Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Comentario al Apocalipsis

22. El árbol de la vida y Río de agua de vida

 
Versión: 06-04- 2022

 

Carlos Aracil Orts

Introducción

Este es el último capítulo del libro de Apocalipsis y también su epilogo. En él se pueden distinguir, al menos, cuatro secciones. En la primera –los primeros cinco versículos– se nos revelan las cuatro últimas características de la Nueva Tierra o Jerusalén celestial:

Primera. Cuatro últimas características de la Nueva Tierra

Segunda. La venida de Cristo está cerca

En esta segunda sección, se reitera que la venida de Cristo está cerca, que es el tema fundamental de Apocalipsis:

¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro” (22:7)

“Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. (11) El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía." (22:10-11)

"He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. (22:12)

"El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.” (22:20)

Tercera. Las condiciones para entrar en la Nueva Tierra

“Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. (15) Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.” (22:14-15)

Cuarta. Invitación del Espíritu y de la Iglesia a que “el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (22:17)

“Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente. (22:17)

Contenido capítulo 22: El Árbol de la vida y Río de agua de vida

“Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. (2) En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. (3) Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, (4) y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes. (5) No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos. (6) Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto. (7) aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro. (8) Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. (9) Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios. (10) Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. (11) El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía. (12) He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. (13) Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. (14) Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. (15) Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira. (16) Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana. (17) Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente. (18) Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. (19) Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro. (20) El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. (21) La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.” (Apocalipsis 22:1-21)

Comentario capítulo 22: El Árbol de la vida y Río de agua de vida

“Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. (2) En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.” (22:1-2)

El “río limpio de agua de vida”, “el árbol de la vida”, sus “doce frutos”, “las hojas del árbol [que] eran para la sanidad de las naciones”; son todos símbolos de eternidad o inmortalidad y de inmensa felicidad porque Dios Padre y Jesucristo mismo estarán con nosotros; es la vida eterna que brota “del trono de Dios y del Cordero” (22:1 úp).

“El árbol no solo aporta frutos para comer, sino que sus hojas tienen propiedades terapéuticas y producen sanidad. No obstante ¿qué necesidad de sanidad ha de haber en la ciudad eterna? Lo que tenemos aquí es un lenguaje intensamente evocador. En el Edén restaurado todo se ha invertido: si en aquella primera ocasión comer de un árbol produjo la maldición, ahora comer de este árbol traerá la vida eterna. Aunque Juan habla de «la sanidad de las naciones», no hemos de inferir de ello que las naciones seguirán existiendo fuera de la Nueva Jerusalén. Igual que en 21:24 y ss., se toman prestadas imágenes del presente estado de cosas para utilizarlas en la descripción del estado eterno. Para describir la gloria de la era venidera el autor solo dispone de imaginería del periodo presente. La sanidad que producen las hojas indica la completa ausencia de necesidades físicas y espirituales. La vida venidera será una existencia de abundancia y perfección.” (Mounce, p.534) (147)

“Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, (4) y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.” (22:3-4)

¿Qué bien supremo puede haber mayor que “servir a Dios y al Cordero y ver Su rostro” (22:3-4)?

“¡No puede concebirse mayor bienaventuranza o verdad más gozosa que esta eterna comunión con Dios y con el Cordero! Ciertamente, las inimaginables bendiciones del Edén han sido restauradas.” (Mounce, p.532) (148)

“Jesús enseñó que solo los puros de corazón verían a Dios (Mt 5:8), y en su primera epístola Juan habla de la gran transformación que tendrá lugar con el retorno de Cristo: «sabemos que cuando El se manifieste, seremos semejantes a El porque le veremos como El es» (1 Juan 3:2).” (Mounce, p.534) (148)

“No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.” (22:5)

Ya no es necesaria la noche “porque la gloria la ilumina, y el Cordero es su lumbrera” (21:23), y reinaremos por la eternidad con Jesucristo, el Cordero de Dios.

