Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Antropogía bíblica

¿Cuál es la naturaleza del ser humano?

 
Versión: 10-09- 2019

 

Capítulo 5

 

Cómo vivir cristianamente

 

 

Carlos Aracil Orts

5. Cómo vivir cristianamente

¿Cómo podemos alcanzar la gran salvación prometida por Dios, que conlleva vida eterna en su Reino celestial?

¿Cómo llevar a la práctica las enseñanzas de la Biblia? ¿Cómo hacer para que Cristo viva en mí?

En principio, es muy sencillo, pues el primer paso es: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo…” (Hch. 16:31); o bien, “Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hch. 2:21). Y si esto ya es una realidad, el creyente debe vivir en consonancia o coherencia con su fe, sabiendo que “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Ro. 10:9).  “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Ro. 10:17).

Aunque la salvación y la fe son dones de la gracia de Dios (Ef. 2:8-10), se nos pide nuestra cooperación para crecer diariamente en fe y en santidad: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, (23) y renovaos en el espíritu de vuestra mente, (24) y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef. 4:22-24).

Una vez obtenida la fe –obra de Dios–, empieza nuestra obra, que consiste en colaboración con el Espíritu de Dios, en despojarse del “viejo hombre”, y crecer en el “nuevo hombre” en Cristo. Esto se consigue perseverando cada día en el estudio de la Palabra de Dios y en la oración. Y tenemos la salvación asegurada, garantizada, primero, porque “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro. 5:8) –este es un acontecimiento histórico que nadie puede cambiar–; y, en segundo lugar, porque el Espíritu Santo que mora en nosotros nos da el poder para vencer, y nos guía para elegir lo que más nos conviene en cada momento.

Sin embargo, hay que saber que nuestra salvación o vida eterna solo se ha hecho posible gracias a que “Cristo murió por nuestros pecados” (1 Co. 15:3); porque los llevó sobre Él en la cruz (1 P. 2:24), y en su “carne” asumió la penalidad del pecado, la muerte eterna, que es la que le correspondía al pecador. Por eso, cuando los pecadores le reciben o le aceptan como su sustituto, Él les da “potestad de ser hechos hijos de Dios”, “engendrados de Dios” (Jn. 1;12-13). Esto es el nuevo nacimiento (Jn. 3:3), que convierte al “hombre natural” (1 Co. 2:14), en “nueva criatura en Cristo” (1 Co. 5:17) o “nuevo hombre” (Ef. 4:22-24; Col. 3:9-10); y todo ello ha podido llevarse a cabo, porque los creyentes, por obra y gracia de Dios y por su fe en Él, han sido “hechos justicia de Dios en Cristo (2 Co. 5:21); es decir, han sido declarados justos ante Dios (Ro.3:21-26; cf. Ro. 5:1). Esto es el Evangelio de Jesús.

Romanos 3:22-25: la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, (23) por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,  (24)  siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, (25) a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.

Romanos 5:1: Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Esta es la razón de que “en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch. 4:12). Solo tenemos que creer, con todo nuestra alma y con todas nuestra fuerzas, en la promesa de Jesucristo, de vida eterna, la cual Él cumplirá cuando nos “resucite en el día postrero” (Jn. 6:39-58). Veámoslo:

Juan 6:39-40: Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. (40)  Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Juan 6: 44: Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.

Juan 6: 47: De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.

Juan 6: 48-51: Yo soy el pan de vida.  (49)  Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. (50) Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. (51) Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

Juan 8:51: De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte.

El último texto citado arriba precisa una explicación, porque ¿cómo entender la afirmación de Jesús, “el que guarda mi palabra, nunca verá muerte” (Jn. 8:51)?, porque obviamente la muerte no ha dejado de existir y existirá hasta Su venida gloriosa.

La primera muerte es natural y, en la Biblia, se equipara con un estado de inconsciencia similar al sueño (Hch. 7:60: 1 Co. 15:51-57; etc.). En el texto citado arriba, Jesús debe referirse a la “muerte segunda” (Ap. 2:11; 19:20; 20:10; 20:14,15; 21:8).

Veamos lo que nos dice Él mismo en el siguiente texto:

Apocalipsis 2:11: El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte.

Jesucristo nos asegura que si guardamos su Palabra nunca veremos muerte;  “guardar Su Palabra” consiste en hacer la voluntad de Dios, o sea, vivir de acuerdo con la fe y la guía del Espíritu Santo, que mora en todo creyente (1 co. 3:16-17; 6:19-20). Y, “nunca verá muerte”, significa que “no sufrirá daño de la segunda muerte” (Ap. 2:11).

