Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

¿Es eterna la Ley de Dios del Antiguo Pacto?

 

¿Promulgó Jesucristo una nueva Ley?

Versión 19-12-10

 

Carlos Aracil Orts

 

1. Introducción*

Estimado hermano en Cristo, primero de todo, agradezco tus inteligentes preguntas y reflexiones (me tomo el permiso de tutearte) suscitadas por la lectura de mi artículo titulado: “Respuesta sobre la ley a un amigo adventista”. El citado artículo fue publicado en www.amistadencristo.com, y en:
http://apologista.wordpress.com/2010/12/16/carlos-aracil-orts-responde-sobre-la-ley-a-un-adventista/

Estos son tus comentarios que transcribo a continuación:

“¿Significa entonces que Jesús dictó una nueva ley?
¿Podrías explicarme que es lo nuevo en el llamado Nuevo Testamento con relación al Pentateuco? ¿Cambió Dios su palabra con la venida de Jesús?
¿Cuáles son esos cambios y como los encuentro sustentados en la palabra?
¿Es o no eterna la palabra de Dios?
Podría continuar con mis preguntas porque a veces mi ignorancia me vuelve terco.
Infinitas gracias por tu respuesta.

PD: No soy testigo de Jehová, ni sabatista, ni israelita de nacimiento solo quiero conocer algo más de su palabra no de corrientes religiosas o argumentos de hombres.
Bendiciones.”

Me parece muy loable e importante tu deseo de conocer más de la Palabra de Dios y “no de corrientes religiosas o argumentos de hombres.”. Para confirmar si algún escrito sobre la Biblia, es ajustado a la Palabra de Dios o por el contrario, se trata sólo de argumentos de hombres, no hay otro camino que compararlo con la única Revelación de Dios que poseemos: las Sagradas Escrituras. Esto es precisamente lo que vamos a intentar realizar en el cuerpo de este estudio bíblico: trataremos de responder a las preguntas planteadas arriba, con argumentos y razonamientos que tengan siempre respaldos en los textos de la Santa Biblia. Empezaremos por lo último que te preguntas.

2. ¿Es eterna la Palabra de Dios?

Primero de todo, es necesario aclarar lo que entendemos por “la Palabra de Dios”; para lo cual dejaremos que las mismas Sagradas Escrituras lo expliquen. En primer lugar, la Palabra de Dios, es todo lo que Dios ha hablado a su pueblo Israel por medio de los profetas (Hebreos 1:1,2) y la historia de ese pueblo. En segundo lugar, la Palabra de Dios es el Evangelio (1ª Pedro 1:23, 25). En tercer lugar, Cristo es la Palabra de Dios encarnada (Juan 1:1).

Hebreos 1:1,2: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;”  

1ª Pedro 1:23-25: “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. 24 Porque: Toda carne es como hierba, Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; 25 Mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.

También sería conveniente que nos preguntáramos ¿Qué es el Evangelio? Aunque pocos ignoran que el evangelio son las buenas nuevas de salvación por medio de la vida, muerte y resurrección de Cristo. El apóstol San Pablo, lo describe muy bien en 1ª Corintios 15:1-8;12-14:

1ª Corintios 15:1-8: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; 2 por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. 3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; 5 y que apareció a Cefas, y después a los doce. 6 Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. 7 Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; 8 y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.”

1ª Corintios 15:12-14: “Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? 13 Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. 14 Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.

En este sentido el Evangelio fue anunciado por Dios por primera vez a Adán y Eva, cuando les prometió que la cabeza de la serpiente, que simboliza a Satanás sería aplastada por la descendencia de la mujer, la cual es Cristo, por quien obtenemos la victoria sobre Satanás, el pecado y la muerte (Génesis 3:15). Esta promesa evangélica, fue renovada más tarde a Abraham (Génesis 22:18; Cf. Gálatas 3:8,16), el cual es padre de la fe de todos nosotros, los creyentes en Cristo (Romanos 4:16). Ahora bien, necesitamos aprender a recibir la Palabra de Dios, no como palabra de hombres sino como lo que es en verdad: Palabra de Dios (1ª Tesalonicenses 2:13). Su Palabra, que es la Verdad (Juan 17:17), nos hace nacer de nuevo y nos santifica (Juan 3:5; 17:17; Santiago 2:18).

