Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Comentario al Apocalipsis

2. Los mensajes a las siete iglesias (Parte 1)

 
Versión: 01-04- 2022

 

Carlos Aracil Orts

Introducción a los capítulo 2 y 3 del libro del Apocalipsis*

 

En los capítulos 2 y 3 se registran los mensajes “a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea” (1:11); corresponden al tiempo en que Juan escribió el Apocalipsis, hacia el 95-96 d.C. No obstante, los mensajes a estas iglesias son útiles para la Iglesia universal de todas las épocas; además, muy probablemente, el Espíritu Santo eligió o seleccionó dichas iglesias, a partir de sus características y estados espirituales específicos, para que representaran a las iglesias que irían apareciendo en distintos periodos de la historia, desde la Iglesia primitiva (siglo I) –Éfeso– hasta la iglesia de los tiempos del fin cercanos a la segunda venida de Cristo (siglo XXI) –Laodicea–.

Algunos Padres de la Iglesia primitiva atestiguan que Juan, cuando fue liberado de su exilio en Patmos en tiempos del emperador Nerva (96-98 d.C.), se estableció en Éfeso; porque como es natural y lógico, él regresaría a la ciudad en la que, según la Tradición, se había establecido pocos años antes de la destrucción de Jerusalén del año 70 d.C.

Ahora, dando por ciertos dichos testimonios registrados por los citados personajes históricos, debemos preguntarnos ¿por qué Jesucristo eligió específicamente a estas siete congregaciones, ubicadas en esas siete ciudades citadas, ni una más ni una menos, para que Juan les enviara el libro de Apocalipsis?

Una primera causa o razón pudo haberse debido a que, probablemente, “Juan había sido el pastor principal de las siete principales iglesias del Asia bíblica, conocida ahora por Turquía” (Apuntes curso) (88). Una segunda razón, porque “Las ciudades distaban entre sí de cincuenta a noventa kilómetros, y estaban situadas en una vía circular que se dirigía hacia el Norte a Pérgamo, viraba luego al Sudeste hacia Laodicea, y regresaba a su punto de partida en Éfeso recorriendo el valle del Menderes” (Mounce, p. 103) (89). Aunque “el orden en que se mencionan las iglesias es estrictamente geográfico” (Mounce, p. 103) (90), podría ser el mismo que siguiera Juan cuando las visitaba “desde su casa de Éfeso” (Apuntes curso) (91), dado que la posición geográfica de las mismas, conforma un itinerario lógico en forma de semicírculo o herradura, que se inicia en Éfeso y termina en Laodicea, ciudad situada al final, extremo opuesto del semicírculo citado.

No obstante, cuando analizamos los mensajes dados, en primera Persona, por Jesucristo, dirigidos a cada una de las citadas iglesias –registrados en los siguientes capítulos dos y tres del libro de Apocalipsis–, observamos que ellos contienen diagnósticos distintos del estado espiritual por el que atravesaba cada iglesia local. Al menos, nos resulta chocante o extraño que las iglesias o congregaciones –supuestamente todas ubicadas o existentes en el tiempo histórico de la época del final del ministerio del apóstol Juan (96-98 d.C), simultáneas en el tiempo y cercanas en el espacio– experimentaran una diversidad de problemas morales y doctrinales tan dispar, y que, por lo general,  parecían evolucionar, de forma creciente hacia un cristianismo más herético y menos fidedigno o verdadero.

Por eso, creo que Robert H. Mounce no acierta cuando declara con rotundidad: [las citadas siete iglesias de Asia] “No representan siete periodos sucesivos de la historia de la iglesia” (Mounce, p. 103) (92). Sin embargo, coincido parcialmente con él, cuando argumenta lo siguiente: “Aunque las cartas se escriben a iglesias reales, existentes en el primer siglo, su mensaje es relevante para la iglesia universal, puesto que los puntos fuertes y débiles de estas siete comunidades son característicos de todas las iglesias a lo largo de la Historia” (Mounce, p. 103) (93). Es cierto que, a lo largo de la vida de cada creyente, se puede atravesar por cada uno de los estados espirituales diagnosticados por Jesucristo en dichas iglesias; pero a nivel de comunidad eclesial  creo que, aunque puedan coexistir los siete estados, cada época, por lo general, se caracterizará por el estado espiritual más predominante sobre los otros, por su extensión o relevancia.

El Bosquejo de los mensajes a las siete Iglesias de Asia

La estructura que siguen los mensajes es la siguiente:

"Es digno de notar que Dios menciona primero el elogio antes que la reprensión. Las palabras de ánimo preceden a la censura. Con demasiada frecuencia, nos encontramos en la posición opuesta, estamos listos a condenar y vacilamos antes de animar o elogiar. Debemos notar también que de los siete mensajes, dos tienen elogio sin condenación. Y dos tienen sólo reprensión sin elogio. Y los otros tres mensajes tienen ambas cosas, primero la recomendación y después la condenación.

Otro rasgo nada usual de las siete cartas es que en las primeras tres, el llamado ("el que tiene oído. . . ") va seguido de la promesa. Y las últimas cuatro cartas el orden cambia, y el llamado sigue a la promesa. Esto introduce el hecho de que los sietes del Apocalipsis, regularmente van divididos en grupos de tres y cuatro. Por ejemplo, en los siete sellos, los primeros cuatro van juntos bajo el simbolismo de caballos y jinetes; los últimos tres tienen una imagen del todo diferente. Notaremos esto en numerosas ocasiones al repasar el libro.” (Apuntes Curso) (94)

Panorama histórico de los primeros tres siglos (del año 30 al 313 d.C.).

