Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Miscelánea

 

El liderazgo y los ministerios en las iglesias apostólicas y en la actualidad

 
Versión: 26-02-2017

 

 

Carlos Aracil Orts

1. Introducción*

Estimado hermano Miguel, me alegra tu consulta siguiente:

"Bendiciones. Como tú sabes, hermano, hoy día en las iglesias es el pastor el que está a cargo. Pero mi pregunta es: ¿era así en el tiempo de los apóstoles, porque dice Pablo que eran gobernadas por ancianos? Quisiera saber si la palabra pastor equivale al líder de la Iglesia. Y cuando dice, constituyó los cinco ministerios, si sigue vigente el de apóstol y profeta" (Miguel).

Ciertamente, hoy en día y normalmente, las personas que están a cargo de las iglesias evangélicas –es decir, las lideran, las pastorean, las gobiernan y administran– son los pastores, que, por norma general, han estudiado y adquirido una licenciatura en Teología, que les capacita o proporciona conocimientos para enseñar y predicar el Evangelio en sus respectivas iglesias locales. No obstante, no es necesario tener ninguna titulación en Teología para ejercer un buen liderazgo y desarrollar la acción pastoral que necesitan las iglesias, sino que lo esencial del líder de iglesia es que conozca en profundidad las Sagradas Escrituras, sea un hombre maduro –y para ello no necesariamente ha de ser anciano o de avanzada edad, sino que puede ser joven–, pero es muy importante que reúna las cualidades y condiciones que prescribe la Palabra de Dios. Veamos, por ejemplo, los siguientes textos: 1 Ti. 3:1-13; Tito 1:5-11; etc.

Requisitos de los obispos

1 Timoteo 3:1-7: Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. (2)  Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; (3) no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; (4) que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (5)  (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); (6)  no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. (7) También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo.

Requisitos de los diáconos

1 Timoteo 3:8-13: Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas; (9) que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia. (10) Y éstos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles. (11) Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo.  (12)  Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casas. (13) Porque los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús.

Requisitos de los ancianos u obispos

Tito 1:5-11: Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé;  (6)  el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía. (7) Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, (8) sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, (9)  retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen. (10) Porque hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión,  (11)  a los cuales es preciso tapar la boca; que trastornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta lo que no conviene.

En lo que sigue de este estudio bíblico comprobaremos que los líderes de las iglesias locales del tiempo de los apóstoles se les denominaban “ancianos”, también llamados presbíteros. Pastor y “anciano” son equivalentes en cuanto tienen la misión de pastorear y apacentar la grey de Dios (Jn. 21:15-17; 1 P. 5:1-4). Aunque así era en la iglesia cristiana primitiva, desgraciadamente en la actualidad, se han establecido jerarquías de autoridad o distinciones entre el clero y los laicos que no existían en la iglesia apostólica. Hoy día se considera al pastor jerárquicamente por encima del anciano, los cuales, junto con otros dirigentes de iglesias y evangelistas forman una especie de casta que los eleva  a un nivel superior del resto de creyentes laicos.

También trataremos de cómo debe ser un líder cristiano según palabras de Cristo, los dones que el Espíritu Santo da a cada creyente y los distintos ministerios en la iglesia de Cristo; así como analizaremos cuál es el propósito de la Iglesia de Cristo. Nos haremos pues las siguientes preguntas:

¿Quiénes dirigían, lideraban o gobernaban las iglesias locales primitivas?
¿Eran los pastores o los ancianos los que dirigían, lideraban o gobernaban las iglesias locales del tiempo de los apóstoles?
¿Es el pastor el líder de la iglesia?
¿Siguen vigentes los cargos u oficios de apóstol y profeta?

Pero antes de todo esto es preciso que definamos lo qué es la iglesia y cuál es su propósito u objetivo de su existencia.

2. Qué es la iglesia y cuál es su propósito u objetivo de su existencia.

La iglesia se simboliza y se compara con un edificio, cuyo “único fundamento es Jesucristo” (1 Co. 3:11), “la principal piedra del ángulo” (Ef. 2:20; 1 P. 2:6; cf. Hch. 4:11-12), y “las piedras vivas” que componen este edificio (1 P. 2:5) –los creyentes–, se cimentan sobre “los apóstoles y profetas” (Ef. 2:20), y de esta manera todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; (22) en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu los creyentes obviamente” (Ef. 2:21-22).

