Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Miscelánea

 

¿Qué es el Sello de Dios?

 
Versión: 07-02-2017

 

 

Carlos Aracil Orts

1. Introducción*

Estimado hermano Benjamín, me alegra que me contactara y me formulara la siguiente cuestión:

“Hola, mi hermano, me gustaría conocer qué sabe sobre el sello de Dios” (Benjamín).

“El sello del Dios vivo” es una expresión que aparece por primera vez en el libro de Apocalipsis (7:2), en relación con “los ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel” (Ap. 7:4), que no son otros que “los siervos de nuestro Dios”, los cuales serían sellados en sus frentes (Ap. 7:3), antes de que, a los cuatro ángeles, se les diera la orden “de hacer daño a la tierra y el mar” (Ap. 7:2,3). Leamos los textos citados desde el principio del capítulo siete:

Apocalipsis 7:1-4: Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol. (2) Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, (3) diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. (4) Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.

Y con toda probabilidad los pasajes anteriores se relacionan con el siguiente texto del capítulo nueve del mismo libro:

Apocalipsis 9:4: Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes.

Aunque el Sello de Dios en este texto se relaciona  con “los ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel”, no se aplica solo a este grupo de creyentes que, sin duda, no se trata de judíos –pues el Israel literal representa al Israel espiritual que es la Iglesia de Cristo– sino de cristianos que han aceptado a Cristo y Su Palabra, posiblemente en una época de gran tribulación, como la que se producirá inmediatamente antes de la segunda venida de Cristo en gloria, cuando Él haga el juicio a los malvados y rescate a su Iglesia (1 Tes. 4:13-18).

El Sello de Dios se aplica a los cristianos de todas las épocas. Y  para abordar este tema, aunque sea solo someramente, con ciertas probabilidades de éxito, debemos considerar y tener en cuenta que el libro de Apocalipsis, también llamado “la Revelación de Jesucristo”, pertenece a la literatura profética-apocalíptica, la cual se compone de variados y múltiples simbolismos, que deberán ser interpretados a la luz de toda la Sagrada Escritura.

Sin embargo, el objetivo de este estudio bíblico es, esencialmente, averiguar qué es el Sello de Dios, y para ello es fundamental evitar perderse en las diversas interpretaciones que necesariamente surgen al estudiar los símbolos apocalípticos de, por ejemplo, los siete sellos (Ap. 6:1-17; 8:1), los siete ángeles con las siete trompetas (Ap. 8:2;6-13; 9:1-21), los siete ángeles con las siete postreras plagas (Ap. 15; 16); etc. No es, pues, el propósito de este artículo entrar en el estudio de los citados eventos apocalípticos.

Nos debe bastar saber que “los siervos de Dios”, es decir, todo creyente en Cristo será sellado antes de que vengan los juicios de Dios sobre la Tierra, o simplemente antes de que suceda su muerte física. Esto significa que todos los cristianos, representados por el trigo, deberán distinguirse plenamente de los que no lo son, simbolizados por la cizaña de la parábola, la cual Jesús relató a sus discípulos (Mt. 13:24-30; 36-43).

Por tanto, en el cuerpo de este estudio bíblico, analizaremos, primero, qué es un sello, cómo se utilizaba y con qué propósito; y segundo, en qué consiste el Sello de Dios, y si es literal y físico o simbólico y espiritual.

Además, trataremos de discernir en qué consiste el Sello de Dios; si es el propio Espíritu Santo, o bien se trata de una cualidad esencial de Dios, que nos transmite o imprime el Espíritu Santo en nuestra alma cuando nos regenera, de manera que cada cristiano sea una imagen de Cristo (Gn. 1:26,27; 9:6; Ro. 8:29).

¿Es el sello de Dios el Espíritu Santo morando en cada creyente, como parece deducirse de los siguientes textos?

Ezequiel 36:26-27: Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. (27) Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

2 Corintios 1:21-22: Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, (22) el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.

