Amistad en Cristo - Carlos Aracil Orts

¿Será el sábado día de adoración en la Tierra nueva?

¿Deben los cristianos guardar el reposo del sábado puesto que forma parte de la ley de los diez mandamientos?

¿Confirma el Nuevo Testamento que Dios exige a los cristianos el reposo en el día sábado como cumplimiento del cuarto mandamiento de la ley que dio a su pueblo Israel en el Sinaí?
 
(Isaías 58: 13, 14 y 66:23)
 
Versión 21-05-08

 

Carlos Aracil Orts

1. Introducción*

 

Querido hermano en Cristo, comprendo bien sus preguntas y su preocupación ante un asunto tan importante como éste que puede implicar a nuestra conciencia y afectar, de alguna manera, a la seguridad en la salvación que sólo debe reposar en Cristo como nuestro gran Salvador, y en ningún caso en los preceptos de la antigua ley. Los siguientes pasajes, por los que usted me pregunta, son de aplicación para los creyentes del Antiguo Pacto, es decir, sólo afectan al pueblo de Israel.

Isaías 58:13,14

“13 Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, 14 entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado.”

Isaías 66:22, 23

“22 Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre. 23 Y de mes en mes, y de día de reposo en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová.”

Primero de todo hemos de tener claro que los cristianos pertenecemos al Nuevo pacto que estableció Jesucristo: “...Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.” (Lucas 22:20; véase también Mt. 26:28; Mr. 14:24; 1ª Cor. 11:25).

Por tanto, cuando aceptamos a Cristo como nuestro Salvador personal, somos constreñidos por amor, a obedecer todo lo que Jesucristo y sus apóstoles nos han revelado en el Nuevo Testamento, siendo sólo estas buenas nuevas de salvación las que son ley para los cristianos, y ningún precepto del Antiguo pacto que no se haya ratificado en el Nuevo es de aplicación al cristiano.

Los cristianos no estamos bajo la ley del Antiguo Testamento sino bajo la ley de Cristo (1ª Corintios 9:21: “a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley de Dios (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo)...”; véase además Gálatas 5:13, 14; 6:2).

¿Cuál es la ley de Cristo?

“Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.” (Juan 13:34).

“Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros, como yo os he amado.” (Juan 15:12).
 
¿Cuáles son los mandamientos que los cristianos debemos guardar?

“Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.” (1ª Juan 2:3).

Veamos a que mandamientos se está refiriendo el apóstol Juan, ¿Son acaso los Diez mandamientos del Sinaí o es algo distinto?, los versículos siguientes lo aclaran perfectamente:

“Pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.” (1ª Juan 2:5).

“Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio. (1ª Juan 2:7).

¿A qué “palabra” se está refiriendo el apóstol Juan?  la palabra que habéis oído desde el principio.”

Por tanto es la Palabra de Dios revelada en las Sagradas Escrituras, y en especial en el Nuevo Testamento lo que es mandamiento para todos los cristianos y no la ley del Sinaí. Esto explica también a qué mandamientos se está refiriendo Juan en Apocalipsis 12:17: “...los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.”. Es lo mismo que dice Apocalipsis 14:12: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.” . Debe quedar claro, pues, que en estos versos de Apocalipsis, el apóstol Juan, al igual que en sus epístolas o en su evangelio, siempre se refiere a la Palabra de Dios.

No obstante, a continuación trataremos de estudiar con detenimiento la relación del cristiano con la ley del Sinaí, si esta ley rige para los cristianos, y si hubiera algún libro o epístola del Nuevo Testamento, en especial el libro de Hebreos y la Epístola de Santiago que confirmasen la vigencia de la misma, particularmente, en lo que se refiere a la obligatoriedad de guardar el reposo del sábado del cuarto mandamiento del Decálogo.

2. La ley moral o natural

 

En general, con posibles excepciones de las que no tengo conocimiento, podemos afirmar que los seres humanos tenemos una conciencia que nos hace distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, es decir, creemos que Dios ha implantado en la misma un discernimiento moral. A eso le podríamos llamar ley natural.

Ahora bien, nuestra conciencia sufre alteraciones debido a la educación recibida, por el entorno en el que vivimos: la familia, la escuela, la sociedad, etc., y por lo más o menos fieles a ella que hayamos sido en el transcurso de nuestra vida. Una persona siguiendo su conciencia pueda pensar que está haciendo lo correcto, y sin embargo se equivoca y peca.

Por eso los cristianos debemos ser humildes, reconocer nuestras debilidades, y estar abiertos a recibir la instrucción de Dios a través de su Palabra revelada, y a comprometernos a obedecerla con el poder del Espíritu Santo.

El apóstol Pablo en Romanos 2: 12-15 nos dice:

“12 Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; 13 porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. 14 Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, 15 mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, 16 en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.”

Lo que confirma que todos tenemos una conciencia donde está escrita la ley moral o natural, a la cual siempre debemos ser fieles so pena de endurecer y cauterizar la misma, y que llegue un momento en que acallemos la voz de Dios, dejando de discernir entre el bien y el mal.