Efesios 2:20-22: edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, (21) en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; (22)  en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

Por tanto, de este simbolismo, se deduce que la Iglesia –el conjunto de fieles cristianos– es “un templo santo en el Señor”, o también, como expresa el apóstol Pedro: “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2:5). Leamos también su contexto:

1 Pedro 2:4-7: Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, (5) vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.  (6)  Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado. (7)  Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo;

La Iglesia, pues, no es el edificio, el templo o casa donde se congregan los creyentes, sino que son ellos mismos los que constituyen el edificio, forman “el templo santo” –porque en él mora el Espíritu Santo–, son “la casa espiritual y sacerdocio santo”, porque todos los fieles cristianos “son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel [Dios] que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 P. 2:9).

1 Pedro 2:9-10: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; (10) vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

Apocalipsis 1:6: y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.

Apocalipsis 5:10: y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

Si todos los creyentes son reyes y sacerdotes para Dios, dentro de la Iglesia no debería haber clases o castas: una la clerical o dirigente y otra la de los fieles laicos que se limitan a recibir pasivamente los sermones de los pastores; sino que todos ofrezcamos “sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”; “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; (25) no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:24-25).

La Palabra de Dios nos ofrece todavía un símbolo más excelente y hermoso para la Iglesia: “el Cuerpo de Cristo” (Ro. 12:5; cf. 1 Co. 12:12; 27; Ef. 4:4,16); porque “Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia…” (Col. 1:18). “Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (1 Co. 12:12); “De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. (27) Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1 Corintios 12:26-27).

En estos textos y en los que siguen a continuación, que presentan a la Iglesia como un Cuerpo, se destacan o resaltan varios aspectos, pero principalmente, el de que la existencia de una diversidad de miembros conlleva una diversidad de funciones, misiones y acciones, todas imprescindibles; pero para que ello sea armonioso, beneficioso y agradable al Señor, es necesario que cada miembro en particular sea regido o dirigido por la Cabeza del Cuerpo que es Cristo, porque de lo contrario se crean disfunciones y separación dentro del Cuerpo, lo que impide el progreso y crecimiento espiritual y la propagación de la fe e imagen de Cristo en la Iglesia misma y en el mundo al que se dirige.

Veamos más textos bíblicos que desarrollan estas ideas de diversidad de funciones y dones entre los miembros y, al mismo tiempo la unidad e interdependencia entre los miembros:

Romanos 12:4-9: Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, (5) así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. (6) De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe;  (7) o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza;  (8)  el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría. (9) El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.

1 Corintios 12:12-14: Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. (13) Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. 

Por tanto, así como en un cuerpo humano todos los miembros son necesarios  y ejercen su función beneficiosa e imprescindible para la vida y crecimiento en todas las esferas del ser humano, así también debe ocurrir en los miembros que conforman el Cuerpo que es la Iglesia de Cristo. Cada hermano en la Iglesia de Cristo, aunque no parezca digno o decoroso ha recibido de Dios dones y talentos; y aunque sea débil, sabemos que Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, (25) para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. (26) De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. (27) Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1 Co. 12:24-27). Comprobémoslo leyendo el contexto de estos pasajes:

1 Corintios 12:14-23: Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. (15) Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?  (16)  Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? (17) Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?  (18)  Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. (19) Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?  (20)  Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. (21)  Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. (22)  Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; (23) y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro.

Por consiguiente, entre los miembros debe haber solidaridad e interdependencia, no debe haber desavenencias entre ellos, ni ningún miembro puede menospreciar a otro porque le considera poco dotado o digno. Nadie debe sentirse superior al otro o al resto de los miembros. Todos los que pertenecen al Cuerpo de Cristo son hermanos, han recibido sus dones de Dios y son muy amados por Él. Ni el pastor, ni el anciano, ni el joven, ni el evangelista, ni el profeta deben enorgullecerse por su función, dones o posición dentro de la Iglesia.

Ningún dirigente debería ejercer su función de liderazgo de forma autócrata, pues el don que ha recibido no le coloca en un nivel superior respecto a los otros miembros, sino de servicio a la comunidad donde ejerce su función. Y este aspecto es el que trataré de desarrollar en el siguiente apartado número tres.

¿Cuál es el propósito u objetivo de la existencia de la Iglesia de Cristo?