“Llegó a ser una práctica común en el imperio Romano construir templos en honor a Roma, el personificado espíritu de los emperadores. En el año 29 AD, con el permiso del emperador Augusto César, se levantaron templos en Esmirna y Pérgamo para el culto a Roma y a Julio César. Esto marcó el comienzo del culto al emperador vivo. En las siguientes décadas el culto a Roma disminuyó y el de los césares aumentó. El emperador Calígula (37 -41), no sólo permitió que le rindieran culto, fue el primero que animó ese culto, y persiguió a los judíos porque rehusaban adorarlo. Domiciano fue el siguiente emperador que insistió en esta exigencia. Por todo el imperio distribuyó una circular con estas blasfemas palabras: "Nuestro Señor y nuestro Dios pide que esto se haga:' Es fácil imaginar la reacción de la segunda generación de cristianos a este nuevo culto.

Sintiendo vivamente que hubiera pasado la primera generación de cristianos, y enfrentando creciente persecución de parte de los judíos y de los romanos, los cristianos entraron en un período de decadencia y dificultades que iría a continuar hasta la triunfante Reforma, catorce siglos después, un período casi tan largo como desde el éxodo hasta la cruz.” (Apuntes curso) (95)

En los capítulos dos y tres siguientes, Jesucristo se dirige a cada una de “las siete iglesias que están en Asia” –“a Efeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea”–(1:11), de forma particular y específica, para, primero, diagnosticarle su estado espiritual, para acto seguido exhortarla o amonestarla o alabarla, según corresponda, y finalmente termina con una promesa o estímulo, y prescripción del remedio que precisa.

Capítulo 2: Los mensajes a las siete iglesias (Parte 1)

1. El mensaje a la iglesia de Éfeso

“Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: (2) Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; (3) y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. (4) Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. (5) Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. (6) Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco. (7) El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.” (2:1-7)

“Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto:”(2:1)

Como veremos, es el propio Jesucristo el que se dirige a las siete iglesias de Asia, utilizando una misma fórmula o estructura: Él empieza presentándose a cada una de las citadas iglesias asignándose un título o característica de las reveladas a Juan en el capítulo 1. A la iglesia de Éfeso, se presenta como “El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto” (2:1 úp). En el capítulo 1, el propio Jesucristo nos reveló que “las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias” (1:20); y “los siete candeleros…son las siete iglesias” (1:20 úp). Vimos también que los “ángeles”, seguramente, se refiere a los pastores, presbíteros o responsables de dichas iglesias; realmente las epístolas se dirigen a cada congregación para que allí fuesen leídas y estudiadas.

Con los títulos con los que Jesucristo se presenta a esta iglesia, quiere resaltar su cercanía, protección, amor, poder y guía espiritual divinos con los que ejerce su misión de “buen pastor”, que “conoce a sus ovejas”, e incluso “entrega su vida por ellas” (Jn. 10:14).

“Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; (3) y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.” (2:2-3)

Jesucristo, por su omnisciencia y omnipresencia, conoce todo lo que hacemos, todas nuestras obras, nada se le escapa. Él conoce muy bien a esta iglesia –y a todas igualmente–, pero cada iglesia es diferente, porque la iglesia se conforma con las personas que la componen, y su distintos entendimientos de la Palabra de Dios y grados de maduración personal en la práctica y obediencia a la misma. Nuestro Señor siempre se dirige con una alabanza de aquello que hace bien dicha iglesia y que la caracteriza. En este caso, a la iglesia de Éfeso le elogia su entrega a Cristo y trabajo misionero. Los falsos apóstoles a los que alude puede que se refiera a los judaizantes, de los que habla San Pablo, por ejemplo, en el capítulo 15 de los Hechos de los Apóstoles o en la Epístola a los Gálatas.

“Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. (5) Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. (6) Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco.” (2:4-6)

Sin embargo, esta iglesia, quizá llevada por su mucho celo en hacer cumplir todas las normas morales del Evangelio del Reino y disciplinar a los herejes o aquellos que se desviaban de la sana doctrina, pudo haber olvidado actuar siempre con amor, sin el cual todo resulta vano. De ahí la fuerte admonición de nuestro Señor: “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.” (2:5). No obstante, esta reprensión se ve amortiguada porque la iglesia de Éfeso aborrecía las obras de los nicolaítas, de igual modo que Jesucristo.

No sabemos bien quiénes eran los nicolaítas o en qué consistía su herejía. Pero debía ser una secta importante en la iglesia de los primeros siglos, porque Jesucristo vuelve a referirse a ellos para reprender a la iglesia de Pérgamo: “Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco.” (2:15)

 Al parecer, “nicolaítas” procede de un tal Nicolás que apostató, y que podría tratarse de “Nicolás prosélito de Antioquía”, uno de los siete diáconos elegidos por Esteban (véase Hch. 6:1-6).

El Diccionario de la iglesia primitiva que he consultado nos explica lo siguiente, según escribió Ireneo (Padre de la Iglesia, 180 d.C.):

Los nicolaítas tienen como maestro a un cierto Nicolás, uno de los primeros siete diáconos ordenados por los Apóstoles (Hech 6,5-6). Éstos [los nicolaítas] viven laxamente. El Apocalipsis de Juan expone ampliamente quiénes son. Enseñan que no hay dificultad alguna en fornicar y en el comer las carnes ofrecidas a los dioses (Ap 2,14-15). Por eso dice de ellos la Palabra: «Tienes en tu favor haber odiado las acciones de los nicolaítas que yo también odio» (Ap 2,6). Ireneo (180 d.C.)

