Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Miscelánea

 

¿Resucitó Jesucristo en espíritu?

 
Versión: 29-02- 2012

 

Carlos Aracil Orts

1. Introducción*

Este estudio bíblico es continuación de uno anterior, titulado “¿Podemos  confiar en la veracidad de los Evangelios?”. Mediante ambos estudios, he pretendido dar respuesta a los interrogantes planteados por mi amigo Alfonso en su artículo titulado “Enigmas en torno a la resurrección de Jesucristo”, que también se ha publicado en esta Web a su petición. Lo cual he hecho muy gustoso, aunque no comparta todo lo que se expresa en el mismo, ni todas sus deducciones y planteamientos, porque me parece interesante y está tratado de forma seria, y sustentado en los textos bíblicos que se refieren al evento histórico más importante no solo para los cristianos sino también para toda la humanidad.

La doctrina de la resurrección de los muertos, cuando Jesucristo aparezca en gloria en el cielo (1ª Tesalonicenses 4:13-18), al final de este mundo, está fundamentada en la resurrección de Jesucristo. Él fue, y sigue siendo, hombre verdadero, aunque perfecto y sin pecado, por ser engendrado del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María (Mateo 1:20-25; Lucas 1:31-37), que vivió y murió como tal al ser crucificado, resucitando al tercer día (Mateo 27:50,60; 28:5,6; Marcos 15:37; 16:6; Lucas 23:46; 24:3,6; Juan 19:30; 20:17).

La bienaventurada esperanza de los cristianos, las buenas nuevas de salvación en Cristo que predicamos tienen su esencia y se vinculan totalmente al hecho histórico de que Cristo “resucitó de los muertos”, apareciéndose “a Cefas, y después a los doce. (6) Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. (7) Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; (8)  y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí” (1ª Corintios 15:5-8). De ahí que el apóstol Pablo haga tanto énfasis en la realidad de este evento:

1ª Corintios 15:13-20: Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. (14) Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. (15)  Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. (16)  Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; (17)  y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. (18)  Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. (19)  Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres. (20)  Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.

Según me parece entender, el artículo citado de mi amigo Alfonso no pone en duda, no cuestiona el hecho mismo de la resurrección de Cristo sino la creencia tradicional y bíblica de que Jesucristo resucitase con un cuerpo material o físico. Pero mejor es que leamos unos párrafos de sus propias palabras:

“Pablo no nos aporta detalles de la resurrección de Jesucristo, pero habla de ella como  modelo (1ª Corintios 15: 16 – 23) de la resurrección final de los justos, y de esta última afirma:

“Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, […] lo que siembras NO ES el cuerpo que ha de salir, […] Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. […] la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, […]” (1ª Corintios 15: 35 – 50, versión Reina Valera 1960).

“Aquí tenemos un dato fundamental: Pablo afirma que se resucita con un cuerpo distinto al que se enterró. Se entierra un cuerpo “animal”, pero se resucita con un cuerpo “espiritual”. Lo mismo dice el autor de 1ª Pedro: “Porque también Cristo padeció […] siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1ª Pedro 3: 17) Jesús por tanto resucitó con un cuerpo espiritual, no físico, y ello nos lleva a poner en duda la veracidad de los pasajes que presentan a un Jesús resucitado de carne y hueso.”1  (Alfonso Baeza Parra).

Por tanto, en lo que sigue de este estudio bíblico presentaré desde mi perspectiva, lo que creo que se ajusta más a lo que Dios nos ha revelado en su Palabra. Para ello, será necesario investigar los conceptos de vida y muerte, y alma y espíritu desde el punto de vista de la Biblia, y no de la filosofía o ciencia.  Pero, realizándolo con mucha humildad, reconociendo que “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre…” (Deuteronomio 29:29). Además, siguiendo el consejo de San Pablo de “no pensar más de lo que está escrito” (1ª Corintios 4:9):

1ª Corintios 4:5, 6: Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios. (6)  Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros.

2. ¿Qué es la vida humana, el espíritu y el alma?

El concepto de vida humana de nuestra sociedad actual proviene de sus raíces culturales que se encuentran en la antiquísima cultura griega. Los filósofos, mucho antes de Platón (ca. 428 a. C. – 347 a. C.), pero, especialmente, a partir del mismo, han concebido la vida de los seres humanos como formada por dos partes: una física, el cuerpo –la parte material y visible-  y otra espiritual e invisible, el alma, que es lo que proporciona la vida al cuerpo material. Platón creía que el alma es inmortal, que transmigra de un cuerpo a otro, principio vital de los seres y del conocimiento, y llega a identificarla con la mente o intelecto.

Esta concepción platónica del dualismo del ser humano, formado por un cuerpo mortal unido con un alma inmortal, ha impregnado poderosamente nuestra cultura occidental. Se haya, pues muy extendida la idea, de que el alma, que se considera encerrada en el cuerpo, encuentra la libertad con la muerte, cuando se despoja del cuerpo que la contenía. Esta creencia, que nace de la filosofía griega, considera al alma inmortal porque como principio vital tiene vida consciente en si misma con independencia del cuerpo que la contiene. Esta concepción ha arraigado de tal manera en la historia humana que la mayoría del cristianismo la ha asumido.

Esta doctrina, pues, sostiene que las personas cuando fallecen, solo muere su parte física, material o cuerpo, que evidentemente queda en la tumba, se corrompe y se convierte en polvo finalmente. En cambio, su parte espiritual o alma, no muere, puesto que es inmortal. Además, se pretende que posee vida consciente propia y autónoma, que le permite viajar hasta el cielo para gozar de la compañía de Dios, o al infierno a sufrir los tormentos reservados para Satanás y sus demonios. Esto desde la perspectiva del cristianismo tradicional y clásico.