“La divina providencia ha dispuesto que nuestra Biblia concluya con la restauración definitiva de la creación primigenia. Pablo enseña que, aunque actualmente la creación está sujeta a un proceso de decadencia, no obstante aguarda con expectación el momento en que será librada de tal esclavitud. Esto tendrá lugar cuando los hijos de Dios tomen posesión del glorioso futuro que ha sido preparado para ellos (Rom 8:19-21). Aunque el pecado ha estropeado la historia de la raza humana, Dios ha puesto en marcha una nueva Humanidad por medio de la redención llevada a cabo por su Hijo. En esta era, Cristo gobierna los corazones de aquellos que, con fe, se han vuelto a Él: en la era venidera tal reinado encontrará su plena realización. El pecado será para siempre erradicado y el proyecto del Edén se cumplirá por completo. El libro de Apocalipsis es el capítulo final en el eterno plan de Dios para sus hijos. Por medio de una imaginería enormemente evocadora Juan describe el glorioso futuro de quienes se resisten a la marca de la bestia y con confiada fe se vuelven al Cordero. Nos devuelve a los deseos originales de Dios al crear todas las cosas.” (Mounce, p.535) (150)

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto. (7) ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro” (22;6-7).

Se nos advierte nuevamente que “las cosas [que hemos estudiado en este libro] deben suceder pronto”; y el propio Jesucristo nos dice: “¡He aquí, vengo pronto!”. A continuación se nos da la sexta bienaventuranza si guardamos “las palabras de la profecía de este libro” (22:7). Es decir, si no caen en “saco roto”, si las creemos y obramos en consecuencia, amándonos unos a otros como Jesús nos ama.

“La cercanía del tiempo del fin, que refleja la cláusula «que deben suceder pronto», no es un problema peculiar del libro de Apocalipsis. Pablo afirma también que el tiempo es corto y que los cristianos han de ajustar su forma de vida a este hecho (1 Cor 7:29-31). (Mounce, p.538) (151)

“Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostraba estas cosas. (9) Pero él me dijo: Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.” (22:8-9)

Este mensaje de no adorar a ninguna criatura sino solo a Dios es uno de los temas fundamentales del Apocalipsis; recordemos solamente, por ejemplo,  las veces que se nos ha dicho que no adoremos a la bestia ni a su imagen, para que no recibamos su marca; porque ningún idólatra puede entrar en el Reino de Dios.

No puedo menos que acordarme ahora de mis amigos católicos que tanta veneración tienen a la Virgen María, que hasta se postran ante cualquier imagen que la representa, de las muchas que tienen, y le rezan como si ella, una criatura humana, tuviera la capacidad divina de escuchar y atender las oraciones de millones de personas por todo el mundo, porque han puesto su fe en ella, y le piden cosas que quizá no se atreven a pedir al Todopoderoso, porque creen que una madre es más permisiva y condescendiente que nuestro Padre Dios.

“Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. (11) El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.” (22:10-11).

La insistencia en la inminencia del pronto regreso de Jesús es significativa; demuestra que Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Ti. 2:4). Él no quiere que a nadie le sorprendan los acontecimientos relativos al fin del mundo que en este libro se relatan. Desea que todos estemos preparados para recibirle cuando “el Hijo del Hombre venga sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria” (Mt. 24:30); los que no estén preparados lo lamentarán; y dirán “a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; (17) porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (6:16).

“[…] El final está siempre cerca en el sentido de que cada generación cristiana puede ser la última, o de que el retorno de Cristo en el arrebatamiento hace que el fin sea siempre inminente durante la era de la Iglesia. Una de las sugerencias más valiosas es la que ve en el libro de Apocalipsis una doble perspectiva: su tema principal es la lucha entre Cristo y el anticristo que llega a su punto culminante al final de la era, sin embargo esta lucha se produjo también entre la Iglesia y el estado del siglo primero y ha ido apareciendo a lo largo de la historia siempre que los estados han planteado demandas totalitarias. Por ello el tiempo siempre ha sido inminente. Durante el periodo de la historia de la redención que media entre la Cruz y la Parusía, esta tensión de inminencia es constante. (Mounce, p.540-541) (152)

No esperemos a que Dios pronuncie la sentencia: El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.” (22:11); porque entonces habrá terminado el tiempo de Gracia, y nos será imposible rectificar.

