Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Antropogía bíblica

 

¿Qué tipo de muerte sufrieron Adán y Eva cuando pecaron ?

¿Qué es el hálito o aliento de vida?

Carlos Aracil Orts

Introducción

Con toda humildad y ruego al Señor, intentaré aclararle sus dudas en tanto alcance mi entendimiento y el Espíritu Santo me asista. No obstante, antes necesito comprender bien las dos cuestiones que me plantea, veamos si las he comprendido:

En Génesis 2: 17, Dios establece que la vida de Adán y Eva en el paraíso dependía de la obediencia y comunión con Él, su Padre. Dios puso la condición y la sanción en que incurrirían por la transgresión de su voluntad. Fue una prueba de fidelidad y lealtad a Dios que ellos no pasaron:

“Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”

No había lugar a dudas. La orden era clara, y fácil cumplir con el mandato de Dios. Pero nuestros representantes optaron por desobedecer a Dios. No creyeron en la palabra de Dios. Se rebelaron e iniciaron su independencia de Dios.

Al romper su comunión con Dios, experimentaron la muerte espiritual o separación de Dios.

Evidentemente, en ese mismo instante de su caída, en el momento que pecaron, no murieron físicamente, pues después de ser expulsados del Edén, aun vivieron unos novecientos años. Según Génesis 5:5, Adán vivió novecientos treinta años y murió. ¿Qué ocurrió cuando pecaron transgrediendo el claro mandamiento de Dios?  Simplemente murieron espiritualmente, porque se separaron de Dios, de donde procede todo tipo de vida. Perdieron la condición de perfección y comunión original que tenían con el Creador, y desde ese mismo momento empezó la degradación moral y espiritual de la humanidad. Desde entonces, todos los descendientes de Adán heredan el pecado original, que implica separación de Dios, rebeldía, soberbia, codicia y deseo egoísta de la criatura de emanciparse de Dios y de ser como Dios.

Tal fue la gravedad y depravación que el pecado de Adán originó en la naturaleza humana, que no pasó mucho tiempo sin que se mostrase en toda su magnitud, en el primer homicidio registrado en la Biblia: Caín mató a Abel sin motivos, simplemente por que le molestaba que fuese distinto de él mismo, por celos y por envidia. Caín y Abel se convierten representantes y prototipos de las dos clases o grupos de seres humanos que formaran la historia de la humanidad, los hijos del diablo y los hijos de Dios.

Por tanto, la muerte de Adán no se diferencia en nada de la muerte que hemos de sufrir cada uno de los seres humanos cuando nos llegue nuestra hora. Pablo lo explica magistralmente en Romanos 5:12 y siguientes: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.”  Todos somos pecadores, y merecemos la muerte, pero el regalo de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús (Romanos 6:23). Veamos también Romanos 5:19 que resulta muy alentador y clarificante: La solución al pecado: Cristo, el postrer Adán:

“Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.”

Conclusión

Espero haber sido capaz de explicar que la muerte de la que habla el capítulo 3 de Génesis, se refiere tanto, a la muerte espiritual, en primer lugar, como, en segundo lugar, a la muerte física que todos conocemos.

Es decir, ambas se produjeron en Adán, cabeza y representante de la humanidad, y ambas son transmitidas a todos sus descendientes, a través de toda la historia del planeta. Tiene usted razón cuando dice que la muerte espiritual es separación del Creador. El aliento de vida se tiene mientras la persona o cualquier ser animado permanece en vida. La muerte física se produce, esto mejor lo expliquen los médicos, cuando fallan los órganos vitales como el cerebro o el corazón, y entonces se expira. El cuerpo ya no es capaz de responder al aliento de vida.

El aliento de vida de todos los vivientes, es decir, esa energía que procede del Dador de la vida, se pierde en el momento de la muerte, cuando se expira el último aliento. Por tanto, permanece el aliento mientras hay vida y desaparece y vuelve a Dios cuando uno muere (Eclesiastés 12:7).

Nuestra responsabilidad es creer en Cristo, el camino, la verdad y la vida, e igual que se nos imputa el pecado de Adán, se nos imputará la justicia de Cristo que ganó en la cruz al morir por todos los creyentes.

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 

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