Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Antropogía bíblica

¿Cuál es la naturaleza del ser humano?

 
Versión: 10-09- 2019

 

Capítulo 8

 

¿Qué es el espíritu humano?

 

Carlos Aracil Orts

 

8. ¿Qué es el espíritu humano?

Aunque llegado a este punto, ya deberíamos distinguir correctamente entre espíritu y alma, y también los varios sentidos que la Biblia da a la palabra espíritu, no está demás ver lo que nos dicen los diccionarios bíblicos, respecto a este vocablo, como asimismo hicimos anteriormente con el término “alma”.

Definición y etimología del vocablo “espíritu” en los idiomas originales de la Biblia.

Aunque la etimología de la palabra “espíritu” en los idiomas originales de la Biblia tampoco puede aclararnos exactamente su significado, no deja de ser conveniente que lo consultemos en los diccionarios bíblicos especializados, porque, probablemente, en sus comentarios, podemos obtener algo más de luz al respecto; pero siempre haciendo uso del espíritu crítico; es decir, discerniendo entre la verdad –lo que sin duda está basado en la Biblia– y el error, que surge al dar por bíblico lo que no es más que tradición, paganismo y filosofía. Por eso presento los siguientes extractos de dos diccionarios diferentes:

Comento el siguiente párrafo de la definición de la palabra “espíritu”, del Diccionario bíblico, Editorial Mundo Hispano, 2003:

“Espíritu (hebreo., ruach, aliento, espíritu; griego, neuma, viento, espíritu). Uno de los sustantivos bíblicos […] que designa el yo inmaterial en relaciones especiales. El yo es por lo general llamado espíritu en contextos donde sus aspectos corporales, emocionales e intelectuales no son prominentes, sino que el punto que se enfatiza es la relación directa del individuo con Dios (p. ej., Romanos 8:15b, 16; cf. Hebreos 12:22-24; Apocalipsis 6:9). La palabra bíblica espíritu puede tener un significado impersonal, tanto en hebreo como en griego y asimismo en castellano (p. ej., Romanos 11:8; Isaías 29:10). Las mismas palabras en hebreo y en griego traducidas espíritu pueden también significar viento o aliento (Juan 3:8; cf. 4:24). (57)

Si ignoráramos que, en general, la gran mayoría de cristianos considera como sinónimos las palabras “alma” y “espíritu”, nos resultaría muy chocante que este Diccionario, para referirse al “espíritu”, cite, entre otros textos, el versículo de Apocalipsis 6:9, que claramente se refiere al alma (gr.: psuché). Comprobémoslo, en algo de su contexto:

Apocalipsis 6:9-11: Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. (10) Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?  (11)  Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos.

Aquí, sin duda, el término traducido por “alma” procede del original griego psuché, y, por tanto, en ningún caso se puede hacer sinónimo al vocablo pneuma, que significa “viento” o “espíritu”.

Con lo expuesto hasta aquí en este estudio, ya estamos en condiciones de inferir que estas “almas” –”de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían”–, no pueden ser espíritus humanos que han sobrevivido después de morir sus cuerpos; porque ya hemos comprobado que al morir el cuerpo, muere la persona entera, pues el ser humano no es un compuesto de cuerpo y alma, del que pueda separarse el alma, como una entidad independiente capaz de tener vida propia e inmortal; porque el alma es la persona entera, y muere con el cuerpo cuando se exhala su espíritu.

Por otro lado, esta escena de los mártires muertos bajo el altar que “clamaban a gran voz”, claramente se trata de un recurso literario o figura retórica del lenguaje, de uso relativamente frecuente en las obras literarias, denominado prosopopeya; similar a otros semejantes que se encuentran en la Escritura, que consiste en presentar o describir algo inanimado o inerte, como capaz de hablar o de hacer una actividad inteligente –véase Lc. 16:22,23: “…y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos…”; cf. Gn. 4:10: “la voz de la sangre [de Abel] clama..”; Stgo. 5:4: “…clama el jornal de los obreros”–, acciones que solo pueden corresponder a los seres vivos.

