Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

Preguntas y Respuestas

Miscelánea

 

¿Escandalizo si no asisto a la iglesia o no doy diezmos?

 
Versión: 05-10-2018

 

 

Carlos Aracil Orts

1. Introducción*

Un lector de mi web me dirigió sus comentarios y críticas, que agradezco y que transcribiré más abajo. En ellos me critica, en primer lugar, que este servidor propugna, predica o defiende que los cristianos no necesitan congregarse como iglesia; es decir, que pueden ser buenos cristianos sin reunirse con los hermanos de forma periódica o semanal, en un sitio o local destinado a estas reuniones. Sin embargo, no es así exactamente mi creencia, ni es verdad que predico ello, ni siquiera lo defiendo. Lo recomendable es que los cristianos nos congreguemos, pero no por obligación, o porque sea un mandamiento del Señor, sino que lo hagamos teniendo presente un objetivo que es el que preconiza la palabra de Dios: “para estimularnos al amor y a las buenas obras” (Hebreos 10:25).

En segundo lugar, también se me critica que predico que los cristianos no tenemos la obligación de dar los diezmos a ninguna iglesia. Y esto es cierto; pues creo y defiendo que en el Nuevo Pacto en Cristo no existe mandamiento del Señor de entregar el diezmo de nuestros ingresos. Véase mi artículo al respecto en esta web (1).

“Hola. Bueno, le escribo por el hecho que encontré algunas indicaciones que no son bíblicas y correctas en esta página. Que son las que dicen que No es necesario congregarse y que el Nuevo pacto no habla de los diezmos. Refiriéndome a lo primero la palabra dice claramente en Hebreos 10:25 "no dejen de congregarse como tienen por costumbre algunos”. Y en todas las cartas se dirige a las iglesias hasta en el Apocalipsis. Con respecto a los diezmos también habla en Hebreos cap. 7 y en Lucas 18:12. Y en especial indica en Hebreo 7:8 que "y aquí ciertamente reciben (indicativo de tiempo presente) los diezmos los hombre mortales, pero allí uno de quien se da testimonio de que vive (tiempo presente) (7:9) y por decirlo así, en Abraham pagó los diezmos también Levi, que recibe los Diezmos. Y aparte Abraham le dio los diezmos a Melquisedec antes de la ley y los judíos. Como acto espiritual y de agradecimientos. (Lucas).

Que el citado lector, hermano en Cristo, afirme que ha encontrado algo de lo que he publicado en mi web, que no es bíblico ni correcto me parece muy bien que me lo comunique, porque si está en lo cierto es algo que debo corregir, y, por tanto, se lo agradecería, y habría realizado una buena obra al sacarme del error. Pero lo único que me ha dolido es su último párrafo, en el que me acusa de traer confusión y escandalizar a los hermanos.

Veamos el final de su escrito, que me ha parecido muy duro e incluso injusto. Primero, porque este escritor, nunca ha predicado en contra de que los cristianos se reúnan, sino todo lo contrario. Y, segundo, porque su exhortación final me ha parecido carente de verdad y nada piadosa, muy propia de alguien que antepone el legalismo al amor, que es lo que debe presidir toda relación entre seres humanos, y mucho más entre hermanos en la fe.

“Sin más que decir les exhorto a que caminen como Dios demanda por medio de Jesucristo y que no traigan confusión sobre los hermanos porque como dice la Biblia al que haga tropezar a uno de estos pequeños mejor sería atarse una piedra de molino y echarse al mar”.

¿Por qué me juzga tan duramente de traer confusión y de hacer “tropezar a uno de estos pequeños” parafraseando a Jesucristo”?

Veamos algo del contexto donde Jesucristo dijo algo parecido, para ver si es aplicable a mi conducta  (ver Mt. 18:6; cf. Mr. 9:42; Lc. 17:1-2):

Mateo 18:6-9: Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. (7) ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! (8) Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. (9) Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.

Mateo 18:10: Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. (11) Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido.

Estimado hermano, permítame que le proponga que con nuestra imaginación asistamos al encuentro que tuvo nuestro Señor Jesucristo con unos fariseos: “Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: (36)  Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? (37) Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. (38) Este es el primero y grande mandamiento. (39) Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (40) De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:35-40).