Obviamente, Jesús fundó Su Iglesia para llevar a cabo el propósito eterno de Dios de salvar a la humanidad caída, mediante la propagación de la fe en el Salvador, muerto crucificado y resucitado en gloria, y, de esta manera, transformar a los seres humanos a Su imagen y semejanza, por la predicación del Evangelio y las obras y vidas ejemplares de cada cristiano. La Iglesia y cada cristiano deben ser la “sal de la tierra” (Mt. 5:13) y la “luz del mundo” (Mt. 5:14-16), que conduzcan a los seres humanos a reconocer y seguir al Salvador del mundo.

Mateo 5:14-16: Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. (15)  Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. (16) Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

3. ¿Cómo debe ser un líder de la Iglesia de Cristo según la Palabra de Dios? ¿Quiénes deben liderar la Iglesia de entre todos los diversos tipos de dirigentes: ancianos, pastores, diáconos, obispos, evangelistas, etc.?

Si queremos que la Iglesia exprese la imagen de Cristo al mundo, debemos eliminar de ella todo lo que se asemeje a éste; como, por ejemplo, la soberbia, el orgullo, el deseo de poder y dominar sobre las personas, etc. Desde cada dirigente de la Iglesia hasta el miembro más débil, o que parezca poco digno o decoroso, debe reflejar la imagen de Cristo en palabra y obra; porque no podemos predicar la Palabra de Dios si nuestras vidas no están en armonía con la misma.

Desgraciadamente, en muchas iglesias, quizá a causa de sus líderes o a pesar de ellos, no se refleja el Espíritu de Cristo, ese “sentir que hubo también en Cristo Jesús, (6) el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, (7) sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; (8) y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:5-8).

Esta es una de las principales causas de que las iglesias no funcionen bien, porque no reflejan la imagen de Cristo. Tanto los dirigentes como cada creyente deben revestirse de humildad, y tener a Cristo siempre presente, para que ni el pastor o el anciano se considere superior al hermano, porque todos formamos parte del Cuerpo, y miembros los unos de los otros, preocupándonos unos por los otros. Los líderes de las iglesias cristianas no deberían imitar “a los gobernantes de las naciones [los cuales] se enseñorean de ellas”. No deben ser autocráticos sino humildes y serviciales, y como dijo Jesús: “el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor” (Mt. 20:25-28; cf. Mt. 23:8-12).

Mateo 20:25-28 (Marcos 10:42-45): Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. (26) Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, (27) y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo;  (28)  como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

En la Iglesia de Cristo no debe haber, por una parte la casta dirigente, y por otra la de los fieles o simples miembros de a pie; ninguna división en una clase clerical y otra laical. No debe ocurrir así en la Iglesia de Cristo “Porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos” (Mt. 23:8). Cristo, la Cabeza del Cuerpo, que es la Iglesia, y, todos nosotros, hermanos, “De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. (27) Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular” (1 Co. 12:26-27).

Mateo 23:8-12: Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. (9) Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.  (10) Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. (11)  El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. (12) Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Solo si nos impregnamos de la Palabra de Dios, podremos finalmente reflejar a Cristo en nuestras vidas. La Palabra nos impulsa no solo a obedecer a Cristo, nuestra Cabeza, sino también a los ancianos, que humildemente se han entregado para servir y apacentar la grey de Dios (1 P. 5:2), pero también a exhortarnos unos a otros  y “a estimularnos al amor y a las buenas obras” (He. 10:24-25). De este modo, si un joven viese en un anciano una conducta, palabra u obra no acorde al Espíritu de Cristo, puede y debe, con humildad,  discreción y amor, corregirle (1 Ti. 5:1-2; 2 Ti. 2:14-16,22-26), e igualmente a la inversa: “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes. (6)  Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo” (1 P. 5:5-6). Leamos también el contexto de los citados pasajes a continuación:

1 Pedro 5:1-11: Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: (2) Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; (3) no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. (4) Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. (5) Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes. (6)  Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; (7) echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.  (8)  Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; (9)  al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.  (10)  Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. (11)  A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

1 Timoteo 4:6-16: Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido. (7) Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad;  (8)  porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera. (9)  Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos. (10) Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen. (11)  Esto manda y enseña. (12) Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. (13) Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. (14) No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. (15) Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. (16) Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.

