Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

¿Cuál es la verdad salvadora*?

 

Versión 01-11-07

 

Carlos Aracil Orts

 
1. Introducción.

El mundo en el que vivimos, entre otras cosas, se caracteriza por la gran cantidad de información que existe a nuestra disposición, por ejemplo, en Internet. Nunca antes la humanidad tuvo tan libre acceso al conocimiento en todos los órdenes, a cualquier tema, o asunto, ciencia etc. Por otro lado, los medios de comunicación nos mantienen rápidamente informados de todo lo que está ocurriendo alrededor del planeta. Junto con noticias alentadoras sobre el avance de la ciencia  y descubrimientos sobre técnicas y medicamentos eficaces para muchas enfermedades que antes no tenían tratamiento, también encontramos otras menos agradables o estimulantes, como puede ser todo lo referente al deterioro físico que se está produciendo en nuestro planeta a escala global.

Sin embargo, siendo esto preocupante, lo es mucho más, la pérdida de valores morales, o la aceptación de una moral acomodaticia o relativista. A partir del siglo XV con el Renacimiento, y acentuándose mucho más en los siglos XVIII en adelante con la época llamada Ilustración, se ha hecho patente el aumento constante del materialismo y el ateísmo, o la creencia en un Dios que no interviene en el mundo por el creado. En el siglo XIX con la teoría de la evolución y origen de las especies iniciada por Darwin y la influencia del ateísmo moderno encabezado por los filósofos Feuerbach, Marx, Freud, Nietzche y Sartre se pusieron las bases para rechazar la existencia de Dios.

En la actualidad, la mayoría de los científicos respaldan la teoría de la evolución de las especies que trata y pretende explicar el origen de la creación y de las especies, por generación espontánea de una primera célula o bacteria que ha ido evolucionando a través de cientos de millones de años hasta convertirse en todos los tipos de vida existentes conocidos hasta el momento, incluyendo la formación de los seres humanos, a partir de la evolución de ciertos animales como los simios. La sociedad de hoy día ha sido y es continuamente “bombardeada” por los medios de comunicación y por las universidades y centros de enseñanza que han dado como cierta “la verdad” casi infalible de la teoría de la evolución.

Por otro parte, en el campo de lo espiritual, dejando aparte todas las filosofías y religiones que no se fundamentan en la Biblia como verdad revelada por Dios, nos encontramos ante una cristiandad dividida en dos grandes grupos: los católicos romanos y los llamados protestantes o evangélicos, herederos de la Reforma del siglo XV.

En este breve estudio trataremos de afirmar lo que es la verdad que salva según la Biblia. Aquello que da la paz con Dios y conduce a la vida eterna.

2. Dios existe y es el Creador.

A esta afirmación podemos llegar:

  1. Por nuestra razón y a través de multitud de argumentos ontológicos que no vamos a desarrollar aquí por no ser ésta la intención de este breve estudio.
  2. Mediante nuestra conciencia, la cual está regida por unas leyes morales que no pueden haberse formado en ella por generación espontánea, ni por la influencia de la sociedad. Por otro lado existe una religiosidad innata en todas las culturas que demuestra el sentido trascendente del ser humano.

 

  1. Por la maravillosa creación del universo y de los seres vivos, su complejidad y perfección, aunque deteriorada por el pecado aún quedan vestigios que nos permiten vislumbrar lo que pudo ser en el pasado u originalmente.
  1. Siendo la Revelación dada por Dios de sí mismo y de su Plan de Salvación de la humanidad, la Biblia, su Palabra, la más importante de todas las pruebas existentes, la que fundamenta nuestra fe en su existencia, y nos estimula a creerle y a hacer su voluntad.

3. Qué es la verdad.

Como decíamos anteriormente, en el mundo existen muchas teorías, filosofías y religiones que dicen ser verdad, y que presentan distintas visiones de Dios, del mundo, y del ser humano, de su condición, naturaleza, y esencia. Necesitaríamos disponer de algo que fuera totalmente confiable, que fuera todo ello verdad, que nos sirviera de modelo y de manual para poder evaluar y juzgar con buen discernimiento, cada una de las religiones e ideas que existen, antes de que las aceptemos como verdad. Puesto que, si no hacemos o pasamos esa criba o filtro de la verdad, puede ocurrir, que dejemos entrar al error y lo falso en nuestras mentes, lo que nos moldeará de una determinada manera no esperada o deseada, pudiéndonos arrastrar a la perdición y destrucción eterna de nuestras vidas (Véase Romanos 1:18-32).

