Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Miscelánea

¿Es la amistad sinónimo de amor?

 
 
Versión: 01-06-13

 

Carlos Aracil Orts

1. Introducción*

Estimado hermano Oswaldo, le agradezco que me haya contactado. Plantea usted el siguiente tema tan interesante:

“¿Es lo mismo amistad que amor en la vida del creyente?” (Oswaldo)

Y también se pregunta por otros aspectos relacionados con este tema no menos importantes, como son los siguientes:

¿Es la amistad sinónimo de amor?

Y en caso afirmativo, ¿es o debe ser el amor incondicional?

¿Se puede deducir del texto de Juan 15:14, que el amor y la amistad son condicionales?

Juan 15:14: Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Para abordar este tema debo, primero de todo, saber a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de amistad y amor. Por eso empezaremos por definir cada término, y luego veremos si pueden ser sinónimos en algunos casos.

2. ¿Qué es la amistad? ¿Qué es el amor? ¿De qué tipo de amor hablamos?

Veamos cómo define el diccionario (RAE) los términos citados en el encabezamiento:

Amistad. (De lat. amicĭtas, -ātis , por amicitĭa, amistad). Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.

Amor: (Del lat. amor, -ōris).

1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.

Y también la definición de “amigo”:

Amigo: Que tiene amistad. (RAE)

Lo primero es saber a qué nos estamos refiriendo con la palabra “amor”, pues hay muchos tipos de amor:

Amor entre familiares, amor paternal o maternal, amor filial, amor de pareja, amor entre amigos, amor al prójimo, amor a Dios, etc.

Cuando la Biblia habla del amor como, por ejemplo, en 1ª Corintios 13, no se refiere al amor como un sentimiento sino como un principio moral que está impreso en el carácter de cada persona, pero como veremos más adelante este amor solo puede venir de Dios. (1ª Juan 4:7). En adelante, solo a este tipo de amor me referiré:

1 Corintios 13:1-13: Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.  (2)  Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.  (3)  Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.  (4)  El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;  (5)  no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;  (6)  no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.  (7)  Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.  (8)  El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.  (9)  Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;  (10)  mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.  (11)  Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.  (12)  Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.  (13)  Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

Este tipo de amor debe ser incondicional. Es el amor al prójimo que solo puede darse en un corazón regenerado por Dios (Ezequiel 36:26-27; Cf. Gálatas 5:14; Col. 3:5-17).

Ezequiel 36:26-27: Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. (27) Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

Ese amor ya debe formar parte de la personalidad de cada cristiano, y es incondicional porque no depende de las acciones y comportamiento de los otros. El citado amor viene de Dios porque “siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo” (Romanos 5:10). Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,  (5)  aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),  (6)  y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,  (7)  para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (Efesios 2:4-7).

La amistad sin duda es un tipo de amor fraternal. Este amor forma parte del amor al prójimo, más general, que no precisa la condición de ser amigos o de que exista amistad para que uno pueda amar. Sin embargo, para que haya ese tipo de amor que es la verdadera amistad es necesario que exista mutua confianza, respeto, lealtad, y añadiría otras dos muy importantes: desprendimiento de sí mismo o no ser egoísta, es decir, olvidarse de uno mismo para pensar en la felicidad y en el bien del otro; lo cual requiere siempre algún grado de empatía, que como sabemos es la capacidad de entender los sentimientos de la otra persona, de ponernos en su lugar, en su “piel”.

Si la relación entre las personas que se consideran amigas no está regida o sustentada por las condiciones citadas, en mi opinión, no habría verdadera amistad, aunque puede ser una amistad más o menos imperfecta en la medida que cumpla los requisitos citados. La persona que es capaz de dar más amor sin esperar nada a cambio es la que tiene el amor más elevado, por tanto, la que es capaz de proporcionar el grado más excelso de amistad. Pero como todo amor humano para que se prolongue en el tiempo debe ser cultivado, desarrollando esas cualidades. Los amigos necesitan verse o hablar con frecuencia, y en esa relación debe haber un intercambio equilibrado y una intercomunicación creativa y edificante, en la que ambos deben salir enriquecidos de la misma mediante retroalimentaciones convenientes, respetuosas y asertivas. De lo contrario el amor-amistad se irá enfriando, aunque siempre permanezca el amor general al prójimo.

3. Amor a Dios y al Prójimo

Ahora vamos a ver qué nos dice la Palabra de Dios, pero ya no tanto al amor-amistad sino en cuanto al amor al prójimo y al amor de Dios o a Dios. El amor es un fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22); y solo los que han nacido de “agua y del Espíritu” (Juan 3:5) son “guiados por el Espíritu de Dios”, y, “éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14), y, por tanto, son los que están en condiciones de amar, porque antes les ha sido dado gratuitamente por la Gracia de Dios. Por eso nos dice el apóstol Pedro que “llegasteis a ser participantes de la naturaleza divina” (2ª Pedro 1:4).

Sin embargo, antes de ser reconciliados con Dios éramos sus enemigos (Romanos 5:10); “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;” (Romanos 8:7). En este sentido el amor de Dios es incondicional, pues nos amó a pesar de nuestra maldad, de que estábamos “muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1-3).

