Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Miscelánea

¿Debe la mujer cristiana llevar un velo en la iglesia?

 
¿Puede una cristiana alabar a Dios sin cubrir su cabeza con el velo?
 
Versión: 06-02-14
 

Carlos Aracil Orts

1. Introducción*

Estimada hermana en Cristo, muchas gracias por consultarme de nuevo, porque eso denota que confía en mi modesta persona.

Le comento brevemente que los argumentos, que le dieron los dirigentes de su iglesia a favor de que la mujer cuando habla en la misma debe cubrirse con un velo, en mi opinión, no son de aplicación en la actualidad, por las siguientes razones:

Primera. Por supuesto, concuerdo con los líderes de su iglesia en que El apóstol Pablo es una autoridad espiritual, inspirada por el Espíritu Santo, no solo para la iglesia de Corinto sino para todos los cristianos de todas las épocas. Pero, debemos notar que en estos textos de 1ª Corintios 11:2-16, Pablo se refiere a instrucciones, que afectan a una costumbre, tradición o hábito del atuendo de las mujeres de la época (primeros siglos de la iglesia) –el velo, como señal de decoro y de sumisión de la mujer al hombre (1ª Corintios 11:2,16). En la actualidad, el velo no es señal de autoridad del hombre sobre la mujer.

1 Corintios 11:2-16: Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué.  (3)  Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. (4) Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza. (5) Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado. (6)  Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra. (7) Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. (8) Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón,  (9)  y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.  (10)  Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles. (11) Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; (12)  porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios. (13) Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?  (14)  La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? (15) Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.  (16)  Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios”.

Segunda. Sin embargo, hoy día la señal de sumisión o sujeción o decoro de la mujer no es el velo; por lo tanto, ya no es necesario aplicarlo, porque ya no se usa ni tiene ese significado. La interpretación del versículo diez –"Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles" (1ª Corintios 11:10)–, que hacen sus dirigentes –“de que los demonios  salen huyendo y no hacen daño a la mujer si ésta lo tiene puesto porque es una cobertura sobre ella que la protege de sus ataques, porque ven en ella la autoridad”–, es una fantasía, y superstición, y no tiene ningún apoyo bíblico. Por otro lado, llevar el velo o no llevarlo ya no tiene nada qué ver con afrentar al marido, como cabeza de la mujer, porque el velo era señal de autoridad en las mujeres de aquella época, pero ahora no significa nada, porque no existe esa costumbre, desde hace muchos años.

Tercera. El citado pasaje está dado para la iglesia de aquella época en la cual tenía sentido porque simbolizaba el decoro, y la sumisión de la mujer al hombre, pero hoy día no tiene ese sentido. Notemos, que Pablo en el versículo dieciséis –“Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios(1ª Corintios 11:16)–, define que lo del velo era una costumbre en todas las iglesias de la época, y esa es la razón por la que los corintios no tenían que ser diferentes, no debían ser una excepción, sino que debían ajustarse a las costumbres que tenían todas las mujeres de bien de las demás iglesias.

Cuarta. Por consiguiente, lo que dicen a continuación sus líderes –“Si este pasaje no se toma como allí dice y la mujer no se pone el velo está afrentando a su marido y no tiene ninguna autoridad espiritual al momento de orar o profetizar y puede que este incluso desprotegida para los dardos de Satanás”– no tiene ninguna validez; y me permito decir que es una interpretación obsoleta, sectaria y supersticiosa; porque Satanás no puede hacer nada contra ningún hijo de Dios, pues Cristo le venció totalmente, y el que está con Cristo nada debe temer. Por otro lado, lo que hacen sus líderes de enlazar o vincular este episodio del velo con lo que les ocurrió a “algunos de los judíos, exorcistas ambulantes” (Hechos 19:13,16) –relatado en el libro de “los Hechos de los Apóstoles”–, no tiene ningún sentido y es totalmente ilógico e insensato; ¿cómo se atreven a mezclar “el tocino con la velocidad”, es decir, el velo con el exorcismo?, porque aquellos judíos no estaban convertidos a Cristo, y, además una cosa no tiene nada que ver con la otra. Leamos el contexto y comprobaremos que no tienen ninguna relación con los textos de 1ª Corintios 11:2-16.

Hechos 19:11-20: Y hacía Dios milagros extraordinarios por mano de Pablo,  (12)  de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían.  (13) Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo.  (14)  Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. (15)  Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? (16) Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos. (17) Y esto fue notorio a todos los que habitaban en Efeso, así judíos como griegos; y tuvieron temor todos ellos, y era magnificado el nombre del Señor Jesús.  (18)  Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos. (19)  Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata.  (20)  Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor.

Aunque a un familiar de usted le dijeron que, en la práctica, no iban a obligar a cubrirse con un velo a las mujeres que salieran a hablar a la congregación, pero realmente, por la forma de aplicar la norma del velo –denunciando públicamente que era preceptivo llevarlo– se convierte de hecho en una imposición. Y tiene usted toda la razón al decir, que en ese caso, más vale no hablar en la iglesia. 

Respecto a las preguntas que le hizo su cuñado:

"¿Cuál es el problema de ponerse el velo, si ello se hace por sujeción a los líderes espirituales que Dios ha establecido, y para obedecer lo que el Espíritu Santo reveló en las Sagradas Escrituras?

Le puede responder lo siguiente:

Usted, querida hermana, es una cristiana sincera, que está actuando correctamente, en conciencia, según ha entendido la Palabra de Dios, y el Espíritu Santo que mora en usted. Sea valiente, pero humilde  a la vez, pero manténgase firme en su fe, no claudique nunca, pues usted perdería la paz.

No obstante, para que usted quede más tranquila, y no se base solo en mi criterio, le adjunto unos comentarios de dos pastores de distintas épocas – Larry J. White (actual, siglo XXI) y Dr. Charles Hodge  (1850)–, los cuales he buscado expresamente para usted, porque clarifican totalmente el tema de si debe cubrirse la mujer cristiana en la iglesia con un velo, o, por el contrario, ya no es necesario su uso hoy día.