Los creyentes cristianos tenemos el inmenso privilegio de saber que ese modelo y manual para la vida, es la Biblia. Creemos que es la Revelación del Plan de Dios para la salvación de la humanidad. La Biblia contiene y es la Palabra de Dios para salvación.

a) La Palabra de Dios es la verdad

  1. Jesús así lo afirma en Juan 17:17: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”
  2. Ellas dan testimonio de Jesús, y Él nos manda escudriñarla. (Juan 5:39)
  3. Las Sagradas Escrituras nos pueden hacer sabios para la salvación. ((2ª Timoteo 3:15)
  4. Toda la Escritura es inspirada, y útil para enseñar y para hacer perfecto al hombre de Dios. (2ª Timoteo 3:16,17; ver también 2ª Pedro 1:19-21)

b) Cristo es la verdad

  1. Jesús mismo es la verdad: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6).
  2. Seremos juzgados por su Palabra: “El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Juan 12:48)
  3. Cristo tiene la autoridad sobre todo. Él es la única cabeza sobre la iglesia que es su cuerpo. “22 y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 23 la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.” (Efesios 1:22,23).
  4. Solamente a Él debemos oír. (Mateo 17:5; Hechos 3:22)
  5. La ley y los profetas (o sea el Antiguo Testamento) eran hasta Juan. “La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan en por entrar en él” (Lucas 16:16; Juan 1:17)
  6. Cristo dio la palabra a sus apóstoles, y por el Espíritu Santo fueron conducidos a toda la verdad. (Juan 17:8, 14, 18); Juan 14:25,26; Juan 16:12,13.
  7. Todo aquel que es de la verdad oye su voz (Juan 18:37, 38).

4. El evangelio de nuestro Señor es verdad que salva.

En primer lugar, necesitamos saber de qué se nos va a salvar. Cristo Jesús no podrá hacer nada por nosotros sin antes reconocer que estamos perdidos sin Él. Jesús dijo en Lucas 5:32: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.”

¿Qué nos esperaría al final? Sólo el juicio de Dios, la condenación y muerte eterna. Por tanto, debemos reconocer nuestra condición de pecadores. Aceptar que lo que dice la Biblia sobre el pecado, es comprender que, pecadores no son sólo algunos que manifiestamente transgreden la ley de Dios (1ª Juan 3:4; Gálatas 5:19-21), robando o matando, sino que todos somos culpables de pecado. Así lo afirma enfáticamente toda la Biblia y especialmente aquí, San Pablo en los siguientes versos de Romanos 3:

Romanos 3:9-13:

“9 ¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. 10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; 11 No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. 12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.”

4.1. La verdad nos hará libres.

Para que la verdad nos haga libres debemos reconocer que cuando pecamos somos esclavos del pecado.

  1. La verdad nos hace libres de la esclavitud del pecado: Juan 8:31-34: “31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?

34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.”

  1. El pecado esclaviza.

También San Pablo lo afirma magistralmente en Romanos 6:16- 22:

“16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? 17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. 19 Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.

20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. 21 ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. 22 Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

  1. El pecado nos conduce a la muerte eterna.

Ya hemos visto que el pecado no es algo que no tenga nada que ver con nosotros o que no nos afecte, sino que debemos reconocer nuestra parte de responsabilidad, y no engañarnos a nosotros mismos, es decir admitir que no somos perfectos y ser sensibles a nuestros errores y debilidades de la carne: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. (1ª Juan 1:6).

Ahora somos conscientes y comprendemos la gravedad del pecado, pues su paga o castigo es la muerte eterna, según Romanos 6:23: “23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

5. Debemos obedecer la verdad del evangelio de nuestro Señor

  1. Consecuencias de no obedecer la verdad

2ª Juan 9,10: 9 Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. 10 Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! 11 Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras.”

Romanos 1:25-32:
“”18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; 19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. 20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. 21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. 22 Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.

28 Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; 29 estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; 30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, 31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; 32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

  1. Una vez comprendida y sabida la verdad es imprescindible obedecerla para obtener sus beneficios.

 

El apóstol San Pedro dice en 1ª Pedro 1:22, 25 que nuestras almas se purifican por la obediencia a la verdad, siendo esta verdad la palabra que por el evangelio es anunciada.

1ª Pedro 1:18-22-25

“18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, 20 ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, 21 y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.