El mismo Jesucristo refiriéndose a todo el Antiguo Testamento dijo: “Escudriñad las Escrituras: porque a vosotros os parece que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;” (Juan 5:39). Y Pablo dijo a Timoteo: “y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. (16) Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia. (17) a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2ª Timoteo 3:15-17). Luego no sólo el Evangelio, o sea, el Nuevo Testamento es Palabra de Dios, sino también lo es todo el Antiguo Testamento: La ley, los profetas y los Salmos como lo solía designar el Señor Jesús (Mateo 22:40; Lucas 16:16,17; 24:44).

La Palabra del Señor permanece para siempre (1ª Pedro 1:23-25)

El evangelio recibe el calificativo de eterno en Apocalipsis 14:6:

Apocalipsis 14:6: “Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo,

Jesucristo dijo:

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” (Mateo 24:35; Lucas 21:33;)

“Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. (Mateo 5:18)

“La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él. 17 Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley.” (Lucas 16:16,17).

¿Qué significado tiene la palabra eternidad o eterno en un mundo perecedero y destinado a la destrucción total?  (2ª Pedro 3:7,10,12)

Los creyentes vivimos por medio de la Palabra de verdad, y puestos nuestros ojos en Jesús el autor y consumador de nuestra fe (Hebreos 12:2), por el cual se cumple la promesa de salvación que Dios anunció a Adán y Abraham, la cual es Cristo: nuestra justicia y nuestra esperanza. “La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, 20 donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. (Hebreos 6:19,20).

Esto quiere decir que mientras no pasen el cielo y la tierra y vivamos en este mundo caído, debemos vivir por fe: “... Mas el justo por la fe vivirá.” (Romanos 1:17). La permanencia de la Palabra de Dios se circunscribe al actual mundo en el que Dios requiere la salvación por medio de la fe. Ahora, nuestra fe se sustenta y se alimenta por la Palabra de Dios, pero en el mundo venidero no será así, allí sólo permanecerá el amor.

Una vez cumplida la promesa de salvación, restaurados “los cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia (2ª Pedro 3:13; Apocalipsis 21:1-6), la Palabra de Dios es cumplida, la fe y la esperanza dejan de ser, y sólo permanecerá el amor que es el mayor de los tres, lo único eterno (1ª Corintios 13:13).

Por tanto, mientras no pasen los presentes “Cielo y Tierra” nada prescribirá de la Palabra de Dios, hasta que todo se haya cumplido en Cristo (Mateo 5:18). Aunque todo el Antiguo Testamento, es también Palabra de Dios, y por tanto, conocimiento necesario “para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús, ...y útil para enseñar, redargüir, corregir, instruir en justicia...” (2ª Timoteo 3:15-17), su vigencia normativa desaparece, excepto en los principios morales en que se fundamenta, es decir, el amor a Dios y al prójimo (véase Mateo 22:36-40), los cuales son eternos por su misma naturaleza.  Por eso afirma Jesucristo: “La ley y los profetas (Todo el AT) eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado...” (Lucas 16:16). Cristo, con su nacimiento, vida y obras y muerte y resurrección, cumple todo lo que estaba anunciado y profetizado de Él en el AT. El AT da testimonio de Él (Juan 5:39). Él mismo lo explica en los siguientes textos de Lucas:

Lucas 24:44-49: “Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45 Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; 46 y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; 47 y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. 48 Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49 He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.”

3. ¿Promulgó Jesús una nueva ley?

La respuesta es no, en un sentido estricto en cuanto a la letra de la ley; los principios morales están todos contenidos en la ley antigua; sin embargo, sí es nuevo el planteamiento con respecto a su espíritu. Jesucristo expuso, en el famoso sermón del monte del capítulo cinco del evangelio de San Mateo, la amplitud, altura y profundidad de la ley, mostrándonos el alcance espiritual de cada precepto. Allí, Él explicó que el cumplimiento de la ley no consistía meramente en ajustarse a sus demandas y prohibiciones, mediante la realización u omisión de actos externos, sino que guardarla implicaba un cambio de corazón, es decir, la muerte del viejo hombre y el nacimiento de una nueva criatura por medio del Espíritu Santo. La voluntad humana, no redimida no podía ir más allá de una observación externa y aparente de la ley. Su cumplimiento, pues, suponía ir mucho más allá, implicando al corazón y mente del ser humano, de manera que hasta los pensamientos, los deseos y los sentimientos eran objeto de juicio por la ley.