2. ¿Deben las mujeres creyentes llevar un velo? ¿Puede una cristiana alabar a Dios sin cubrir su cabeza con el velo?

El contenido de este epígrafe ha sido extraído del Tomo 9 –“Ustedes me preguntaron”– (Pág. 40) de Cursos Bíblicos Para Obreros Cristianos -www.cbpoc.net. CoprihgtLarry J. White 2006. Reservados todos los derechos. 

“La gente observa que muchas religiosas usan el velo todo el tiempo; otras lo usan solamente en los servicios religiosos; y otras nunca ponen el velo. ¿Por qué hay tanta confusión y división en cuanto a esta práctica? ¿Qué significa el velo? La Palabra de Dios es la única fuente confiable para la respuesta de estas preguntas importantes.

El único texto que habla de esta práctica entre los miembros de la iglesia primitiva es 1 Corintios 11:2-16. El texto completo de 1 Corintios 11:2-16 dice:

"Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué.  (3)  Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.  (4)  Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza.  (5)  Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado.  (6)  Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra.  (7)  Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios;(B) pero la mujer es gloria del varón.  (8)  Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón,  (9)  y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.  (10)  Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles.  (11)  Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón;  (12)  porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios.  (13)  Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?  (14)  La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello?  (15)  Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.  (16)  Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios” (1 Corintios 11:2-16).

Si vamos a entender el significado verdadero de este texto y su aplicación a nosotros hoy en día, tenemos que saber bien el contexto. ¿Cuál es el tema bajo consideración? En el versículo tres podemos encontrar la respuesta. El texto dice que "Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo". El tema es la autoridad. Dios ha establecido cierto orden de autoridad en el mundo. Este orden es: DIOS - CRISTO - VARÓN - MUJER. El Padre tiene autoridad sobre el Hijo; el Hijo tiene autoridad sobre el varón; el varón tiene autoridad sobre la mujer. Todo este texto debe ser interpretado con esto en mente. El problema que el apóstol Pablo está tratando en su carta a los Corintios es el del respeto para el orden de autoridad establecido por Dios. La falta de respeto para el orden divino fue manifestada en Corinto por algunas mujeres. Es por eso que el asunto del velo es introducido. Esto es lo que el apóstol está atacando cuando dice en el versículo cinco, "Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza". Según la costumbre de los corintios, la mujer mostraba su sumisión bajo la autoridad del hombre por medio de llevar el velo. Cuando no lo llevaba, afrentaba a su cabeza; o sea, mostraba su falta de respeto para la autoridad del varón sobre la mujer. Que quede bien entendido, pues, que el tema bajo consideración es el de la autoridad del varón sobre la mujer.

Es necesario entender también lo que es "el velo” las palabras "cubierta" (11:4), "descubierta" (11:5). "no se cubre" y "se cubra" (11:6), "cubrirse" (11:7), "cubrirse" (11: 13), todas vienen de la misma raíz: kata - kalupto (verbo) o kalurrima (sustantivo). Quiere decir: "encubrir, esconder, ocultar" según el léxico griego. Un Léxico Griego - Inglés del Nuevo Testamento Y Otra Literatura Cristiana Primitiva  por William F. Arndt y F. Wilbur Gingrich, página 402. Indica que se cubre algo completamente para esconderlo.

El velo no es simplemente una mantilla para la cabeza como se observa hoy en día. No es un pañuelito puesto encima de la cabeza. Es algo que cubre la cabeza completamente, incluyendo al rostro. El mismo diccionario griego explica que las palabras "con la cabeza cubierta" en 1 Corintios 11:4 (kata kefales echon) literalmente quieren decir "colgando de la cabeza (como un velo)" (página 406).

El velo es algo que se extiende para abajo. Para que usted vea que esta definición es la misma que la Biblia apoya, considere lo que el apóstol Pablo dice en II Corintios 3:12-18:

"Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza;  (13)  y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido.  (14)  Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado.  (15)  Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos.  (16)  Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará.  (17)  Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.  (18)  Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”(II Corintios 3:12-18).

En el contexto, el tema es la diferencia entre el Antiguo Pacto y su gloria, que fue manifestada sobre el rostro de Moisés cuando él bajó del monte de Sinaí, y el Nuevo Pacto y su gloria permanente.

Fíjese bien que Moisés puso el velo sobre su ROSTRO. La misma idea es comunicada cuando hablamos, de cubrir la CABEZA, porque la cabeza no es solamente el cabello. Al contrario, incluye al rostro. El velo de Moisés, así como el velo figurativo sobre el corazón de los que no entendían el cambio del Antiguo Pacto al Nuevo, eran velos que CUBRÍAN algo completamente. En el caso de Moisés cubría su rostro, en el caso de los incrédulos su entendimiento, o sea, su corazón está cubierto. En el versículo dieciocho encontramos la condición cuando el velo es quitado en las palabras "A CARA DESCUBIERTA". Cuando el velo está puesto, la cara está cubierta; cuando está quitado, la cara está descubierta. Pero cuando las religiosas modernas ponen su  “velo" (que en verdad no es velo) la cara no está cubierta; por tanto, su práctica no es la misma que la Biblia enseña en I Corintios 11. Deberíamos acudir a las costumbres orientales para comprobar esta definición del velo, pero la Palabra de Dios y los diccionarios del idioma original del Nuevo Testamento bastan para convencernos que el velo del que habla el Nuevo Testamento era una cubierta del cabello y del rostro, no simplemente una mantilla como se observa hoy en día. Por tanto, si fuera un mandamiento de Dios que las mujeres usaran el velo hoy en día, ninguna de las personas que se ponen un pañuelito u otra mantilla estarían obedeciendo al mandamiento de Dios. Tendrían que poner un "velo" y no una mantilla.

Ahora tenemos que entender el significado del velo y el significado de una mujer con la cabeza descubierta, o sea sin velo. En el versículo cinco de I Corintios 11 el apóstol Pablo dice que "toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, AFRENTA su cabeza". Es decir, que ella muestra falta de respeto por la autoridad del varón. Él [apóstol Pablo] explica diciendo, "porque lo mismo es que si se hubiese rapado. Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra". Este no era un significado espiritual; era un significado moral entendido por toda la gente de aquella zona del mundo. Fue basado en costumbres sociales del primer siglo y específicamente de la ciudad de Corinto.