“Desde la perspectiva del autor de Apocalipsis, el final está tan cerca que ya no queda tiempo para alterar el carácter y los hábitos de las personas. Aquellos que obran mal seguirán haciéndolo, y los moralmente inmundos continuarán en su abyecta condición. La idea fundamental del versículo es que, puesto que el tiempo del fin es ahora inminente, ha llegado el momento de que las personas recojan las consecuencias de la clase de vida que han llevado. Llega un momento en que el cambio se hace imposible puesto que el carácter se ha arraigado profundamente a la persona por toda una vida de práctica habitual. La llegada del fin impide de antemano cualquier posibilidad de alteración.” (Mounce, p.541) (153)

He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. (13) Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. (14) Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.” (22:12-14)

Jesucristo, con sus títulos que le identifican como Ser eterno – “el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último”– nos vuelve a avisar de Su pronto regreso, y nos anuncia la séptima y última bienaventuranza de este libro: seremos felices si “lavamos nuestras ropas”, pero estas ropas –que representan la justicia y pureza solo proceden de Dios–  únicamente se pueden lavar con la sangre derramada de Cristo. Esto último nos recuerda lo que se registra en el capítulo 7:14, cuando uno de los veinticuatro ancianos le responde a San Juan: él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.” (7:14). Pero viene bien ahora leer también el contexto: “Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? (14) Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. (15) Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. (16) Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; (17) porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. (7:13-17).

Completo mi comentario con lo siguiente de R.H. Mounce, que me parece muy conveniente:

[…] La doctrina de la distribución de recompensas a los seres humanos según sus obras se enseña a lo largo de toda la Escritura. Jeremías 17:10 es uno de los textos más representativos al respecto: «Yo, el SEÑOR, escudriño el corazón, pruebo los pensamientos, para dar a cada uno según sus caminos, según el fruto de sus obras». Pablo enseña que Dios «PAGARÁ A CADA UNO CONFORME A SUS OBRAS» (Rom 2:6), y Pedro afirma que Dios «juzga según la obra de cada uno» (1 Ped 1:17, Phillips). Esta recompensa será para el justo una bienaventuranza espiritual, pero para los perversos representará juicio. La indicación definitiva de lo que cree una persona realmente nos la da la clase de vida que vive. (Mounce, p.541-542) (154)

“Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.” (22:15)

"El versículo no pretende enseñar que en el estado eterno toda clase de personas impías vivirá en las inmediaciones de la ciudad celestial. Se limita sencillamente a describir el futuro con imaginería del presente. El propósito es contrastar la bienaventuranza de los fieles con el lúgubre destino de los impíos. Juan no se esfuerza en transmitir un cuadro cronológico exacto sino en utilizar imágenes apropiadas e intensas para transmitir la verdad.

Juan enumera seis tipos de malhechores (o quizá siete, dependiendo de cómo se computen las dos clases de mentirosos) que quedarán excluidos de la ciudad. En la Escritura, el término «perro» se utiliza para aludir a varias clases de personas impuras y perversas. En Deuteronomio 23:17-18 este término sirve para aludir un prostituto ritual. En la cultura judía de la Palestina del primer siglo este término se utilizaba en referencia a los paganos (Mt 15:22 y ss.), y en Fil 3:2 Pablo cambia las tornas y lo aplica a los judaizantes. Junto con los perros serán también excluidos aquellos que practican la hechicería, los inmorales, los asesinos, idólatras, y todos los mentirosos. Amar y practicar la mentira implica estar completamente desprovisto de verdad. Éstos han llegado a parecerse a su líder, Satanás, «el cual engaña al mundo entero» (Apoc 12:9; también 13:13-15; 16:14)." (Mounce, p.543) (155)