De estos ejemplos mencionados, analizaremos, por considerarlo, más importante,  la parábola de Jesús sobre “el rico y Lázaro” (Lc. 16:19-3124):

Lucas 16:19-31: Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. (20) Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, (21) y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. (22) Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.  (23) Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. (24) Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.  (25) Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. (26)  Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. (27)  Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes [a Lázaro] a la casa de mi padre, (28) porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. (29) Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.  (30)  El entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán.  (31)  Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.

Fijémonos que, cuando el rico estaba siendo atormentado en el Hades, se lo describe teniendo ojos y lengua, y hablando a la distancia con Abraham; lo cual es imposible, porque, primero, los muertos no pueden ver con sus ojos y tampoco hablar con su lengua, ni tampoco un espíritu tiene miembros o partes de un cuerpo humano; y, segundo, mucho menos aún puede un muerto, que está consumiéndose y siendo atormentado en la parte del infierno del Hades, hablar con Abraham –igualmente muerto–, que supuestamente estaría viviendo en la parte paradisiaca del Hades, que poco tendría que ver con el infierno.

Por otra parte, observemos que la parábola no dice en ningún momento que el rico, el mendigo Lázaro y Abraham sean espíritus, sino que Jesús se refiere a ellos como personas. Todo lo cual demuestra que solo se trata de una parábola, cuyo fin es transmitir enseñanzas morales o espirituales. En este caso, Jesús nos alerta, en primer lugar, de los riesgos de la avaricia; y, principalmente, en segundo lugar, de que no esperemos observar hechos milagrosos para decidir creer en la verdad revelada: la petición que el rico hace a Abraham de que envíe a Lázaro a que testifique a sus cinco hermanos es rechazada, porque “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos (Lc.16:31).

Nótese que la única forma que un muerto puede volver a vivir –y poder realizar alguna actividad– es si “se levantare de los muertos”, es decir, siendo resucitado, como en el caso del otro Lázaro, el hermano de Marta y María y amigo de Jesús (Jn. 11:11–37), que volvió a la vida, porque Jesús le resucitó.

Análisis del párrafo extraído de la definición del vocablo “espíritu”, del Diccionario Editorial Caribe.

A estas alturas a las que hemos llegado, ya no puede resultar sorprendente, o, al menos, peculiar o muy curioso,  que este diccionario, cuando da la definición del vocablo “espíritu”, en la página 259, vuelve a referirse al término “alma” (nephesh), aunque, en esta ocasión, le da a este término el sentido correcto como sinónimo de “persona”. Sin embargo, seguramente, volver a referirse a nephesh (alma) cuando está definiendo la palabra “ruach” (espíritu), no tiene mucho sentido, excepto, si se consideran las palabras “alma” y “espíritu equivalentes, con el mismo significado, lo que no sería admisible ante la evidencia bíblica, que indudablemente los diferencia. Comprobémoslo:

“[…] Con frecuencia, se emplea el término alma para expresar la parte inmortal del ser humano, y en ocasiones se usa para denotar la persona como en el pasaje de Génesis 46:26: «Todas las personas (heb.: «nephesh»: alma) que vinieron con Jacob a Egipto»; [o bien] «el alma que pecare, esa morirá» (Ez. 18:4, 20); [en el NT:] «ocho almas» (gr.: «psuchë») fueron salvadas en el arca (1 P. 3:20). Como ya se ha indicado antes, el término hebreo generalmente traducido como «alma» es «nephesh»; en muchos casos se traduce como  «vida», como en Jonás 1:14: «No perezcamos por la vida [alma] de este hombre.» En el NT, el término «psuchë», también mencionado antes, se usa tanto de la vida como del alma (cf. Mt. 16:25, 26)”.

Mateo 16:25-27: Porque todo el que quiera salvar su vida [psuchë opsyché] la perderá; y todo el que pierda su vida [psuchë,psyché] por causa de mí, la hallará. (26) Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma [psuchë o psyché]? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma [psuchë opsyché]?

“El alma, cuando es distinguida del espíritu, lo es como el asiento de los apetitos y deseos. El rico dijo: «Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, bebe, regocíjate» (Lc. 12:19). Aquella noche le fue pedida su alma. La salvación del alma no puede ser distinguida de la salvación de la persona”. (58)

Observemos que psuchë o psyché (griego), al igual que nephesh (hebreo), no se pueden traducir automáticamente por “alma”, sino que en muchos casos, debe traducirse por “vida”, a fin de no cambiar el sentido verdadero de la Palabra de Dios.