El doctor A. T. Robertson, erudito en el idioma griego y en la historia de las costumbres del tiempo del primer siglo escribe que entre los griegos solamente, las prostitutas, tan numerosas en Corinto, andaban sin velo; las esclavas eran rapadas así como también las adúlteras. El código Justiniano también mandaba que raparan las cabezas de las adúlteras. (Cuadros Gráficos En El Nuevo Testamento, Volumen IV, página 160, Broadman).

La Enciclopedia Bíblica Normal Internacional (International Standard Bible Encylopaedia en Inglés) cita el historiador romano Plutarco, diciendo: "En los tiempos del Nuevo Testamento, sin embargo, entre ambas griegas y romanas, mujeres honrosas llevaban un velo en público, y aparecer sin el velo era un acto de arrogancia (bravata) o peor (Volumen V Página 3047 citando Plutarco, Quaest. Rom. XIVJ).  Como usted puede ver, no fue el Espíritu Santo quien lo llevó a Corinto. Las mujeres de Corinto ya usaban el velo como señal de sumisión a su esposo y pureza de vida. Según sus costumbres, una mujer que no era fiel a su esposo sería rapada. El apóstol Pablo enseña que para ellas, el no llevar el velo representaba lo mismo que tener el cabello rapado; representaba falta de respeto y fidelidad a su esposo y no era aceptable para una cristiana. Pero tenemos que entender que estas instrucciones están basadas en las costumbres sociales que ya se encontraban en esa zona del mundo antiguo. Antes que la iglesia hubiera sido establecida en la ciudad de Corinto, las mujeres honrosas y respetuosas de Corinto ya tenían la costumbre del velo. Esto no era un principio que había sido introducido por las enseñanzas de Cristo.

Pero ¿puede imaginarse usted el escándalo si una cristiana de Corinto se hubiera presentado en público sin el velo?

Para los paganos de este lugar, ella estaría representándose como una prostituta. No es difícil imaginar lo que hubieran dicho de la iglesia. Además, en la iglesia de la ciudad de Corinto, una mujer que se encontraba sin velo estaría violando el orden de autoridad que Dios había establecido. Según las costumbres de ese lugar estaría mostrando su falta de respeto por la autoridad del varón. Es a este problema que el apóstol Pablo se dirige en 1 Corintios capítulo once. Pero el problema en Corinto no era que las cristianas corintias estuvieran desobedeciendo un mandato divino de usar el velo. El mandato divino es que el varón tenga autoridad sobre la mujer.

En Corinto las costumbres exigían que la mujer llevara el velo para mostrar su sujeción al varón. Por tanto, las cristianas tenían que observar esta costumbre social del velo para no violar el mandato divino de sujeción al varón. PERO hoy en día no tenemos tal costumbre en la América Latina. Una mujer que aparece en público sin velo no es considerada prostituta. Las señales de la "vida fácil" son otras para nuestro tiempo. La mujer no afrenta a su esposo por no llevar el velo. De acuerdo con nuestras costumbres y el entendimiento general del pueblo latinoamericano, una mujer bien puede ser honrosa, respetuosa, honesta, pura, y completamente sometida bajo la autoridad del varón sin ponerse el velo. Nosotros tenemos otras normas para considerar la fidelidad y sumisión de una mujer a su esposo. Pero el velo no es una de ellas, ni en el mundo, ni en la iglesia. El significado del velo fue determinado por las costumbres sociales de la época. Y según las costumbres sociales de nuestro tiempo, el velo no tiene significado.

¿Estamos diciendo que esta porción del Nuevo Testamento no es aplicable a nosotros hoy en día? En ninguna manera. Siempre será necesario aceptar las enseñanzas divinas en cuanto al tema de la autoridad. Como en el primer siglo, también hoy en día la mujer debe mostrar su sujeción bajo el varón, pero no lo puede hacer por medio del velo, porque el velo no tiene tal significado hoy en día. Así que los principios básicos del texto tienen que ser aplicados a las cristianas del siglo veinte pero no tenemos que someternos a las costumbres sociales del primer siglo, tales como el uso del velo.

Ahora, considere el siguiente análisis del texto en 1 Corintios 11:3-16 versículo por versículo:

11:3: Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.

El orden de autoridad establecido por Dios: Dios - Cristo -Varón -Mujer.

11:4: Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza. 

El varón no debe someterse bajo la mujer, y en la sociedad de los corintios ponerse el velo o sea cubrir la cabeza hubiera sido una manifestación de sumisión.

11:5,6: Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado.  (6)  Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra.

La mujer que no usaba el velo en Corinto afrentaba al varón, porque era señal de desacato e infidelidad. Tal mujer caía en la misma categoría con las adúlteras que tenían la cabeza rapada.

11:7: Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios;

El orden de autoridad fue mostrado en este lugar [Corinto] y este tiempo [la época del apóstol Pablo] por medio de tener la cabeza descubierta (el varón) o cubierta (la mujer).

11:8,9: Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón,  (9)  y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.

El orden y propósito de la creación muestra que el varón debe tener autoridad sobre la mujer.

11:10: Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles. 

El velo servía como "señal de autoridad" para ellas. Era una costumbre que mostraba su respeto para la autoridad del varón. En cuanto a los ángeles, no hay razón por entender estas palabras simbólicamente. Son ángeles literales. Sabemos que ellos están conscientes de las actividades de la iglesia aquí en la tierra (Hebreos 1:14; 13:2; Apocalipsis 1:20). Ellos también reconocen que Dios ha establecido un orden de autoridad (Judas 6; II Pedro 2:4; Hebreos 1:6; I Pedro 1:12; Efesios 3:10).

11:11,12: Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón;  (12)  porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios.

Ambos, varón y mujer, deben reconocer que cada uno depende del otro, y no deben olvidar que todos dependemos de Dios, quien es sobre todo.