Efesios 1:13-14: En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, (14) que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Efesios 4:30: Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

¿Es el sello de Dios su Ley del amor grabada en la mente de los creyentes o bien Su Palabra?

2 Corintios 3:2-3: Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres;  (3)  siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.

Hebreos 8:10-13: Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel Después de aquellos días, dice el Señor:  Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo; (11) Y ninguno enseñará a su prójimo, Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conocerán, Desde el menor hasta el mayor de ellos. (12) Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades. (13) Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.

Hebreos 10:14-17: porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.  (15)  Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: (16) Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré,  (17)  añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.

Santiago 1:21: Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.

¿Consiste, acaso, el Sello de Dios en los nombres del Cordero y de Su Padre grabados en las frentes de los cristianos?

Apocalipsis 3:12: Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.

Apocalipsis 14:1-5: Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente.

2. Qué es un sello, cómo se utilizaba y con qué propósito.

Primero, debemos preguntarnos qué es un sello, y para qué se empleaba en la antigüedad. Veamos solo dos ejemplos bíblicos:

Ester 8:7-8: Respondió el rey Asuero a la reina Ester y a Mardoqueo el judío: He aquí yo he dado a Ester la casa de Amán, y a él han colgado en la horca, por cuanto extendió su mano contra los judíos. (8) Escribid, pues, vosotros a los judíos como bien os pareciere, en nombre del rey, y selladlo con el anillo del rey; porque un edicto que se escribe en nombre del rey, y se sella con el anillo del rey, no puede ser revocado.

1 Reyes 21:8: Entonces ella escribió cartas en nombre de Acab, y las selló con su anillo, y las envió a los ancianos y a los principales que moraban en la ciudad con Nabot.

Los textos anteriores son ejemplos de que, generalmente, se usaba un anillo que en su parte central llevaba una grabación, iniciales, escudo, etc., que identificaba perfectamente a su poseedor, a fin de que, al imprimir su sello sobre cualquier documento, quedara garantizada la autenticidad del mismo; es decir, se acreditaba con toda certeza quién era el propietario del sello, y se ratificaba o confirmaba, con la autoridad proveniente del mismo, la autenticidad y legalidad del contrato, pacto, mandato,  etc. También hoy en día se utiliza un sello, que aplicado sobre cualquier objeto o documento indica a quién pertenece o quién es su dueño, etc.

El propósito del sello es, pues, autentificar un documento, dándole una garantía legal del cumplimiento de las condiciones del contrato o pacto, y, además, debe identificar a su propietario, del que deriva su autoridad,  veracidad y carácter.

Puesto que todos estos sellos a lo que nos estamos refiriendo son objetos materiales, también lo serán las marcas o señales que provocan al ser aplicados. Pero el Sello de Dios no es una marca o señal física sino espiritual, como comprobaremos en el epígrafe siguiente.

3. ¿El sello de Dios es literal y físico o simbólico y espiritual?

Veamos otro ejemplo bíblico, pero esta vez más espiritual:

Romanos 4:11-12: Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia; (12) y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.

El apóstol Pablo, en estos textos citados arriba, se refiere a que la circuncisión, que Dios había ordenado a Abraham y a sus descendientes (Gn. 17:10-14), era la señal de Su Pacto; pero la misma representaba el sello de la justicia que ellos habían recibido en correspondencia a su fe. Aquí vemos que una señal física como era la circuncisión simbolizaba un sello espiritual de justicia; es decir, su fe les fue contada como justicia ante Dios, imprimiéndoles un carácter de pertenencia a Dios y de obediencia a Su Pacto.

Sin embargo, en el Nuevo Pacto, los creyentes recibimos no una circuncisión física sino una espiritual en Cristo, por la cual hacemos morir nuestro cuerpo pecaminoso para resucitar en una nueva criatura en Cristo (Col. 2:11-12; cf. 2 Co. 5:17), que es también nuestro sellamiento. Leamos los textos citados:

Colosenses 2:11-12: En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; (12) sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.