También le pido, por favor, que lea y medite en los siguientes textos del gran Apóstol Pablo:

Romanos 13:8-10: No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. (9) Porque: No adulterarás, no matarás,no hurtarás,no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (10)  El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

Gálatas 5:14: Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

1 Corintios 13:1-8:Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. (2) Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes,(A) y no tengo amor, nada soy. (3) Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. (4) El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; (5) no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; (6) no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. (7) Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. (8) El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

Ahora, quizá, se estará usted preguntando que por qué le estoy hablando del amor.

Como cristianos que somos, o nos considerarnos, debemos caracterizarnos siempre por el amor al prójimo, eso es lo único de lo que no debemos carecer si queremos no solo llamarnos cristianos, sino ser cristianos de verdad, es decir, auténticos, por eso Jesús nos dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.  (35)  En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34-35).

Le digo todo esto porque creo que usted ha sido injusto conmigo al acusarme de “traer confusión sobre los hermanos y de hacerlos tropezar”. Eso no es cierto. Y le invito, primero, a que pruebe fehacientemente sus afirmaciones, citando mis frases, haciendo referencia a los artículos dónde haya leído que predico contra la necesidad de que los cristianos se reúnan periódicamente, como iglesia; y, segundo, a que interprete correcta y propiamente la Biblia, en lo que respecta a la vigencia o no de la ley del diezmo.

Creo que usted se ha equivocado al juzgarme de esa manera. Y con su escrito me demuestra poco amor. Quizá le falte lo principal: más amor al prójimo y menos legalismo; porque es posible que su entendimiento esté cegado tratando de cumplir la ley moral de forma externa, como un legalismo, y no amando de verdad a los hermanos. Usted, estimado hermano que, al parecer, tanto se congrega debería saber que el congregarse no es un fin en sí mismo, sino un medio “para estimularnos al amor y a las buenas obras”. Usted ha escogido quedarse con el mandato de Hebreos 10:25, pero ha olvidado lo principal, que se declara en el versículo 24: el amor y las buenas obras. Véalo:

Hebreos 10:23-25: Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.  (24)  Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; (25) no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

Le he dicho que usted ha sido injusto conmigo y, además, me ha juzgado temeraria e incorrectamente; primero, porque este servidor nunca ha dicho que no es necesario congregarse; y, segundo, porque no hago tropezar, ni confundo a nadie cuando afirmo la siguiente verdad bíblica: en el Nuevo Pacto (NP) no existe el mandamiento de dar los diezmos a la iglesia”.

En lo que sigue trataré de probarle con argumentos bíblicos, en primer lugar, que no es verdad  que yo haya afirmado que “no es necesario congregarse”, y, en segundo lugar, también intentaré demostrarle que los textos del capítulo 7, del libro de Hebreos, en los que usted se apoya para defender la vigencia de  la ley del de Diezmo, no sirven en absoluto.

2. ¿Dónde he declarado que “no es necesario congregarse”?

Con respecto al mandamiento –o quizá sería más adecuado decir, recomendación o consejo– de “no dejar de congregarse”, que se cita en Hebreos 10:25, del que usted me acusa de que predico que no es necesario cumplirlo, dígame dónde he dicho que no es necesario cumplirlo; yo solo he dicho que no lo cumplo, y he dado mis razones por ello. Esto es algo que pertenece a mi fe y conciencia, y de las que solo tengo que dar cuenta a Dios, ningún ser humano debería arrogarse la autoridad para juzgarme, ni para decirme que con ello estoy escandalizando a alguien.
 
No obstante, le voy a transcribir lo que recuerdo haber publicado en un artículo, en mi web, https://amistadencristo.com, y le agradecería mucho, que me dijese dónde exactamente, es decir, en que palabras, frases o párrafos, escandalizo “a estos pequeños” a los que se refiere nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio de Mateo (18:6). El citado artículo publicado en mi web (2), fue respuesta a la siguiente consulta que me hizo un lector de mi web.