11:13-15: Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?  (14)  La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello?  (15)  Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.

En estos versículos el apóstol se refiere a las costumbres y al entendimiento de ellas que los mismos corintios tenían. Ellos mismos ya tenían suficiente conocimiento para entender el error que algunas mujeres estaban cometiendo.

La naturaleza no es la creación, porque de ella no podemos aprender nada acerca del cabello. Hay algunos casos en que la creación contradice el principio del cabello largo para la mujer y corto para el varón. La melena larga es característica del león, no de la leona.  Entre las aves, por lo general, es el varón que tiene el plumaje más bonito; por ejemplo el pavo real. Y si lo dejamos crecer, el cabello del varón puede ser tan largo como el de la mujer.

Así que no es por la naturaleza de nuestra creación que sabemos esto en cuanto a lo largo del cabello. ¿Qué significa “la naturaleza"? El léxico griego-inglés de Arndt y Gingrich en la página 877 da la siguiente acepción de la palabra "naturaleza" (fusis - en griego);  "una condición heredada de los ascendientes de uno" o sea costumbre. El doctor A. T. Robertson dice, "Aquí quiere decir el sentido natural de lo correcto (vea Romanos 2:14) además de mera costumbre, pero una que se basa en la diferencia objetiva de la constitución de las cosas (página 160). Es decir, que es una costumbre que respeta el orden de la creación de Dios. Por esta razón el varón no debe llevar cabello largo y la mujer no debe raparse, ni deben hacer ninguna otra cosa que les quite de su puesto ordenado por Dios, sea de varón o de mujer. Por tanto, la referencia a lo que la naturaleza enseña está basada en las costumbres que los corintios habían recibido de sus ascendientes o antepasados. Así que Pablo dice que los mismos corintios pueden decidir el caso del velo, basado en su conocimiento de sus propias costumbres, porque son costumbres que reconocen una diferencia básica entre el varón y la mujer. El velo era señal que la mujer aceptaba voluntariamente la autoridad del varón sobre ella, de  acuerdo con el orden de autoridad establecido por Dios. Si hubiera una costumbre de esta naturaleza hoy en día, los cristianos tendrían que observar esta costumbre. Pero la verdad es que para nosotros el velo no tiene tal significado, y por eso las cristianas no están obligadas a observar esta costumbre antigua.

Ahora consideremos la frase en el versículo 15 "en lugar de velo  le es dado el cabello". Primero, tenemos que saber que la palabra "velo" (peribolalou - griego) no es la misma que "cubierta" (kata - kalupto - griego). La palabra traducida "velo" aquí literalmente quiere decir: echado alrededor, y se traduce "abrigo, capa, o cubierta" según Arndt y Gingrich en la página 652. "Le es dado" indica algo dado por Dios, no algo adquirido por costumbre. Por tanto, la idea es que Dios mismo ha establecido una cubierta honrosa para la mujer: el cabello. Así que la costumbre del velo estaba de acuerdo con la provisión natural de Dios para la mujer. El propósito de por qué a la mujer le es honroso dejar crecer el cabello es que muestra la distinción entre el varón y la mujer en el orden de la creación. Los corintios entendían esto por "la naturaleza", o sea por un sentido de lo que es propio que tenían en ellos mismos. Ahora, ellos tenían que juzgar si era propio que la mujer orara a Dios sin cubrirse la cabeza. Aceptando el caso del cabello, era necesario también aceptar la necesidad del velo, según las costumbres sociales del tiempo, por la misma razón: el varón tiene autoridad sobre la mujer, y la mujer mostraba su respeto por este orden de autoridad por llevar el velo. Hoy en día no tenemos tal costumbre.

11:16: Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios

[El apóstol Pablo] no contradice todo lo que ha escrito. No quiere decir que cada uno puede hacer lo que quiere en cuanto al velo. Esta interpretación pondría al apóstol Pablo en ridículo por haber escrito tanto sobre algo que no era importante. La idea verdadera aquí es que no debían, ser contenciosos sino aceptar el orden de autoridad y usar el velo como él ya les había mandado. Pero no debemos olvidar que este mandamiento dependía de las costumbres de aquel tiempo y de aquella zona del mundo.

RESUMEN:

Los cristianos verdaderos de la América Latina no aceptan la doctrina de algunas denominaciones que exigen el uso del "velo" hoy en día por las siguientes razones: (1) Lo que usan los miembros de estas sectas no es un velo sino una mantilla. (2) El velo no tiene ningún significado en nuestra sociedad en cuanto a la autoridad del varón sobre la mujer. (3) El mandamiento de llevar el velo fue dado basado en las costumbres de una localidad (Corinto) y un tiempo (el primer siglo). Hoy en día no tenemos tal costumbre. (4) En nuestra sociedad no es necesario llevar el velo para obedecer el principio que Pablo está enseñando en este texto: que el varón tiene autoridad sobre la mujer. (1)

4. Comentarios a 1ª Corintios 11:1-16 del Dr. Charles Hodge

Extraído del libro Comentario de I CORINTIOS del Dr. Charles Hodge (Este comentario fue realizado por su autor en el decenio del año 1850). Páginas 188-198.

CAPÍTULO XI DE I CORINTIOS

11:1. Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.

Este versículo corresponde de hecho al  capítulo 10, ya que es la conclusión de lo anteriormente tratado, y que en el versículo siguiente se introduce un nuevo tema. Pablo se había referido a su propia conducta conciliadora como ejemplo a los corintios, y les exhorta a imitarle como él había imitado a Cristo, que es el único modelo.

El apóstol enseña que es impropio que las mujeres aparezcan en las congregaciones con la cabeza descubierta (vs. 2—16), y que también lo es el modo de celebrar la Cena del Señor que prevalecía en la iglesia de Corinto (vs. 17—34).

Sobre lo impropio de que las mujeres aparezcan en público con la cabeza descubierta (vs. 2—16).