El Sello de Dios es, pues, la señal interna –no física– de pertenencia a Dios y de ser participante de su naturaleza divina (2 P. 1:4); lo cual se consuma cuando somos “sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Ef. 1:13). Aunque el sello de Dios es interno y espiritual y denota que hemos sido rescatados por la sangre de Cristo, y por lo tanto, ya pertenecemos a Dios, como sus hijos adoptados en Cristo, la señal o sello físico es el bautismo por inmersión en agua;en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. (Col. 2:12).

Observemos, en los siguientes textos, que el Sello de Dios es aplicado simbólicamente en la frente de los creyentes (Ap. 7:3; 9:4):

Apocalipsis 7:2-4: Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, (3) diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. (4) Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.

Apocalipsis 9:4: Y se les mandó que no dañasen a la hierba de la tierra, ni a cosa verde alguna, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en sus frentes.

Por lo tanto, “El sello de Dios en sus frentes” (Ap. 9:4 úp), naturalmente, es simbólico, no se trata de algún tipo de tatuaje o marca física, como muchos, desgraciadamente, hoy en día, han adquirido la moda o la costumbre de hacerse en distintitas partes de sus cuerpos. Es muy apropiado que el sello se represente aplicado en las frentes, porque la corteza frontal de nuestro cerebro es donde se producen los pensamientos, se controlan nuestras emociones, y es también con la que decidimos aceptar por fe a Cristo, como nuestro Salvador.

Cuando creemos en Cristo y su Palabra de Verdad, que es el Evangelio de  salvación, Dios nos confirma, nos unge y nos sella con el Espíritu Santo de la Promesa, que nos regenera, y somos adoptados como hijos de Dios, y desde ese momento le pertenecemos (2 Co. 1:22; Ef. 1:13-14; 4:30; cf. Ro. 8:14-17).

2 Corintios 1:21-22: Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, (22) el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.

Efesios 1:13-14: En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, (14) que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Efesios 4:30: Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

Romanos 8:14-17: Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. (15) Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! (16) El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. (17) Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

“Dios nos une a Cristo, como los miembros con la cabeza, para hacernos participantes de su naturaleza, por medio de la unción del Espíritu que Cristo recibió, y por este Espíritu de verdad nos selló, como se confirma y autentifica un documento por medio de un sello oficial” (Ef. 1:13).

“En 2 Corintios 1:22, se pueden ver los dos fundamentos divinos e inconmovibles de nuestra seguridad de la salvación, las señales de su elección. Por una parte, la Palabra de Verdad, el Evangelio de la salvación, el testimonio de Dios; y, por otra, el Sello interno del Espíritu de Dios, 'dando testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios' (Ro. 8:16). Toda seguridad que no reposa sobre estos dos testimonios divinos inseparables, no es más que una engañosa ilusión.

“Se puede observar igualmente [en los siguientes versículos] cuál es la obra entera de la salvación de un alma: la elección eterna de Dios el Padre (Ef. 1:4,11); el rescate por la sangre de Cristo (v. 7); el sello y la santificación del espíritu (v. 13)” (1).

Efesios 1:4,11:  según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él […]  (11)  En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad […]

Efesios 1:7: en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,

Efesios 1:13: En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

4. ¿Qué es el Sello de Dios?

En este último apartado abordamos las preguntas que nos planteamos en la introducción a este estudio bíblico.

¿Es el sello de Dios el Espíritu Santo morando en cada creyente, como algunos deducen de los siguientes textos?

Ezequiel 36:26-27; cf. 11:19-20: Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. (27) Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

2 Corintios 1:21-22: Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, (22) el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.

