Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

El problema del mal y del sufrimiento (Teodicea)

 

¿Adónde se dirige este mundo?

 
Versión: 07-06-2020
 
 

Carlos Aracil Orts

1. Introducción.*

Nadie podía imaginar que una especie de gripe, producida por un desconocido virus en un lugar tan lejano, para los que vivimos en occidente, como Wuhan (China), iba a convertirse en una pandemia que afectaría al mundo entero, produciendo estragos no solo en la salud, con miles de muertos, sino también produciendo tan demoledores efectos sobre la economía, que los entendidos dicen que hay que remontarse a las crisis provocadas por la primera y segunda guerras mundiales, para encontrar efectos comparables o similares. 

Antes de surgir esta pandemia del coronavirus no apreciábamos la libertad que poseíamos de poder salir de casa cuando nos apeteciera, e ir a cualquier sitio que se nos ocurriera. Se cumple una vez más que es necesario que se nos prive de algo para que entonces lo valoremos en su justa medida.

Todo este enorme drama que ha causado este desconocido virus, que ha trastornado nuestras vidas, debe servir para hacernos reflexionar:

Paisaje¿Puede ser esta pandemia una especie de preludio de peores males que sobrevendrán, como una advertencia de Dios, para prevenir a un mundo que le ignora y que se rebela contra Él, a fin de que rectifique y no siga por el camino que conduce al abismo y a la perdición?

Mucha gente vivía inmersa en los afanes de este mundo, trabajando muchas horas a lo largo del día, quizá pluriempleada,  a fin de poder llegar a fin de mes, o bien para poder permitirse ciertos caprichos. Esto causaba que los padres y madres de familia apenas tenían tiempo para comunicarse entre sí, ni para satisfacer las necesidades educativas y psicológicas de sus hijos, en edad escolar, o incluso adolescentes.

Tampoco apreciábamos la importancia de reunirse con la familia y con los amigos. De lo natural que era el contacto social y familiar, el abrazarse y besarse.

Ahora comprendo mejor lo que significa carecer de libertad; me acordé de los presos en las cárceles, los que aún en muchos lugares de este planeta viven en condiciones penosas, por estar confinados en espacios reducidos e insalubres y con comida escasa y de mala calidad.

Todo el sufrimiento que ha habido, y sigue existiendo, en este mundo, tiene como causa el vivir de espaldas a Dios,  ignorarle y rebelarse contra su ley de amor y contra su Palabra revelada.

Por poner unos pocos ejemplos, de nuestra historia reciente, recordemos el terrible sufrimiento de los presos en los campos de concentración nazi.  Y lo que es aún más misterioso, las terribles persecuciones y torturas que los dirigentes católicos de la Inquisición llevaron a cabo, apresando, torturando, para terminar quemando en la hoguera, a cientos de miles de personas, cuyo único delito cometido era discrepar de la fe católica. Lo más terrible de la Inquisición es que torturaba y exterminaba a las personas en nombre de Dios y de Cristo, a fin de mantener pura la fe cristiana.

Aunque hoy día no es frecuente que unos, que se llaman cristianos, quieran destruir a otros, siguen coexistiendo las falsas religiones cristianas con las verdaderas; siendo aquellas las que engañan con doctrinas demoniacas a sus fieles, y además les extorsionan. Como, el apóstol Pablo, denunció proféticamente “como “lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hechos 20:28-30).

Leamos ahora, al respecto unos pasajes proféticos de la Palabra de Dios, que nos pueden hacer reflexionar para hacernos conscientes de a qué extremos ha llegado y puede llegar la maldad de los seres humanos.

Apocalipsis 18:1-4, 20-24: Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria. (2) Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. (3) Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites. (4) Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; (5) porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades. […] (20) Alégrate sobre ella, cielo, y vosotros, santos, apóstoles y profetas; porque Dios os ha hecho justicia en ella. (21) Y un ángel poderoso tomó una piedra, como una gran piedra de molino, y la arrojó en el mar, diciendo: Con el mismo ímpetu será derribada Babilonia, la gran ciudad, y nunca más será hallada. (22) Y voz de arpistas, de músicos, de flautistas y de trompeteros no se oirá más en ti; y ningún artífice de oficio alguno se hallará más en ti, ni ruido de molino se oirá más en ti. (23) Luz de lámpara no alumbrará más en ti, ni voz de esposo y de esposa se oirá más en ti; porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra; pues por tus hechicerías fueron engañadas todas las naciones. (24) Y en ella se halló la sangre de los profetas y de los santos, y de todos los que han sido muertos en la tierra.

No obstante este dramático tiempo que estamos viviendo por el obligado y necesario confinamiento en nuestras casas,  puede ser un buen momento para que lo aprovechemos para crecer espiritualmente y obtengamos más paz, por medio de la unión con Cristo, que es el único que nos da a conocer a Dios, porque es uno con el Padre (Jn. 10:30).

Juan 10:27-30: Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, (28) y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. (29) Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. (30) Yo y el Padre uno somos.

Sin embargo, para conseguirlo necesitamos discernimiento para distinguir entre lo verdadero y lo falso, y además tomar consciencia de adónde se dirige este mundo.

2. ¿Adónde se dirige este mundo?

¿Qué rumbo, en general, estamos llevando la mayoría de las personas que vivimos en este mundo? ¿Para qué nos afanamos tanto? ¿Cuáles son nuestros objetivos?