En general, estoy de acuerdo con lo que expresan estos párrafos, excepto en dos cosas: primero, que se utilicen –como ha hecho este Diccionario– los términos nephesh (hebreo) y psuchë (griego), que ya hemos comprobado se traducen por “alma” o “vida”, para la definición de la palabra “espíritu” (ruach), porque obviamente aquellos términos no tienen nada que ver con el vocablo “espíritu”, que procede de ruach (hebreo) y de pneuma (griego). Lo segundo, que de ningún modo se puede admitir, es que se insinúe que la Sagrada Escritura apoya la idea o creencia de que “el término alma expresa la parte inmortal del ser humano”. Más abajo presentaré los textos que prueban que el alma muere con el cuerpo, puesto que es inseparable de éste, porque el alma es la misma persona o el ser humano total.

Continúo comentando otro párrafo que el anterior Diccionario bíblico, (Editorial Caribe) añade, respecto a la definición del vocablo “espíritu”.

“El hombre está compuesto por cuerpo y alma, aunque en ciertos pasajes se añade «espíritu». Tanto el alma como el espíritu se ponen en contraste con el cuerpo, significando el componente incorpóreo del hombre; sin embargo, hay una distinción entre alma y espíritu. Con frecuencia, se emplea el término alma para expresar la parte inmortal del ser humano, y en ocasiones se usa para denotar la persona, como en el pasaje de Gn. 46:26” […] (59).

Este párrafo del citado Diccionario, –aunque no solo reconoce que existe una diferencia entre alma y espíritu, sino también que el término “alma “en ocasiones se usa para denotar la persona”–, nos evidencia una vez más, que la mentalidad de los cristianos ha sido impregnada y contaminada por las ideas de la filosofía griega y del paganismo. Esto es un hecho evidente, primero, porque se utiliza el mismo lenguaje de la filosofía, asumiendo sus mismos postulados de la composición del ser humano – “cuerpo y alma”–, lo que contradice totalmente a la Biblia, como ya hemos podido comprobar en lo que antecede. Y, en segundo lugar, porque, al igual que la filosofía, sostiene la inmortalidad del alma, volviendo a ir contra la Sagrada Escritura. Esta falsa o errónea doctrina cristiana –tomada de la filosofía, del paganismo y de la tradición– sostiene que en la muerte del ser humano, el alma se separa del cuerpo y sobrevive de forma consciente. Sin embargo, no existe prueba bíblica alguna que fundamente ese concepto, y que apoye que el alma es inmortal; porque la Biblia dice claramente, entre otras cosas que expondré más abajo, que solo Dios es inmortal (1 Ti. 6:16).

1 Timoteo 6:16: el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno.

Incluso, en este mismo Diccionario, en su definición del vocablo “alma”, se reconoce lo siguiente:

“Para el pensamiento hebreo el alma es inseparable del hombre total, es decir, que el alma expresa los hombres vivientes. Tal vez aquí radica el origen de la identificación del alma con la sangre (Sal. 72:14); el alma está en la sangre (Lv. 17:10 s), y a veces se dice metafóricamente (?) que la sangre es la vida misma (Lv. 17:14; Dt. 12:23)” (60).

Si esto es cierto –“el alma es inseparable del hombre total, es decir, que el alma expresa los hombres vivientes”– y lo es, porque lo respalda la Biblia, también tiene que ser verdad que, con el hombre, muere no solo su cuerpo sino también su alma, porque ambas cosas son inseparables.

Ahora, sigamos leyendo algunos párrafos más, que componen la definición y explicación que este diccionario da respecto al vocablo “espíritu”:

“El espíritu es, característicamente, la parte más elevada del hombre, marca la individualidad consciente, y así distingue al hombre de la creación. Dios sopló en la nariz del hombre el aliento de la vida, y por ello el hombre fue puesto en relación con Dios, y no puede realmente ser feliz separado de Él, ni en su existencia presente ni en la eternidad. Los términos usados son, respectivamente, el heb. «ruach» y el gr. «pneuma», y son los mismos que se usan constantemente para denotar el Espíritu de Dios o Espíritu Santo, y los ángeles como espíritus, así como los espíritus malos.