Comprobemos que, en el contexto de estos pasajes citados antes, la Iglesia cristiana primitiva estaba regida, dirigida o supervisada por los ancianos de las iglesias. Dependiendo del tamaño de la iglesia local que se tratara, podría ser nombrado, entre los hermanos, uno o varios ancianos. Los ancianos eran hombres maduros, no necesariamente por la edad –tenemos el ejemplo de Timoteo, al que san Pablo le dice: “ninguno tenga en poco tu juventud…” (1 Ti. 4:12:)– sino porque reunían las cualidades citadas en 1 Timoteo 3:1-13 y Tito 1:5-9, de ser irreprensibles en su vida y conducta, y, además, humildes, “sobrios, prudentes, justos, santos, dueños de sí mismos, retenedores de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, a fin de que también puedan exhortar con sana enseñanza” (Tito 1:8-9), etc., etc., Es decir, al menos, los ancianos, debían poseer todas o la mayoría de las cualidades que se describen en los textos citados aquí y en el apartado de la introducción.

En mi opinión, hoy en día las iglesias han hecho complejos su administración y funcionamiento, y, además, no es bueno que estén centradas en su pastor, y que sus miembros acudan semanalmente solo para recibir pasivamente un sermón de su pastor. Nuestro centro no puede ser otro que Cristo, que es la Cabeza del Cuerpo, que es Su Iglesia. Deberíamos volver al espíritu de la Iglesia cristiana primitiva, en la que participaban todos sus miembros exhortándose unos a otros, según el Espíritu les inspiraba, y para estimularse mutuamente “al amor y a las buenas obras” (Hebreos 10:24-25).

La predicación no debería ser realizada siempre por la misma persona sino que debería ser rotatoria de forma que todos los hermanos participasen en la misma, ya que todos son sacerdotes para Dios (1 P. 2:9-10; Ap. 1:6), en todos ellos mora el Espíritu Santo; pero deben hablar, con orden, para anunciar lo que cada uno ha recibido del Espíritu. Veamos, por ejemplo, para qué se reunía la iglesia primitiva de Jerusalén, según el libro de los Hechos de los Apóstoles:

Hechos 2:42: Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

Hechos 2:46-47: Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, (47)  alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

4. ¿Cuántos ministerios debe haber en la Iglesia de hoy día, y si se incluyen el apostólico y el profético?

Los necesarios para el correcto funcionamiento de cada iglesia local, y para que ésta lleve a cabo, en cada momento, el propósito fundamental eterno de Dios, según se desprende del Nuevo Testamento, que consiste en dar a conocer el Evangelio de la Gracia y de Salvación, reflejar la imagen de Cristo, ser la luz del mundo, y separar un  pueblo santo, elegido por Dios para Su gloria eterna.

En cuanto a los ministerios en cada iglesia local – permitamos que solo responda la Palabra de Dios– serán los que suscite el Espíritu Santo “repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Co. 12:11). “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7). “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros (Efesios 4:11). No necesariamente todas las iglesias locales tienen que disponer de todos los citados ministerios, aunque sería deseable que los tuvieran. Veamos lo que dice la Palabra de Dios en los textos siguientes:

Romanos 12:4-8: Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, (5)  así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. (6) De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; (7) o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; (8) el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

1 Corintios 12:4-13: Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.  (5)  Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.  (6)  Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. (7) Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. (8) Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; (9)  a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. (10) A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. (11) Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.  (12)  Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. (13) Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. 

Por lo general, consideramos o normalmente llamamos “apóstoles” solo a los que Jesús escogió durante su ministerio terrenal, y que le seguían a todas partes, excepto, por supuesto, a Judas Iscariote; a los que hay que añadir a san Pablo, que Jesús también eligió directamente desde su posición celestial de gloria.

La palabra “apóstol” (Gr. apóstol), significa “delegado”; específicamente embajador del evangelio; oficialmente comisionado de Cristo (con poderes milagrosos):- apóstol, enviado, enviar, mensajero” (1). Un apóstol, por tanto, es un enviado, mensajero de Dios, para predicar su Palabra y plantar o establecer iglesias de Cristo en diversas localidades. En este sentido, puede también, hoy día, el Espíritu Santo suscitar, de algunas iglesias, hermanos que puedan ser comisionados, por sus dones espirituales, para ser enviados a otras localidades a fin de abrir otras iglesias locales, que una vez abiertas quedarán a cargo de ancianos.