Sin embargo, también, hoy día, existen muchas religiones y creencias no cristianas que defienden la inmortalidad del alma, pero que ésta necesita reencarnarse multitud de veces en distintos tipos de cuerpos, para que a través de muchas vidas, y al final de no se sabe cuantos ciclos de vida y muerte, y nuevas reencarnaciones, se alcance la purificación total.

La creencia de la inmortalidad del alma es, pues, muy popular y está muy extendida por todo el mundo. Reconocemos, desde el pensamiento cristiano, que es muy consolador pensar que uno, cuando muere, al despojarse del cuerpo,  asciende inmediatamente al cielo para vivir una vida gloriosa con Dios; y, también, que nuestros seres queridos que murieron están con Él, y que pueden aun comunicarse con nosotros, o que, incluso, interceden desde el cielo como enseña el catolicismo. Millones de católicos, evangélicos, y hasta musulmanes creen en esta doctrina de que el alma es inmortal. La iglesia Católica, además enseña que existe un lugar intermedio, llamado “Purgatorio”, que no es el infierno, ni tampoco el cielo, donde las almas van para purificarse un cierto tiempo, y ser preparadas para la posterior entrada definitiva en el cielo.

Concepto bíblico de la vida humana

Sin embargo la doctrina de la inmortalidad del alma es totalmente ajena al concepto bíblico del ser y de la vida humana, y de ninguna manera puede inferirse ni sustentarse amparándose en la Revelación divina.

La creencia de que el espíritu o alma tiene vida consciente después de la muerte, no está respaldada por la Biblia, y es incongruente con la doctrina de la resurrección, la que sí es claramente expuesta en ella.

Debemos, pues, desprendernos de la gran influencia ideológica de nuestra cultura, de la tradición histórica de la iglesia cristiana, y de todo prejuicio que nos impida analizar imparcial y fríamente lo que la Palabra de Dios enseña. Empezaremos por estudiar, primero, si la Biblia apoya la idea de que el ser humano esté compuesto de cuerpo y alma o cuerpo más espíritu; segundo, si la Biblia enseña que espíritu es igual a alma; tercero, si el espíritu o el alma tienen vida consciente después de la muerte; y por último, si, además, esta vida necesariamente ha de ser inmortal como creen la mayoría de las denominaciones cristianas.

¿Es el ser humano, acaso, cuerpo físico –materia- más algo que no sabemos qué es y que solemos llamar espíritu o alma?

Coincidimos con el magnifico escritor José María Cabodevilla (1928-2003)2, en que el ser humano es algo más que la suma de cuerpo y alma o espíritu3:

“Pero, al hablar de «resurrección de la carne» desde el punto de vista cristiano, sólo se puede decir que es una metonimia (del todo y de sus partes) en un sentido impropio, porque el cuerpo no constituye «una parte del hombre».

“¿Cuerpo y alma? ¿Cuerpo y espíritu? El hombre –según José María Cabodevilla, y con él, buena parte de los teólogos y biblistas contemporáneos– no es una «suma» de cuerpo y espíritu, sino una «totalidad indivisible»: un todo, al que llamamos «espíritu» porque posee tal «interioridad» que desborda la realidad «físico-biológica», y lo llamamos «cuerpo» en cuanto que ese mismo todo resulta visible, localizable, histórico.

“Más aún, para el cristianismo, el cuerpo pertenece a la definición misma del «espíritu humano»: el espíritu es «humano» porque está encarnado, porque es corporal. El hombre no «tiene» cuerpo, «es» cuerpo: todo él «es cuerpo», lo mismo que todo él «es alma»4 Por eso, el mensaje de los Evangelios (a diferencia de la filosofía griega) nunca menciona la «inmortalidad del alma». Pero confiesa su fe en la «resurrección de los muertos», es decir, su fe en que «el hombre, como entidad completa, resucitará».5

El ser humano es un alma viviente.

¿Cómo nos dice Génesis que Dios formó al hombre?

Para tratar de comprender lo que es la muerte, debemos analizar primero como formó Dios al ser humano, es decir, en que consiste la vida.

Génesis 2:7: Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.

Dios pudo haber creado al hombre de la nada. Sin embargo, el pasaje citado se encarga pedagógicamente de enseñarnos que Él nos creó a partir del “polvo de la tierra”, para mostrar la materialidad que nos constituye, la cual solo llega a convertirse en un ser viviente cuando Dios le insufla su “aliento de vida”. Otras versiones de la Biblia se acercan más a la literalidad del texto original cuando traducen la última parte de este texto como sigue: “...y fue el hombre un alma viviente.” (NRV 2000, BTX, KJV, N-C, SRV 2004, etc.)

Eso mismo afirma San Pablo en su primera carta a los Corintios:

1ª Corintios 15:45: “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.”

En la creación por Dios del primer ser humano, observamos que el ser humano, todo él es material o físico, porque fue formado por Dios del “polvo de la tierra”. Sin embargo, no hubo vida en él hasta que Dios la insufló o “sopló en su nariz aliento de vida”, es decir, el principio vital, que sólo Él puede crear. Solo Dios puede dar vida, porque es el Autor de la vida (Hechos 3:15). Ni el cuerpo humano ni el alma o espíritu tienen vida consciente en sí mismos sino el ser vivo que resulta al ser transformada la materia por el poder creador de Dios. El ser humano, no tiene un alma o un espíritu, sino que es un alma y un espíritu.