Ahora viene bien recordar la enumeración de gente perversa, muy parecida a esta, que se nos da en el capítulo 21 anterior: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (21:8)

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.” (22:16)

“El ángel que ha guiado a Juan a lo largo de las diferentes visiones del libro recibe ahora la autenticación de parte del propio Jesús. Este ministerio de la revelación le ha sido delegado al ángel de Cristo. El uso del plural «daros» indica que tales revelaciones tenían como receptores a otras personas además de Juan. Con ello se subraya el hecho de que las visiones no son un asunto privado sino algo que atañe a toda la Iglesia.

Jesús se presenta como «la Raíz y la descendencia de David». Él es el cumplimiento de la promesa de Isaías en el sentido de que el Mesías retoñará como «un renuevo... del tronco de Isaí» (Is 11:1, 10; cf. Rom 1:3). En la visión del gran salón del trono del capítulo 5 era «El león de la tribu de Judá, la raíz de David» (v. 5). Jesús se autodenomina también «la estrella resplandeciente de la mañana». […] La estrella de la mañana representa la promesa de que la larga noche de la tribulación ha terminado y la aurora del nuevo día escatológico está próxima a despuntar. (Mounce, p.544) (156)

“Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.” (22:17)

Evidentemente, “el Espíritu y la Esposa” se refieren al Espíritu Santo y a la Iglesia universal, respectivamente, y ambos invitan, a todo el que quiera, a beber “del agua de la vida gratuitamente”; la misma agua que Jesús prometió dar a la mujer samaritana: el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.(Jn. 4:14). Es la misma invitación a beber del agua que lleva a vida eterna la que se registra en el capítulo 7 del Evangelio de San Juan: “[…] Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. (38) El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. (39) Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.” (Jn. 7:37-39)

“Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. (19) Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.” (22:18-19)

“El libro se dirige hacia su conclusión con una severa advertencia a no añadir ni quitar nada de su mensaje profético. Se dirige, no a futuros escribas que pudieran ser tentados a alterar el texto (¡ni a los críticos textuales que han de decidir entre las variantes más cortas y las más largas!), sino a «todos los que oyen», es decir, a los miembros de las siete iglesias de Asia en las que el libro iba a ser leído en voz alta. La advertencia se dirige a aquellos que intencionadamente pretenderían distorsionar el mensaje. El sentido es parecido al de las duras palabras que Pablo dirige en Gálatas 1:6, 7 a aquellos que pervertían el Evangelio.

[...]

Este pasaje debe tomarse de un modo sencillo como una severa advertencia a los oyentes para no desfigurar el mensaje esencial que se revela por medio de Juan. La pérdida del derecho al árbol de la vida y a morar en la ciudad santa es un castigo impresionante.” (Mounce, p.544) (157)

“El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. (21) La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.” (22:20-21)

Vuelve a ser el propio Jesucristo el que se dirige a todos los oyentes y lectores para reafirmar la verdad, y proximidad en el tiempo, de su retorno glorioso a fin “de destruir a los que destruyen la Tierra” (11:18 úp.) y arrebatar a los santos a Su encuentro en el Cielo (1 Co. 15:51-58; cf. 1 Ts. 4 13:18).