Mateo 25:46: E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

2 Tesalonicenses 1:6-10: Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, (7) y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, (8) en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; (9)  los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder,  (10) cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron…

Necesitamos saber, que la segunda muerte es el “castigo eterno” (Mt.25:46), eterno en sus consecuencias, y, por tanto, definitivo, porque es “pena de eterna perdición” (2 Ts. 1:9), la cual reciben los malvados, después de ser resucitados para juicio, en la segunda resurrección, que se produce después del Milenio (Ap. 20:5-6,15).

Apocalipsis 20:4-6 (BLA95): También vi unos tronos, y sentados en ellos los que tienen poder para juzgar. Vi también las almas de aquellos a quienes les cortaron la cabeza por causa de las enseñanzas de Jesús y de la Palabra de Dios. Vi a todos los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y no habían recibido su marca en la frente o en la mano. Volvieron a la vida y reinaron mil años con el Mesías.  (5)  Esta es la primera resurrección. El resto de los muertos no volvieron a la vida hasta que se cumplieron los mil años. (6) ¡Feliz y santo es el que participa en la primera resurrección! La segunda muerte ya no tiene poder sobre ellos: serán sacerdotes de Dios y de su Mesías y reinarán con él mil años.

Apocalipsis 20:15: Y todo el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.

Apocalipsis 21:8: Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.

Por tanto, el que “nunca verá muerte” es todo aquel que participa en la primera resurrección que se produce en la venida gloriosa de nuestro Señor Jesucristo, porque son transformados en cuerpos semejantes al de Cristo resucitado, y  arrebatados al Cielo a reinar con Él durante el Milenio. De ahí que todo el que participa de la primera resurrección es llamado: “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Ap. 20:6). Todos los que tienen, pues, parte en la primera resurrección no verán la muerte segunda.

Juan 11:25-26: Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.  (26)  Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Jesús afirma “aunque esté muerto, vivirá”, luego la vida eterna es un suceso que está en el futuro, y por tanto, no se produce cuando uno muere sino cuando se resucite al fin de los tiempos. La condición para no morir eternamente es creer en Jesús.

Juan 14:3: Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

Los salvos irán con Jesús al Paraíso cuando Él vuelva en gloria y los lleve consigo a ese Reino (1ª Tesalonicenses 4:13-18), preparado desde la fundación del mundo (Mateo 25:34).

¿Qué otras cosas debo realizar para seguir en el camino de salvación?

Si uno ha creído sinceramente “Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras” (1 Co. 15:3), entonces, ha nacido de nuevo, y está “en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Co. 5:17), y como consecuencia, “el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron;  (15)  y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos(2 Co. 5:14-15).

Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, (19) sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, (20) ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros” (1 P. 18-20).

Y todo ello ha sido posible porque  “Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, (5) aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), (6) y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Ef. 2:4-6). Seamos, pues, agradecidos por tan gran amor y salvación que Dios nos da.

Es, pues, gracias a la redención o rescate (Mr. 10:45; cf. 1 Co. 6:20) efectuado por la muerte expiatoria de Cristo (Heb. 2:17; cf. Ap. 5:9), que, a partir de nuestro nuevo nacimiento, “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (2) Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:1-2). “Gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado”, al creer en Cristo y al obedecerle de corazón, “fuisteis libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia” (Ro. 6:17-18).

Romanos 6:17-18,22: Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina [el Evangelio de Cristo] a la cual fuisteis entregados; (18)  y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. […] (22)  Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

En coherencia con lo anterior, los que han sido regenerados, deben ejercer sus  voluntades para que “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias” (Ro. 6:12). Es decir, Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.  (17)  Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gá. 5:16). Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gá. 5:24).

Otras cosas que los cristianos deben tener presente para progresar en su vida cristiana y crecer en santidad cada día:

Negarse a sí mismo  y tomar su cruz cada día (Lc. 9.23; cf. Mt. 16:24-25)

Lucas 9:23: Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.

Mateo 16:24-25: Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.  (25)  Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.
Confiar en Cristo implica creer “que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Ro. 6:6).

Si Cristo murió por mis pecados, para que yo tuviera la vida eterna, debo saber “que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Ro. 6:6). Recordemos que “el cuerpo del pecado” es el “viejo hombre”, la “carne”; no confundir con el concepto de la filosofía griega que considera el “cuerpo” una parte del ser humano.