Pues bien, en mi opinión y en este contexto, el espíritu (del griego Pneuma = aliento, espíritu) representa la vida que solo Dios puede dar. El espíritu es, pues, ese hálito de Dios, ese poder que sólo el Creador posee, que consiste en dar vida a algo que no la tiene o que está muerto, y que hace que todo el cuerpo se ponga en funcionamiento apareciendo lo que denominamos vida, capaz de sentir y pensar. Por poner un ejemplo muy conocido, el cuerpo humano sin vida se equipararía a una lámpara que dispone de todos los elementos para dar luz (que no esté fundida por supuesto), y que emana luz sólo cuando la corriente eléctrica pasa por ella. La corriente eléctrica o la chispa que enciende la lámpara equivaldría al espíritu, o aliento que da vida al cuerpo inanimado que es la bombilla; y solo cuando se unen indivisiblemente, forman la luz, o sea la vida, el ser viviente, capaz de pensar y sentir, el alma viviente. Nada por separado tiene luz ni vida.

El aliento de Dios que produce la vida es una energía que sólo tiene Dios, pero no forma la vida consciente hasta que se une con la parte física, el cuerpo humano. Por tanto, cuando uno muere, lo que ocurre, es que los órganos del cuerpo, ya no son capaces de canalizar la vida que Dios insufló mediante su aliento. Y este aliento o espíritu vuelve a Dios que lo dio como lo que es, sólo una energía, que partió del Creador, y que regresa a Él como el Dador de la vida (Eclesiastés 12:7).

Eclesiastés 12:7: “y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.”

Cuando el espíritu o el hálito vuelve a Dios que lo dio, la persona, sencillamente, deja de existir, por tanto, no tiene ninguna consciencia de nada, el alma ha muerto, porque ya no dispone del espíritu, y éste pertenece a Dios, y no es una entidad pensante, sino sólo el principio de vida o hálito de Dios. En ningún lugar de la Biblia se prueba que el espíritu del ser humano sea una entidad consciente separada del cuerpo físico.

Génesis 3:19: Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.

Salmo 104:29: “Escondes tu rostro, se turban; les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo,”

Eclesiastés 3:19-21: Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. (20)  Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo. (21) ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?

Las palabras “alma” y “espíritu” en los idiomas de la Biblia


Antiguo Testamento

Nuevo Testamento

 

Idioma Hebreo

Idioma Griego

Idioma Español

Nephesh

Psijé

Alma

Ruach

Pneuma

Espíritu, aliento de vida

Estas palabras originales de las que proceden alma y espíritu, en la Biblia nunca tienen la connotación de eternidad, como veremos más adelante (Ezequiel 18:4: “[…] el alma que pecare, esa morirá”. etc.). Por otro lado, dichas palabras, alma y espíritu, frecuentemente, se refieren a la persona entera, o a la naturaleza emocional o afectiva, intelectual y espiritual del ser humano, donde, a veces, se toma la parte por el todo.

El hombre (cuerpo + espíritu o aliento de vida) como ser viviente es un alma porque tiene vida. Alma significa vida. Nada por separado es vida. La vida humana no existe sin el cuerpo. Aunque, en cuestiones religiosas, no siempre es posible coincidir con la ciencia, en este caso, parece ser que este concepto coincide con el científico de que el ser humano es una unidad psicosomática (psique =alma, soma = cuerpo). La psique (que viene, claramente, del griego Psijé) no puede existir sin el cuerpo. No puede formarse y desarrollarse en un cerebro humano sin vida. El aliento de vida, proporciona la vida al cuerpo, pero no es vida consciente en sí mismo. No se trata, pues, del espíritu, como algo que tiene vida en sí mismo, y por tanto, consciencia. Otra cosa son los seres celestiales, como los ángeles, que son espíritus puros, es otra forma de vida que no tiene un cuerpo material como el que conocemos, hasta donde se nos ha revelado, aunque sabemos que son capaces de hacerse ver a los humanos, materializándose en diversas formas.

Por otra parte, desde mi conocimiento no científico, y creo que también lo corroboran los científicos, corríjanme si no es así, que la vida que conocemos no es concebible sin materia. Un tipo de vida inmaterial como es la vida de los espíritus ya sean ángeles o demonios no es imaginable para los seres humanos, puesto que no conocemos la vida sino a través de la materia. En mi opinión, desde mi bagaje cultural, creo que la ciencia admite y reconoce la existencia de vida aún en la más pequeña partícula material, como puede ser una molécula, célula o bacteria. Aunque estas formas inferiores de vida sean tan ínfimas que no son visibles sino a través de un microscopio que aumente su tamaño y dimensiones cientos o miles de veces, están compuestas de elementos químicos que sin duda son materiales. Sin embargo, la vida no está en la materia sola sino que hay algo más que es lo que la anima, algo que la hace pasar de materia inerte a viva.

Los muertos nada saben ni pueden comunicarse con los vivos

¿Hay algún tipo de consciencia después de la muerte en el espíritu o en el alma? o ¿Piensan o sienten, sueñan, tienen algún tipo de vida los que han muerto?

A lo largo de toda la Biblia se desprende el concepto de que no hay vida humana fuera del cuerpo. Hay multitud de textos que equiparan la muerte como un sueño en el sentido de un estado de inconsciencia total, de los cuales, por no extenderme demasiado, citaremos sólo los siguientes:

Eclesiastés 9:5-6: “5 Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. 6 También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.

Salmo 146: 4:“4 Pues sale su aliento, y vuelve a la tierra; En ese mismo día perecen sus pensamientos.”