Por tanto, actuar de manera contraria a nuestra conciencia, nos degrada espiritualmente, y perjudica nuestra relación con Dios. No obstante, no debemos ser rebeldes a todo nuevo conocimiento o comprensión de la Palabra de Dios que sirva para mejorar y progresar en el camino de la santificación a la que todo cristiano ha sido llamado.

3. La ley en el Antiguo Pacto

Mucha gente identifica la ley del Antiguo Testamento con los diez mandamientos, sin embargo no es así. Generalmente cuando la Biblia nombra la ley se refiere al Pentateuco o sea los cinco libros que forman la Torah (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio).

Por ejemplo, cuando Jesús dice en Mateo 5: 17: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas,...”, se está refiriendo a los libros citados anteriormente y a los de los profetas del Antiguo Testamento, que eran casi toda la Revelación que hasta ese momento se poseía. De la misma manera, Jesús hace mención a la Biblia denominándola “la ley y los profetas”, en el siguiente pasaje de Lucas 16:16: “La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan en entrar en él.”

Los Diez Mandamientos fueron la base sobre la que Dios estableció pacto con el antiguo Israel. Dios prometió bendecirles en la medida que estuvieran dispuestos a obedecer esta ley (“...y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos.(Éxodo 34:28; véase también Deut. 9:9, 11, 15; Heb. 9:4). En todas estas ocasiones la Biblia se refiere a ellos como las tablas del pacto. Por tanto, pues, las tablas del pacto, o sea los diez mandamientos quedan completamente vinculados a una época, la de antes de Cristo, y a un pueblo, Israel.

Este Pacto, pues, concierne sólo al pueblo de Israel y a nadie más, como la misma Escritura afirma en Deut. 5: 2, 3: “2 Jehová nuestro Dios hizo pacto con nosotros en Horeb. 3 No con nuestros padres hizo Jehová este pacto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos.”

La ley que vino 430 años después de la promesa que Dios hizo Abraham de que Cristo nacería de su descendencia, “fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.” (Gálatas 3:15-19). Es decir, la ley estaría vigente hasta la venida del Salvador, Cristo el Mesías. Los creyentes pertenecemos al pacto que Dios hizo con Abraham, pues por el mismo vino Cristo, nuestro Salvador.

Romanos 5:20

“Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; “

La ley sirve para que tengamos conciencia de pecado (Romanos 3:20; Gálatas 3:22, 23), pues donde no hay ley, no se inculpa de pecado (Romanos 5:13), y para llevarnos a Cristo (Gálatas 3:24).

“De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.” (Gálatas 3:24).

4. La ley moral en el Nuevo Pacto

El Nuevo Pacto es muy distinto al Antiguo. No es una revisión, ni una simple continuación de éste, sino que implicó un cambio muy importante en el proceso de la salvación.

Dios mismo, en Jeremías 31:31-34, anuncia que establecerá un nuevo pacto con la casa de Israel y la casa de Judá “no como el pacto que hice con sus padres...” (Hebreos 8:9), y acto seguido nos describe una característica esencial que tendrían los creyentes del nuevo pacto: “pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos serán mi pueblo;” (Jeremías 31:33; Hebreos 8:10).

Jeremías 31:31-34

“31 He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. 32 No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. 33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. 34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.”

El libro de Hebreos en el capítulo 8 nos explica que el nuevo pacto sustituye al antiguo, y que éste, al quedar obsoleto, tiende a desaparecer. Veámoslo:

Hebreos 8: 6, 7, 13

“6 Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. 7 Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.

13 Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.”

La venida de Cristo al mundo y su sacrificio expiatorio por los pecados de los seres humanos hizo posible que el Espíritu Santo habitase en los corazones y mentes de los creyentes, haciendo que murieran al pecado y renacieran en una nueva naturaleza en Cristo Jesús. Cristo mismo testificó que el Espíritu Santo no podría habitar en los creyentes hasta que Él fuera glorificado (Juan 7:37-39).

El establecimiento del Nuevo pacto por Jesucristo implicó la desaparición del Antiguo, y esto significó que todo el sistema de leyes, que regían al pueblo de Israel, incluyendo los diez mandamientos que eran la base del Antiguo Pacto, tuviera su fin en Jesucristo (Romanos 10:4 “Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.”)

Efesios 2:15, 16 (Véase también Colosenses 2:14)

“Aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí  mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, (16) y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.”

¿Quiere decir esto que Dios abolió la ley moral?

La ley moral existió desde el principio de la creación, y es el fundamento de las relaciones humanas y de la relación con Dios. Como muy bien dice San Pablo en Romanos 5:13, “Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado.”

Lo que dice san Pablo es que si no hubiera habido ley moral hasta la promulgación de los diez mandamientos en el Sinaí, entonces la humanidad que existió anteriormente no habría pecado, al no haber ley. Sin embargo, sabemos que ha habido transgresión constante de la ley moral desde Caín que mató a Abel hasta nuestros días.