Efesios 1:13-14: En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, (14) que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

 Efesios 4:30: Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

Si un sello físico es una señal o marca que demuestra la autenticidad de alguna cosa y señala e identifica al propietario del sello, el Sello de Dios, que es espiritual –no físico–, debe ser una cualidad que represente Su carácter, como por ejemplo, el amor. Y puesto que “Dios es amor” (1 Jn. 4:8,16), y nos ha amado de tal manera que “envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados”, así “debemos también nosotros amarnos unos a otros” (1 Jn. 4:10-11). Por tanto, “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Ro. 5:5), cada cristiano sellado debe reflejar en su vida la imagen de Cristo, que fue sellada en su alma por Aquél. De ahí que nuestras vidas, si realmente tenemos el Sello de Dios, deben dar “el fruto del Espíritu [que] es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza…” (Gá. 5:22-23).

Sin embargo, aunque Dios el Padre nos sella mediante su Santo Espíritu, la Segunda Persona de la Trinidad, Ella misma no es el Sello de Dios, sino que es el que, al regenerarnos, imprime en nosotros Su Sello, que es la imagen de Cristo. Comprobemos a continuación el fundamento bíblico de lo que hemos afirmado:

Romanos 8:28-29: Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. (29)  Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.

2 Corintios 3:18: Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

Gálatas 4:19:  Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros,

Efesios 4:13: hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;

1 Corintios 2:16: Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.

1 Juan 3:23: Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado.

Por tanto, el Sello de Dios es “Cristo formado en nosotros” (Gá 4:19); Su imagen en los cristianos evidentemente no significa llevar una cruz o un grafismo de su rostro en sus frentes o en cualquier otro lugar de sus cuerpos; sino que consiste, esencialmente, en amar como Él nos amó (Jn. 13:34; 15:12), y ser “manso y humilde de corazón” (Mt. 11:29; cf. Mt. 5:5; Col. 3:12; 1 Ti. 6:11; Tito 2:2; Stg. 4:6).

Mateo 11:29: Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;

El Espíritu Santo, morando en los cristianos, es el que imprime o forma la “mente de Cristo” (1 Co. 2:16) en nosotros, y, al regenerarnos, es decir, al hacernos “nuevas criaturas en Cristo” (2 Co.5:17) , consigue que podamos dar “el fruto del Espíritu [que] es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza…” (Gá. 5:22-23).

¿Se puede inferir, de los pasajes bíblicos que presentamos más abajo, que el sello de Dios es también tanto su Ley del amor como Su Palabra que han sido grabadas por el Espíritu Santo en la mente de los creyentes?

2 Corintios 3:2-3: Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres;  (3)  siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.

Estos pasajes y los que siguen a continuación confirman que, desde el momento que los cristianos han sido sellados con la imagen de Cristo, por el Espíritu Santo, se convierten en “carta de Cristo” que todos pueden leer, es decir, son un testimonio viviente del amor de Cristo en sus corazones, que ellos  prodigan a sus prójimos, y, además, esa imagen, conlleva que muestren en sus vidas la misma humildad y mansedumbre que Jesucristo manifestó en la suya.

Pero, antes de seguir analizando los siguientes pasajes bíblicos claves, debemos aclarar que “el corazón” simboliza “la mente” que reside en el cerebro, sede de nuestra alma, en el sentido de “psique”, donde residen y se gestan nuestros pensamientos y emociones. Comprobémoslo en el significado equivalente de las expresiones paralelas de los versículos de la Epístola a los Hebreos (8:10): “Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré”; la primera expresión tiene el mismo significado que la segunda:

Hebreos 8:10-13: Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo; (11) Y ninguno enseñará a su prójimo, Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conocerán, Desde el menor hasta el mayor de ellos. (12) Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades. (13) Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.

La identidad o equivalencia de “mente” con “corazón”, que es manifestada con el citado paralelismo típico en la Biblia y que se utiliza para enfatizar o resaltar un concepto, se confirma también en el capítulo diez de Hebreos (10:16): “Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré”. Aquí nuevamente se confirma que es totalmente indistinto el uso de los términos “corazón” o “mente” para designar la misma idea o concepto.