“Con esto termina el libro de Apocalipsis, que ha servido para informar a los lectores de aquella época (y a los de periodos posteriores) que Dios es Soberano y que su plan eterno para la raza humana se cumplirá sin lugar a dudas. Durante el periodo intermedio habrá hostilidad y oposición, sin embargo lo que Dios ha decretado ha de cumplirse necesariamente. Las gentes tendrán que hacer frente a la crucial decisión de dar su lealtad a la bestia (y por tanto al propio Satanás) o al Cordero. Aquellos que decidan recibir la marca de la bestia acabarán compartiendo el mismo destino que ella. La gran ciudad de Babilonia caerá. Aquellos que escojan seguir al Cordero, que lleva las marcas del sacrificio redentor, disfrutarán de eterna comunión con Dios en la Nueva Jerusalén. El fin de todas las cosas se ha puesto al descubierto ante los lectores del libro de Apocalipsis. (Mounce, p.548) (158)

Doy muchas gracias a Dios porque me ha dado fuerza, perseverancia y alguna inspiración, porque de lo contrario no habría podido llegar hasta el final.

 

Quedo a disposición del lector para lo que pueda servirle.

 

Afectuosamente en Cristo

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 

 

<Anterior><Arriba> <Siguiente>

 

 

 


Referencias bibliográficas

*Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

Abreviaturas frecuentemente empleadas:

AT = Antiguo Testamento

NT = Nuevo Testamento

AP = Antiguo Pacto

NP = Nuevo Pacto

Las abreviaturas de los libros de la Biblia corresponden con las empleadas en la versión de la Biblia de Reina-Valera, 1960 (RV, 1960)

pp, pc, úp referidas a un versículo bíblico representan "parte primera, central o última del mismo ".

Abreviaturas empleadas para diversas traducciones de la Biblia:

NBJ: Nueva Biblia de Jerusalén, 1998.

BTX: Biblia Textual

DHHe (D): versión Dios habla hoy con Deuterocanónicos

Jünemann: Sagrada Biblia-Versión de la LXX al español por Guillermo Jüneman

N-C: Sagrada Biblia- Nacar  Colunga-1994

JER 2001: *Biblia de Jerusalén, 3ª Edición 2001

BLA95, BL95: Biblia Latinoamericana, 1995

LBLA: La Biblia de las Américas

BNP: La Biblia de Nuestro Pueblo

NVI 1999: Nueva Versión Internacional 1999

LPD: El Libro del Pueblo de Dios, Levoratti y Trusso

SB-MN: . La Santa Biblia-Martín Nieto

SRV2004: Spanish Reina Valera 2004

 

Bibliografía citada

 

(1) Strong, Diccionario griego español

(2) versión parafraseada del Apocalipsis extraída del Curso anónimo sobre Apocalipsis

(3) Ibíd.

(4) Relación de algunos de los diversos Comentarios bíblicos del Apocalipsis leídos

Shappley de Álamo, Homero,  APOCALIPSIS Análisis de las profecías y visiones, 2007

Taylor,  R. A. Apocalipsis: Un Comentario de Referencia, 20/06/1998

MacArthur, John, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Apocalipsis, Editorial Portavoz, 2010.

Mounce, Robert H. Comentario al libro del Apocalipsis, Editorial Clie, 2007

Maxwell, C. Mervyn, Dios revela el futuro, el mensaje de Apocalipsis, t.2, Publicaciones Interamericanas, 1989

(5) Barclay, William, p. 5, 0283 Comentarios completos N.T. Apocalipsis C.T.C. 01-02-0283-14. Editorial CLIE, 1991

(6) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 41,  Editorial Clie, 2007

(7) Apocalipsis - Wikipedia, la enciclopedia libre,

(8) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(9) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 42,  Editorial Clie, 2007, 

(10) https://es.wikipedia.org/wiki/Apocalipsis

(11) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(12) Ibíd.

(13) Ibíd.

(14) Ibíd.

(15) Ibíd.

(16) Ibíd.

(17) Ibíd.

(18) Ibíd.

(19) Ibíd.

(20) Ibíd.

(21) Ibíd.

(22) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 61-62,  Editorial Clie, 2007 

(23) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 42,  Editorial Clie, 2007

(24) Persecución a cristianos en el Imperio romano - Wikipedia, la enciclopedia libre

(25) Ibíd.

(26) Ibíd.