"¿Usted se reúne en alguna iglesia en particular?, yo necesito reunirme con hermanos en la fe, pues actualmente no lo hago por temor  a equivocarme de iglesia" (J.P).

Mi respuesta fue la que transcribo a continuación:

Siento decir que no asisto de forma habitual a ninguna iglesia. La razón de que no pertenezca a ninguna denominación cristiana –y de que no me congregue– es porque no he encontrado todavía, en la ciudad donde resido –Alicante– una iglesia con la que pueda compartir las mismas doctrinas que yo creo que son la Verdad bíblica. Una iglesia que nunca dé por sentadas y verdaderas algunas doctrinas por mucho que estén respaldadas por la Tradición y sean creencia mayoritaria en el cristianismo, hasta que se verifiquen a la saciedad que están ajustadas a la Biblia.

Sin embargo, no desespero en formar un grupito del hogar que tenga por objeto estudiar la Biblia, profundizar en la sola Palabra, dejando aparte todas las tradiciones e ideas preconcebidas.

Ciertamente, congregarse es bueno y aconsejable por muchos motivos, porque necesitamos “estimularnos al amor y a las buenas obras” (Hebreos 10:24,25). Pero, no necesitamos pertenecer a ninguna denominación religiosa para que nuestra “sed” de Dios sea calmada. Veamos cómo Jesús prometió a la samaritana de que si ella bebía del agua que Él le daría no tendría sed jamás.

Juan 4:13-24: Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;  (14)  mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. […]  (20) Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.  (21)  Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.  (22)  Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.  (23) Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.  (24)  Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad

En mi opinión, la forma de adoración más agradable a Dios es mediante el estudio y la predicación de Su Palabra, lo que lleva al conocimiento de Dios, a la santidad y, por tanto, al amor a Él y a nuestros semejantes, y a toda obediencia a lo que Dios nos manda en el Nuevo Pacto en Cristo. Y ¿cómo conoceremos a Dios y Su voluntad para con nosotros si no es mediante el estudio de Su Revelación especial que es Su Palabra?

Juan 17:3: Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

El agua simboliza el Espíritu Santo que solo se puede obtener mediante la Palabra, y es el mismo Jesús, mediante el cual, cuando nos alimentamos de Él, cuando comemos “la Palabra”, el Pan de vida (Juan 6:35,51,63) se nos da el Espíritu Santo, y nuestra sed será saciada, porque desde ese momento Cristo vivirá en nosotros mediante su Espíritu (Gálatas 2:20).

Juan 6:35: Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. […] 51  Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

Juan 6:63: El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

Juan 7:37-39: En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.  (38)  El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.  (39)  Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.

Querido hermano, necesitamos tener delante de nosotros el objetivo, la meta de nuestra carrera cristiana, como hacía el apóstol san Pablo (Filipenses 3:12-21), pues si no sabemos adónde vamos ¿cómo llegaremos a la meta? ¿Cuál es la meta del cristiano? ¿Cuál es el propósito de la vida?

Romanos 6:22:Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

Tenemos que ser santos en toda nuestra manera de vivir (1ª Pedro 1:13-16). Sin la santidad nadie verá al Señor (Hebreos 12:14).

1 Pedro 1:13-16: Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado;  (14)  como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;  (15)  sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;  (16)  porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.

¿Qué significa ser santo? Significa pertenecer a Cristo, que Él viva en nosotros mediante Su Espíritu. Que nuestro “viejo yo” haya sido sustituido por el Espíritu de Cristo. Que vivamos con amor a Dios y a nuestros semejantes (1ª Juan 4:20-21). ¿Cómo aprenderemos a amar si no sabemos vivir en comunión con nuestros hermanos o si no nos relacionamos con nadie?

Hebreos 10:23-25: Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.  (24)  Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; (25) no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.

El congregarse no es un fin en sí mismo sino para estimularnos en el amor y las buenas obras (Hebreos 10:23-25). ¿De qué sirven las reuniones de la Iglesia si no es para estimularnos en amor y para crecer en santidad?

Reunámonos para ese fin, y para estudiar la Palabra de Dios, la que transformará nuestras vidas a la semejanza de Cristo. Me incluyo porque también yo noto que necesito reunirme con otras personas pero para estudiar la Palabra no simplemente para pasar el rato.

