Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Miscelánea

 

¿Por qué hay tantos suicidios?

 

 

Versión: 12-05-12

 

Carlos Aracil Orts

1. Introducción*

Creo que nunca se me hubiera ocurrido abordar un tema tan controvertido, delicado y complejo como es el suicidio, si la estimada hermana Claudia no me lo hubiera pedido expresamente:

Apreciado Carlos Aracil, reciba un fraternal saludo en Cristo Jesús.

Gracias por cada uno de sus comentarios y explicaciones de la Palabra. Han sido realmente edificantes para mí.
Hoy, le escribo para obtener información acerca del suicidio, qué sucede con los creyentes y no creyentes que toman esta decisión, si bien la Biblia no habla de este asunto en especifico si quisiera saber doctrinalmente que postura se puede tomar.
Gracias por su colaboración y disposición para explicar y enseñar a la luz de la palabra.
Cordial Saludo,
Claudia

Aunque en la Biblia existen varios casos de suicidio, –como por ejemplo, el del rey Saúl (1ª Samuel 31:4), Ahitofel, el conspirador contra el rey David, (2ª Samuel 17:23), y el caso del NT muy conocido, Judas, el traidor, que entregó a Jesús (Mateo 27:5; Hechos 1:18)– es cierto que no trata este espinoso asunto de forma específica.

Además, a mi me gusta tratar casos concretos que preocupan a unas personas determinadas,  que me consultan para aclarar sus dudas o para encontrar más sentido a la vida. ¿De que sirve hablar en general? ¿A quién ayuda? Teorizar sobre cualquier tema es una buena tarea intelectual, que hasta puede ayudar a aportar soluciones a determinados problemas. Pero, debido a la brevedad de la vida, tenemos que ser pragmáticos, y tratar de atacar o contrarrestar el mal, donde se encuentre, con el bien.

Intentaré explicarme. Lo que quiero decir es que, como en todo, es mejor prevenir que lamentar. Todos hemos pasado o pasaremos por momentos muy duros, difíciles, en los cuales podemos dejar de apreciar el don de Dios tan maravilloso que es la vida. Sin duda hay muchas circunstancias en la vida que nos pueden llevar a una situación extrema en la que no deseemos seguir viviendo.

Existen multitud de situaciones angustiantes en este mundo, que parece un valle de lágrimas a veces; y, quizá, tantas formas de reaccionar ante la adversidad como diversidad de personas existen. Por eso, nadie puede ni debe juzgar, por no disponer, en la mayoría de los casos suficiente conocimiento de las causas que han llevado a una persona al suicidio, pues depende mucho de su ideología, creencias, personalidad, etc. No podemos saber, por tanto, como juzgará Dios a los que hayan cometido ese tremendo pecado que atenta contra la vida, que es algo que no nos pertenece. Y tampoco nos corresponde a nosotros saberlo, ni podemos.

En lo que sigue a continuación, vamos a hablar de las causas más frecuentes de suicidio que se nos ocurren, y así como, formas de prevenirlo. Pero todo enfocado desde el punto de vista de un creyente cristiano.

2. Causas más frecuentes de suicidio

Aunque, desgraciadamente, existen muchas causas y situaciones sumamente negativas que lo pueden provocar, el desencadenante del suicidio, siempre dependerá del factor personal, de las defensas e instrumentos que cada persona tenga para enfrentarse al mismo. En primer lugar, Dios ha dotado a los seres humanos de un fuerte instinto de conservación o de supervivencia para preservación de la vida. Por tanto, para que un suicidio se lleve a cabo, dependerá de la forma que reaccione cada persona ante las circunstancias negativas externas e internas que le afectan.

Quiero decir, que unas personas están más capacitadas que otras para resistir el sufrimiento. Unas son más fuertes y otras más débiles, y no estoy hablando solo del ámbito físico, sino esencialmente del psíquico, de las experiencias positivas y negativas que hayan ido formando, el psiquismo, carácter y personalidad, de una persona desde la cuna, pasando por la niñez, adolescencia, edad adulta, madura y vejez. En cada etapa, es diferente, y se tienen unas motivaciones o fuerzas, capacidades y resistencias distintas.