22 Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; 23 siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. 24 Porque: Toda carne es como hierba, Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; 25 Mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.

  1. La palabra de verdad es "el evangelio de vuestra salvación." . Esto es lo que necesitamos conocer y obedecer para ser salvos.

 

Efesios 1:13: “13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

  1. El poder de Dios para salvar al pecador es el evangelio.

 

Romanos 1:16: 16 Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.

Es preciso, ahora, que nos concentremos en el corazón del evangelio, pues es la verdad fundamental que salva. Aunque es bueno y necesario que conozcamos todo el Nuevo Testamento, si sólo fuéramos capaces de comprender y aceptar esa verdad que es el corazón del evangelio, seremos salvos.
 
6.  Cuál es el corazón del evangelio.

Creemos que es necesario recalcar una vez más que, aunque toda la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, es la Palabra de Dios, por tanto, “...inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2ª Timoteo 3:16), sólo el Nuevo Testamento vincula, afecta, compromete y se aplica a los cristianos.

Todas las Sagradas Escrituras son verdad. Necesitamos conocer y estudiar el Antiguo Testamento por muchas razones, entre las que podemos citar como ejemplo las siguientes: 

  1. Porque  nos muestra la acción creadora de Dios.
  2. Porque nos revela el origen del mal y de todo sufrimiento y dolor.
  3. Porque nos revela la entrada del pecado en la humanidad por la caída de Adán y Eva.
  4. Porque nos da a conocer a Dios a través de la historia de Israel, su pueblo elegido.
  5. Porque el Antiguo Testamento da testimonio del Mesías que había de venir para salvar al pueblo de sus pecados, “el cordero de Dios que quita los pecados del mundo”(Juan 1:29). En el A. T. Están las promesas, voluntad y plan de Dios para la salvación de la humanidad.
  6. Porque nos sirven para la comprensión y enseñanza del Plan de Dios, y porque contienen innumerables actuaciones milagrosas y portentosas del Creador en este planeta, que nos hablan del infinito poder de Dios y que, por tanto, edifican y nos confirman en la fe.

Dicho todo esto, no debemos olvidar que el cuerpo de Cristo, su iglesia, está bajo la única autoridad de su cabeza que es Cristo. Que somos los herederos del Nuevo Pacto en Cristo. El plan de Dios para la salvación de la humanidad que era sombra en el Antiguo Pacto, se cumple y se revela completamente en el Nuevo. Nunca los gentiles estuvieron bajo la ley del Antiguo Pacto, mucho menos lo han estado desde la instauración de Cristo del Nuevo Pacto, con su muerte y resurrección en el siglo I de nuestra era.

Los cristianos nos regimos por El Nuevo Testamento. Puesto que en él se encuentra toda la doctrina de Cristo y la que recibieron de Él los apóstoles, que fueron conducidos a toda la verdad por el Espíritu santo. Todo ello nos obliga y nos impele a ser fieles y leales y a obedecer todo lo que se nos ordena en el mismo, especialmente el mandato de Cristo: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo he amado.” (Juan 15:12).

6.1. La verdad que salva está en el corazón del evangelio.

Para que las ramas no nos impidan ver el bosque, para que no nos dispersemos en multitud de doctrinas, que sin duda son todas importantes, no tenemos que perder de vista lo fundamental, el corazón del evangelio, es decir, las buenas nuevas de salvación, la única verdad “que es poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16),  ya que si creemos y perseveramos en él, Dios, que no miente y no puede mentir, nos promete y asegura, que seremos salvos para la eternidad.

1ª Corintios 15:1-4

“1 Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; 2 por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.

3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; 5 y que apareció a Cefas, y después a los doce. 6 Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen.

El evangelio es, pues, un mensaje fácil de entender hasta por la persona más simple e ignorante. Para ello, hace falta aceptarlo con humildad, reconocer que somos pecadores, porque sólo de esta manera podemos acogernos a los beneficios del perdón de pecados que ofrece Cristo.

Por eso, el evangelio, consiste, en primer lugar, en que la deuda de todos nuestros pecados que nos inculpaban y condenaban es saldada por Cristo con su muerte sustitutoria o vicaria. En segundo lugar, la buena nueva es que la muerte es vencida con la resurrección. Porque Cristo resucitó también resucitaremos los creyentes en su venida (1ª Corintios 15:51-57; 1ª Tesalonicenses 4:13-18).