Habiendo corregido los abusos de tipo más bien privado que prevalecían entre los corintios, el apóstol empieza en este capítulo a considerar los que se refieren al comportamiento en el culto público. El primero es el hábito de las mujeres de aparecer en público sin velo. El vestir es, por lo general, algo convencional. Un vestido apropiado en un país puede ser indecoroso en otro. El principio que se recalca en este párrafo es el de que las mujeres, en cuanto a vestidos, deben ceñirse a los usos que exige el sentir público de la comunidad en que viven. El velo era, y hasta cierto punto sigue siendo, símbolo de modestia y sujeción en todos los países orientales. Por tanto, en Corinto, el que una mujer no lo usara equivalía a renunciar a su modestia, y a negarse a reconocer la subordinación que debía a su marido. Todo el argumento del apóstol en el presente párrafo está fundado en la premisa de este significado del uso del velo. Empieza alabando a los corintios por su obediencia, en general, a las instrucciones que les había dado (v. 2). Luego les recuerda que la subordinación de la mujer al hombre ha sido divinamente instituida (v. 3). Por consiguiente, tan lamentable era que el hombre adoptara tal símbolo de subordinación, como que la mujer lo despreciara (vs. 4, 5). Si el velo era desechado como símbolo de subordinación, tendría que serlo también como símbolo de decoro. Por tanto, en Corinto, una mujer con la cabeza descubierta, no sólo se proclamaba como insubordinada, sino como inmodesta (v. 6). El hombre no debe llevar velo porque representa la autoridad de Dios; pero la mujer si por ser la gloria del hombre (v. 7). Esta sujeción tiene su base en la misma historia de su creación. Eva fue formada de Adán, y hecha para él (vs. 8 y 9); por lo cual las mujeres, especialmente en las reuniones religiosas, donde los ángeles están presentes, deben llevar el símbolo convencional de su relación (v. 10). Sin embargo, esta subordinación de la mujer es perfectamente compatible con la igualdad esencial y la mutua dependencia de los sexos. Ninguno está, ni puede estar, sin el otro (vs. 11 y 12). A continuación el apóstol apela al instintivo sentido que del decoro tenían los corintios, por el que sabían que no sólo era deshonroso el que el hombre apareciese ataviado como una mujer, sino que también la mujer apareciese ataviada como un hombre (vs. 13—15). Finalmente apela a la autoridad: el hábito que censuraba era contrario a la usanza universal de los cristianos (v. 16).

2. Y os alabo, hermanos, que en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones mías, de la manera que os enseñé.

Y os alabo. La partícula δε, traducida, “y”, puede indicar simplemente la transición a un nuevo tema, o interpretarse como adversativa. “Aunque os exhorte a imitarme como si fuerais deficientes, al mismo tiempo, o sin embargo, os alabo que os acordáis de mí”. Los corintios, aunque remisos en seguir la abnegación y la conducta conciliadora del apóstol, se acordaban generalmente de las ordenanzas o reglas que les había dejado. La palabra, tradición, traducida aquí instrucción, no sólo se usa para designar instrucciones transmitidas oralmente de generación en generación, como en Mateo 15:2, 3, 6, sino para designar cualquier instrucción, sea relativa a la fe o la práctica, sea transmitida oralmente o por escrito (II Tesalonicenses 2:15; 3:6). Con referencia a la regla de fe no se usa nunca en el Nuevo Testamento, excepto para designar las instrucciones inmediatas de hombres inspirados. Cuando se emplea en el moderno sentido de la palabra tradición, siempre es en relación con lo que es humano y poco digno de confianza (Gálatas 1:14; Colosenses 2:8), y frecuentemente, en los evangelios, para designar las tradiciones de los ancianos.

3. Mas quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón; y el varón es la cabeza de la mujer; y Dios la cabeza de Cristo.

Aunque el apóstol alababa a los corintios por su obediencia general a las instrucciones que les había dado, había muchas cosas por las que merecían censura. Antes de mencionar lo que primeramente se proponía condenar, expone el principio en que basaba tal condenación. Y si ellos estaban de acuerdo con el argumento, no podían dejar de llegar a la conclusión necesariamente obligada. Dicho principio es que el orden y la subordinación invaden el universo entero, siendo esenciales para su existencia. La cabeza del hombre es Cristo; la cabeza de la mujer es el hombre; la cabeza de Cristo es Dios. Si esta concatenación es perturbada en cualquiera de sus partes, el resultado será la ruina. El cuerpo depende de la cabeza, y está subordinado a ella. El significado evidente de este pasaje es que la mujer está subordinada al hombre, el hombre a Cristo, y Cristo a Dios. También es evidente que esta dependencia es de naturaleza muy diferente en los varios casos mencionados. La subordinación de la mujer al hombre es algo completamente diferente de la del hombre a Cristo; y ésta, infinitamente más completa que la de Cristo a Dios. Más aún, dado que la subordinación de la mujer al hombre es perfectamente compatible con su identidad en cuanto a su naturaleza, también la subordinación de Cristo a Dios es compatible con el hecho de que es de la misma naturaleza que el Padre. Por lo tanto no hay nada en este pasaje que sea incompatible o inconsecuente con la verdadera divinidad propia de nuestro bendito Señor. Si se desea tener una breve exposición de la doctrina bíblica en cuanto a la relación entre Cristo y Dios, véanse los comentarios sobre 3:23. Aquí sólo se hace necesario observar que la palabra Cristo designa, no el Logos o segunda persona de la Trinidad como tal, ni la naturaleza humana de Cristo como tal, sino el Theanthropos, el Dios-hombre. Es el Hijo de Dios encarnado, quien, en la gran obra de la redención, se dice que está subordinado al Padre, cuya voluntad vino a hacer al mundo. Cuando se dice que Cristo es la cabeza de todo hombre, el significado se refiere a todo creyente; porque la relación que se expresa de modo característico por medio de este término es la relación entre Cristo y la iglesia, y no entre Cristo y la familia humana. Él es la cabeza de este cuerpo que es la Iglesia (Colosenses 1:18; Efesios 1:22,23).