Confiar en Cristo implica creer que nuestro yo carnal –“el hombre viejo”– “fue crucificado juntamente con Cristo” (Ro. 6:6). Esto fue un hecho pasado, histórico, pero que debemos actualizar cada día, ejerciendo nuestra voluntad, porque Dios la ha liberado de la esclavitud del pecado –esa fue Su obra–. Por eso ahora podemos vivir en Cristo; y coherentemente con esa fe iremos anulando a la carne, al “hombre viejo”, que significa: “haced  morir, pues, lo terrenal en vosotros” (Col. 3:5). Es decir, Dios nos dio gratuitamente el nuevo nacimiento en el Espíritu; pero ahora empieza nuestra obra de colaboración con Él, con la guía del Espíritu Santo, para santificarnos diariamente. Entonces, debemos poder decir, lo mismo que el apóstol Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20). Pero mejor, meditemos en el contexto donde la Palabra de Dios nos da el secreto de  la vida en Cristo:

Romanos 6:5-11: Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; (6) sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. (7) Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. (8) Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; (9)  sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. (10) Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. (11) Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Romanos 8:7-10: Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;  (8)  y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. (9)  Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. (10)  Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.

Notemos que, en primer lugar, todo cristiano auténtico es una persona que ha nacido de nuevo; y, por eso, mora Cristo en él, por medio de Su Espíritu, que es lo mismo que el Espíritu de Dios o el Espíritu Santo. Por esta razón ya pertenece a Cristo y su salvación está garantizada en Él. Ahora bien, en coherencia con esa nueva naturaleza espiritual otorgada gratuitamente como un don de Dios, ya no debemos vivir en la carne, aunque podamos hacerlo, porque nuestra voluntad ha sido liberada de la esclavitud del pecado, y ahoya ya podemos elegir pecar o no pecar. Ahora, pues, no tenemos excusa, y debemos vivir en todo lo que realicemos –ejercitando nuestra voluntad renovada y santificada– colaborando diariamente con Dios.

De ahí que, si verdaderamente “Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado” (Ro. 8:10); es decir, la “carne” –no olvidemos nunca que cuerpo o “carne” es lo mismo, y se refiere a la totalidad del ser humano– siempre será pecado hasta nuestra muerte física; pero la diferencia con la vida anterior a la conversión, es que ahora hemos vencido a la “carne” porque “ya no vivo yo” –porque mi yo carnal fue crucificado con Cristo– ahora “vive Cristo en mí” (Gá 2:20), y como consecuencia –porque ya no vivo en la carne sino en el Espíritu– “el espíritu vive a causa de la justicia” (Ro. 8:10), es decir, ya tengo vida espiritual, aunque no en mi yo carnal, sino en mi yo espiritual, porque soy “nuevo hombre” o “nueva criatura en Cristo” (2 Co. 5:17).

2 Corintios 5:17-20: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. (18)  Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; (19) que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. (20) Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

Hasta aquí la primera parte de este estudio bíblico. Y en la segunda parte, continuaremos analizando estos dos términos tan importantes que son “alma” y  “espíritu”, y la diferencia que existe entre ellos. Y, para ello, en primer lugar, buscaremos algunos textos bíblicos que son importantes para averiguar lo que entiende la Biblia por “alma”; e igualmente, en segundo lugar, analizaremos los pasajes y versículos que se refieren al “espíritu” del hombre, y todo esto con ayuda de diccionarios bíblicos.

 

 

Quedo a su disposición para lo que pueda servirle.

Afectuosamente en Cristo

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 

 

Índice

 

¿Cuál es la naturaleza del ser humano?

2. El ser humano en la antropología bíblica

3. ¿Es el ser humano un compuesto de espíritu-alma-cuerpo?

4. Significado del vocablo "carne" en la Biblia

5. Cómo vivir cristianamente

6. ¿Cuál es la diferencia entre alma y espírtu?

7. ¿Qué es el alma humana?

8. ¿Qué es el espíritu humano?

9. Solo hay vida eterna en Cristo

10. Conclusión

 

 

 

 

 


Referencias bibliográficas

*Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

Abreviaturas frecuentemente empleadas:

AT = Antiguo Testamento

NT = Nuevo Testamento

AP = Antiguo Pacto

NP = Nuevo Pacto

Las abreviaturas de los libros de la Biblia corresponden con las empleadas en la versión de la Biblia de Reina-Valera, 1960 (RV, 1960)

pp, pc, pú referidas a un versículo bíblico representan "parte primera, central o última del mismo ".

Abreviaturas empleadas para diversas traducciones de la Biblia:

NBJ: Nueva Biblia de Jerusalén, 1998.

BTX: Biblia Textual

Jünemann: Sagrada Biblia-Versión de la LXX al español por Guillermo Jüneman

N-C: Sagrada Biblia- Nacar  Colunga-1994

JER 2001: *Biblia de Jerusalén, 3ª Edición 2001

BLA95, BL95: Biblia Latinoamericana, 1995

BNP: La Biblia de Nuestro Pueblo

NVI 1999: Nueva Versión Internacional 1999

 

 

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