(27) Goena, Fernando y Lasheras, Juan, Historia de la Iglesia - Edad Antigua (gecoas.com)

(28) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(29) Ibíd.

(30) Goena, Fernando y Lasheras, Juan, Historia de la Iglesia - Edad Antigua (gecoas.com)

(31) Juan el Apóstol - Wikipedia, la enciclopedia libre

(32) Ibíd.

(33) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 53,  Editorial Clie, 2007

(34) Ibíd. 54-55

(35) Ibíd., p. 57-58

(36) Ibíd., p. 66

(37) Ibíd., p. 67

(38) Ibíd., p. 67

(39) Truman, Cliff, Comentario a Apocalipsis, p.25

(40) Ibíd., p. 25

(41) Ibíd., p. 25-26

(42) Apocalipsis - Wikipedia, la enciclopedia libre

(43) Mounce, H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 69,  Editorial Clie, 2007

(44) Ibíd., p. 69

(45) Truman, Cliff, Comentario a Apocalipsis, p.24

(46) Mounce, H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 83,  Editorial Clie, 2007

(47) Ibíd., p. 84

(48) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis.

(49) Ibíd.

(50) Truman, Cliff, Comentario a Apocalipsis, p.3

(51) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 85,  Editorial Clie, 2007
(52) Emperadores romanos que buscaron destruir el cristianismo y fracasaron (aciprensa.com)Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en National Catholic Register.
(53) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 84,  Editorial Clie, 2007

(54) Ibíd., p. 87-88

(55) Ibíd., p. 88

(56) Ibíd., p. 89-90

(57) Ibíd., p. 92-93

(58) Ibíd., p. 93

(59) Ibíd., p. 93-94

(60) Ibíd., p. 94-95

(61) Ibíd., p. 95

(62) Ibíd., p. 96

(63) Ibíd., p. 96-98

(64) Ibíd., p. 99-100

(65) Ibíd., p. 100-101

(66) Ibíd., p. 101

(67) Ibíd., p. 102

(68) Ibíd., p. 102

(69) Ibíd., p. 102

(70) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(71) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 103,  Editorial Clie, 2007

(72) Ibíd., p. 103

(73) Apuntes Curso sobre el libro de Apocalipsis

(74) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 102,  Editorial Clie, 2007

(75) Ibíd., p. 103

(76) Ibíd., p. 104

(77) Ibíd., p. 105

(78) Ibíd., p. 106

(79) Ibíd., p. 106

(80) Ibíd., p. 106

(81) Ibíd., p. 107

(82) Ibíd., p. 107

(83) Ibíd., p. 108

(84) Ibíd., p. 108-109

(85) Ibíd., p. 109-110

(86) Ibíd., p. 111

(87) Ibíd., p. 112

(88) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(89) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 103,  Editorial Clie, 2007

(90) Ibíd., p. 103

(91) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(92) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 103,  Editorial Clie, 2007

(93) Ibíd., p. 103

(94) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(95) Ibíd.

(96) Diccionario de la iglesia primitiva (p.124).  www. ElCristianismoPrimitivo.com. Compilado por Brian Gray y editado por Anthony Hurtado Este diccionario es obsequiado al dominio público. No tiene derechos reservados www. ElCristianismoPrimitivo.com

(97) García de Cortazar, José ángel y Ruiz de Aguirre, Universidad de Santander, Valdeon Baruque Julio, Universidad de Valladolid; Gran Historia Universal, tomo XI, p. 83, Ediciones Najera (S.A. de Promociones y Ediciones Club Internacional del Libro, Madrid)

(98) Diccionario bíblico (módulo e-Sword)

(99) Ibíd.

(100) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  ¿Reinarán Cristo y sus santos un Milenio en la Tierra restaurada?, … p.23-25

(101) Mounce, H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 543,  Editorial Clie, 2007

(102) Apuntes anónimos Curso sobre el libro de Apocalipsis

(103) Ibíd.