Con respecto a si en las iglesias de hoy día existe el ministerio profético, al igual que los otros ministerios enumerados por la Palabra de Dios, el Espíritu Santo puede también dotar a hermanos para que realizan esta función. Pero debemos  entender que profeta no es solo el que hace predicciones, inspiradas por Dios, respecto a eventos futuros que han de ocurrir o a nuevas revelaciones doctrinales. Estamos completamente convencidos de que Dios ha dado ya toda Su Revelación necesaria para que todos los seres humanos que lo deseen puedan ser salvos, si creen y obedecen Su Palabra, lo que conocemos como la Biblia o Sagradas Escrituras. Creemos, en este sentido que no habrá más revelación o profecía.

Sin embargo, Dios puede dotar a hermanos con intuiciones, capacidades y sabiduría para que sepan interpretar las profecías bíblicas y las señales de los tiempos, de forma que muchos otros hermanos no sean engañados por las muchas herejías y falsas doctrinas que están proliferando en el tiempo del fin, en el que nos encontramos. En este sentido, todo cristiano es profeta cuando denuncia los errores doctrinales, desenmascara las herejías, y diversas doctrinas, con apariencia de piedad y de verdad, pero que proceden de “falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo.  (14) Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.  (15) Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras” (2 Corintios 11:13-15).

5. Conclusión

En resumen, la Iglesia de Cristo es el conjunto de iglesias cristianas que se hayan creado en cada aldea, municipio, pueblo, ciudad, barrio, etc. Al principio las iglesias se reunían en las casas de los creyentes (Véase, por ejemplo, Hch. 2:46; Ro. 16:3-5; Col. 4:15; 2 Jn. 10); esto no es óbice para que también estas iglesias de las casas pudieran reunirse para determinadas o especiales celebraciones, en locales con mayor capacidad de congregación.

Colosenses 4:15: Saludad a los hermanos que están en Laodicea, y a Ninfas y a la iglesia que está en su casa.

Cada iglesia local nombraba, por consenso, a un hombre maduro, conocedor profundo de la Palabra de Dios, con conducta ejemplar, el cual debía de haberse sentido impulsado por el Espíritu Santo a hacer esta obra de servicio y entrega de sí mismo a Dios y a los hermanos. Por lo general, no percibiría salario alguno por esta función, porque él podía sostenerse mediante su trabajo, oficio o profesión secular; y solo en algunas ocasiones, cuando las circunstancias lo requiriesen podría aceptar ser sostenido por la iglesia, y en otras ocasiones podría bastar recibir alguna ayuda de los hermanos, solo, a fin de que pudiera dedicar más tiempo a su labor pastoral y administrativa de la iglesia. Los términos “anciano” o “pastor” son equivalentes puesto que su función es la misma: “apacentar la grey de Dios” (2 P. 5:2).

1 Pedro 4:10-11: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. (11) Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

1 Pedro 5:1-11: Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: (2) Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; (3)  no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. (4) Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. (5) Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los humildes. (6)  Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo;(C)  (7)  echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.  (8)  Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; (9) al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.  (10)  Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.  (11)  A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

Sin embargo, nunca el anciano tenía autoridad para tomar decisiones que afectasen a los hermanos de la iglesia, sin antes buscar el consenso con toda la iglesia local. El régimen de la Iglesia de Cristo no es una democracia sino más bien una teocracia del Espíritu Santo, en la que no se toman decisiones unilateralmente sino solo por consenso unánime entre todos los miembros de cada particular iglesia local, la cual debe ser independiente de las restantes. La iglesia local, pues debía ser autónoma, con sus ancianos, para decidir sobre su futuro, y ninguna otra debía interferir en ella.

Los ancianos eran, pues, los dirigentes naturales de la Iglesia apostólica. Pero esta función de liderazgo podía ser compartida por varios hermanos. Sin embargo, la función de los citados ancianos era diferente de la de los actuales pastores, que, en general, han adquirido supremacía autoritaria sobre los hermanos, ya que suelen tener, en la mayoría de las iglesias, la última palabra sobre todos los asuntos administrativos, organizativos y sobre todo en lo que respecta a la sana doctrina cristiana. Los pastores de hoy en día no suelen fomentar lo que promovían los ancianos primitivos, de que todos los hermanos, sin excepción, debían participar en la exhortación y enseñanza (Col. 3:16; He. 3:13), “considerándose unos a otros para estimularse al amor y a las buenas obras” (He.10:25), y a preocuparse por el más débil, ya sea en la fe o por su pobreza o escasos medios económicos, etc. Los hermanos no se reunían solo para oír pasivamente el sermón del anciano o el pastor, sino alrededor de una mesa para compartir una comida y especialmente “el partimiento del pan”, símbolo de la redención en Cristo Jesús (Hch. 2:46; 20:7; 1 Co. 10:16; 11:26).