Efesios 2:1-3: Y él [Dios] os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,  (2)  en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,  (3)  entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Efesios 2:4-7: Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,  (5)  aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),  (6)  y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,  (7)  para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

No obstante, la Escritura afirma que Dios es celoso (Éxodo 20:5; Dt. 4:24; 5:9; 6:15; 34:14). Esto quiere decir que Dios no permite que tengamos otros “dioses” o ídolos. Dios odia la idolatría y todo lo que da gloria a la criatura antes que a Él, Creador del Cielo y la Tierra y de todas las cosas (Col.1:15-19; Cf. 2ª Pedro 3:5). Pero además, “el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo” (Hebreos 12:6).

Y se nos amonesta a que “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?” (Hebreos 12:7).

Hebreos 12:3-11: Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. (4)  Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado;  (5)  y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor,  Ni desmayes cuando eres reprendido por él;  (6)  Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.  (7)  Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?  (8)  Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.  (9)  Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?  (10)  Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.  (11)  Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

¿Por qué Abraham fue llamado “amigo” de Dios? (2 Crónicas 207; Isaías 41:8; Cf. Santiago 2:23).

Santiago 2:23: Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.

El amor es una característica de Dios “porque Dios es amor” (1ª Juan 4:8,16), y, además, procede de Dios. Porque “el amor es de Dios” (1ª Juan 4:7).

¿Qué es, pues, tener amistad con Dios? ¿No será lo mismo que tener amor a Dios? ¿Se puede ser amigo de Dios sin amarle?

¿Qué tuvo que hacer Abraham para ser considerado amigo de Dios? “Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios” (Santiago 2:23). Es decir, Abraham fue probado por Dios para fortalecer su fe cuando se le pidió que sacrificara a su único hijo, Isaac, el hijo de la promesa, por el que vendrían las máximas bendiciones a toda la humanidad, su simiente: la cual es Cristo (Gálatas 3:16). Amar, pues, es confiar en el Amado. La amistad, como el amor, implica confianza en el otro.

Puesto que Dios es celoso, exige que le amemos más que a nadie. ¿Y cómo demostramos que le amamos? Solo hay una forma: hacer lo que Él dice, o sea obedecerle en todo lo que nos ha mandado en Su Palabra. Confiar en Él, pues si no confiamos no somos sus amigos. Su amor es incondicional, en cuanto que forma parte de su esencia, como también en menor escala, es el nuestro, aunque imperfecto, pero para que la relación entre Dios y el hombre o entre unas personas y otras no se rompa es necesario cumplir unas condiciones como son la lealtad, la fidelidad, la confianza, la obediencia, etc. Por eso Jesús dijo: Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”  (Juan 15:14).

Juan 15:8-24: En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.  (9)  Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.  (10)  Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.  (11)  Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.  (12)  Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros,(A) como yo os he amado.  (13)  Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.  (14)  Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.  (15)  Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.  (16)  No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.  (17)  Esto os mando: Que os améis unos a otros.  (18)  Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.  (19)  Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.  (20)  Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor.(B) Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.  (21)  Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.  (22)  Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado.  (23)  El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece.  (24)  Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre.

4. Conclusión

Si amistad fuera sinónimo de “amor”, podríamos decir, sin ambages, que “amigo” es aquel que tiene amor”.  Preguntémonos ¿Se puede tener amistad o ser amigo auténtico de alguien sin tener amor? Esta cualidad es necesaria pero no suficiente. El amor en general es incondicional, porque depende solo de nosotros mismos, no de las acciones de los demás. Debe formar parte de nuestra personalidad por la Gracia de Dios. Es un fruto que el Espíritu Santo produce en la vida del creyente. Sin embargo, el amor-amistad requiere condiciones, las citadas arriba, pues jamás podríamos tener amistad con alguien en el que no confiásemos, que no fuera leal, y que fuera tan egoísta que en la mutua relación entre las dos o más personas no hubiera un intercambio enriquecedor para las partes que pretendan tener vínculos de sincera amistad.

Dios es celoso y requiere ser amado por encima de todo. Además nos pide obediencia a Su Palabra. La relación entre Dios y el hombre, y entre las personas está basada en la ley del amor. Si se transgrede esta ley se rompe la relación, pero el amor permanece porque Dios es amor, y en la medida que nos acogemos a Su Gracia también daremos como fruto el amor, a  Él, y al prójimo.

1 Juan 2:15-16: No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.  (16)  Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.

Sin embargo, hay condiciones, pues si tenemos amistad con el mundo –en el sentido, de lo malo, depravado, mundano, carnal, etc., no podemos ser amigos de Dios.

Santiago 4:4: ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

Por tanto,  “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios” (1ª Juan 4:7).

1 Juan 4:7-21: Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.  (8)  El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.  (9)  En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.  (10)  En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.  (11)  Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.  (12)  Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.  (13)  En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.  (14)  Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo.  (15)  Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.  (16)  Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.  (17)  En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.  (18)  En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.  (19)  Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.  (20)  Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?  (21)  Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.

Estimado hermano, si desea ampliar este tema de la amistad desde otra perspectiva puede leer también el siguiente artículo:

¿Por  qué no hablamos de la amistad?

Espero haberle sido de alguna ayuda. No obstante, ya sabe que estoy a su disposición para lo que pueda servirle.

Afectuosamente en Cristo.

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 


Referencias bibliográficas

* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

Abreviaturas frecuentemente empleadas:

AT = Antiguo Testamento

NT = Nuevo Testamento

 

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