Juan, el discípulo del Señor, predicó la misma fe, pues con su Evangelio quiso erradicar el error sembrado entre muchas personas por Cerinto, y mucho antes que él, por los llamados nicolaítas (los cuales son una versión de la falsamente llamada gnosis), a fin de confundirlos y probarles que hay sólo un Dios que creó todo por medio de su Verbo. Ireneo (180 d.C.) (Diccionario de la iglesia primitiva,p.124) (96)

 “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.” (2:7)

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Es una exhortación general a todos los creyentes a escuchar el mensaje que procede de Dios el Espíritu Santo, puesto que no es solo para la iglesia de Éfeso sino que se repite para todas las iglesias. En todas ellas se pueden atravesar etapas en las que el amor de unos a otros se enfría. La frase final que sigue – Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios”– es distinta para todas las iglesias, pero siempre contiene unas palabras de aliento que son adecuadas para ayudar a superar los problemas particulares de cada iglesia, pero que en realidad se aplica a cualquier creyente.

El premio que obtendrán los vencedores de “comer del árbol de la vida” es un símbolo claro de la promesa de vida eterna que todo creyente posee desde el mismo momento de su entrega a Cristo; como Él mismo nos dijo, entregarse consiste en creer y obedecer sus palabras (Jn. 8:51), y también: “niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame” (Mt. 16:24); pero para llevar nuestra cruz, debemos primero haber aceptado Su cruz,  es decir, su muerte vicaria por nosotros, que es el significado de sus palabras: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Jn. 6:54).

Es, pues, muy oportuno este mensaje para toda la iglesia, pero especialmente para la iglesias de los siglos I al III, y también para los cristianos de la Edad Media, que estaban expuestas a situaciones de peligro en sus vidas físicas y espirituales, pues Roma les exigía adoración a los emperadores como si fueran Dios; y un cristiano solo podía dar adoración al Dios verdadero. Por eso se les recuerda a ellos, y también a todos, que se premiará a aquel que venciere en la lucha diaria a la que debemos enfrentarnos, que consiste en luchar, en primer lugar, contra el mal que puede aún quedar en nosotros, y, en segundo lugar, contra las tentaciones que vienen del mundo; porque debemos ser fieles en “obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch. 4:15; 5.29).

Notemos que, aunque los mensajes se dirigen a una iglesia en particular, tienen aplicación universal. Además, algunos creemos que estos mensajes – que sin duda se dirigen a las iglesias del siglo I, y tienen aplicaciones particulares para éstas y para la Iglesia universal– contienen una aplicación específica para cada uno de los siete periodos históricos característicos de la existencia de la iglesia, desde el año 30 d.C., de su fundación en el día de Pentecostés, hasta la segunda venida de Cristo. La iglesia de Éfeso sería la iglesia de los apóstoles o del periodo apostólico, puesto que es la primera en mencionarse; y le correspondería el periodo que va desde la fecha citada de su fundación hasta el final del siglo I, con la muerte del último apóstol, que fue Juan.

2. El mensaje a la iglesia de Esmirna

“Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto: (9) Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás. (10) No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. (11) El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte.” (2:8-11)

Según el criterio apuntado arriba, Esmirna sería “la iglesia perseguida”, porque comprende al periodo de las persecuciones más importantes dirigidas por diez emperadores romanos, y que se extiende desde el año 100 al 313 d.C., año en que Constantino el Grande hizo la paz con la Iglesia. De ahí que Jesucristo aliente a esta iglesia recordándole que Él también tuvo que entregar Su vida por nosotros, y que luego resucitó y ascendió al Cielo.

“Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto” (2:8)

A la iglesia de Esmirna, Jesucristo se presenta como El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto”; identificación muy apropiada dado que esta iglesia sufriría especialmente la persecución y muchos morirían como mártires, por negarse a obedecer al emperador, antes que a Dios. Porque le recuerda a ella y a todos los creyentes que Él tiene la cualidad de eternidad que corresponde a Dios, y que “el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mt. 20:28; cf. Mr. 10:45). Él murió porque entregó Su vida en nuestro rescate y resucitó para que nosotros pudiéramos alcanzar la vida eterna; si Él murió y resucitó, también nosotros si morimos de muerte natural o si entregamos nuestra vida por dar testimonio de nuestra fe, tenemos la seguridad que obtendremos la vida eterna, cuando Él nos “resucite en el día postrero” (Jn. 6:39,40,44; etc.).

“Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás.” (2:9)

Esmirna es, pues, la iglesia de los mártires, y como tal Jesús nada le reprocha, porque fue perseguida no solo por los falsos judíos, sino que padeció, más que otras iglesias, las persecuciones promovidas por algunos emperadores romanos, especialmente en tiempos de Diocleciano (285-312 d.C.), y fue fiel hasta la muerte en el martirio. A diferencia de la iglesia de Laodicea, que se creía que era rica, Esmirna era pobre pero rica espiritualmente, como la califica Jesucristo.