Estimado hermano, le dejo el siguiente texto para que medite en él:

Colosenses 3:9-17: No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, (10) y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, (11) donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. (12) Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; (13) soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. (14) Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. (15) Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.  (16)  La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.  (17)  Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Ahora, le pido, por favor, me diga sinceramente, si he escrito algo en lo que antecede que se pueda calificar de escándalo para un creyente o no creyente.

3. Los textos del capítulo 7, del libro de Hebreos, no apoyan la vigencia de la ley del Diezmo.

Los textos que usted cita, del capítulo 7 de Hebreos, no apoyan de ninguna manera la vigencia de la ley veterotestamentaria del Diezmo. Como todas las leyes del AT, también la ley del Diezmo ha sido abolida en el Nuevo Pacto en Cristo. Y usted no debe pretender que todos los cristianos tengan que comulgar con las mismas doctrinas que usted confiesa profesar.

¿Acaso, no puede usted estar interpretando erróneamente la Biblia? ¿Por qué está tan seguro de que el Diezmo está vigente? Usted interpreta equivocadamente Hebreos 7:5-9, porque el autor del libro de Hebreos se refiere al diezmo y, en general a la Ley del AT, como algo que perteneció al Antiguo Pacto; y su intención es clara si atendemos al contexto, porque pretende convencer a los hebreos de que con Jesucristo se inicia una nueva era o dispensación; por eso declara contundentemente: “porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya cambio de ley” (Heb. 7:12). Es decir, el autor del libro de Hebreos, inspirado, como todo el resto de las Sagradas Escrituras, por el Espíritu Santo, nos habla, en primer lugar, de “Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, (2) a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo” (Heb. 7:1-2). Aquí se nos trata de aclarar quién era este misterioso Melquisedec, que además, de rey de paz (Salem), es sacerdote del Dios Altísimo; pero es un Ser singular: sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre” (Heb. 7:3). Este Personaje es tan grande que hasta Abraham le rinde pleitesía, y le entrega diezmos del botín (Heb. 7:4) conseguido en su batalla con los reyes paganos.

Sin embargo, no pretenderá usted deducir de aquí que, porque Abraham pagó el diezmo a Melquisedec, los cristianos también debemos hacerlo.

¿Hay algún texto en este capítulo 7 de Hebreos que sostenga que el diezmo es un mandamiento en el Nuevo Pacto?

Quizá no ha entendido usted que, el Autor de este libro sagrado, lo que pretende es hacernos saber que los cristianos no tenemos nada que ver con el sacerdocio levítico del AT, pues ahora tenemos a Cristo, que no tiene nada que ver con el sacerdocio levítico, “Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio. (15) Y esto es aun más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, (16) no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible” (Heb. 7:14-16).

Estimado hermano, ¿se da usted cuenta lo que el Autor nos está queriendo dar a conocer?

Notemos cómo el Autor va aclarando lo que quiere explicarnos, en los siguientes textos:  

“Pues se da testimonio de él [Cristo]: Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec. (18) Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia (19) (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios. (20) Y esto no fue hecho sin juramento;  (21)  porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo: Juró el Señor, y no se arrepentirá:  Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec” (Heb. 7:18-21).

Es decir, puesto que tenemos un sacerdote “Según el orden de Melquisedec”, que no tiene nada que ver con el orden levítico, Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia” (Heb. 7:18). Dicho de otra manera, para que lo entendamos mejor, las leyes del Antiguo Pacto, no rigen en el Nuevo Pacto, porque “Jesús es hecho fiador de un mejor pacto. (23) Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; (24) mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; (25)  por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. (26) Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; (27) que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. (28) Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre” (Heb. 17-28).

Precisamente, el libro de Hebreos, y estos textos en particular, nos atestiguan la abolición, o no vigencia, del Antiguo Pacto (vea Heb. 8:13).

Hebreos 8:13: Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.

