Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Miscelánea

¿Cómo responder a una agresión física?

 
 
¿Cómo defenderse ante ella?
 
Versión: 31-08-14
 

Carlos Aracil Orts

1. Introducción*

Mi estimado lector –Albrecht– muy amablemente me compartió su opinión respecto a los argumentos que le aporté en el artículo titulado:“¿Es razonable creer en la existencia de Dios?”. En dicho escrito, el que suscribe, le presentaba evidencias y argumentos, en mi opinión, concluyentes sobre la existencia de Dios; y también le expresaba mi total desacuerdo con su relativismo moral, en el siguiente párrafo:

“Dios, que para usted no existe, nos ha creado con una conciencia que es capaz de discernir el bien del mal, y para ello se hace necesario partir de la base que tanto un concepto como el otro son claramente distinguibles sin necesidad de contrastarlos. ¿No sabe toda persona normal que los actos de matar y robar son malos de por sí sin más? ¿Fue necesario que los seres humanos se mataran unos a otros para que supieran que no deberían hacer semejante cosa porque es completamente mala en sí?” (Carlos Aracil Orts).

Y mi apreciado lector, me respondió proporcionándome los siguientes tres ejemplos, que desde su punto de vista, prueban el relativismo moral que él sostiene:

"Existe lo que se llama la defensa propia. Si alguien entra en mi casa y amenaza a mi familia y a mí con un cuchillo o arma de fuego, para robarme, si tuviera un arma a mano la usaría sin contemplaciones y lo mataría.

"La Biblia, por ejemplo, ordena matar a las hechiceras, también permite la matanza de animales.

"¿Se puede considerar como malo tener sexo antes de casarse  siendo soltero? Hay cosas que se consideran malas que se encuentran en todas las culturas y sociedades, y también hay asuntos que sólo en determinadas culturas se consideran malas, por ejemplo sexo libre".

(Albrecht).

En el presente artículo me limitaré a tratar solo su primer comentario; y abordaré el segundo y tercer ejemplos del lector, en los siguientes enlaces: “¿Ordena la Biblia matar a las hechiceras?”, y en ¿Es malo el sexo libre?”, respectivamente.

2. ¿Cómo deberíamos defendernos los cristianos ante una agresión física?

Imagino que mi estimado lector me hace el comentario anterior a fin de contrarrestar lo que le escribí en la introducción de este artículo: ¿No sabe toda persona normal que los actos de matar y robar son malos de por sí sin más? ¿Fue necesario que los seres humanos se mataran unos a otros para que supieran que no deberían hacer semejante cosa porque es completamente mala en sí?

En cuanto al primer ejemplo, me pregunto ¿Cuál es la intención del lector al plantear el tema, sin duda, interesante, de si existe el derecho a defenderse cuando alguien nos agrede, incluso usando los mismos métodos violentos que el agresor?

¿Por qué no plantearnos, también, si es moral o lícito que las naciones se defiendan usando las armas de guerra que posean para repeler los ataques de otras naciones? ¿Y qué diremos de las guerras civiles en las que luchan a muerte dos bandos enfrentados de una misma nación? Etc.

Santiago 4:1-4: ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? (2)  Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. (3) Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. (4) ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

Necesariamente he de insistir en que todos los actos violentos, ya sean físicos o psíquicos contra nuestros semejantes –por supuesto, todas las guerras– son consecuencia de la depravación y maldad del corazón humano, y tienen como origen el ignorar y olvidar al Autor de la Vida (Hechos 3:15) y apartarse de Él.