¿No es cierto que cuando oímos la radio, vemos la TV, o leemos la prensa, nos enteramos de lo mucho que abundan la llamada violencia de género, la miseria y pobreza en la que viven tantas personas, la falta de dirección y de valores morales de muchos jóvenes, que no buscan otra cosa que emborracharse los fines de semana, o evadirse a través de, cada vez más, distintitos tipos de drogas, con lo que no consiguen sino hacerse esclavos de las mismas y deteriorar su salud?

¿Qué decir de los conflictos bélicos que subsisten y no paran en todo el planeta, y que han provocado la desbandada de tantos inmigrantes huyendo de sus países de origen a fin de salvar sus vidas? ¿Y qué pensar del afán armamentístico de las naciones, que invierten millones de dólares en armas  cada vez más sofisticadas, algunas de ellas de destrucción masiva?

¿No se podría hacer un mundo mejor invirtiendo esos tremendos capitales en crear industrias y puestos de trabajo, ayudando a los países más desfavorecidos del tercer mundo?

A la vista de todo ello, me viene a la mente la amonestación con que el apóstol Pablo advertía a sus coetáneos de Roma hacia la mitad del siglo I d. C.:

“[…] habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.  Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; (29) estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades;) murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres,  necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia;  quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican” (Romanos 1:21-32).

¿Acaso esta depravada sociedad que tan gráfica y lúcidamente describe el Apóstol no retrata la nuestra, que nos ha tocado vivir?

3. ¿Cómo podemos vencer al virus del mal sino es haciendo el bien (Romanos 12:21)?

Sabemos, y creemos firmemente, que Dios hace que los males reviertan en bienes para los que le aman (Ro. 8:28).

Romanos 8:28-39 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Viene muy a propósito que meditemos en los mandamientos de la Palabra de Dios que están en el contexto del versículo de Romanos 12:21, que inspira el enunciado de este apartado. Ellos, aunque conforman la Ley de Cristo (1 Co. 9:20-21), quizá sean mucho menos conocidos que los famosos Diez mandamientos de las “tablas de piedra o del testimonio” (Éx. 31:18; 34:28; Dt. 9:9;10:1; etc.) que Dios dio a Moisés. Sin embargo, los cristianos no somos juzgados por esta ley sino solo por la ley de Cristo.

Romanos 12:9-21: El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. (10) Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. (11) En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; (12) gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; (13) compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad. (14) Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. (15) Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. (16) Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. (17) No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. (18) Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. (19) No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. (20) Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. (21) No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.

Por eso debemos preguntarnos, ¿cómo estamos afrontando las perniciosas consecuencias de esta tremenda pandemia? ¿Nos acerca a Dios o por el contario nos aleja de Él? ¿Nos estamos dejando deprimir, para caer en el desánimo?

¿Cómo estamos gestionando esta difícil situación que nos ha hecho no solo más pobres, sino que también nos está impidiendo relacionarnos con los familiares y amigos que no conviven con nosotros, y que antes de esta situación podíamos visitar y hablar con ellos cuanto quisiéramos? 

Esta pandemia con todos sus males pasará pronto, aunque algunas cosas tardarán algo más en volver a la normalidad, y otras nunca volverán a ser de la misma manera. Sin embargo, lo esencial es que hayamos aprendido la lección, porque “Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos” (Hebreos 12:7). Leamos su contexto:

Hebreos 12:3-15: Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. (4) Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; (5) y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; (6) Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. (7) Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? (8) Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. (9) Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? (10) Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. (11) Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. (12) Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; (13) y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. (14) Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. (15) Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.

Aceptemos esa disciplina divina, tomando como ejemplo a “Cristo, [que] en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. (8) Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; (9) y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5:7-9).

Por eso, el Autor del libro de Hebreos nos insta a: “Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. (4) Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado” (Heb. 12:3-4).

Ahora, pues, es un tiempo que debemos aprovechar para cambiar aquellos hábitos nocivos de nuestras vidas, y sustituirlos por otros más saludables y acordes con la voluntad de Dios.

¿Qué quiere Dios que hagamos?

En primer lugar, que nos reconciliemos con Él (2 Corintios 5:11,14-21):

2 Corintios 5:11-21: Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a vuestras conciencias. [..] (14) Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; (15) y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. (16) De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. (17) De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. (18) Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; (19) que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. (20) Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. (21) Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

En segundo lugar, que amemos al prójimo, que vivamos de forma mas altruista, pensando más en el bien del prójimo que en nuestro beneficio personal: “Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven” (Romanos 14:7-9).

4. Conclusión

Aceptemos que cualquier aparente mal que nos sobrevenga, incluido esta pandemia del coronavirus, no como un mal que nos ha enviado Dios, sino como algo que Él ha permitido, como una disciplina: “Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.  Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? (Hebreos 12:6-7). Como un aviso para que no siguiéramos por el camino que lleva a la perdición. Como escribió C.S. Lewis, “el sufrimiento es el megáfono de Dios para despertar a un mundo de sordos” (Tierras de penumbra).

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 


Referencias bibliográficas

*Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina - Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

Abreviaturas:

AT = Antiguo Testamento
NT = Nuevo Testamento

Las abreviaturas de los libros de la Biblia son las consignadas por la versión Reina-Valera, 1960

 

 

 

 

 

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