Hechos 20:7: El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.

1 Corintios 10:16: La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?

 1 Corintios 11:26: Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

En las iglesias locales pequeñas, uno o varios hermanos – ancianos–, según los dones recibidos por Dios, desempeñaban las distintas funciones de diaconado u obispado. Tengamos en cuenta que en la Iglesia cristiana apostólica no existía ningún tipo de jerarquía, es decir, el pastor no estaba por encima del anciano, ni el obispo tenía mayor autoridad que el anciano o el pastor, porque realmente “obispo” (Gr. epískopos) significa “superintendente” (2) en el sentido de “supervisor”, y no es más que un anciano que realiza esta función porque es el don que ha recibido del Espíritu Santo. E igualmente, el diácono (Gr. diákono), que puede traducirse por “servidor”, “siervo”, “sirviente”, significaba también  “diácono” o “ministro” (3). Esta debe ser la función de todo dirigente de la Iglesia de Cristo, la de “servidor”, no importa que ejerza como anciano, pastor, obispo, o diácono, pues, como dijo Jesús, “el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro servidor” (Mt. 20:27; cf. Mt. 23:8-12).

Para terminar reflexionemos en los siguientes textos que describen perfectamente –porque son Palabra de Dios– lo que es el Cuerpo de Cristo, y la relación de amor que debe haber entre todos sus miembros, independientemente de a que iglesia local pertenezcan.

Romanos 12:8-21: el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría. (9)  El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.  (10) Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. (11) En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; (12) gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; (13) compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad. (14) Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. (15) Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. (16) Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. (17)  No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. (18)  Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. (19) No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. (20)  Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. (21)  No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

1 Corintios 12:11-31: Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.  (12)  Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. (13)  Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.  (14)  Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. (15) Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?  (16)  Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?  (17)  Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?  (18)  Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. (19)  Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?  (20)  Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo.  (21)  Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.  (22)  Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios;  (23)  y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. (24) Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba,  (25)  para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. (26) De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. (27) Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. (28) Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas. (29) ¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Hacen todos milagros? (30) ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?  (31)  Procurad, pues, los dones mejores. Más yo os muestro un camino aún más excelente: [El amor, 1 Co. 13].

Efesios 4:11-16: Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, (12) a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, (13)  hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;  (14)  para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, (15)  sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, (16)  de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.

 

Quedo a tu disposición en lo que esté en mi mano ayudarte.

Afectuosamente en Cristo.

Bendiciones

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 


Referencias bibliográficas

* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

Abreviaturas:

AT = Antiguo Testamento
NT = Nuevo Testamento

Las abreviaturas de los libros de la Biblia se corresponden con las establecidas en las biblias Reina-Valera, 1960.

Diccionario Strong

(1) G652 (derivado de G649): apóstolos (ἀπόστολος): de G649; delegado; específicamente embajador del evangelio; oficialmente comisionado de Cristo [«apóstol»] (con poderes milagrosos):- apóstol, enviado, enviar, mensajero.
G649: apostélo (ἀποστέλλω): de G575 y G4724; poner aparte, i.e. (por implicación) enviar (propiamente en una misión) literalmente o figurativamente:- devolver, enviar, mandar, meter, poner.

(2) G1985: epískopos (ἐπίσκοπος): de G1909 y G4649 (en el sentido de G1983); superintendente, i.e. oficial cristiano a cargo general de una (o la) iglesia (literalmente o figurativamente):- obispo.

(3) G1249 diákonos (διάκονος): probablemente de un obsoleto διάκω diáko  (hacer mandados; Compare G1377); ayudante, i.e. (generalmente) mesero (a la mesa o en otros quehaceres domésticos); específicamente maestro cristiano y pastor (técnicamente diácono o diaconisa):- diaconisa, diácono, ministro, servidor, siervo, sirviente.

Bibliografía consultada

Frank A. Viola, Marzo 1997: Rehaciendo los nuevos odres. La práctica de la Iglesia del N. T.

Frank A. Viola, Enero 1998: ¿Quién es tu “cobertura”? Una Mirada Fresca al Liderazgo, Autoridad y la Responsabilidad Legal.

Frank A. Viola, Septiembre 2000: Así pues, ¿quieres comenzar una iglesia en la casa? En búsqueda del nacimiento de una Ekklesia.

 

 

 

 

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