La palabra de Dios es cortante y penetra hasta partir el alma y el espíritu del hombre (He. 4:12), aunque pueda no ser fácil para el hombre ver esta división. El apóstol oraba por los tesalonicenses para que el espíritu (que probablemente es contemplado como el asiento de la obra de Dios), así como el alma y cuerpo, fueran santificados (1 Ts. 5:23). En la Epístola a los Hebreos leemos de los «espíritus» de los justos hechos perfectos (He. 12:23): su puesto es con Dios por medio de la redención. Aquí, es evidente que «espíritus» significa las personas fuera de sus cuerpos.

Al haber sido dado el Espíritu Santo al cristiano, como la energía en él de la vida en Cristo, es exhortado a orar con el espíritu, a cantar con el espíritu, a andar en el espíritu, de forma que en algunos casos es difícil distinguir en estos pasajes entre el Espíritu de Dios y el espíritu del cristiano." (61)

Con relación a estos párrafos, que se refieren al espíritu humano, me remito a lo escrito en puntos anteriores; en los que dije que el ser humano no es un compuesto de espíritu, alma y cuerpo, sino que todo él es un cuerpo viviente o alma viviente, desde que nace hasta su conversión a Dios, y se le identifica en la Biblia con el vocablo “carne”. Ahora bien, cuando nace de nuevo o es regenerado, es considerado “espíritu”; o , lo que es lo mismo, ser humano espiritual, pues ha recibido la vida espiritual mediante el Espíritu Santo, y todo él es un hombre nuevo en Cristo, habiéndose despojado del viejo hombre.

También vimos que el término “espíritu” puede tener otros significados dependiendo de su contexto, como, por ejemplo, la esencia del ser humano, su yo más elevado, su parte espiritual más íntima, el corazón de su psique, etc.

Por lo demás, tengo que objetar la interpretación errónea que este Diccionario hace de Hebreos 12:23, porque no es en absoluto “evidente que «espíritus» significa las personas fuera de sus cuerpos”:

“En la Epístola a los Hebreos leemos de los «espíritus» de los justos hechos perfectos (He. 12:23): su puesto es con Dios por medio de la redención. Aquí, es evidente que «espíritus» significa las personas fuera de sus cuerpos.” (62)

Pero antes de proceder a analizar este texto, leámoslo en su contexto:

Hebreos 12:22-24: sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,  (23) a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,  (24)  a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.

Podemos estar de acuerdo en que se puede usar la palabra “espíritus” para designar o significar “personas”, es decir, una parte puede representar al todo, o a la totalidad del ser humano; pero sin inferir de ello, que los espíritus humanos pudieran tener una vida consciente fuera de sus respectivos cuerpos humanos; ni mucho menos afirmar que los citados “espíritus” o personas ya estuvieran viviendo gloriosa y conscientemente con Dios en el Cielo. Porque la Palabra de Dios es muy clara al respecto, y no da lugar alguno a creer que las almas o los espíritus humanos puedan estar viviendo con Dios, antes del día de la resurrección de los justos muertos, porque la Biblia ha establecido que este hecho ocurrirá, al fin del mundo, en el día de la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo.

Así lo prueban muchos textos bíblicos, que revelan que solo en el día de la resurrección las personas salvadas recibirán su recompensa, o sea, la vida eterna, como, por ejemplo, los siguientes:

Lucas 14:13-14: Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; (14) y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos.

Nótese cuándo se recibirá la recompensa: “en la resurrección de los justos” (Lc. 14:14).

Juan 14:2-6: En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.  (3)  Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. (4) Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.  (5)  Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?  (6)  Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

¿Cuándo resucitará Jesús a los salvos que hayan muerto?