“No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” (2:10)

Se la previene de las dificultades que tendría cuando tuviera que dar testimonio de su fe en Cristo, y también de que tendría que soportar “tribulación por diez días”; si consideramos que los diez días son proféticos, entonces se trataría de persecuciones que se concentrarían de forma intensa durante un periodo de diez años, y podría referirse al periodo de las crueles persecuciones de los últimos diez años de gobierno de Diocleciano, desde el 302 al 311 d.C.: “Finalmente,  en el 311, Galerio mediante un edicto de tolerancia permitía a los cristianos el libre ejercicio de su culto y, dos años más tarde, el Edicto de Milán inauguraba una nueva política religiosa en el Imperio Romano” (Gran Historia Universal, tomo XI, p. 83, Ediciones) (97)

Jesucristo promete, si son fieles hasta la muerte, darles “la corona de la vida”; que no es otra cosa que la vida eterna en el Paraíso de Dios. Y lo simboliza mediante la figura de una corona; pero la corona que recibían como premio, los vencedores en los juegos olímpicos de la antigüedad, estaba hecha, generalmente, de laurel. Sin embargo, la que nos promete Él, significa vida eterna, como las coronas a las que se refirieron los apóstoles Pablo, Santiago y Pedro; veámoslo:

1 Corintios 9:24-25: ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. (25) Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.

2 Timoteo 4:7-8: He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. (8) Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

Santiago 1:12: Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.

1 Pedro 5:4: Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte.” (2:11)

Jesucristo vuelve a enfatizar que la condición para recibir la vida eterna es vencer en la lucha diaria contra uno mismo, –pues hay que negarse a sí mismo, y tomar nuestra cruz y seguirle (Mt. 16:24)– y contra las tentaciones y pruebas de todo tipo que nos depare la vida. Por tanto, “vencer” tiene como recompensa no sufrir “daño de la segunda muerte”, ya que ésta implica haber sido resucitado de la primera muerte, la que corresponde a todo ser mortal, mil años después del fin del mundo, para ser acto seguido juzgado por Dios (20:11-13) y “lanzado al lago de fuego”, que es “la muerte segunda (20:14-15; 21:8).

3. El mensaje a la iglesia de Pérgamo

“Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El que tiene la espada aguda de dos filos dice esto: (13) Yo conozco tus obras, y dónde moras, donde está el trono de Satanás; pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe, ni aun en los días en que Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás. (14) Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación. (15) Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco. (16) Por tanto, arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca. (17) El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.” (2:12-17)

La iglesia de Pérgamo es la iglesia que corresponde al periodo del 313 al 538 d.C., aproximadamente, que ya ha sido contaminada por algunas herejías, que estaban incipientes durante las persecuciones, y que se desarrollaron cuando la iglesia obtuvo la paz de Constantino, y empezó a relajarse, y a convertirse en perseguidora de todos aquellos que se oponían a sus doctrinas. También Jesucristo denuncia ciertas prácticas idolátricas en las que había caído la iglesia en dicho periodo histórico medieval.

“Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El que tiene la espada aguda de dos filos dice esto” (2:12)

Es muy apropiado que Jesucristo se presente a la iglesia de Pérgamo como “El que tiene la espada aguda de dos filos”, porque la espada simboliza la autoridad con la que Él va a juzgar a los que practican doctrinas heréticas como “la doctrina de Balaam” y “a los que retienen la doctrina de los nicolaítas”. A estos últimos ya se refirió Jesucristo en el mensaje a la iglesia de Éfeso.

“Yo conozco tus obras, y dónde moras, donde está el trono de Satanás; pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe, ni aun en los días en que Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás. (14) Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación. (15) Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco.” (2:13-15)

Los hechos de Balaam se registran en los capítulos 22 al 24 del libro de Números del AT. Balaam era un profeta de Dios que se corrompió a instancias del rey Balac, que le pidió al profeta que maldijese a Israel el pueblo de Dios, pero Dios no se lo permitió, y no tuvo más remedio que bendecirlo todas  las veces que intentó maldecirlo. Y representa a todos los que no les importa sacrificar sus principios y sus creencias o cometer cualquier cosa que Dios condene,  con tal de obtener algún tipo de beneficio, ganancia o privilegio.

Según se desprende de Números 31:16, como Dios no permitió a Balaam que, en su función de profeta, maldijese a Israel, entonces él buscó la forma de enseñar o aconsejar al rey Balac para que Israel perdiese la bendición de Dios. Esto consistió en hacer que los israelitas tuvieran relaciones ilícitas con las mujeres paganas, para que luego, éstas, les indujesen a sacrificar y adorar  a sus propios dioses falsos, como así ocurrió. De ahí la acusación que hace Jesucristo a esta iglesia de Pérgamo: “Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación.” (2:14).

“Por tanto, arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.” (2:16)

Se pide a la iglesia que se arrepienta ante la inminencia de los juicios de Dios anunciados por Jesucristo, que es lo que representa “la espada que sale de Su boca para pelear” contra aquellos que estaban corrompiendo Su iglesia a la manera de Balaam. Pero para obedecer este mandato de Jesús, la iglesia debería actuar purificándose de doctrinas heréticas, y expulsar de ella a todos los que con sus conductas inmorales, profanaban el nombre de Dios y pervertían el verdadero Evangelio, al adorar falsos dioses, e introducir doctrinas espurias en la iglesia.

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.” (2:12-17)

El maná escondido es “el pan de Dios”, “aquel que descendió del cielo y da vida al mundo” (Jn. 6:33). Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. […] (51) Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. […] (52) Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? (53) Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. (54) El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. (55) Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. (56) El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. (57) Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. (58) Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.” (Jn. 6:35, 51-58).

“Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con Él” (Jn. 6:66), porque no entendieron Sus palabras, o al entenderlas literalmente, se horrorizaron. “Comer Su carne y beber Su Sangre” no tiene nada que ver con participar del rito católico de la transustanciación de  las especies de pan y vino, que creen realizar los sacerdotes cuando las consagran para, supuestamente, convertirlas en el verdadero y Único Ser divino de Jesucristo, sino que las palabras de Jesús –que “son espíritu y son vida” (Jn. 6:63)–  significan aceptar Su sacrificio vicario, y vivir, en coherencia con lo que implica esa creencia, la comunión con Cristo en todo momento de nuestras vidas. “Comer Su carne y beber Su sangre” para nada aprovecha, porque como dijo el propio Jesús: “¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al vientre, y es echado en la letrina?” (Mt. 15:17; cf. Mr. 7:18-19).