Los muertos no piensan, no sienten amor, no sienten nada, están totalmente inconscientes, no pueden, tampoco, intervenir en los asuntos humanos, porque no tienen vida. Su hálito o espíritu fue a Dios, está en la memoria de Dios, pero ese espíritu no es más que energía que pertenece a Dios, y no puede tener conciencia de nada. Nuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Col. 3:3,4; 2ª Timoteo 1:12: “...Y  estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.).

3. Sin la resurrección corporal no hay ningún tipo de vida humana consciente después de la muerte.

La Biblia identifica a la muerte  como un sueño

En Juan 11:11-14, Jesús se refiere  a Lázaro como que duerme cuando en realidad estaba muerto. A propósito, me pregunto, ¿Estaba el espíritu o alma de Lázaro conscientemente gustando anticipadamente los goces y bienaventuranzas celestiales en compañía de Dios y los santos ángeles? Si así hubiese sido, al ser traído por Cristo de nuevo a la existencia carnal, habría sido un duro golpe para él. Y podría contar grandes cosas, quizá diría que había visto a Dios mismo, o a Moisés o Elías o quizá Enoc. Sin embargo, él, simplemente, despertó a la vida (estaba muerto y Cristo le devolvió la vida), siendo su experiencia o teniendo los mismos conocimientos cuando resucitó que tenía en el último instante cuando expiró, o exhaló su espíritu a Dios.

La Biblia relata la vida de tres personajes, Moisés, Elías y Enoc que viven en el cielo no en espíritu sino corporalmente.

Una prueba más de que sin el cuerpo no existe la vida para el ser humano, es el hecho de que los citados personajes bíblicos –Moisés, Elías y Enoc- están viviendo en el cielo, con cuerpos semejantes a los que los salvos recibirán en la venida del Señor.

Moisés, cuya muerte se relata en Deuteronomio 34:5-7, fue resucitado por Dios, pues así parece desprenderse de la revelación que recibió el apóstol   Judas (NT): Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda”. (Judas 1:9).

¿Por qué iba a disputar el arcángel Miguel el cuerpo de Moisés si la resurrección fuera espiritual?

Es evidente que Dios no necesitaba partir de la materia prima, más o menos descompuesta, del cuerpo de Moisés para poder resucitarle. La resurrección es una recreación, un dar de nuevo la vida a la materia inerte. En el caso de Lázaro, y otros muchos resucitados milagrosamente, simplemente, se restaura su cuerpo ya descompuesto a la vitalidad que tenía anteriormente, y se le devuelve la vida que había perdido.

Sin embargo, en la resurrección final se produce una auténtica transformación del cuerpo carnal en otro incorruptible, como analizaremos más tarde (1ª Corintios 15:51,53-54). El cuerpo de Moisés que disputaba el arcángel Miguel al diablo, representa en realidad la vida de Moisés, que el diablo reclamaba aduciendo que la paga del pecado es la muerte y, por tanto, no le correspondía volver a la vida porque había pecado (Romanos 6:23). A eso, que es totalmente cierto, se aferraba el diablo para no ceder el cuerpo de Moisés. El diablo no quería reconocer o admitir que Jesucristo al morir en la cruz, nos dio el derecho a todos los que aceptemos su sacrificio, a recibir nueva vida mediante la resurrección. La muerte fue vencida con la muerte de Jesús (1ª Corintios 15:54-57). Y por ese motivo, fue posible que el cuerpo de Moisés, es decir, su vida -el cuerpo sin vida no sirve para nada- fuese rescatada de la muerte.

Por tanto, se vuelve a confirmar, que en las Sagradas Escrituras, el ser humano no es la unión de un cuerpo mortal con un alma inmortal, sino que todo él es cuerpo, todo él es alma, y todo él es espíritu, el cual resucitará, volverá a vivir como una entidad única e indivisible corporalmente.
 
En el momento de la muerte de Jesús en la cruz, y pocos instantes después de su resurrección se produjeron importantes eventos que son relatados en el Evangelio de san Mateo para nuestra edificación, para que mantengamos firme la fe en la futura resurrección en gloria de los santos en el fin del mundo. Veamos Mateo 27:50-53 (véase además Isaías 26:19; Ezequiel 37: 1-14):

Mateo 27:50-53:Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.(51) Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; (52)  y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; (53) y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.

Esta resurrección que se produce poco después de la de Jesús, y casi simultáneamente con ella, es un modelo de lo que ocurrirá en la Parusía de nuestro Señor al fin del tiempo. Los cuerpos toman vida, y salen de los sepulcros, o de donde se encuentren. Son restaurados, recreados, y vuelven a vivir; en este caso, suponemos que la restauración no es gloriosa como la que se producirá en la segunda venida en gloria de Cristo, pero también podría haber sido la definitiva, y todos estos resucitados serían las primicias de la obra redentora de Cristo, y ahora estarían gozando con Dios en el Paraíso celestial.

El mismo Jesucristo anunció la resurrección de los muertos:

Juan 5: 28-29 (Cf. Hechos 24:15): “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación."

Los casos de Enoc y Elías son claros ejemplos de lo que les ocurrirá a los santos que vivan en la Parusía de Cristo. Sus cuerpos mortales, antes de su ascensión al cielo, no son convertidos en espíritus sino que son transformados en cuerpos gloriosos. Elías (2ª Reyes 2:1-11; Mateo 17:3; Marcos 9:4; Lucas 9:30) y Enoc (Génesis 5:24; Hebreos 11:5; Judas 14) fueron arrebatados a la manera que lo serán los creyentes vivos cuando Cristo regrese, pero todos viven en el cielo con un cuerpo transformado, no son espíritus puros.

Génesis 5:24: Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios.
 