El caso de defensa propia –por allanamiento de morada con violencia– que plantea el lector es muy concreto, y supongo que ninguna justicia humana condenaría esta acción defensiva. Pero los creyentes aunque debemos someternos a la autoridad y leyes humanas siempre que ello no implique desobedecer a Dios (Hechos 4:19), fundamentalmente, debemos obedecer la Ley de Cristo y toda Su Palabra. Pues lo más importante, lo esencial es que nunca transgredamos de forma voluntaria y consciente la ley de amor que Dios ha impartido en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo. Leamos las leyes morales que Jesús enuncia para todo el mundo, pero especialmente para cada creyente, en esta parte del famoso Sermón del Monte:

Mateo 5:38-48: Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. (39) Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; (40)  y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; (41)  y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con él dos.  (42)  Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. (43) Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. (44) Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; (45)  para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. (46) Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? (47) Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? (48) Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

No obstante, no debemos juzgar a nadie por como haya reaccionado ante situaciones extremas en las que nuestra vida es agredida y corre peligro de muerte incluso, porque solo Dios conoce las circunstancias de cada uno.

Sin embargo, en el caso específico que plantea el lector y en muchos otros similares, un cristiano nunca debería tomar un arma para repeler la agresión; tampoco debería tener ninguna en su domicilio para ese fin, salvo que fuese policía o agente del orden, etc. En el supuesto que la tuviera, es muy posible que no tendría habilidad o destreza suficiente como para usarla eficazmente; tampoco sería probable que el arma estuviera cargada, o que hubiera munición en la casa.

Por otra parte, los cristianos tenemos un gran respeto por la vida, que no nos pertenece, y menos aún la del prójimo, puesto que Dios es el Señor y Autor de la vida. Por último, ellos nunca confiarán en las armas o la fuerza física para defenderse de las agresiones, es decir, no emplearán la razón de la fuerza, sino la fuerza de la razón; su confianza está puesta en el poder de Dios, y piensan que si Él quiere los librará de todo mal.

La actitud de los cristianos ante cualquier tipo de agresión debe ser la misma que sostuvieron los tres compañeros del profeta Daniel –Sadrac, Mesac y Abed-nego, cuando se negaron a postrarse y adorar la estatua que el rey Nabucodonosor había mandado construir, para que le adorasen todos sus súbditos; ellos respondieron con fe y valentía al soberbio rey: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. (18) Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Daniel 3:17-18).

Observemos, que los compañeros de Daniel en ningún caso, aun cuando tuvieran que perecer, servirían a los dioses del rey, ni adorarían su estatua, porque su decisión no dependía de tener la completa seguridad de que Dios obraría según sus deseos, sino que era fruto de su fe y de su inquebrantable convicción de que nadie debe ocupar el lugar que corresponde al Creador y Señor de todos, puesto que a Él se le debe la obediencia antes que a las criaturas. Por tanto, todo debe ser subordinado a Dios y en obediencia a Su voluntad revelada, aunque sabemos que Él no actuará, en todos los casos, necesariamente librándonos del mal y de los malvados. Ejemplo de esto son los mártires de los tres primeros siglos de la Iglesia cristiana, que entregaron sus vidas por amor de Jesucristo.

De similar manera actuó el mismo Daniel, cuando el rey de Media y Persia proclamó un edicto real advirtiendo que “cualquiera que en el espacio de treinta días pida a cualquier dios u hombre” no siendo al propio rey, fuera “echado en el foso de los leones”  (Daniel 6:12). Sin embargo, Daniel no se amedrantó sino que, por el contrario, “cuando él supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes” (Daniel 6:10). Y como consecuencia de obedecer a Dios antes que  a los hombres: “Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le echaron en el foso de los leones. Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre”  (Daniel 6:16). Pero su fidelidad a Dios fue premiada porque fue “Daniel sacado del foso, y ninguna lesión se halló en él, porque había confiado en su Dios” (Daniel 6:23).

Además, los cristianos debemos confiar plenamente en Dios, y tener la firme convicción “…que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).

Quedo a su disposición para lo que pueda servirle.

Afectuosamente en Cristo.

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 


Referencias bibliográficas

* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

Abreviaturas frecuentemente empleadas:

AT = Antiguo Testamento

NT = Nuevo Testamento

 

 

 

 

 

 

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