El que venciere experimentará lo que significa el mandato de Jesús: El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (Jn. 6:54), y recibirá esa piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.” (2:17); el nombre nuevo representa la nueva vida que obtiene el creyente cuando experimenta a Cristo en su vida (2 Co. 5:17-18), es una nueva manera de ser y de conducirse negándose a sí mismo, y tomando su cruz y siguiendo a Jesús, actuando siempre con amor, con santidad y con mansedumbre.

4. El mensaje a la iglesia de Tiatira

“Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido, dice esto: (19) Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras. (20) Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. (21) Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. (22) He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella. (23) Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras. (24) Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esa doctrina, y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, yo os digo: No os impondré otra carga; (25) pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga. (26) Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, (27) y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre; (28) y le daré la estrella de la mañana. (29) El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” (2:18-29)

El periodo de la iglesia de Tiatira se corresponde con la Edad oscura 538-1517 d.C., y se caracterizaba porque los verdaderos cristianos, que aún defendían el verdadero Evangelio, toleraron “que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos” (2:20). Y eso mismo es el reproche que recibe de Jesucristo. Ahora necesitamos averiguar lo que representa “esa mujer Jezabel, que se dice profetisa.” Para ello tenemos que acudir al AT para conocer a esa mujer (véase 1 R. 16:31; 18; 19; 21; 2 R. 9).

“Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido, dice esto:”

A la iglesia de Tiatira, Jesucristo se presenta como “El Hijo de Dios”, quizá para mostrarse como el verdadero Dios frente a los ídolos que la falsa profetisa Jezabel había fomentado en la iglesia de esta época. Sus “ojos como llama de fuego” sugieren la idea de que Él con Su penetrante mirada descubre y condena las hechicerías e idolatría de Jezabel.

“Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras.” (2:19)

Como es la forma más didáctica, Jesús primero elogia a esta iglesia resaltando lo que hace bien, para acto seguido reprocharle que tolere que, esa falsa profetiza Jezabel, pervierta el Evangelio.

“Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. (21) Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. (22) He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella. (23) Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras.” (2:20-23)

La interpretación de estos textos depende de identificar quién es esa falsa profetiza Jezabel, teniendo en cuenta que tenemos que ir más allá del símbolo, representado por esa mujer Jezabel. Debemos acudir a la única Jezabel  tristemente famosa por sus crímenes y maldades de todo tipo que se registra en la historia del Israel, en los libros de los Reyes del Antiguo Testamento (véase 1 R. 16:31; 18; 19; 21; 2 R. 9).

1 Reyes 16:29-34: Comenzó a reinar Acab hijo de Omri sobre Israel el año treinta y ocho de Asa rey de Judá. (30) Y reinó Acab hijo de Omri sobre Israel en Samaria veintidós años. Y Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, más que todos los que reinaron antes de él. (31) Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró. (32) E hizo altar a Baal, en el templo de Baal que él edificó en Samaria. (33) Hizo también Acab una imagen de Asera, haciendo así Acab más que todos los reyes de Israel que reinaron antes que él, para provocar la ira de Jehová Dios de Israel.

2 Reyes 9: 22: Cuando vio Joram a Jehú, dijo: ¿Hay paz, Jehú? Y él respondió: ¿Qué paz, con las fornicaciones de Jezabel tu madre, y sus muchas hechicerías?

Seleccionando y resumiendo dichos textos: “Jezabel se casó con el rey Acab, séptimo rey de Israel que sucedió a su padre Omri en el año 918 a.C., y reinó veintidós años.” (Diccionario bíblico) (98) Pero si Acab era idólatra aún más lo era Jezabel, porque “era ferviente adoradora de Baal, por lo que su esposo construyó para ella en Samaria un templo y un altar consagrados a Baal, y una asera, estatua que representaba a la Astarté fenicia (1 R. 16:32, 33). […] Su acción de introducir en Israel el culto idolátrico a Baal y de dar muerte a los siervos del Señor, ha hecho recordar su nombre como baldón de infamia y como tipo de un sistema seductor dentro de la iglesia profesante, que atrae a otros a la idolatría (Ap. 2:20)”. (Diccionario bíblico) (99)

Por tanto, “esa mujer Jezabel”, –“que se dice profetisa, [que enseña y seduce] a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos” (Ap. 2:20)–,simboliza muy adecuadamente el sistema idolátrico –perversión de la religión cristiana verdadera, al que se había entregado una gran parte de la iglesia de Tiatira. Esta iglesia representa el periodo de la Iglesia católica que se corresponde con la Edad oscura 538-1517 d.C., que fue el tiempo de persecución de la Roma papal a los verdaderos cristianos que daban testimonio de Jesucristo, de sus mandamientos y del auténtico Evangelio. En oposición a éstos, la Iglesia católica con la autoridad que le fueron otorgando distintos emperadores romanos, estableció como norma la Tradición equiparándola a la Sagrada Escritura, promovió el culto a la Virgen María, a todos los santos muertos, a sus reliquias, a sus imágenes, estampas de santos, figurillas, a la hostia consagrada, que considera que, por la mediación del sacerdote, se transforma en el Cristo divino, exigiendo adoración a sus símbolos del pan y vino; etc.; y por si todo esto no fuera suficiente perversión, estimuló el consumo de las llamadas Indulgencias, por las que se hacía creer a sus fieles que con especiales donativos y misas a los difuntos, podrían conseguir que sus familiares muertos pudieran salir del Purgatorio.

“Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esa doctrina, y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, yo os digo: No os impondré otra carga; (25) pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga.” (2:24-25)

Jesús exhorta “a cuantos no tienen esa doctrina”, –“y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás”– a que retengan la fe en el verdadero Evangelio, liberado de toda la influencia paganizante de la Iglesia romana, “hasta que Él venga”. Notemos que a las perversiones que había alcanzado la iglesia de Tiatira, que he enumerado arriba, se las califica “las profundidades de Satanás”.

“Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, (27) y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre; (28) y le daré la estrella de la mañana. (29) El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” (2:18-29)

Observemos que Jesucristo estimula “al que venciere y guardare mis obras hasta el fin” con darle un galardón o recompensa muy singular, que va más allá de lo que dio a las iglesias de Éfeso: “comer del árbol de la vida”; de Esmirna: “no sufrirá daño de la segunda muerte”; y de Pérgamo: “comer del maná escondido”. Se trata de una recompensa muy singular porque Jesucristo le promete conceder al vencedor las mismas prerrogativas que “Él ha recibido de Su Padre”: “autoridad sobre las naciones” y poder de “regirlas” “con vara de hierro”, las cuales “serán quebradas como vaso de alfarero”.

Precisamente, las palabras usadas por Jesús provienen del siguiente Salmo, que se califica como mesiánico, porque recoge promesas que Dios Padre dirige a Su Hijo: “Pero yo he puesto mi rey Sobre Sion, mi santo monte. (7) Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. (8) Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra. (9) Los quebrantarás con vara de hierro; Como vasija de alfarero los desmenuzarás (Sal. 2:6-9).

En este Salmo se encuentra el acuerdo, pacto o compromiso de Dios de entregar a Su Hijo “por herencia las naciones”; es decir, a Jesús le pertenece el planeta Tierra y sus habitantes porque Él se hizo Hombre para poder entregar su vida en rescate por la humanidad. Pero, por eso mismo, a Él se le da el derecho de juzgar a todas las naciones y a todos los que le rechazan.  Y esa misión final de juicio y castigo del mundo rebelde es la que está simbolizada por la sentencia del Salmo (2:9): “Los quebrantarás con vara de hierro; Como vasija de alfarero los desmenuzarás”.

Comprobemos que estas funciones o facultades de juzgar que ejercerá Cristo, le fueron confirmadas después de su ascensión, en el año 30 d.C.: “Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono.” (Ap. 12:5); pero el cumplimiento ejecutivo de esta profecía mesiánica se efectuará en el Día del Señor de la segunda venida de Jesucristo, que es el momento que describe Apocalipsis (19:15): “De su boca [del Verbo de Dios] sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso” (19:15). Notemos que “regir con vara de hierro”, en este contexto, significa juzgar o ejecutar los juicios. Se refiere a una acción de juicio de Cristo sobre los malvados que vivan en la Tierra en su venida gloriosa.

Cito a continuación unos párrafos de mi artículo ¿Reinarán Cristo y sus santos un Milenio en la Tierra restaurada?, porque en él desarrollé este tema relacionado con el juicio de Jesucristo a las naciones “con vara de hierro”, y que Él comparte con Sus santos.

¿En qué consiste la autoridad que Jesús otorga a los vencedores?

Como hemos visto, en el Día del Señor se ejecuta el juicio sobre la Tierra y todos sus moradores, que rechazaron la Palabra de Dios, serán juzgados por esa misma Palabra “en el día postrero” (véase Jn. 12:46-49; cf. Ro. 2:16).

Juan 12:46-49: Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. (47) Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. (48)  El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.  (49)  Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar.

Recordemos que esta autoridad que Jesús otorga a los vencederos, es la misma que Él ha recibido del Padre (Ap. 2:27 úp); consiste, pues, en una potestad que solo corresponde a Dios. Esta autoridad no puede ser otra que la facultad de juzgar a todos los que no alcanzaron la salvación; y, así como Jesús la recibe del Padre, Aquél la transmite a todos los vencedores. Por tanto, deducimos que “regir a las naciones malvadas o gentes malvadas con vara de hierro”, equivale a juzgarlas, después que se haya producido la ejecución del Juicio divino en el Día del Señor y de la ira de Dios. Veamos algunos textos, que parecen señalar en ese sentido:

Lucas 22:24-30: Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. (29) Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí,  (30) para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.

1 Corintios 6:2-3: ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?  (3)  ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?

“¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo?” (1 Co. 6:2)

Esta es la autoridad que Jesús concede a los santos para “regir con vara de hierro al mundo”, es la facultad de juzgar al mundo e incluso “a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día” (Judas 1:6).