Este capítulo 7 de Hebreos nos presenta a Mequilsedec, para a continuación decirnos que simboliza al sacerdocio de Cristo, y nos describe cómo Él nos salva; y todas las referencias a los diezmos son realmente secundarias, y se refieren a un régimen legal que existía en el AT, pero no en el NT.

El sacerdocio de Melquisedec

Hebreos 7:1-28: Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, (2) a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; (3) sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.  (4)  Considerad, pues, cuán grande era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín. (5) Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham. (6) Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. (7) Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor.  (8)  Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive. (9) Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; (10)  porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro. (11) Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?  (12) Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley;  (13)  y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. (14) Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio. (15) Y esto es aun más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, (16) no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible. (17) Pues se da testimonio de él: Tú eres sacerdote para siempre,  Según el orden de Melquisedec. (18) Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia  (19)  (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.  (20)  Y esto no fue hecho sin juramento;  (21)  porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le dijo: Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec. (22)  Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.  (23) Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; (24) mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; (25) por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. (26)  Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; (27) que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. (28) Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.

Usted se basa en los siguientes dos textos, que he subrayado arriba, de Hebreos (7:8-9), sin tener en cuenta todo el contexto del capítulo, para sostener que el diezmo está vigente en el Nuevo Pacto.

Hebreos 7:8-9: Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive. (9) Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; 

Su argumento para defender la vigencia de la ley del diezmo se basa únicamente en que el autor utiliza –en el texto anterior citado–  el tiempo verbal en presente, cuando dice: “ciertamente reciben los diezmos hombres mortales” (Heb. 7:8). Sin embargo, debería usted saber que el tiempo presente, en este caso se refiere, a los hombres mortales que estaban bajo el Antiguo Pacto, es decir los sacerdotes de la tribu de Leví, en contraposición con Abraham que dio los diezmos no a sacerdotes mortales sino a un sacerdote “de quien se da testimonio de que vive”; porque es símbolo de Jesucristo que “por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable;”  (Heb. 7:24).

Hermano, ¿Quiénes recibieron los diezmos? Solo los que estaban bajo la ley del sacerdocio levítico, pero, en la actualidad ¿existe el sacerdocio levítico? ¿A quién se darían los diezmos sino hay ley en el Nuevo Pacto que lo ordene?

No voy a intentar convencerle de que no pague el Diezmo; porque mientras usted crea que el Diezmo es un mandamiento del NP, usted debe cumplirlo, porque de lo contrario usted iría contra su propia conciencia y contra su propia fe, y cometería pecado. Pero usted no debe acusar a otros cristianos, y decirles que están escandalizando a “estos pequeños”, porque prediquen, de acuerdo a su fe y a su conciencia, que el Diezmo fue abolido, y que, por tanto, no es obligatorio en el NP.

En cualquier caso, estimado hermano, cada uno es responsable, de lo que cree y de lo que practica, ante Dios. Por otro lado, si usted encuentra algo publicado en mi web, https://amistadencristo.com, que de verdad esté escandalizando a otros cristianos o no cristianos quedaría muy agradecido si me lo comunicara, señalándome, exactamente, el, o los, artículo/s, indicando también el epígrafe y el párrafo.

Quedo a su disposición.

 

Afectuosamente en Cristo

 

 

 

 

Carlos Aracil Orts
www.amistadencristo.com

 

Si deseas hacer algún comentario a este estudio, puedes dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico: carlosortsgmail.com

 


Referencias bibliográficas

*Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia, salvo cuando se indique expresamente otra versión. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

Abreviaturas:

AT = Antiguo Testamento
NT = Nuevo Testamento

AP = Antiguo Pacto

NP = Nuevo Pacto

Las abreviaturas de los libros de la Biblia corresponden con las empleadas en la versión de la Biblia de Reina-Valera, 1960 (RV, 1960)

(1) ¿Deben los cristianos dar el diezmo de sus ingresos a sus iglesias?. Amistad en Cristo. Carlos Aracil Orts.

(2) ¿Debo reunirme en alguna iglesia en particular para estar en paz con Dios? Extraído de ¿Qué significa abstenerse de sangre y de ahogado?.  Amistad en Cristo. Carlos Aracil Orts.

 

 

 

 

 

 

 

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