persecuciones y muertes, como les ocurrió a los cristianos que vivieron bajo el poder de la Roma Imperial; las cuales no terminaron cuando el emperador Constantino firmó la paz con la Iglesia en el 313 d.C., con el Edicto de Milán, sino que la Iglesia papal, por el poder concedido por los emperadores, –empezando por el mismo Constantino, pasando por Justiniano (538-552), y siguiendo por Carlomagno –, se convirtió en perseguidora de todos los que disentían de sus doctrinas heréticas, oponiéndose a obedecer sus dictados. Este periodo oscuro de persecución, de la Iglesia medieval, a los verdaderos cristianos, se describe en el capítulo 11, y abarca “cuarenta y dos meses” (42 meses x 30 días = 1260 días-años proféticos), que es el tiempo en el que “la ciudad santa sería hollada” –lo que representa a la Iglesia verdadera– (11:1-2), que coincide lógicamente con el periodo de predicación precaria y difícil del Evangelio, de “mil doscientas sesenta días”- años, en que los dos testigos predicaron “vestidos de cilicio” (11:3), símbolo de tristeza, de pena, de sufrimiento.

En el capítulo 12 siguiente –La mujer y el dragón–, al apóstol Juan le “Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. (2) Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. (3) También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas; (4) y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese. (5) Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. (6) Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días.” (12:1-6) o bien por “un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo” (3.5 años x 12 meses =42 meses) (12:14). Como vimos, se trata de la Iglesia de Cristo simbolizada ahora mediante el símbolo de esta mujer, la cual es sustentada por el mismo periodo en que “Los dos testigos” –la Iglesia del capítulo 11 anterior– predicaron el Evangelio, “vestidos  de silicio” (11:2-3).

En el capítulo 13 se presentan las dos bestias –la primera bestia es la Roma Papal y la segunda “bestia … que tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón” (13:11), simboliza a los dos poderes religiosos: el reino papal y el del patriarcado ortodoxo de Oriente”–, y fueron ambas bestias las que promovieron las persecuciones de los santos, durante “cuarenta y dos meses”:  “Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos” (13:7; cf. 13:11-18). En el capítulo 14, aparecen nuevamente los 144.000 –que como sabemos simboliza a la Iglesia, es decir, todos los santos resucitados y transformados–, pero esta vez en el monte Sión, en el Cielo con el Cordero, “Y cantaban un cántico nuevo delante del trono...” (14:1-3).

A continuación, son proclamados los mensajes de los tres ángeles; el primero, advirtiendo al mundo impenitente de los próximos derramamientos de los juicios de Dios, el segundo, la caída de Babilonia, y el tercero, “Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, (10) él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; (11) y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre” (14:6-11). Acabado el tiempo de predicación de estos mensajes, se acaba el tiempo de gracia; hay dos siegas: “la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura (14:15); esta siega se corresponde con el trigo de la parábola de la cizaña, y representa a los santos; y la segunda siega es la de los injustos o malvados simbolizada por la los racimos de uva madurala cizaña” (14:17-20).

En el capítulo 15, –los ángeles preparan las siete postreras plagas–, pero San Juan ve a la Iglesialos que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre”–, “en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios” (15:2); pues los santos son arrebatados al Cielo, después de los juicios de las siete trompetas, pero antes del derramamiento de las siete postreras plagas o copas de la ira de Dios. Y en el capítulo 16 siguiente se derraman las siete postreras plagas de forma consecutiva y en un breve tiempo.

El capítulo 17, que es un interludio que retrocede a un tiempo anterior a las últimas plagas, es cuando, en primer lugar, se proclama “la sentencia contra la gran ramera” (17:1), se la describe como “Babilonia la grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra” (17:5), para finalmente identificarla: “Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra” (17:18); también se identifica a la Bestia –la Roma papal–, junto con los diez cuernos de la bestia, que son diez reyes que primeramente dan su autoridad a la bestia, y luego “aborrecerán a la ramera, y la dejarán desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego” (17:12-17).

En el capítulo 18 se describen la caída de Babilonia y el cántico de  lamentación que hacen todos los que tuvieron algún tipo de relación con la misma.