Fin de la cita de mi artículo ¿Reinarán Cristo y sus santos un Milenio en la Tierra restaurada? (100)

“Y le daré la estrella de la mañana.” (2:28)

Jesucristo promete también que, a los vencedores de la iglesia de Tiatira – la Iglesia de la Edad Oscura 538-1517 d.C.–, les dará “la estrella de la mañana”. Él se dio a sí mismo el título de “la estrella resplandeciente de la mañana” (22:16): “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.; seguramente atribuyéndose el cumplimiento de las profecías mesiánicas que le señalaban como el Rey Mesías, del “linaje de David”, Su antepasado mesiánico, y también cumpliendo la profecía del fracasado profeta Balaam, quién profetizó, de parte de Dios: “Saldrá Estrella de Jacob” (Nm. 24:17); esa Estrella, aunque se refiere en primer lugar al rey David, se cumple definitivamente con el nacimiento de Jesús, y su ungimiento por el Espíritu Santo, después de Su bautismo (Mt. 3:16-17). La estrella es símbolo de Su divinidad, de la luz resplandeciente que emana de Su Persona glorificada (Mt. 17:2; cf. Mr. 9:2-13; Lc. 9:28-36); Él es “la Luz del mundo” (Jn. 8:12; 9:5; 12:35; 12:46); refiriéndose a sus seguidores, Él también dijo: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt. 5:14); en ese sentido, Jesús dará "la estrella de la mañana" –un amanecer glorioso–  a los vencedores.

A este respecto, Robert H. Mounce, comenta: “La estrella de la mañana representa la promesa de que la larga noche de la tribulación ha terminado y la aurora del nuevo día escatológico está próxima a despuntar.” (Mounce, 543) (101)

Si Dios lo permite y me sigue dando fuerzas, mi próximo estudio bíblico consistirá en comentar el  capítulo tres del libro del Apocalipsis de San Juan: 3. Los mensajes a las siete iglesias (Parte 2)

 

Quedo a disposición del lector para lo que pueda servirle.

 

Afectuosamente en Cristo

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 

 

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Referencias bibliográficas

*Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

Abreviaturas frecuentemente empleadas:

AT = Antiguo Testamento

NT = Nuevo Testamento

AP = Antiguo Pacto

NP = Nuevo Pacto

Las abreviaturas de los libros de la Biblia corresponden con las empleadas en la versión de la Biblia de Reina-Valera, 1960 (RV, 1960)

pp, pc, úp referidas a un versículo bíblico representan "parte primera, central o última del mismo ".

Abreviaturas empleadas para diversas traducciones de la Biblia:

NBJ: Nueva Biblia de Jerusalén, 1998.

BTX: Biblia Textual

DHHe (D): versión Dios habla hoy con Deuterocanónicos

Jünemann: Sagrada Biblia-Versión de la LXX al español por Guillermo Jüneman

N-C: Sagrada Biblia- Nacar  Colunga-1994

JER 2001: *Biblia de Jerusalén, 3ª Edición 2001

BLA95, BL95: Biblia Latinoamericana, 1995

LBLA: La Biblia de las Américas

BNP: La Biblia de Nuestro Pueblo

NVI 1999: Nueva Versión Internacional 1999

LPD: El Libro del Pueblo de Dios, Levoratti y Trusso

SB-MN: . La Santa Biblia-Martín Nieto

SRV2004: Spanish Reina Valera 2004

 

Bibliografía citada

 

(1) Strong, Diccionario griego español

(2) versión parafraseada del Apocalipsis extraída del Curso anónimo sobre Apocalipsis

(3) Ibíd.

(4) Relación de algunos de los diversos Comentarios bíblicos del Apocalipsis leídos

Shappley de Álamo, Homero,  APOCALIPSIS Análisis de las profecías y visiones, 2007

Taylor,  R. A. Apocalipsis: Un Comentario de Referencia, 20/06/1998

MacArthur, John, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Apocalipsis, Editorial Portavoz, 2010.

Mounce, Robert H. Comentario al libro del Apocalipsis, Editorial Clie, 2007

Maxwell, C. Mervyn, Dios revela el futuro, el mensaje de Apocalipsis, t.2, Publicaciones Interamericanas, 1989

(5) Barclay, William, p. 5, 0283 Comentarios completos N.T. Apocalipsis C.T.C. 01-02-0283-14. Editorial CLIE, 1991

(6) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 41,  Editorial Clie, 2007

(7) Apocalipsis - Wikipedia, la enciclopedia libre,

(8) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(9) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 42,  Editorial Clie, 2007, 

(10) https://es.wikipedia.org/wiki/Apocalipsis

(11) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(12) Ibíd.

(13) Ibíd.

(14) Ibíd.

(15) Ibíd.

(16) Ibíd.

(17) Ibíd.

(18) Ibíd.

(19) Ibíd.

(20) Ibíd.

(21) Ibíd.

(22) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 61-62,  Editorial Clie, 2007 

(23) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 42,  Editorial Clie, 2007

(24) Persecución a cristianos en el Imperio romano - Wikipedia, la enciclopedia libre

(25) Ibíd.

(26) Ibíd.

(27) Goena, Fernando y Lasheras, Juan, Historia de la Iglesia - Edad Antigua (gecoas.com)

(28) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(29) Ibíd.

(30) Goena, Fernando y Lasheras, Juan, Historia de la Iglesia - Edad Antigua (gecoas.com)

(31) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(32) Ibíd.

(33) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 53,  Editorial Clie, 2007

(34) Ibíd. 54-55

(35) Ibíd., p. 57-58

(36) Ibíd., p. 66

(37) Ibíd., p. 67

(38) Ibíd., p. 67

(39) Truman, Cliff, Comentario a Apocalipsis, p.25

(40) Ibíd., p. 25

(41) Ibíd., p. 25-26

(42) Apocalipsis - Wikipedia, la enciclopedia libre

(43) Mounce, H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 69,  Editorial Clie, 2007

(44) Ibíd., p. 69

(45) Truman, Cliff, Comentario a Apocalipsis, p.24

(46) Mounce, H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 83,  Editorial Clie, 2007

(47) Ibíd., p. 84

(48) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis.

(49) Ibíd.