Entre las causas más frecuentes que se me ocurren, –pues voy a referirme a ellas solo desde mi experiencia personal, sin recurrir a estadísticas o datos que en este momento no dispongo y que creo que no son absolutamente necesarios para el fin que me propongo en este articulo– están el consumo de alcohol y drogas, las enfermedades físicas y las psíquicas, los conflictos familiares y fracasos entre parejas, la falta de autoestima o el sentirse poco apreciado por los demás, las dificultades de subsistir sin ningún tipo de medios económicos y sin perspectiva de encontrar empleo, y también, fuertes sentimientos de culpabilidad por malas acciones, de las que no hemos sido capaces de arrepentirnos y reparar el mal cometido, como el caso de Judas Iscariote.

Sin embargo, en mi opinión, existe un factor común determinante que subyace en gran parte de los suicidios, que es el hastío por la vida misma y el no encontrarle su sentido. O sea no saber para qué se está en este mundo. Una buena parte de las depresiones provienen de llevar una vida insatisfactoria, sin sentido y vacía de contenidos trascendentes. Y esto proviene, fundamentalmente de que la mayoría de las personas, y particularmente los jóvenes viven, es decir, proyectan y planifican su vida de espaldas a Dios, como si Él no existiera, ni contara nada en sus vidas; no teniendo en cuenta que Dios tiene un propósito y un plan para cada uno de los seres humanos.

Si los padres se dieran cuenta de lo importante que es educar a sus hijos no con motivaciones materialistas sino con intenciones y propósitos de hacer la voluntad de Dios y de agradarle a él antes que a sí mismos, se reducirían en un porcentaje muy alto todos los tipos de suicidios. Los jóvenes, entonces, no se drogarían ni tomarían sustancias de ningún tipo que les perjudicaran, ya sea física o psíquicamente.

Si las enfermedades psíquicas como la depresión y otras de tipo  mental son terribles porque impiden gozar de la vida e inclinan a mucha gente al suicidio, no son menos crueles las físicas que se desarrollan con dolor constante y crónico, siendo algunas incapacitantes. Además, muchas de ellas no tienen cura y la única esperanza que tienen los que las padecen es que la muerte acabe cuanto antes con los sufrimientos y con una vida casi vegetativa.

A veces me he espantado al pensar cómo podría sobrellevar una desgracia física como la de quedar tetrapléjico. Recuerdo un caso que se hizo muy famoso en España, del que se hizo la película “Mar adentro”, el de Ramón Sampedro, tetrapléjico durante 30 años, postrado en la cama, necesitando asistencia constante para todas sus necesidades fisiológicas, que gozando de una mente bien equipada, decidió poner fin a su vida en 1998; y como él no podía hacerlo, dada su incapacidad física, recurrió a su amiga, quien le proporcionó,  y le ayudó a beber, el veneno que acabó con su vida. Carecer de movilidad, y además verse incapacitado para valerse por sí mismo, ni para la más mínima y elemental necesidad física es terrible.

Otra cosa que he temido es verme en una situación de pobreza como la que han llegado muchas personas en estos tiempos de crisis que vivimos. ¿No es espeluznante estar desposeído de un techo para guarecerse, no disponer, por tanto, de un sitio para vivir, ni tener dinero para saciar la más elemental necesidad de sustento diario, ni familiares, ni amigos, ni nadie a quien recurrir. ¿Y si se pierde la razón?

Sin embargo, no es necesario, ir a estos extremos tan drásticos, cualquier persona está expuesta a sufrir depresiones, desde una ligera tristeza, pasando por distintos grados y tipos, hasta la más profunda depresión, que te hace ver  todo a tu alrededor cubierto de negros nubarrones. Entonces, para esa persona la vida no tiene sentido, y no puede encontrarlo de ninguna manera.