4. Todo varón que ora o profetiza cubierta la cabeza, afrenta su cabeza.

Siendo éste el orden divinamente establecido (a saber, el que se ha mencionado en el v. 3), tanto los hombres como las mujeres deben actuar de acuerdo con él; el hombre, teniendo la cabeza descubierta, la mujer teniéndola cubierta. Dado que el apóstol se refiere a su aparición en reuniones públicas, dice: Todo varón que ora o profetiza, es decir, que oficia en culto público. Profetiza. En el sentido bíblico de la palabra, el profeta es el que habla en representación de otro, como Aarón es llamado profeta o portavoz de Moisés. “Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, … y él hablará por ti” (Éxodo 4:15, 16); o, como se le llama en Éxodo 7:1, tu profeta. Los profetas de Dios, por tanto, eran sus portavoces en cuya boca Jehová puso las palabras que habían de declarar al pueblo. Profetizar en la Biblia es, por consiguiente, hablar bajo inspiración divina; no meramente predecir acontecimientos futuros, sino transmitir, como órgano del Espíritu Santo, los mensajes de Dios a los hombres, sea en forma de doctrina, de exhortación, de consolación o de predicción. Esta función pública, dice el apóstol, no debe ejercerla un hombre con la cabeza cubierta; literalmente, que lleve algo que cuelgue de la cabeza para abajo. Entre los griegos, los sacerdotes oficiaban descubiertos; los romanos con la cabeza velada; los judíos (por lo menos poco después de la época apostólica) también llevaban el Tallis o tocado para la cabeza en sus cultos públicos. De lo que aquí se dice no debe inferirse que los profetas cristianos (u hombres inspirados) hubieran introducido esta costumbre en la iglesia. Lo que había que corregir era que las mujeres apareciesen en reuniones públicas con la cabeza descubierta. El apóstol dice que el velo es inconsecuente con la posición del hombre, pero es necesario para la de la mujer. Los hombres son mencionados solamente para ilustrar el principio.

Afrenta su cabeza. Es dudoso si hemos de leer su cabeza o su propia cabeza. Es un punto que los manuscritos antiguos no deciden, ya que no llevan los acentos diacríticos. Depende de la manera como el asunto haya sido tratado en conjunto. También es dudoso si el apóstol quería decir que afrentaba a Cristo, que es su cabeza, o que se afrentaba a sí mismo. Quizá lo segundo sea preferible, 1.—Porque en la cláusula inmediata precedente la palabra está usada literalmente: “Si se cubre la cabeza, su cabeza afrenta”. 2.—Porque en el v. 5 se dice que la mujer con la cabeza descubierta afrenta su propia cabeza, es decir, como demuestra lo que sigue, a sí misma, y no a su marido. 3—Es más lógico pensar que cuando alguien actúa de manera incompatible con su posición se afrenta a sí mismo, y no que avergüence al que lo colocó en dicha posición. Un jefe que comparece al frente de sus tropas vestido como soldado raso en lugar de llevar su uniforme reglamentario, se diría más propiamente que se ofende a sí mismo que a su soberano. Se consideraba ignominia que un liberto apareciera vestido con el traje propio de un esclavo. Así, dice el apóstol, si un hombre aparecía con el signo convencional de la sujeción en su cabeza, a sí mismo se afrentaba. Si el hombre fue creado para la gloria de Dios, debe actuar en conformidad, y no aparecer con vestidos de mujer.

5. Mas toda mujer que ora o profetiza no cubierta su cabeza, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se rayese.

Orar y profetizar eran los dos ejercicios principales del culto público de las asambleas cristianas primitivas. El segundo término, según se ha manifestado antes, comprendía cualquier forma de mensaje dictado por el Espíritu Santo. Era método de Pablo ocuparse de una cosa cada vez. Aquí está hablando del decoro de que las mujeres hablen en público con la cabeza no cubierta, y por tanto nada dice del decoro de que hablen en público. Cuando dicho tema se presenta, expresa su juicio en los términos más claros posibles (14:34). Calvino dice que al desaprobar aquí una cosa, no significa que apruebe la otra.

Los velos llevados por las mujeres griegas eran de diferentes clases. Uno, y quizás el más común, era el peplum, o manto, que en público se llevaba echado sobre la cabeza y envolvía la persona entera. El otro era más parecido al velo oriental común, que cubría el rostro, con excepción de los ojos. De una forma u otra, era costumbre general que todas las mujeres respetables apareciesen en público con la cabeza cubierta. Por tanto, el apóstol dice que una mujer que habla en público con la cabeza no cubierta, afrenta su cabeza. Aquí se usa, su propia cabeza; no a su marido, sino a ella misma.

Esto es evidente, no sólo por el valor de las palabras, sino por la cláusula siguiente: porque lo mismo es que si se rayese. Esta es la razón de que se afrente. Se pone en la misma condición que las mujeres cuyo cabello ha sido cortado. Cortar el cabello, que es el principal ornamento de las mujeres, era señal de aflicción (Deuteronomio 21:12), o castigo afrentoso. La traducción literal de esta cláusula es la siguiente: es una y la misma cosa con la que es afeitada. Adopta la señal distintiva de una mujer de mala reputación.

6. Porque si la mujer no se cubre, trasquílese también: y si es deshonesto a la mujer trasquilarse o raerse, cúbrase.

Es decir, que actúe de modo consecuente. Si desea ser considerada como mujer respetable que se someta al uso establecido. Pero si no da importancia a su reputación, que actúe como las demás mujeres de su clase. Debe adaptarse, o a la clase respetable de su sexo, o a la de mala reputación, pues apartarse de una es someterse a la otra. Estos imperativos no deben tomarse como mandamientos, sino como expresión de lo que se precisaría para ser consecuente. Entre los términos trasquilarse y raerse el segundo es el más fuerte; significa propiamente cortar con una navaja.