Juan 6:39: Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Observemos que Jesucristo hace énfasis en que Él resucitará a los creyentes en el día último, porque, para que lo entendamos bien, nos lo vuelve a repetir, en el versículo siguiente, y otros:

Juan 6:40: Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Juan 11:23-26: Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. (24) Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. (25) Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. (26)  Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

De estos dos últimos textos destacamos que, en primer lugar, Marta sabía perfectamente que Jesucristo resucitaría a su hermano lázaro, “en el día postrero”. Y, en segundo lugar, nuestro Señor le aseguró a ella, y a todos los que quieran oír, que “todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. Eso significa que, verdaderamente, ya sea creyente o no creyente, muere realmente la totalidad de su ser, no solo una parte –el cuerpo–, como entiende la cultura tradicional popular, influida por la cultura y filosofía griegas. La diferencia entre el destino de uno –el creyente– y otro –el incrédulo–, se infiere lógica y consecuentemente, porque el creyente no morirá eternamente, y, en cambio, el incrédulo sí morirá eternamente.

Si fuera verdad que todos tenemos un alma o espíritu inmortal, y que todos los salvos que mueren y que han muerto están, en sus almas o espíritus inmortales, viviendo eternamente en el Cielo o en el Paraíso con Dios ¿qué sentido tendría lo que dijo Jesús: “no morirá eternamente? (Jn 11:26).

¿Cuándo irán los salvos a encontrarse con Jesús?

La respuesta es completamente explicita en los textos de arriba: cuando Él vuelva de nuevo (Jn. 14:2-6). Pero si se quieren más evidencias, compárese 2 Timoteo 4:6-8 con 1 Ts. 4:13-18, que cito abajo.

2 Timoteo 4:6-8: Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. (7) He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. (8)  Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

1 Tesalonicenses 4:13-18: Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. (14) Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. (15) Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. (16) Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. (17) Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. (18) Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

¿Cuándo le dará el Señor, juez justo, al apóstol Pablo, la corona de justicia?

 “En aquel día”; ¿a qué día se refiere Pablo? Al día de “su venida”.

Existen otros muchos textos que han sido malinterpretados para tratar de hacer creer que la Biblia sostiene que el alma o el espíritu sobreviven a la muerte. En la tercera parte del presente estudio, que sigue a continuación, serán tratados y analizados algunos pasajes más de la Palabra de Dios.

 

Quedo a su disposición para lo que pueda servirle.

Afectuosamente en Cristo

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 

 

Índice

 

¿Cuál es la naturaleza del ser humano?

2. El ser humano en la antropología bíblica

3. ¿Es el ser humano un compuesto de espíritu-alma-cuerpo?

4. Significado del vocablo "carne" en la Biblia

5. Cómo vivir cristianamente

6. ¿Cuál es la diferencia entre alma y espíritu?

7. ¿Qué es el alma humana?

8. ¿Qué es el espíritu humano?

9. Solo hay vida eterna en Cristo

10. Conclusión

 

 

 

 

 


Referencias bibliográficas

*Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

Abreviaturas frecuentemente empleadas:

AT = Antiguo Testamento

NT = Nuevo Testamento

AP = Antiguo Pacto

NP = Nuevo Pacto

Las abreviaturas de los libros de la Biblia corresponden con las empleadas en la versión de la Biblia de Reina-Valera, 1960 (RV, 1960)

pp, pc, pú referidas a un versículo bíblico representan "parte primera, central o última del mismo ".

Abreviaturas empleadas para diversas traducciones de la Biblia:

NBJ: Nueva Biblia de Jerusalén, 1998.

BTX: Biblia Textual

Jünemann: Sagrada Biblia-Versión de la LXX al español por Guillermo Jüneman

N-C: Sagrada Biblia- Nacar  Colunga-1994

JER 2001: *Biblia de Jerusalén, 3ª Edición 2001

BLA95, BL95: Biblia Latinoamericana, 1995

BNP: La Biblia de Nuestro Pueblo

NVI 1999: Nueva Versión Internacional 1999

Bibliografía citada

(57) Douglas, J.D. y Tenney, Merrill C. Diccionario bíblico, Editorial Mundo Hispano, 2003. (significado de “espíritu”).

(58) Diccionario Bíblico, Editorial Caribe, p. 258-259 (significado de “espíritu”).

(59) Ibíd.

(60) Diccionario Bíblico, Editorial Caribe, p.37 (significado de “alma”).

(61) Ibíd, P. 259

(62) Ibíd.

 

<Anterior><Arriba> <Siguiente>