En el capítulo 19, “la gran multitud en el cielo” (19:1) –la Iglesia– canta: “¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro; (2) porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella.” (19:1-2). A este cántico le sigue otro: “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. (8) Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. (9) Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero.” (19:7-9).

Luego, el Jinete sobre el caballo blanco, “El Verbo de Dios”, que “en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores” (19:16), aparece en el cielo para “destruir a los que destruyen la Tierra” (11:18), porque  “De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.” (19:15). Ahora el planeta Tierra queda totalmente desierto, sin ápice de vida, y es cuando se cumple la profecía de San Pedro: el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la Tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2 P. 3:10). Como dijo el propio San Pedro: “Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 P. 3:13).

En el capítulo 20, vuelve aparecer “el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero”, del capítulo 12: 7-9 y que –con la victoria obtenida por la vida, muerte y resurrección de Cristo en el año 30 d.C.– pudo ser vencido y “arrojado a la Tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (12:9). Sin embargo, después de la llegada del Señor en gloria, y la destrucción de todos los habitantes existentes en la Tierra, ya no puede seguir engañando a nadie, y solo le queda contemplar durante mil años las consecuencias de su influencia maligna en el mundo. Eso es lo que significa que el “ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano (2), [prendiese] al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo [atase] por mil años; (3) y lo [arrojase] al abismo, y lo [encerrase], y [pusiese] su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo.” (20:1-2).

Luego, San Juan [vio]: “unos tronos, y sentados en ellos los que tienen poder para juzgar. Vi también las almas de aquellos a quienes les cortaron la cabeza por causa de las enseñanzas de Jesús y de la Palabra de Dios. Vi a todos los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y no habían recibido su marca en la frente o en la mano. Volvieron a la vida y reinaron mil años con el Mesías. Esta es la primera resurrección. El resto de los muertos no volvieron a la vida hasta que se cumplieron los mil años. ¡Feliz y santo es el que participa en la primera resurrección! La segunda muerte ya no tiene poder sobre ellos: serán sacerdotes de Dios y de su Mesías y reinarán con él mil años. (20:4-6) (BLA95). Notemos que los santos serán resucitados en el día de la venida gloriosa de Cristo y arrebatados a Su encuentro en el Cielo, por eso aparecen ahora reinando con Él. Pero “los otros muertos” [los injustos de todas las épocas] “no volverán a vivir hasta mil años después de aquel día” (20:5). Esta es la resurrección de condenación o de juicio (Jn. 5:28-29) a la que se refirieron, en primer lugar, Jesús, y, en segundo lugar, San Pablo: “teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos.” (Hch. 24:15)

“Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión”  (20:7). Ello significa que él ya puede volver a tentar a los malvados de todas las épocas, porque serán resucitados al fin del Milenio, y la Tierra vuelve a estar habitada por ellos, aunque por poco tiempo.

“Y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar.” (20:8).

“Las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra” se refiere a todos los injustos de todas las épocas resucitados al fin del Milenio, y que ahora vuelven a ser engañados por el diablo.

“Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada” (20:9).

Anteriormente vimos que los santos fueron arrebatados al Cielo antes de que Dios derramara sus postreras plagas (véase 15:1-2; cf. 19:1; 20:4); también en el versículo 20:4, se nos dice que los santos reinaron –en el Cielo necesariamente, porque allí es donde fueron llevados cuando Cristo los resucitó en su segunda venida (1 Co. 15:51-58; 1 Ts. 4:13-18) – con Cristo mil años. Sin embargo, ahora el campamento de los santos y la ciudad amada están ubicados en la Tierra, donde son nuevamente atacados por las hordas malvadas lideradas por el diablo. ¿Cómo es posible? Solo cabe una posibilidad, que una vez finalizados los mil años, Dios hace “descender del cielo, de Dios” a “la santa ciudad, la nueva Jerusalén, […], dispuesta como una esposa ataviada para su marido. (3) Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.” (21:2-3).

“Y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió. (10) Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos” (20:9-10).

Lógicamente, Dios no podía permitir que la historia de las persecuciones a los santos se volviera a repetir. Además, ahora la batalla entre los malvados resucitados y los santos ya no tendría ningún sentido, pues los primeros fueron resucitados con cuerpos mortales y solamente para ser juzgados en esta prueba final y para recibir condenación. Sin embargo, los santos fueron o serán resucitados con cuerpos inmortales: “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. (53) Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.” (1 Co. 15:52-53; cf. 1 Ts. 4:13-18).

Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos” (20:11).

Este es momento del juicio de Dios sobre los malvados. Pero notemos que la Tierra y el Cielo desaparecen de delante de Dios; evidentemente ya no son necesarios porque los malvados ya han sido destruidos para siempre, y los santos vivirán en un “Cielo nuevo y una Tierra nueva; porque el primer Cielo y la primera Tierra pasaron, y el mar ya no existía más. (2) Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. (3) Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. (4) Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. (5) Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.” (21:1-5).

El problema del mal y sus causantes han sido erradicados para siempre, y “ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (21:4). Pero aún no ha llegado ese momento, y tenemos que seguir luchando contra todo tipo de mal, mediante el poder de Dios: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Ro. 1:16.); “Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder” (1 Co. 4:20).

Contenido capítulo 21: Cielo nuevo y Tierra nueva. Breve comentario

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. (2) Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. (3) Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. (4) Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. (5) Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. (6) Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. (7) El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. (8) Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. (9) Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. (10) Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, (11) teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal. (12) Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; (13) al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas. (14) Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero. (15) El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro. (16) La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales. (17) Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel. (18) El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; (19) y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; (20) el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. (21) Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio. (22) Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. (23) La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. (24) Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. (25) Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. (26) Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. (27) No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.” (Apocalipsis 21:1-27)(Apocalipsis 20:1-15)

Comentario capítulo 21: Cielo nuevo y Tierra nueva

“Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.” (21:6)

Dios nos invita a todos a “beber gratuitamente de la fuente del agua de la vida”. Se refiere al “Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” (Jn. 7:39; cf. 4:13-14).

Isaías 55:1-13: A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. (2) ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. (3) Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David. (4) He aquí que yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones. (5) He aquí, llamarás a gente que no conociste, y gentes que no te conocieron correrán a ti, por causa de Jehová tu Dios, y del Santo de Israel que te ha honrado. (6) Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. (7) Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. (8) Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. (9) Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. (10) Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, (11) así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié. (12) Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso. (13) En lugar de la zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y será a Jehová por nombre, por señal eterna que nunca será raída.

Juan 4:13-14 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; (14) mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

Juan 7:37-39 En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. (38) El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. (39) Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.

“El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. (8) Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (21:7-8).

Se nos exhorta y estimula a vencer a todo tipo de mal con el poder de Dios; y a no ser cobarde ni incrédulo, para no llegar a ser todo lo demás que procede precisamente de nuestra incredulidad y cobardía.

La nueva Jerusalén

A continuación, en los siguientes versículos y hasta el final de este capítulo 21, el apóstol Juan nos describe la nueva Jerusalén, que le mostró “uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras” (21:9).

“Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. (10) Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, (11) teniendo la gloria de Dios.” (21:9-11).

El ángel le dice a Juan que le va a mostrar “la desposada, la esposa del Cordero.”(21:9); esto es la Iglesia, es decir, todos los salvos de todas las épocas, desde Adán y Eva, hasta el día del Señor o día de la segunda venida de Cristo. Sin embargo, cuando le lleva “en el Espíritu a un monte grande y alto” le “mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, (11) teniendo la gloria de Dios.” (21:10-11pp).

¿Cómo podemos interpretarlo? Evidentemente, el ángel mismo es el que representa o simboliza a la Iglesia universal –el conjunto o reunión de todos los santos de todas las épocas– mediante  la gran ciudad santa de Jerusalén”.Luego la descripción de ésta, que le sigue, tiene que ser necesariamente algo que simbolice a la vez dos cosas bien distintas, por un lado es figura de la Iglesia, y por otro, la gran ciudad santa de Jerusalén” puede ser también una representación simbólica de la Tierra Nueva, o bien de la capital de la misma.

“[…] Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal. (12) Tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres inscritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel; (13) al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al sur tres puertas; al occidente tres puertas. (14) Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero. (15) El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro. (16) La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales.” (21:11-16)

Podemos observar que, en la descripción de los muros perimetrales de la gran ciudad Santa, se usa abundantemente el número doce: “doce puertas”, “doce ángeles”, doce “nombres inscritos”, […] “de las doce tribus de los hijos de Israel” (21:12) Y “el muro de la ciudad tenía doce cimientos”, “y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero”. (21:14). Y como sabemos, el número doce es el número que representa a la Iglesia, porque la Iglesia se fundamente sobre las doce tribus de Israel y los doce apóstoles del Cordero: [los creyentes en Cristo somos] “conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios …edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, (21) en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; (22) en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.” (Ef. 2:20)

Hechos 4:11-12: Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. (12) Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

1 Corintios 3:10-11: Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. (11) Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.