En tercer lugar, el evangelio tiene, -además del sentido literal y físico, de que si creemos en Cristo y su obra en la cruz, en el futuro, una vez que muramos y  seamos sepultados, resucitaremos a una vida eterna de gozo en el paraíso-, otro aspecto espiritual en el presente, que supone nuestra identificación total con la vida y muerte de Cristo. Morimos para el pecado, somos sepultados con Cristo y resucitamos para una nueva vida en Cristo (Romanos 6:3-14).

Este aspecto de transformación espiritual, que representa el nuevo nacimiento, es decir, ser una nueva criatura, es lo que obtenemos por la fe en Cristo y por el mensaje del evangelio, mediante el poder de Dios, como maravillosamente lo explica San Pablo en 2ª Corintios 5: 14-21 (Véase también Colosenses 3:1-17):

“14 Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; 15 y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. 16 De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. 17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

7. La obediencia al evangelio.

Mediante la fe creemos en el evangelio, pero está fe está muerta si no obedecemos de corazón. En 1ª Pedro 1:22, que leímos antes, vemos que al caminar con fe, obedeciendo la verdad del evangelio se purifica el alma.

¿Qué es, pues, lo que nos transforma y nos libera del pecado?

 Veamos también lo que dice Pablo en Romanos 6:17,18

“17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.”

Obedecer de corazón y sinceramente el evangelio de Cristo, aquella forma de doctrina que aquellos cristianos conocieron, que consistió en ser bautizado en Cristo Jesús, es decir en su muerte, les condujo a la libertad del pecado, y por tanto, a la salvación.

¿Cuál fue esa forma de doctrina que al obedecer les llevó a la victoria?

Romanos 6:3-14

3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

5 Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; 6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 7 Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. 8 Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; 9 sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. 10 Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. 11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; 13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. 14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.”

El pecador muere al pecado, es sepultado con Cristo y resucitado para vida nueva. El paso que inicia la andadura en el camino cristiano es el bautismo bíblico, que implica la obediencia por fe al evangelio de Dios. Cuando obedecemos por fe es cuando el poder de Dios se manifiesta en nosotros y nos va transformando de gloria en gloria. (Colosenses 2:12)

Colosenses 2:12:

“12 sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. 13 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, 14 anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, 15 y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.
 
8. Conclusión:

  1. La Biblia es la Palabra de Dios. Es la verdad. Toda “las Sagradas Escrituras son inspiradas por Dios, y útil para enseñar, para redargüir y para corregir y para instruir en justicia” (2ª Timoteo 3:16).  Por tanto, nos debe servir como modelo y manual para evaluar y discernir toda doctrina para saber si es verdadera o está equivocada.

 

  1. La Biblia da respuesta a las grandes preguntas existenciales de todo ser humano. Explica el origen del pecado y del sufrimiento, y afirma que somos pecadores.
  1. Junto con el diagnostico del problema del hombre, la Biblia proporciona la solución al mismo. Nuestra responsabilidad es creer que el evangelio es la verdad de Dios que salva.

 

  1. Los cristianos nos regimos sólo por el Nuevo Testamento, pues estamos en el Nuevo Pacto que Cristo estableció con su muerte. Esto implica que sólo a Él y las enseñanzas de sus apóstoles atendemos. Desde entonces tiene toda la autoridad en el cielo y en la tierra. “La ley y los profetas eran hasta Juan;...” (Lucas 16:16).
  1. El corazón del evangelio consiste en que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado, y resucitó al tercer día. Venció a la muerte y al pecado, lo que también lograremos nosotros en la resurrección, en su segunda venida. Para creer en él es necesario que humildemente reconozcamos que somos pecadores, y que aceptemos por fe que su muerte nos libra de la condenación de nuestros pecados pasados, presentes y futuros, pues Dios nos declara justos, deja de inculparnos pecado, y nos reconcilia consigo mismo.

 

  1.  Nuestra fe se prueba y se purifica en la obediencia al evangelio. El bautismo, es la prueba inicial de la andadura cristiana, la prueba fundamental de obediencia al evangelio, donde el cristiano, por fe cree en el poder de Dios y en la obra de Cristo en su favor, es perdonado de todos sus pecados. Desde ese momento, simbolizado por la inmersión en el agua, muere al pecado, identificándose con la muerte de Cristo, y empieza una nueva vida. Representando su surgimiento del agua, su resurrección espiritual en una nueva criatura, con libertad del pecado.

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 

* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

 

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