2ª Reyes 2:11: Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino.
 
Hebreos 11:5: Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.
 
Mateo 17:2-5: y [Jesús] se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. (3) Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. (4)  Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. (5) Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.

La Biblia no cesa de identificar la muerte con un sueño, como para convencernos de que se trata de un periodo determinado provisional, hasta la venida de Jesús, en el que los que mueren duermen el sueño de la muerte, es decir, dejan de vivir hasta la resurrección, y así lo confirma Pablo en el siguiente texto:

1ª Tesalonicenses 4:13-17: Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. 14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. 15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

La única esperanza de vida después de la muerte: la resurrección.

Si no hubiese esperanza en la resurrección porque Cristo no hubiese resucitado ¿Qué esperanza tendrían de volver a vivir los que durmieron en Cristo?

Pablo contesta en 1ª Corintios 15: 18: “Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron.” El apóstol expresa con claridad que la única esperanza del ser humano de volver a vivir está en la resurrección.

¿En qué momento volvemos a vivir?

1ª Corintios 15:23:”Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de cristo, en su venida.

1 Tesalonicenses 4:15: “Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

¿Cuándo esperaba recibir Pablo la corona de justicia, en el momento de morir o en la venida del Señor en gloria?

Respuesta: en aquel día cuando cristo venga  (2ª  Timoteo 4:6-8)

2ª  Timoteo 4:6-8: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. 7 He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. 8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. "

Filipenses 3:11: “Si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos”

La única esperanza de vida después de la muerte para el cristiano es participar en la primera resurrección cuando aparezca Cristo en gloria.

¿Dónde están los seres humanos de todas las edades cuando son llamados por Cristo en su venida? ¿Están en el cielo, en el infierno o en los sepulcros?

¿Cómo es llamada la primera resurrección?

Juan 5: 28-29: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación. “

Daniel 12:2: “2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.”

Obsérvese, que la Palabra de Dios indica claramente que los seres humanos muertos “están en los sepulcros” (Juan 5:28), o “en el polvo de la tierra” (Daniel 12:2). Cristo cuando viene, no los llama al cielo, ni al infierno sino que ellos oyen su voz cuando están en el único sitio que podían estar, es decir, el sepulcro, donde Cristo previamente los “despierta” a vida mediante la resurrección.

Por otro lado, nótese que la primera resurrección es llamada “de vida”, contrastando con la segunda que es para condenación y muerte. Los de la segunda resurrección o sea, los no salvos, están destinados, no a una existencia de suplicio eterno sino claramente, a “la segunda muerte”.

Sólo los que duermen en Cristo son despertados a la vida eterna. Pero el destino de los malvados es la muerte segunda: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. (Apocalipsis 21:8).

La Biblia dice que sólo hay uno inmortal: Dios.

¿Es el alma o espíritu inmortal? ¿Puede morir el alma?

Ezequiel 18:4: “....El alma que pecare, esa morirá”

Los seres humanos obtenemos la vida eterna como un regalo de Dios cuando creemos, pero hasta la resurrección no se materializa o se concede la vida eterna. “...Yo le resucitaré en el día postrero. (Juan 6:40; ver también: Juan 6:54; Romanos 6:23; 2ª Timoteo 1:10). Por tanto, muerte que es lo contrario de la vida, no significa muerte del cuerpo, y vida para el espíritu, sino muerte del ser entero, pues ya hemos visto que no hay vida fuera del cuerpo, ni se vuelve a vivir hasta la resurrección.

1ª Timoteo 6:16: El único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.”

La vida y la inmortalidad se obtienen por el Evangelio, aceptando a Cristo, como nuestro Salvador personal (Juan 6:40, 54). O bien recibimos el don de la vida eterna o la paga del pecado que es la muerte, la Escritura no da otras opciones (Romanos 6:23).

¿Es el espíritu o alma eterno y consciente, después de la muerte, por creación?

Si el alma es eterna por creación ¿por qué, en 1ª Juan 5:12: “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al hijo de Dios no tiene la vida”, se da como condición para obtener esta vida eterna la de ser creyente en Jesús? Por esta declaración se afirma claramente que mientras los creyentes alcanzan la vida eterna, los incrédulos, sin embargo, no obtienen ningún tipo de vida.

Si el alma no puede morir, y existe el infierno de tormento eterno sin que nunca se acabe o se destruya la vida ¿Cómo es que Jesús habla de aquel que puede destruir  el alma y el cuerpo en el infierno?

Mateo 10:28: “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”

4. ¿Resucitó Jesucristo en espíritu o con un cuerpo espiritual?

Conocemos, porque así se nos ha revelado que Dios es Espíritu (Juan 4:24) y los ángeles son espíritus (Hebreos 1:14). Ya hemos visto al principio de este estudio que “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre…” (Deuteronomio 29:29). Además, el apóstol San Pablo nos amonesta a “no pensar más de lo que está escrito” (1ª Corintios 4:9), porque lo que ahora es un misterio no se desvelará hasta la resurrección, y tendremos toda la eternidad para gozar de la ciencia de Dios. Qué son exactamente seres espirituales como los ángeles no lo sabemos. La Biblia dice que son siervos de Dios (Apocalipsis 19:10) y “espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación” (Hebreos 1:14), y superiores al hombre (Hebreos 2:9). Al parecer, son inmateriales, y por tanto, el ojo humano no es capaz de percibirlos si ellos no se materializan de alguna manera. Y Jesucristo afirmóque “un espíritu no tiene carne ni huesos” (Lucas 24:39).