Hebreos 11:10: [Por la fe Abraham]…esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

1 Pedro 2:4-9: Acercándoos a él [Cristo], piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, (5) vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. (6) Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo [Cristo], escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado. (7) Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra [Cristo] que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo; (8) y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados. (9) Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.

“El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro. (16) La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura; y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales.” (21:15-17)

Estas medidas de la gran Ciudad santa – “establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura” (21:16)–, forman un cubo perfecto de doce mil estadios de lado (1 estadio= 400 codos = 180 m); “la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales” (2.160 km x 2.160 km x 2.160 km). Doce mil es el producto de doce por mil; ya hemos visto que el número doce representa al Reino de Dios o a la Iglesia universal. Se deduce, por tanto, que las medidas de la Nueva Jerusalén son simbólicas también y representan también el Reino de Dios.

“Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es de ángel.” (21:17)

“Ciento cuarenta y cuatro” [codos (1 codo = 45 cm)] es el resultado del producto de doce por doce. En el capítulo 4 vimos que este número representa a todos los salvos o santos del Antiguo y Nuevo Testamentos. 

“El material de su muro era de jaspe; pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio; (19) y los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; (20) el quinto, ónice; el sexto, cornalina; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista. (21) Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio.” (21:18-21)

En mi opinión, no creo que sea necesario, ni casi posible interpretar que representan cada uno de esta extensa lista de bellos y preciosos materiales que conforman la Ciudad. Tal vez, nos quieren dar la idea de que la Ciudad y la Iglesia son realmente hermosas y de gran precio; pero nunca podrán equiparase al precio que pagó “el Cordero de Dios” al entregar Su vida por nuestro rescate (Jn. 3:16; Ro. 5:6,8; 1 Co. 15:3; etc.).

“Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. (23) La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. (24) Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. (25) Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. (26) Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. (27) No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.” (21:22-27)

Características que se nos revelan de la Nueva Tierra celestial

Estas cuatro últimas características de la Nueva Tierra o Jerusalén celestial, citadas arriba, se registran en el capítulo 22 último, donde se nos presenta la conclusión de este edificante y profético libro de la Revelación de Jesucristo.

Si Dios lo permite y me sigue dando fuerzas, mi próximo estudio bíblico consistirá en comentar el  capítulo 22 siguiente y último del Apocalipsis de San Juan: 22. El río de la vida

 

Quedo a disposición del lector para lo que pueda servirle.

 

Afectuosamente en Cristo

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 

 

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Referencias bibliográficas

*Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

Abreviaturas frecuentemente empleadas:

AT = Antiguo Testamento

NT = Nuevo Testamento

AP = Antiguo Pacto

NP = Nuevo Pacto

Las abreviaturas de los libros de la Biblia corresponden con las empleadas en la versión de la Biblia de Reina-Valera, 1960 (RV, 1960)

pp, pc, úp referidas a un versículo bíblico representan "parte primera, central o última del mismo ".

Abreviaturas empleadas para diversas traducciones de la Biblia:

NBJ: Nueva Biblia de Jerusalén, 1998.

BTX: Biblia Textual

DHHe (D): versión Dios habla hoy con Deuterocanónicos

Jünemann: Sagrada Biblia-Versión de la LXX al español por Guillermo Jüneman

N-C: Sagrada Biblia- Nacar  Colunga-1994

JER 2001: *Biblia de Jerusalén, 3ª Edición 2001

BLA95, BL95: Biblia Latinoamericana, 1995

LBLA: La Biblia de las Américas

BNP: La Biblia de Nuestro Pueblo

NVI 1999: Nueva Versión Internacional 1999

LPD: El Libro del Pueblo de Dios, Levoratti y Trusso

SB-MN: . La Santa Biblia-Martín Nieto

SRV2004: Spanish Reina Valera 2004

 

Bibliografía citada

 

(1) Strong, Diccionario griego español

(2) versión parafraseada del Apocalipsis extraída del Curso anónimo sobre Apocalipsis

(3) Ibíd.