Hebreos 10:14-17: porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.  (15)  Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: (16) Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré, (17) añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.

Ahora bien, quizá algunos se pregunten ¿qué leyes del Señor serán escritas en las mentes de los creyentes en Cristo? Esencialmente “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús [que] me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:2), pues ésta es la que –por el poder del Espíritu Santo– nos ha regenerado, convirtiendo al “viejo hombre” (Ro. 6:2-9; cf. Col. 3:1-17) con su naturaleza carnal y adámica, en una nueva criatura a semejanza de Cristo Jesús. De este cambio de mente o corazón proviene la capacidad de amar a Dios y al prójimo, es decir, el Sello de Dios –Cristo en nosotros– grabado en nuestras mentes es la única garantía del cumplimiento perfecto de la ley de Dios. Pero ¡cuidado! Para los adventistas no existe otra ley que los Diez Mandamientos; lo siento por ellos, porque se conforman con poco y, además, se pierden la Ley de Cristo.

No se trata, pues, como sostienen los adventistas del séptimo día, de cumplir perfectamente una ley externa a nosotros como la Ley Antigua, de los Diez Mandamientos. Pues esta ley fue abrogada “a causa de su debilidad e ineficacia“ (He. 7:18). En el Nuevo Pacto, Cristo enfatiza, “Oísteis que fue dicho…”No matarás”, pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio…” (Mt. 5:21); y, por citar otro ejemplo del precioso capítulo cinco del Evangelio de Mateo, Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. (44) Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mt. 5:43-44).

Como es evidente la Ley de Cristo es muy superior a la Ley de los Diez Mandamientos, porque es interna y espiritual, grabada en la mente o en el corazón del creyente, y va mucho más lejos del cumplimiento externo de una lista de diez mandamientos. Ya hemos visto, que el Espíritu Santo no escribe, en la mente del cristiano, diez mandamientos morales, ni una lista mucho más extensa de ellos, a fin de que los cumpla, sino que convierte nuestro “corazón de piedra en otro de carne” (Ezequiel 36:26-27; cf. 11:19-20) capaz de amar, “porque el que ama al prójimo ha cumplido la ley” (Ro. 13:8-10; cf. Gá. 5:14). Es decir, el Espíritu Santo graba la imagen de Cristo en nosotros, el Sello del Dios de amor,  partiendo de “la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús [que] me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Ro. 8:2).

Sin embargo, los adventistas, que siguen anclados en la ley del AT –los Diez Mandamientos– sostienen el absurdo de que el Sello de Dios consiste en observar o guardar el reposo sabático del cuarto mandamiento de la citada ley Antigua (Éx. 20:8-11; Dt. 5:12-15), porque ellos creen que lo que Dios ordenó a los israelitas – “vosotros guardaréis mis días de reposo [sábados]; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico” (Éx. 31:13; cf. Ez. 20:12,20)– sigue estando vigente para los cristianos. Y, por tanto, los adventistas consideran que esa señal –la de guardar el sábado como día de reposo– es el Sello de Dios.

Con esta premisa, si el Sello de Dios consiste en guardar el sábado como día de reposo, solo recibirían este Sello los guardadores del sábado. Pero esto es totalmente irracional pues el Espíritu Santo sella a los cristianos imprimiendo en sus vidas el carácter de Cristo, que esencialmente consiste en el amor, la humildad y la mansedumbre. Guardar el reposo sabático, que Dios nunca ha exigido a los cristianos no conduce de ningún modo a amar a Dios y a nuestros semejantes como a nosotros mismos, sino a un legalismo infructuoso o estéril, que se queda en lo externo de la ley Antigua y no sirve para cambiar el corazón de piedra de los seres humanos.