7. Porque el varón no ha de cubrir la cabeza, porque es imagen y gloria de Dios: mas la mujer es gloria del varón.

La mujer, y sólo la mujer, debe estar cubierta; porque el hombre no debe cubrir su cabeza. Esto no significa que esté obligado a no hacerlo, sino que no debe. La razón de ello es que él es la imagen y gloria de Dios. El único sentido en que el hombre, en contraposición a la mujer, es la imagen de Dios, es en que representa la autoridad de Dios. Está investido de dominio. Cuando en Génesis 1:26,27 se dice que Dios creó al hombre a su imagen, la referencia se aplica tanto a la mujer como al hombre; pues inmediatamente se añade: “Varón y hembra los crió”. Por consiguiente, en tanto que la imagen de Dios consiste en ciencia, justicia y santidad, Eva, de modo igualmente verdadero y en igual medida que Adam, tenía la semejanza de su Hacedor. Pero en cuanto al dominio con que el hombre fue investido sobre la tierra, Adam era el representante de Dios. Él es la gloria de Dios, porque en él se manifiesta especialmente la majestad divina. Pero la mujer es la gloria del hombre. Es decir, la mujer está en este aspecto subordinada al hombre. No está destinada a reflejar la gloria de Dios como soberano. Ella es la gloria del hombre. Ella recibe y revela lo que hay de majestad en él. Siempre adopta la posición que él tiene; se convierte en reina si él es rey, y manifiesta a otros la riqueza y el honor que pertenecen a su marido.

8, 9. Porque el varón no es de la mujer, sino la mujer del varón. Porque tampoco el varón fue criado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.

La subordinación de la mujer al hombre se demuestra aquí por dos hechos registrados en la historia de su creación. Primeramente, la mujer fue formada del hombre, y se originó en él, le debe a él su origen. El, y no ella, fue creado primero. En segundo lugar, ella fue creada por causa de él, y no él por causa de ella. De esta manera el Nuevo Testamento confirma constantemente, no sólo las verdades morales y religiosas del Antiguo Testamento, sino también sus hechos históricos; y hace de tales hechos la base de grandes principios morales. A causa de ello, es imposible, para un cristiano que crea en la inspiración de los apóstoles, dudar de la autoridad divina de las Escrituras del Antiguo Testamento, o limitar la inspiración de los escritores antiguos a sus declaraciones doctrinales y preceptivas. La Biblia entera es la palabra de Dios.

10. Por lo cual, la mujer debe tener señal de potestad sobre su cabeza, por causa de los ángeles.

Quizá no haya un pasaje en el Nuevo Testamento que haya agotado hasta tal punto como éste la erudición y el ingenio de los comentaristas. Después de todo lo que se ha escrito, sigue siendo tan oscuro como siempre. El significado que naturalmente sugiere al lector más superficial es el que los críticos más laboriosos consideran como el único verdadero. Con potestad, el apóstol designa la señal o símbolo de la autoridad; del mismo modo que Diodoro Sic., 1:47, habla de una imagen “que tiene tres reinos en su cabeza”. El apóstol había asegurado y demostrado que la mujer está subordinada al hombre, y habla dado por sentado que el velo era el símbolo convencional de la autoridad del hombre. De aquí se infiere que la mujer debe llevar el símbolo ordinario de la potestad de su marido. Dado que era de por si adecuado, y exigido por el sentido general del decoro, que la mujer llevara la cabeza cubierta, era especialmente recomendable en la reuniones de culto, pues allí estaban en presencia, no meramente de hombres, sino de ángeles. Por tanto, no era solamente por deferencia al sentir de la congregación, sino por reverencia a aquellas inteligencias superiores, que la mujer debía someterse a todas las reglas del decoro. Esta es la interpretación común del pasaje, y la única satisfactoria. Entre los que disienten de este punto de vista, algunos proponen diversas enmiendas del texto; otros se esfuerzan vanamente en demostrar que puede hacerse que la palabra griega (…) signifique velo; otros toman la palabra literalmente. Y en cuanto a la última cláusula, en vez de tomar la palabra ángeles en su sentido corriente, algunos dicen que aquí significa los ángeles o espíritus que presiden la iglesia; otros, que significa mensajeros o espías de los paganos que venían a observar el modo en que adoraban los cristianos, e informaban de cualquier cosa desfavorable que hubiesen observado en ellos. La inmensa mayoría de comentaristas coinciden en la interpretación antes dada, la cual satisface todas las exigencias del contexto.

11. Mas ni el varón sin la mujer, ni la mujer sin el varón, en el Señor.

Es decir, aunque haya esta subordinación de la mujer al hombre, ambos son mutuamente dependientes. El uno no puede existir sin el otro. En el Señor. Esto no significa que uno no está en el Señor con exclusión del otro. El apóstol  no está aquí hablando de la igualdad espiritual de los sexos. En Gálatas 3:28, y en otras partes, enseña abundantemente que en Cristo Jesús no hay varón ni hembra; que uno es tan plenamente participante de todos los beneficios de la redención como el otro. Y también es cierto que enseña que esta igualdad de judíos y griegos, esclavos y libres, es ante Dios perfectamente compatible con las desigualdades sociales que existen en este mundo. Empero estas verdades, por muy importantes que sean, y por mucho que hagan distinción entre la doctrina cristiana de la igualdad y dignidad de la mujer y todas las demás formas de doctrina religiosa sobre este tema, son ajenas a lo tratado aquí. El único propósito del apóstol es mostrar la verdadera naturaleza y limitaciones de la subordinación de la mujer al hombre. Es una sujeción real, pero en armonía con la mutua dependencia; el uno no existe sin el otro. Y esta dependencia mutua es por designación divina; conforme a la voluntad del Señor. Estas palabras se usan aquí, como tantas veces en otras partes, como calificación adverbial, que significa religiosamente, según la manera cristiana, o divinamente, es decir, por designación divina. La misma idea es expresada sustancialmente por aquellos que explican las palabras en el Señor como equivalentes a decir “en el cristianismo”; en el sentido de que es doctrina cristiana que el hombre y la mujer sean así mutuamente dependientes.