A la pregunta de los saduceos sobre cuál de los siete maridos que había tenido una mujer en esta vida, le pertenecería en la resurrección, Jesucristo responde: “Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos”. (Marcos 12:25). Esta revelación de Jesucristo se repite casi con las mismas palabras en los Evangelios de Mateo y Lucas. Veamos el contexto y comprobémoslo:

Lucas 20:33-36 (Mateo 22:23-32; Marcos 12:18-27): En la resurrección, pues, ¿de cuál de ellos será mujer, ya que los siete la tuvieron por mujer?  (34)  Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y se dan en casamiento;  (35)  mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento.  (36)  Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección.

Necesariamente tenemos que preguntarnos a continuación, ¿significa esto que los muertos resucitan con cuerpos totalmente espirituales sin un ápice de materia? Si es así ¿qué forma tendrían? Lógicamente, bajo este supuesto, desaparecerían los miembros y zonas corporales, incluso el rostro ¿cómo nos reconoceríamos unos a otros? ¿En qué sentido serán los santos resucitados como los ángeles? ¿Solo en que ya “ni se casarán ni se darán en casamiento” y que “no pueden ya más morir”?

En mi opinión, no sería lógico deducir de los textos citados que los seres humanos mediante la resurrección serán convertidos en seres totalmente espirituales como los ángeles, sino que, entonces, adquirirán algunas características, que antes no tenían, semejantes a las de los ángeles, como es la eternidad y también la no necesidad de la relación de pareja, lo que es inconcebible en el mundo que conocemos, donde la reproducción es vital para la conservación de la especie, entre otras cosas.

Viene, pues, muy a propósito, que el gran apóstol Pablo se formule la pregunta “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?”  (1ª Corintios 15:35) ¿No es éste el misterio que queremos que nos sea desvelado puesto que es imposible imaginar una respuesta plausible desde nuestra racionalidad? Pues bien, todos podemos tener acceso a la revelación de ese misterio, leyendo la Palabra de Dios a continuación:

1ª Corintios 15:36-50: Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. (37)  Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; (38)  pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. (39)  No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves. (40)  Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. (41)  Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. (42)  Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. (43) Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. (44)  Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. (45)  Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. (46)  Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. (47)  El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. (48)  Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. (49)  Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. (50)  Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

Esta es, pues, la clave de la revelación de san Pablo: “Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual” (1ª Corintios 15:44 pp.). Ahora bien, nuestro deseo de saber es insaciable, y si pudiéramos no pararíamos hasta saber ¿cómo será ese cuerpo espiritual que recibirán los santos en la resurrección? No pensemos más de lo que está escrito, y conformémonos en lo que aclara el versículo 49: “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”. Esto quiere decir que todos los santos que resucitarán para vida eterna en la venida de Cristo en gloria serán transformados incorruptibles e inmortales a su misma imagen, o sea con el mismo tipo de cuerpo espiritual glorioso. Cristo, el único ser “celestial” que se ha encarnado tomando verdadero cuerpo humano, ahora, al morir y resucitar con un cuerpo espiritual glorioso, “primicias de los que durmieron es hecho” (1ª Corintios 15:20). Esto confirma que Él es el modelo de ser humano resucitado, “las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida” (1ª Corintios 15:23).

Por eso no podemos dudar, porque Cristo, “las primicias”, resucita con un cuerpo espiritual pero que no pierde en absoluto las características físicas que identifican su humanidad encarnada, y ese mismo tipo de cuerpo es el que recibirán los santos en su venida. Todas sus promesas de vida eterna a los creyentes tienen su fundamento en su resurrección. No tendría ningún sentido que su resurrección fuera como espíritu, pues ello determinaría que también los santos resucitarían en forma de espíritu, con lo que se desvirtuaría totalmente la esencia del ser humano. A esta total semejanza de los cuerpos de los santos que resucitarán con la del cuerpo de Cristo resucitado se vuelve a referir el apóstol Pablo en la carta a los Filipenses:

Filipenses 3:20,21: Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; (21) el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.

Por tanto, el destino de todos los santos, que está totalmente unido al de Cristo, será la glorificación de sus cuerpos transformados a semejanza de la gloria del cuerpo de Cristo. Y cuando hablamos de cuerpos, no nos referimos a estos como partes del ser, sino como la persona entera.

No obstante, seguimos sin poder imaginar lo más mínimo cómo es el cuerpo glorificado de Jesucristo. Solo podemos alcanzar lo que se nos ha revelado, y esto no va más allá de saber que se trata de un cuerpo espiritual. Si entendemos que este “cuerpo espiritual” tiene que ser necesariamente inmaterial e invisible, naturalmente que no podremos comprender su propio testimonio cuando, después de resucitar, Jesús se apareció a sus discípulos, y les dijo: “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:39). Y también nos resultará contradictorio, con nuestra idea preconcebida de “cuerpo espiritual”, lo que le dijo al incrédulo Tomás: “Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mis costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (Juan 20:27).

Muchos son los testimonios que dan los Evangelios de un Jesús resucitado con un cuerpo espiritual pero que es físico también, es decir, que se le puede ver y tocar (véase Mateo 28:9,10; Lucas 24:40-43; Juan 20:16,17, 20; 21:5,12,13).

Mateo 28:9,10: he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. (10)  Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán.

Es obvio comentar que si ellas –María Magdalena y la otra María (Mateo 28:1)- pudieron abrazar los pies de Jesús resucitado es porque el cuerpo espiritual de Jesús era también físico. No me imagino un espíritu con pies, o algo puramente espiritual que pueda abrazarse o tocarse.