(4) Relación de algunos de los diversos Comentarios bíblicos del Apocalipsis leídos

Shappley de Álamo, Homero,  APOCALIPSIS Análisis de las profecías y visiones, 2007

Taylor,  R. A. Apocalipsis: Un Comentario de Referencia, 20/06/1998

MacArthur, John, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Apocalipsis, Editorial Portavoz, 2010.

Mounce, Robert H. Comentario al libro del Apocalipsis, Editorial Clie, 2007

Maxwell, C. Mervyn, Dios revela el futuro, el mensaje de Apocalipsis, t.2, Publicaciones Interamericanas, 1989

(5) Barclay, William, p. 5, 0283 Comentarios completos N.T. Apocalipsis C.T.C. 01-02-0283-14. Editorial CLIE, 1991

(6) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 41,  Editorial Clie, 2007

(7) Apocalipsis - Wikipedia, la enciclopedia libre,

(8) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(9) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 42,  Editorial Clie, 2007, 

(10) https://es.wikipedia.org/wiki/Apocalipsis

(11) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(12) Ibíd.

(13) Ibíd.

(14) Ibíd.

(15) Ibíd.

(16) Ibíd.

(17) Ibíd.

(18) Ibíd.

(19) Ibíd.

(20) Ibíd.

(21) Ibíd.

(22) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 61-62,  Editorial Clie, 2007 

(23) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 42,  Editorial Clie, 2007

(24) Persecución a cristianos en el Imperio romano - Wikipedia, la enciclopedia libre

(25) Ibíd.

(26) Ibíd.

(27) Goena, Fernando y Lasheras, Juan, Historia de la Iglesia - Edad Antigua (gecoas.com)

(28) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(29) Ibíd.

(30) Goena, Fernando y Lasheras, Juan, Historia de la Iglesia - Edad Antigua (gecoas.com)

(31) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(32) Ibíd.

(33) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 53,  Editorial Clie, 2007

(34) Ibíd. 54-55

(35) Ibíd., p. 57-58

(36) Ibíd., p. 66

(37) Ibíd., p. 67

(38) Ibíd., p. 67

(39) Truman, Cliff, Comentario a Apocalipsis, p.25

(40) Ibíd., p. 25

(41) Ibíd., p. 25-26

(42) Apocalipsis - Wikipedia, la enciclopedia libre

(43) Mounce, H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 69,  Editorial Clie, 2007

(44) Ibíd., p. 69

(45) Truman, Cliff, Comentario a Apocalipsis, p.24

(46) Mounce, H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 83,  Editorial Clie, 2007

(47) Ibíd., p. 84

(48) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis.

(49) Ibíd.

(50) Truman, Cliff, Comentario a Apocalipsis, p.3

(51) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 85,  Editorial Clie, 2007
(52) Emperadores romanos que buscaron destruir el cristianismo y fracasaron (aciprensa.com)Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en National Catholic Register.
(53) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 84,  Editorial Clie, 2007

(54) Ibíd., p. 87-88

(55) Ibíd., p. 88

(56) Ibíd., p. 89-90

(57) Ibíd., p. 92-93

(58) Ibíd., p. 93

(59) Ibíd., p. 93-94

(60) Ibíd., p. 94-95

(61) Ibíd., p. 95

(62) Ibíd., p. 96

(63) Ibíd., p. 96-98

(64) Ibíd., p. 99-100

(65) Ibíd., p. 100-101

(66) Ibíd., p. 101

(67) Ibíd., p. 102

(68) Ibíd., p. 102

(69) Ibíd., p. 102

(70) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(71) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 103,  Editorial Clie, 2007

(72) Ibíd., p. 103

(73) Apuntes Curso sobre el libro de Apocalipsis

(74) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 102,  Editorial Clie, 2007

(75) Ibíd., p. 103

(76) Ibíd., p. 104

(77) Ibíd., p. 105

(78) Ibíd., p. 106

(79) Ibíd., p. 106

(80) Ibíd., p. 106

(81) Ibíd., p. 107

(82) Ibíd., p. 107

(83) Ibíd., p. 108

(84) Ibíd., p. 108-109

(85) Ibíd., p. 109-110

(86) Ibíd., p. 111

(87) Ibíd., p. 112

(88) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(89) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 103,  Editorial Clie, 2007

(90) Ibíd., p. 103

(91) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(92) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 103,  Editorial Clie, 2007

(93) Ibíd., p. 103

(94) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(95) Ibíd.