12. Porque como la mujer es del varón, así también el varón es por la mujer: empero todo de Dios.

El uno no puede prescindir del otro, porque así como la mujer fue originalmente formada del hombre, así el hombre nace de la mujer. Esto es una prueba, no de la reconocida igualdad de los sexos en el reino de Dios, sino de su mutua dependencia en el reino de la naturaleza. Por tanto confirma la interpretación dada del versículo precedente. Empero todo de Dios; estas relaciones subordinadas de una criatura con otra se funden, por así decirlo, en la suprema causalidad de Dios. Poco importa si el hombre procede de la mujer o la mujer del hombre, ya que ambos provienen igualmente de Dios; como antes había dicho, poco importa si un hombre era judío o gentil, esclavo o libre, puesto que todos son iguales ante Dios.

13. Juzgad vosotros mismos: ¿es honesto orar la mujer a Dios no cubierta?

Esto es una apelación a su propio sentido del decoro. El apóstol reconoce a menudo los juicios intuitivos de la mente como fuente de autoridad (Romanos 1:32; 3:8). Siendo la constitución de nuestra naturaleza derivada de Dios, las leyes que Él ha grabado en ella tienen tanto de revelación de El procedente, como cualquier otra posible comunicación de su voluntad. Y negar esto, es negar la posibilidad de todo conocimiento. ¿Es honesto (…), es propio o decoroso?

14, 15. La misma naturaleza ¿no os enseña que al hombre sea deshonesto criar cabello? Por el contrario, a la mujer criar el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.

La misma naturaleza. La palabra (griega), naturaleza, a veces significa esencia o sustancia, a veces las leyes de la naturaleza o de nuestra constitución natural; en otras ocasiones, los sentimientos o juicios instintivos que son efecto de dichas leyes. La forma adoptada por estos sentimientos está necesariamente determinada en gran medida por la educación y el hábito. El sentido instintivo del decoro en una doncella oriental cuando es sorprendida por extraños la lleva a cubrirse el rostro. En una europea esto no produciría el mismo efecto. Por tanto, al escribir a orientales, sería correcto preguntar si su sentido innato de la decencia no las llevaba a cubrirse la cabeza en público. La respuesta seria infaliblemente afirmativa. Es en este sentido que se toma aquí comúnmente la palabra naturaleza. Sin embargo, puede significar las leyes, o el curso, de la naturaleza. La naturaleza le da al hombre cabello corto y a la mujer cabello largo; y por lo tanto, la naturaleza misma enseña que el cabello largo es una vergüenza para el uno y un ornamento para la otra; porque es vergonzoso en un hombre ser como una mujer, y en una mujer ser como un hombre. Llevar el cabello largo era contrario a la costumbre, tanto de hebreos como de griegos. Los nazareos, como distin­tivo, se dejaban crecer el cabello (Números 6:5; véase también Ezequiel 44:20). Que los hombres llevaran cabello largo era considerado hasta tal punto señal de afeminamiento, que no solamente Juvenal lo ridiculizó, sino que en tiempos posteriores fue gravemente censurado por concilios eclesiásticos. Para una mujer, sin embargo, en todas las épocas y países, el cabello largo ha sido considerado como un ornamento. Le es dado, dice Pablo, como velo natural; y es una gloria para ella, porque es un velo. Por tanto, el velo mismo ha de ser propio y decoroso en una mujer.

16. Con todo eso, si alguno parece ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.

Habiendo presentado los argumentos en contra de la costumbre de que las mujeres apareciesen en la congregación con la cabeza descubierta, dice el apóstol que si alguno, a pesar de estos argumentos, está dispuesto a disputar sobre el asunto, o parece ser contencioso, sólo nos queda por decir que nosotros (los apóstoles) no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios. Ser contencioso, es decir, inclinado a disputar porque sí. Con personas así es inútil argumentar. La autoridad es la única conclusión de la controversia con tales perturbadores de la paz. La autoridad que aquí se aduce es la de los apóstoles y la de las iglesias. La primera era decisiva, porque los apóstoles estaban investidos de autoridad, no sólo para enseñar el Evangelio, sino también para organizar la iglesia, y para decidir en todo lo relativo a las ordenanzas y culto cristianos. La autoridad de las iglesias, aunque no era coercitiva, era sin embargo muy grande. Nadie está justificado, excepto sobre bases claramente bíblicas, y por la necesidad de obedecer a Dios antes que a los hombres, a apartarse de los usos establecidos en la iglesia en asuntos de interés público.

Calvino, y muchos de los mejores comentaristas modernos, sostienen un punto de vista diferente sobre este pasaje. Entienden que el apóstol dice: Si alguno parece ser contencioso, ni nosotros ni las iglesias acostumbramos a disputar. No tenemos costumbre de malgastar palabras con aquellos que desean meramente discutir. La única razón presentada para adoptar esta interpretación, es que Pablo dice: no tenemos tal costumbre; lo cual, dicen ellos, no puede significar la costumbre de que las mujeres vayan con la cabeza descubierta. Pero, ¿por qué no? Los apóstoles y las iglesias constituían un todo y ni unos ni otros, ni las iglesias ni sus guías infalibles, sancionaban el uso en cuestión. Además, no se menciona otra costumbre en el contexto sino la que se ha estado tratando. “Si alguno parece ser contencioso” no es una costumbre, y no sugiere nada a que puedan referirse naturalmente las palabras tal costumbre.

 

No dude en contactarme las veces que lo necesite, estaré encantado de ayudarle en todo lo que esté en mi mano, y Dios quiera.

 

Afectuosamente en Cristo.

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 


Referencias bibliográficas

* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

Abreviaturas frecuentemente empleadas:

AT = Antiguo Testamento

NT = Nuevo Testamento

(1) Cursos Bíblicos Para Obreros Cristianos -www.cbpoc.net. Copyright: Larry J. White 2006 Reservados todos los derechos.

(2) Comentario de I CORINTIOS.  Dr. Charles Hodge
El Estandarte de la Verdad. 3 Murrayfield Road, Edinburgo EH12 6El. Gran Bretaña.  P.O. Box 621, Carlisle, Pennsylvania 17013, EE.UU
Primera edición:1969. Impreso por Romanyà / Valls, S.A. Verdaguer, 1 -08766 Capellades (Barcelona)

 

 

 

 

 

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