Lucas 24:40-43: Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. (41)  Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? (42)  Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. (43)  Y él lo tomó, y comió delante de ellos.
Juan 20:16,17: Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro). (17)  Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.
Juan 20:19,20, 27-29: […] [Jesús] les dijo: Paz a vosotros. (20) Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. […] (27) Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. (28)  Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! (29)  Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.

Jesucristo glorificado tiene manos y pies, boca y aparato digestivo porque pudo comer. Su interés en probar que había resucitado corporalmente y que no era un espíritu es evidente ¿por qué sino Él hizo tanto hincapié en mostrarles sus manos y pies y que era capaz de comer como cualquier ser humano, destacando, especialmente las heridas de la crucifixión, en manos, pies y sobre su costado producida por la lanza del soldado romano? ¿Por qué sus heridas no son simples cicatrices sino que se mantienen, al parecer todavía abiertas sin representar, por supuesto, ningún peligro de infección? Parece evidente la intención de Dios de que por la eternidad no olvidemos las huellas del pecado. Un cuerpo inmaterial, no físico, no mostraría al Universo, por las edades sin fin, que Dios se humilló hasta el extremo de hacerse hombre y morir en una cruz para salvar a la humanidad.

No es nada nuevo que, ante este evento sobrenatural, y tantos otros como son todos los milagros que la Biblia describe, la “alta crítica” siempre trate de encontrarles explicaciones racionales en el orden natural, poniendo a la vez en duda la veracidad de la Revelación bíblica, simplemente porque desde la razón y la ciencia no son admisibles ni explicables.

Para mi querido amigo Alfonso, como buen crítico racionalista que es, no hay misterio bíblico que se le resista, pues basta con negar su existencia y la veracidad de la Revelación para que  el misterio deje de serlo.

“Jesús por tanto resucitó con un cuerpo espiritual, no físico, y ello nos lleva a poner en duda la veracidad de los pasajes que presentan a un Jesús resucitado de carne y hueso.”6  (Alfonso Baeza Parra).

Si la ciencia, con todas sus limitaciones, a través de sus muchas investigaciones, y actualmente por sus grandes avances en la conquista de espacio interestelar, ha conseguido muchos materiales capaces de resistir las más duras agresiones que se conocen, ¿por qué el Todopoderoso y eterno Rey de reyes y Señor de señores no puede transformar la materia corruptible en incorruptible, y quizá hacer que ella tenga también la cualidad de atravesar cualquier objeto material?

Juan 20:19,20, 24-29: Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. (20) Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor. […] (24) Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. (25)  Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.

Juan 20:26-29: Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. (27)  Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. (28)  Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! (29)  Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.

En estos pasajes, el apóstol Juan relata dos ocasiones, separadas por un periodo de tiempo de una semana, en las que Jesús resucitado asistió a la reunión del primer día de la semana (domingo) que estaban teniendo sus discípulos en una habitación con “las puertas cerradas”. El hecho no tiene en sí nada de extraordinario, que Jesús, puesto que  había resucitado asistiera a sus reuniones. Pero, nótese que Juan se encarga de destacar, no sin cierto énfasis, el pequeño detalle de que las puertas estaban cerradas en ambas ocasiones.

¿Por dónde entró Jesús entonces? Si ya era difícil de entender que el cuerpo resucitado de Jesús fuera de una materia incorruptible y eterna, tanto más resulta ahora imaginar que Su corporeidad sea capaz de introducirse en recintos cerrados, a través de elementos sólidos, como las puertas cerradas, paredes o techos.

Antes de tomar el camino fácil de afirmar que aquí alguien está mintiendo, ¿por qué no tratar de ser humilde y pensar que hay misterios que no han sido desvelados porque no son necesarios para nuestra salvación? O ¿Por qué no pensar que “nada es imposible para Dios” (Lucas 1:37)?

Por tanto, los planteamientos netamente racionales usados para desentrañar los relatos bíblicos extraordinarios, sobrenaturales y milagrosos no son adecuados. Puesto que al creyente, Dios le pide fe, y que crea en el milagro más grande, que consiste en que Él mismo se hizo carne en Jesucristo (Juan 3:18,36). Si negamos lo principal y esencial no me extraña que neguemos detalles importantes pero accesorios.
 
Mi amigo Alfonso, una vez que  su “razón”, no su fe en la Sagrada Escritura, le ha conducido a reconocer que Cristo resucitó en espíritu, se vuelve creyente en la misma a fin de sustentar su afirmación, pero esta vez apoyándose ahora en la Palabra de Dios que antes había puesto en duda. Para ello cita el siguiente versículo de la primera Epístola de san Pedro que le viene como anillo al dedo:

1ª Pedro 3:18: Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;

Este pasaje como cualquier otro de la Biblia no se debe interpretar para apoyar conclusiones prestablecidas o preconcebidas, sin antes entender su verdadero significado a la luz de su contexto y de toda la Biblia. Pues nunca una doctrina o verdad puede extraerse apoyándose en un texto aislado. Además,  hay otras muchas versiones de la Biblia que traducen la parte final de este versículo con un significado distinto, solo daremos los ejemplos de las dos Biblias siguientes,

Biblia católica Nácar-Colunga (N-C)

1ª Pedro 3:18: Porque también Cristo murió una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. Murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu.

Biblia Nueva Reina-Valera 1990 (NRV90) 

1ª Pedro 3:18: Porque también Cristo padeció una vez para siempre por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. Fue en verdad muerto en la carne, pero vivificado por el Espíritu.

Está muy claro en estas traducciones de la Biblia que Jesucristo no resucitó en espíritu sino por el Espíritu. No obstante, también trataremos de dar lo que consideramos interpretación correcta a partir de las otras versiones en las que no resulta tan evidente su significado verdadero.  