Jesús en el Sermón del monte citado arriba, no está reivindicando la vigencia de los Diez mandamientos, sino contrastando parte de la ley de Moisés, el libro de la ley, con el nuevo sentido espiritual que Él le daría, enseñándonos cómo entender y aplicar los principios morales subyacentes en la misma, los cuales regirían en la dispensación del Espíritu, cuya inauguración se produciría como consecuencia de su muerte y resurrección.

Mateo 5:27:Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. 28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.”

En este pasaje, Jesús hace un contraste entre la letra del séptimo mandamiento de la ley de Dios, que prohíbe “no cometerás adulterio” (Éxodo 20:14), al cual se podía dar cumplimiento, según la literalidad que expresaba la ley, omitiendo los actos prohibidos, y lo que Él declara, que va más allá de omitir las acciones prohibidos, sino también los pensamientos y deseos del corazón, lo que es imposible guardar si no existe una conversión previa del corazón carnal.

Mateo 5:31,32: “También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. 32 Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.”

Sin embargo, Jesús en este texto, no cita ningún precepto del Decálogo sino uno de la  Torá, es decir, el Pentateuco, el libro de la ley de Moisés que también es la ley de Dios (Deuteronomio 24:1-4). Y ¿qué hace Jesús lo confirma o lo cambia? Evidentemente, lo anula. ¿Por qué? Porque este precepto está en contra del espíritu de la ley de Dios. Pero sigamos con el análisis de los versículos que siguen:

Mateo 5:33-37: “Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. 34 Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36 Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. 37 Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.”

Éste es otro mandamiento, que tiene que ver con el tercero del Decálogo, pero que es enunciado,  en forma y lugar distintos, y no está contenido en la lista de Éxodo 20, pero sí en la Ley de Dios o de Moisés, entiéndase el Pentateuco (Véase Levítico 19:12). Tampoco aquí Jesús cita a los Diez mandamientos escritos en tablas de piedra de la ley del Sinaí, sino a un principio moral que existe en la ley y que en este caso, lejos de revocarlo lo amplía y lo espiritualiza hasta lo sumo.

Mateo 5:38-42: Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. 39 Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; 40 y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; 41 y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. 42 Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

Tampoco en estos versículos Jesús se refiere a la ley de las tablas de piedra, sino a la conocida como ley de Talión (Éxodo 21:24, Lev. 24:20; Dt 19:21). Esta ley no sólo es abolida sino que Jesús enuncia una nueva ley: la de la no-violencia, y la de no devolver mal por mal; por el contrario la de vencer al mal con el bien. Él vuelve, pues a mostrarnos los principios morales, aquellos que son eternos, y que deberían regir siempre la conducta de los cristianos.

Mateo 5:43-47: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”

Nuevamente, Jesucristo presenta un gran contraste entre el precepto antiguo y el nuevo, mucho más amplio y profundo, no limitando el amor y la bendición a “los hijos de tu pueblo” (Lev. 19:18) sino que también lo extiende incluso a los enemigos, los que nos aborrecen, ultrajan y persiguen. El contraste que hace Jesús, es, pues, no tanto, con la ley de los Diez mandamientos sino con la ley en general, o sea el libro de la ley de Moisés, sacando a relucir, los principios morales eternos que se escondían en la Torá, que por su naturaleza jamás serán abolidos. Cuando Jesús dice: “un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado.. (Juan 13:34), ¿En dónde radica su novedad? Puesto que ese mandamiento ya era conocido en la Ley de Moisés, su originalidad consiste en que nadie había tenido hasta entonces tal amor capaz de morir por sus enemigos, los que le ultrajan y persiguen.

Con lo que antecede creo haber explicado tus siguientes preguntas:

¿Podrías explicarme que es lo nuevo en el llamado Nuevo Testamento con relación al Pentateuco? ¿Cambió Dios su palabra con la venida de Jesús?