(96) Diccionario de la iglesia primitiva (p.124).  www. ElCristianismoPrimitivo.com. Compilado por Brian Gray y editado por Anthony Hurtado Este diccionario es obsequiado al dominio público. No tiene derechos reservados www. ElCristianismoPrimitivo.com

(97) García de Cortazar, José ángel y Ruiz de Aguirre, Universidad de Santander, Valdeon Baruque Julio, Universidad de Valladolid; Gran Historia Universal, tomo XI, p. 83, Ediciones Najera (S.A. de Promociones y Ediciones Club Internacional del Libro, Madrid)

(98) Diccionario bíblico (módulo e-Sword)

(99) Ibíd.

(100) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  ¿Reinarán Cristo y sus santos un Milenio en la Tierra restaurada?, … p.23-25

(101) Mounce, H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 543,  Editorial Clie, 2007

(102) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(103) Ibíd.

(104) Ibíd.

(105) Ibíd.

(106) Ibíd.

(107) Ibíd.

(108) Ibíd.

(109) Ibíd.

(110) Ibíd.

(111) Ibíd.

(112) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia, los reinos mundiales y el Reino de Dios,  ¿Es el Arcángel Miguel el que detiene al Anticristo?

(113) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia y el falso profeta

(114) Auge y disolución de la Unión Soviética (lavanguardia.com)

(115) http://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_romano

(116) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia, los reinos mundiales y el Reino de Dios,  

(117)  Bentué, Antonio,  Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Introducción a la Historia de las religiones (pág. 191).

(118) Ibíd., ps. 191-192.  (Extraído de  Aracil, Orts, Carlos,  ¿Es el Arcángel Miguel el que detiene al Anticristo?)

(119) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia, y el falso profeta,

(120) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 366-367,  Editorial Clie, 2007

(121) Ibíd., p. 369

(122) Ibíd., p. 387-388

(123) Ibíd., p. 410-411

(124) Ibíd., p. 413-414

(125) Ibíd., p. 411-412

(126) Ibíd., p. 411

(127) Ibíd., p. 415

(128) Ibíd., p. 416

(129) Bentué, Antonio,  Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Introducción a la Historia de las religiones (pág. 191-192).

(130) http://es.wikipedia.org/wiki/Sacro_Imperio_Romano_Germ%C3%A1nico

(131) Bentué, Antonio,  Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Introducción a la Historia de las religiones (pág. 191-192).

(132)  https://es.wikipedia.org/wiki/Napole%C3%B3n_Bonaparte

(133) https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios

(134) http://es.wikipedia.org/wiki/Sacro_Imperio_Romano_Germ%C3%A1nico

(135)https://es.wikipedia.org/wiki/Uni%C3%B3n_Sovi%C3%A9tica

(136) Ibíd.

(137) Dominación del mundo - Wikipedia, la enciclopedia libre

(138) https://nanopdf.com/download/los-estados-pontificios_pdf

(139) Biblioteca Nacional de España (bne.es)

(140) https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios

(141) https://es.wikipedia.org/wiki/Napole%C3%B3n_Bonaparte

(142) https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios

(143) Ibíd.

(144) Ibíd.

(145) Catecismo de la Iglesia Católica, 2121

(146) Aracil, Orts, Carlos,https://amistadencristo.com. El dragón, la bestia, y el falso profeta

(147) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 534,  Editorial Clie, 2007

(148) Ibíd., p. 532

(149) Ibíd., p. 534

(150) Ibíd., p. 535

(151) Ibíd., p. 538

(152) Ibíd., p. 540-541

(153) Ibíd., p. 541

(154) Ibíd., p. 541-542

(155) Ibíd., p. 543

(156) Ibíd., p. 544

(157) Ibíd., p. 544

(158) Ibíd., p. 548

 

 

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Carlos Aracil Orts

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