(104) Ibíd.

(105) Ibíd.

(106) Ibíd.

(107) Ibíd.

(108) Ibíd.

(109) Ibíd.

(110) Ibíd.

(111) Ibíd.

(112) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia, los reinos mundiales y el Reino de Dios,  ¿Es el Arcángel Miguel el que detiene al Anticristo?

(113) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia y el falso profeta

(114) Auge y disolución de la Unión Soviética (lavanguardia.com)

(115) http://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_romano

(116) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia, los reinos mundiales y el Reino de Dios,  

(117)  Bentué, Antonio,  Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Introducción a la Historia de las religiones (pág. 191).

(118) Ibíd., ps. 191-192.  (Extraído de  Aracil, Orts, Carlos,  ¿Es el Arcángel Miguel el que detiene al Anticristo?)

(119) Aracil, Orts, Carlos, <https://amistadencristo.com>.  El dragón, la bestia, y el falso profeta,

(120) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 366-367,  Editorial Clie, 2007

(121) Ibíd., p. 369

(122) Ibíd., p. 387-388

(123) Ibíd., p. 410-411

(124) Ibíd., p. 413-414

(125) Ibíd., p. 411-412

(126) Ibíd., p. 411

(127) Ibíd., p. 415

(128) Ibíd., p. 416

(129) Bentué, Antonio,  Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Introducción a la Historia de las religiones (pág. 191-192).

(130) http://es.wikipedia.org/wiki/Sacro_Imperio_Romano_Germ%C3%A1nico

(131) Bentué, Antonio,  Profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Introducción a la Historia de las religiones (pág. 191-192).

(132)  https://es.wikipedia.org/wiki/Napole%C3%B3n_Bonaparte

(133) https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios

(134) http://es.wikipedia.org/wiki/Sacro_Imperio_Romano_Germ%C3%A1nico

(135)https://es.wikipedia.org/wiki/Uni%C3%B3n_Sovi%C3%A9tica

(136) Ibíd.

(137) Dominación del mundo - Wikipedia, la enciclopedia libre

(138) https://nanopdf.com/download/los-estados-pontificios_pdf

(139) Biblioteca Nacional de España (bne.es)

(140) https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios

(141) https://es.wikipedia.org/wiki/Napole%C3%B3n_Bonaparte

(142) https://es.wikipedia.org/wiki/Estados_Pontificios

(143) Ibíd.

(144) Ibíd.

(145) Catecismo de la Iglesia Católica, 2121

(146) Aracil, Orts, Carlos,https://amistadencristo.com. El dragón, la bestia, y el falso profeta

(147) Mounce H. Robert, en su libro Comentario al libro de Apocalipsis, p. 534,  Editorial Clie, 2007

(148) Ibíd., p. 532

(149) Ibíd., p. 534

(150) Ibíd., p. 535

(151) Ibíd., p. 538

(152) Ibíd., p. 540-541

(153) Ibíd., p. 541

(154) Ibíd., p. 541-542

(155) Ibíd., p. 543

(156) Ibíd., p. 544

(157) Ibíd., p. 544

(158) Ibíd., p. 548

 

 

© Carlos Aracil Orts. Derechos reservados. No obstante, se concede permiso de reproducir cualquier contenido de este sitio Web, con las siguientes condiciones: (1) Que no sea usado con objetivos comerciales. No se permite la venta de este material. (2) En todo caso, se debe incluir claramente la dirección de este sitio web: www.amistadencristo.com, y el nombre del autor o autores que figuren en cada estudio o artículo publicado en esta web. (3) Se ha de dar reconocimiento también a otros autores y a sus respectivas fuentes originales del material que se haya usado en la composición y redacción del contenido de esta web, manteniendo las referencias textuales con derechos de autor (copyright).

 

Carlos Aracil Orts

www.amistadencristo.com

 

 

 

 

<Anterior><Arriba> <Siguiente>