En nuestra opinión, las también muchas versiones que traducen “muerto en la carne, pero vivificado en espíritu”, con la contraposición de la “carne” al “espíritu”, a la luz de otros pasajes de la Escritura, se pretende presentar los dos estadios de la vida de Cristo: primero, su vida terrenal hasta su muerte, donde es evidente su humanidad, quedando oculta totalmente su divinidad. Segundo, con su ascensión se sienta a la diestra de Dios (Marcos 16:19; Ro. 8:34; Efesios 1:20, etc.), y recupera la gloria que tenía con el Padre antes de su Encarnación, volviendo a mostrar la condición de Ser divino que no había perdido nunca,  que había estado oculta a causa de la debilidad humana, y que es esencialmente Espíritu, porque Dios es Espíritu (Juan 4:24). Por tanto, en su posterior existencia de resucitado se invierten los términos, Él es fundamentalmente Espíritu porque es una Persona divina, aunque mantiene su naturaleza humana transformada, pero sus atributos como Dios, su omnipresencia e infinitud no pueden quedar limitados por el hecho de que haya adquirido una naturaleza humana en su encarnación. Siempre la criatura, lo humano se somete al Creador, lo divino.
 
En este mismo sentido debemos entender el siguiente texto:

1ª Corintios 15:45: Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.

El postrer Adán, Cristo, es  “espíritu vivificante”, porque Él tiene el poder de dar vida, no en su condición humana sino como Dios. Él es ante todo una Persona divina, un Ser espiritual, Dios es Espíritu (Juan 4:24). Por eso, el texto citado contrapone la criatura “alma viviente” con el Dador de la vida (Hechos 3:15), “espíritu vivificante”.

5. Conclusión

Concluimos, por tanto, que el cuerpo de Cristo ha sido glorificado, su materia ha sido transformada en incorruptible, pero no por eso deja de ser material. Y Él “transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya” (Filipenses 3:21). Rechazamos totalmente la hipótesis de que Jesucristo resucitara como un espíritu puro, pues como dice un refrán “para ese viaje no habrían hecho falta alforjas”. Si Jesucristo hubiera resucitado en espíritu, los santos también resucitarían en espíritu. Esto contradice totalmente el concepto mismo de resurrección, que implica volver a vivir pero no con una naturaleza diferente sino como una recreación del ser.

Sobre la resurrección, escribió José María Cabodevilla*7:

¿Se trata de una transformación límite de la materia en energía? La ciencia actual tiene un concepto de la materia sumamente elástico: esta puede ser inconmensurable, imponderable, inextensa. La gran variedad de seres que pueblan el mundo se debe únicamente a la manera de combinarse sus partículas elementales; todo se reduce a estructura. Esos mismos componentes pueden presentarse aquí como corpúsculos y allí como ondas. ¿Como ondas inmateriales? Inevitablemente tendemos a pensar que para que haya ondas tiene que haber algo que ondule, es decir, un soporte o conductor de dichas ondas, lo mismo que hace falta la cuerda vibrante de un violín para que haya vibraciones. La física moderna niega tal necesidad. Koestler desafiaba a sus oyentes a imaginar una vibración de la cuerda pero sin cuerda, una onda de agua pero sin agua, la sonrisa del gato de Alicia pero sin gato. La verdad es que no hace falta que algo sea imaginable para que sea verdad. El grado exigible para que algo pueda considerarse real, para que podamos afirmar que tiene entidad material, ha descendido bajo mínimos. Nada más amplio, nada más flexible y acomodaticio que el concepto actual de materia. Diríamos que la frontera entre lo que llamamos material y lo que llamamos inmaterial se ha hecho no sólo borrosa, sino incluso permeable. (José María Cabodevilla, «El Cielo en Palabras Terrenas»)8

Sin renunciar a pensar sobre el tema de la resurrección, Cabodevilla señala que resulta vano el esfuerzo imaginativo del hombre9.

La materia, sin dejar de ser materia, es asumida en la vida, y la vida, sin dejar de ser vida, es asumida en el pensamiento. En el hombre hay pensamientos, hay funciones orgánicas, y hay una cierta cantidad de carbono, hidrógeno, calcio. ¿No cabría pensar en un nuevo nivel donde todo eso estuviera presente y a la vez transformado? [...] El cuerpo glorioso y el cuerpo terreno son tan diferentes y tan semejantes como un cuerpo terreno y su sombra.

(José María Cabodevilla, «El Cielo en Palabras Terrenas»)10

 

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 


Referencias bibliográficas

* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

1.“Enigmas en torno a la resurrección de Jesucristo” . Alfonso Baeza Parra
2 . http://es.wikipedia.org/wiki/José_María_Cabodevilla
3. http://es.wikipedia.org/wiki/Resurrección
4 . Cabodevilla, José María (1990). El Cielo en Palabras Terrenas (2ª edición). Madrid (España): Ediciones Paulinas.
5 . http://es.wikipedia.org/wiki/Resurrección#cite_note-Cabodevilla-25
6 . “Enigmas en torno a la resurrección de Jesucristo” . Alfonso Baeza Parra
7 . http://es.wikipedia.org/wiki/Resurrección#cite_note-Cabodevilla-25
8 . Cabodevilla, José María (1990). El Cielo en Palabras Terrenas (2ª edición). Madrid (España): Ediciones Paulinas.
9 . http://es.wikipedia.org/wiki/Resurrección#cite_note-Cabodevilla-25
10. Cabodevilla, José María (1990). El Cielo en Palabras Terrenas (2ª edición). Madrid (España): Ediciones Paulinas.

 

 

 

 

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