Jesucristo no vino a abolir ni a cambiar la ley, los profetas y los Salmos, o sea, el Antiguo Testamento, sino a darle cumplimiento, y hacer realidad las sombras y símbolos que lo prefiguraban. Por eso declara Cristo: “... era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos [...]46 y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día;” (Lucas 24:44,46).

4. Conclusión

Dios creó y formó un pueblo donde no lo había, escogiendo a Abraham, al que le dio la promesa de bendición de todas las naciones a través de su descendencia, la cual es Cristo (Génesis 22:18; Cf. Gálatas 3:8,16). Para ello, Él instruyó a este pueblo dándole la ley y los profetas a fin de preparar la venida de Su Hijo Jesucristo. El problema del mal sólo podía ser vencido y atajado desde dentro, desde el corazón, para eso hizo falta la encarnación del Hijo de Dios: “Pero cuando vino el cumplimento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, (5) para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.” (Gálatas 4:4).Toda la humanidad está bajo pecado (Romanos 3:9,10), condenada por la ley moral (Romanos 3:23), la que Jesucristo cumplió por nosotros. Por eso, sólo hay salvación segura en Jesucristo ( Hechos 4:12) y en Él ninguna condenación hay (Romanos 8:1-3). Para lo cual hay que morir a la ley mediante el cuerpo de Cristo (Romanos 7:4).

La ley no podía hacer perfecto a nadie, ni daba poder sobre el pecado, sólo condenaba. Sin embargo, es necesaria para denunciar el pecado, que de lo contrario no sería reconocido por el aletargamiento de las conciencias. “...Se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia;” (Romanos 5:20). Venido Cristo, podemos elegir entre seguir condenados por la ley moral que a la naturaleza carnal le es imposible cumplir, o aceptar la muerte vicaria de Cristo en lugar de la muerte que nos correspondería a causa de nuestro pecado (Romanos 6:23). El Antiguo Pacto o Testamento cumple su cometido que sólo consiste en conducirnos a Cristo. “De manera que la ley (la Torá, no sólo los Diez mandamientos) ha sido nuestro ayo (o pedagogo) para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. (25) Pero venida la fe ya no estamos bajo ayo, (26) pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;” (Gálatas 3:23-26). Los creyentes en Jesús ya no están bajo el Antiguo Pacto, que ha servido, entre otras cosas, para mostrarnos el plan de salvación de Dios, que Jesús es el Mesías y el Salvador del mundo y para llevarnos a recibir su gracia. Los creyentes en Cristo, ya nada tienen que ver con el Antiguo Pacto. No obstante, todas sus enseñanzas son para nuestra edificación, y sirven para confirmar nuestra fe en el Señor Jesús. Nuestra raíz cristiana se fundamenta en el judaísmo, sin el cual casi nada entenderíamos de Cristo y del Plan de salvación de Dios.

Hebreos 8:6,7:Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. 7 Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.”

Hebreos 8:13:Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.”

¿Cuáles son esos cambios y como los encuentro sustentados en la palabra?

Los cambios son evidentes y profundos, el Antiguo Pacto prepara un pueblo para la venida de Cristo, es un gobierno teocrático mediante la Torá. Da testimonio del Mesías venidero y de su obra de salvación (véase Isaías 53). El Nuevo Pacto inaugura la época del Espíritu Santo y de su Iglesia (Juan 7:38,39; 14:17,26;16:13;Hechos 1:8;2-4). La Nueva Alianza en Cristo es el cumplimiento de las promesas de la Antigua Alianza. A este Nuevo Pacto o Alianza no se entra por las obras de la ley sino sólo por la fe en Jesús. Creer que Él ha muerto por nosotros y pagado con su vida la condenación o penalidad de la ley que nos acusaba de transgresores, significa entrar en el reposo de Dios, porque a igual que Él, hemos reposado de hacer obras para nuestra salvación que de nada sirven, pues la salvación es un don gratuito y no se puede pagar. Por eso dice el autor de Hebreos: “(3) Pero los que hemos creído entramos en el reposo,..” (véase también Hebreos 4:1-11).

Con la ayuda de Dios, espero haber contestado adecuadamente a tus reflexiones, no obstante, si deseas hacer alguna aclaración o comentario a este estudio o a cualquier otro, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico:

carlosortsgmail.com

 

Carlos Aracil Orts.
www.amistadencristo.com

 

 

* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

 

 

 

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