(50) Truman, Cliff, Comentario a Apocalipsis, p.3

(51) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 85,  Editorial Clie, 2007
(52) Emperadores romanos que buscaron destruir el cristianismo y fracasaron (aciprensa.com)Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en National Catholic Register.
(53) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 84,  Editorial Clie, 2007

(54) Ibíd., p. 87-88

(55) Ibíd., p. 88

(56) Ibíd., p. 89-90

(57) Ibíd., p. 92-93

(58) Ibíd., p. 93

(59) Ibíd., p. 93-94

(60) Ibíd., p. 94-95

(61) Ibíd., p. 95

(62) Ibíd., p. 96

(63) Ibíd., p. 96-98

(64) Ibíd., p. 99-100

(65) Ibíd., p. 100-101

(66) Ibíd., p. 101

(67) Ibíd., p. 102

(68) Ibíd., p. 102

(69) Ibíd., p. 102

(70) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(71) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 103,  Editorial Clie, 2007

(72) Ibíd., p. 103

(73) Apuntes Curso sobre el libro de Apocalipsis

(74) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 102,  Editorial Clie, 2007

(75) Ibíd., p. 103

(76) Ibíd., p. 104

(77) Ibíd., p. 105

(78) Ibíd., p. 106

(79) Ibíd., p. 106

(80) Ibíd., p. 106

(81) Ibíd., p. 107

(82) Ibíd., p. 107

(83) Ibíd., p. 108

(84) Ibíd., p. 108-109

(85) Ibíd., p. 109-110

(86) Ibíd., p. 111

(87) Ibíd., p. 112

(88) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(89) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 103,  Editorial Clie, 2007

(90) Ibíd., p. 103

(91) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(92) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 103,  Editorial Clie, 2007

(93) Ibíd., p. 103

(94) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(95) Ibíd.

(96) Diccionario de la iglesia primitiva (p.124).  www. ElCristianismoPrimitivo.com. Compilado por Brian Gray y editado por Anthony Hurtado Este diccionario es obsequiado al dominio público. No tiene derechos reservados www. ElCristianismoPrimitivo.com

(97) García de Cortazar, José ángel y Ruiz de Aguirre, Universidad de Santander, Valdeon Baruque Julio, Universidad de Valladolid; Gran Historia Universal, tomo XI, p. 83, Ediciones Najera (S.A. de Promociones y Ediciones Club Internacional del Libro, Madrid)

(98) Diccionario bíblico (módulo e-Sword)

(99) Ibíd.

(100) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  ¿Reinarán Cristo y sus santos un Milenio en la Tierra restaurada?, … p.23-25

(101) Mounce, H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 543,  Editorial Clie, 2007

(102) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(103) Ibíd.

(104) Ibíd.

(105) Ibíd.

(106) Ibíd.

(107) Ibíd.

(108) Ibíd.

(109) Ibíd.

(110) Ibíd.

(111) Ibíd.

(112) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia, los reinos mundiales y el Reino de Dios,  ¿Es el Arcángel Miguel el que detiene al Anticristo?

(113) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia y el falso profeta

(114) Auge y disolución de la Unión Soviética (lavanguardia.com)

(115) http://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_romano

(116) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia, los reinos mundiales y el Reino de Dios,  

(117)  Bentué, Antonio,  Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Introducción a la Historia de las religiones (pág. 191).

(118) Ibíd., ps. 191-192.  (Extraído de  Aracil, Orts, Carlos,  ¿Es el Arcángel Miguel el que detiene al Anticristo?)

(119) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia, y el falso profeta,

(120) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 366-367,  Editorial Clie, 2007

(121) Ibíd., p. 369

(122) Ibíd., p. 387-388

(123) Ibíd., p. 410-411

(124) Ibíd., p. 413-414

(125) Ibíd., p. 411-412

(126) Ibíd., p. 411

(127) Ibíd., p. 415

(128) Ibíd., p. 416

(129) Bentué, Antonio,  Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Introducción a la Historia de las religiones (pág. 191-192).

(130) http://es.wikipedia.org/wiki/Sacro_Imperio_Romano_Germ%C3%A1nico

(131) Bentué, Antonio,  Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Introducción a la Historia de las religiones (pág. 191-192).

(132)  https://es.wikipedia.org/wiki/Napole%C3%B3n_Bonaparte

(133) https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios

(134) http://es.wikipedia.org/wiki/Sacro_Imperio_Romano_Germ%C3%A1nico

(135)https://es.wikipedia.org/wiki/Uni%C3%B3n_Sovi%C3%A9tica

(136) Ibíd.

(137) Dominación del mundo - Wikipedia, la enciclopedia libre

(138) https://nanopdf.com/download/los-estados-pontificios_pdf

(139) Biblioteca Nacional de España (bne.es)

(140) https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios

(141) https://es.wikipedia.org/wiki/Napole%C3%B3n_Bonaparte

(142) https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios

(143) Ibíd.

(144) Ibíd.

(145) Catecismo de la Iglesia Católica, 2121

(146) Aracil, Orts, Carlos,https://amistadencristo.com. El dragón, la bestia, y el falso profeta

(147) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 534,  Editorial Clie, 2007

(148) Ibíd., p. 532

(149) Ibíd., p. 534

(150) Ibíd., p. 535

(151) Ibíd., p. 538

(152) Ibíd., p. 540-541

(153) Ibíd., p. 541

(154) Ibíd., p. 541-542

(155) Ibíd., p. 543

(156) Ibíd., p. 544

(157) Ibíd., p. 544

(158) Ibíd., p. 548

 

 

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Carlos Aracil Orts

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