Por tanto, las leyes que el Espíritu Santo escribe en la mente del cristiano no son otra cosa que Cristo en nosotros (Col. 1:27) y Su Palabra implantada que recibimos con mansedumbre (Stg. 1:21) y obediencia:

Santiago 1:21: Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.

¿Consiste, acaso, el Sello de Dios en los nombres del Cordero y de Su Padre grabados en las frentes de los cristianos?

Apocalipsis 3:12: Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.

Apocalipsis 14:1: Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente.

Estos textos nos confirman que el Sello de Dios es Cristo en nosotros, porque ¿qué significa tener el nombre de él [Cristo] y el de su Padre escrito en la frente” sino vivir en relación íntima con Dios el Padre por medio de Su Hijo Jesucristo y el Espíritu Santo que mora en nosotros?

Sabemos que en la Biblia, poseer un nombre tiene mucha importancia, porque ello representa poseer la esencia de lo que ese nombre significa; el cristiano tiene el nombre de Cristo y el de Su Padre cuando, por medio del Espíritu Santo, se escribe en su mente la imagen de Cristo, que es el Sello de Dios, que son las características que conforma su carácter de amor, humildad,  mansedumbre, el fruto del Espíritu, etc.

5. Conclusión

El Sello de Dios no es material o físico sino espiritual y simbólico, y se simboliza con “el nombre de él [Cristo] y el de su Padre escrito en la frente” (Ap. 14:1; cf. Ap. 3:12) de todos los cristianos, es decir, escrito o grabado en sus mentes, lo cual significa tener “la mente de Cristo” (1 Co. 2:16), por medio del Espíritu Santo, que al regenerarnos, nos “hace conformes a la imagen de Jesucristo” (Ro. 8:29), “para que fuésemos santos y sin mancha delante de él [Dios el Padre], (5) en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad […] En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, (14) que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Ef. 1:4-5, 13-14).

El Sello de Dios es, pues, la garantía de nuestra salvación eterna, y “el Espíritu Santo de la promesa…   es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida” (Ef. 1:14); las arras significa que el Espíritu Santo, morando en cada cristiano, es el anticipo de nuestra herencia, la que recibimos aquí, que nos hace “participantes de la naturaleza divina” (2 P. 1:14) y “de su santidad” (He. 12:10), “sin la cual nadie verá al Señor” (He. 12:14), y somos adoptados como hijos de Dios: Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. (15) Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! (16) El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. (17)  Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:14-17).

Pero no puedo resistirme a transcribir también los preciosos y confortadores textos del inicio de este capítulo 8 de la epístola a los Romanos:

Romanos 8:1-13: Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.  (2)  Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. (3) Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; (4) para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (5) Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. (6)  Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. (7) Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; (8) y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. (9) Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. (10) Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. (11) Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. (12) Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;  (13)  porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

Y para terminar me gusta compartir contigo estos hermosos textos, mediante los cuales el gran apóstol Pablo nos exhorta a mostrar al mundo lo que caracteriza a los cristianos. Si de verdad tenemos el Sello de Dios seremos “la luz del mundo” (Mt. 5:14); un mundo que perece de hambre y sed de justicia; seamos, pues, cada uno de los cristianos, “carta de Cristo escrita con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas del corazón” (2 Co. 3:3), y solo esto testificará al mundo de que tenemos el Sello de Dios.

Colosenses 3:9-17: No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, (10) y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, (11) donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. (12) Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; (13)  soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. (14) Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. (15) Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. (16) La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. (17) Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

 

Quedo a tu disposición en lo que esté en mi mano ayudarte.

Afectuosamente en Cristo.

Bendiciones

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 


Referencias bibliográficas

* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

Abreviaturas:

AT = Antiguo Testamento
NT = Nuevo Testamento

Las abreviaturas de los libros de la Biblia se corresponden con las establecidas en las biblias Reina-Valera, 1960.

(1) Luis Bonnet y Alfredo Schroeder, 1982; Comentario del NT; Tomo 3; pág. 480 .

 

 

 

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