Como le ocurrió al sabio Salomón, es fácil que el hombre caiga en el desánimo, en la tristeza y en la aflicción de espíritu:

Eclesiastés 2:17-18: Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu. (18) Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí.

3. Cómo prevenir y evitar el suicidio

El enfoque y tratamiento de este tema puede también ser distinto si nos referimos a creyentes o no creyentes. Nuestro punto de vista, como ya advertimos, es el del cristiano, y, por tanto, reconocemos que la vida es un bien sagrado que solo corresponde a Dios darlo o quitarlo, porque Él es el Creador, el Autor de la vida, y le pertenecemos. Los cristianos creemos firmemente que nada es nuestro y menos la vida porque somos administradores y mayordomos de todo lo que Dios nos ha dado, empezando por la vida.

La solución está en la prevención y en la higiene mental. Lo esencial es encontrar el verdadero sentido a la vida. Abandonar las ideas materialistas que nos llevan a la espiral de consumismo, y de afán por acumular riquezas. Rechazar el egoísmo, es decir, el pensar siempre en beneficio propio sin que nos importen nada los demás. Auto-convencerse de la gran verdad que dijo nuestro Señor Jesús: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35), y practicarla con obediencia.

La vida es servicio a los demás y a Dios. Fuera de esto la vida tiene poco sentido, pues es efímera y conlleva, por lo general, más amarguras que goces.

Si no amas y no eres amado te deprimes y la vida no tiene sentido, y este sentimiento te puede llevar a una fatal decisión como el suicidio, que es irreversible.

Por eso es tan importante creer en Dios, pues sin Él nada somos (Hechos 17:25,28). Vivir ajeno al Creador es terrible pues las criaturas somos frágiles y débiles; y hasta el que se crea más fuerte en este mundo puede sentirse desamparado cuando las cosas vienen mal, o cuando llega la desgracia, la enfermedad, la vejez o la muerte.

1 Corintios 10:12-13: Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.  (13)  No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

2 Pedro 2:9: sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio;

Job 12:10: En su mano está el alma de todo viviente, Y el hálito de todo el género humano.

4. Conclusión

En resumen, podemos comprender el suicidio pero nunca justificarlo, pues en la mayoría de los casos, es consecuencia de las propias decisiones que hemos ido tomando a lo largo de la vida. Casi siempre es consecuencia de nuestros errores, y de haber ignorado a Dios. Nadie puede ni debe juzgar a los suicidas. En teoría, me atrevería a decir, que ningún cristiano auténtico, se suicidaría, pues su vida no es suya sino de Dios, y Él nos pedirá cuentas de como la hemos usado –recordemos, por ejemplo la parábola de los talentos (Mateo 25:15-30). O bien, los siguientes pasajes:

1 Corintios 6:19-20: ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?  (20)  Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

¿Qué podemos hacer los cristianos ante la gran cantidad de suicidios que se llevan acabo en el mundo entero? Solo predicar el Evangelio de salvación, y tratar de llevar luz y consuelo a tantas almas que están confundidas, amargadas, decepcionadas, apartadas y separadas e ignorantes de Dios, y creer firmemente que Dios proveerá siempre la salida para toda situación crítica, “no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra”. (Santiago 1:6)

Romanos 8:28:  Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

La clave para solucionar este problema del suicidio, como tantos otros de falta de valores morales y espirituales en que se encuentra inmersa la sociedad en que vivimos, consiste en conducirnos en toda situación pensando en agradar al Padre celestial y eterno antes que a nosotros mismos, comportarnos coherentemente con la creencia de que Dios existe y nos premiará o castigará según nuestros actos. Y, sobre todo, obedecer y creer en el Evangelio de la salvación por Gracia como una norma de conducta y de vida.

 

 

Quedo a su entera disposición para lo que pueda servirle.

Afectuosamente en Cristo.

Bendiciones

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 


Referencias bibliográficas

* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

 

 

 

 

 

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