Los principios de la ley moral recogidos en la ley de los diez mandamientos no pueden perecer ni ser abolidos, porque siempre existieron y están, de alguna manera implantados en nuestra conciencia, mente o corazón. La ley de los diez mandamientos no hizo más que refrescar la conciencia endurecida y la memoria olvidadiza de la humanidad.

En el sermón del monte nuestro Señor Jesucristo sacó a la luz los grandes principios morales que rigen la relación con nuestro prójimo y con Dios, no como estaban enunciados en las tablas de la ley del Sinaí, sino dándoles el sentido plenamente espiritual que les corresponde, aclarando que no debíamos conformarnos con un mero cumplimiento nominal y legal de la letra de la ley. Recomendamos encarecidamente leer detenidamente todo el capítulo 5 del evangelio de San Mateo. Si así lo hacemos, observaremos el contraste que hace Jesús respecto a la ley del Sinaí o ley de Moisés con la ley moral. Aquí, a fin de no extendernos demasiado, sólo destacaremos unos pocos textos:

Mateo 5: 21 e.a.

“21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. 28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

31 También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. 32 Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.

43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?

48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”

¿Acaso no es esta ley muy superior a la del Antiguo Pacto?

Vemos que Dios siempre ha requerido a los seres humanos un cumplimiento fiel de su ley moral. Su ley no ha cambiado. Él nos sigue exigiendo, ahora tanto como entonces, el cumplimiento de la ley moral, como condición ineludible para la salvación. En los siguiente versículos Jesús mismo nos resume la ley de Dios.

Mateo 22: 37-40

 “37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.”

Cuando vislumbramos la amplitud de los dos mandamientos que Dios requiere que cumplamos, comprendemos que somos pecadores porque no podemos guardarlos plenamente. Todos estamos bajo pecado ( Romanos 3:9), no hay justo ni aun uno (Romanos 3:10) y todos estamos destituidos de la gloria de Dios por cuanto todos hemos pecado (Romanos  3:23).

Ahora empezamos a entender lo que nos dice Pablo en Romanos 7:23: 23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? 25 Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

Por eso cuando, entendemos el requerimiento de la ley, para ser convencidos de pecado por el Espíritu, debemos ser humildes y reconocer que somos pecadores y que el mal está en nosotros (Romanos 7:21), y nada podemos hacer por nosotros mismos sino acogernos a Cristo:

Romanos 8: 1 e. a (Recomiendo leer todo el capítulo)

“1 Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

2 Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

3 Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; 4 para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 5 Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. 6 Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. 7 Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. 10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Por tanto, el creyente cristiano no contempla a la ley que le condena sino a Cristo que le salva mediante la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” (Romanos 8: 2).

Cuando aceptamos a Jesús como nuestro salvador, Dios nos hace nacer de nuevo e implanta, en nuestra mente, corazón y conciencia, sus leyes (Hebreos 8:10).

¿Cuáles son estas leyes?

Fundamentalmente es la ley del amor. Ya hemos visto que Jesús dice que el que ama a Dios y al prójimo ha cumplido toda la ley y los profetas, es decir, todo lo que exige la Biblia. Vemos que hay perfecta armonía entre lo que afirma Santiago, “si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis;” (Santiago 2:8), y lo que declara Pablo en Romanos y Gálatas:

Romanos 13:9-10

“8 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. 9 Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 10 El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

Gálatas 5:14

“14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Los creyentes en Cristo, pues, somos salvos por la fe y no por las obras de la ley (Romanos 3:28; Gálatas 2:16; 3:11-14). “Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra” (Romanos 7:5,6; Véase además 2ª Corintios 3:2-18).

Nada se dice en el Nuevo Testamento acerca de guardar el reposo sabático que si era preceptivo en el Antiguo Testamento, y su profanación era castigada con pena de muerte (Números 15: 32-36). En el siguiente apartado trataremos este tema con detenimiento.

5. ¿Guardar el reposo sabático es un mandamiento de Dios en el Nuevo Pacto en Cristo?

Como ya dijimos sólo el Nuevo Testamento rige para el cristiano, y no hemos encontrado en todo él nada que ratifique la vigencia del reposo sabático. Lo que confirma que, al desaparecer el Antiguo Pacto, también cesó la ley del sábado, que siempre fue una ley específica para el pueblo de Israel, promulgada por Dios para que ese pueblo se diferenciase de los que le rodeaban, y como una señal del pacto entre ellos y el Dios verdadero, Creador de todas las cosas.

Éxodo 31:12-17

“12 Habló además Jehová a Moisés, diciendo: 13 Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. 14 Así que guardaréis el día de reposo, porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo. 15 Seis días se trabajará, mas el día séptimo es día de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el día de reposo, ciertamente morirá. 16 Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. 17 Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó.

El reposo del sábado, además de ser una señal del pacto de Dios con Israel, tenía un elemento ritual que prefiguraba a Cristo. Semejante al significado que tenían los sacrificios ceremoniales de los animales que realizaban en Israel. Al igual que ellos, el reposo sabático representaba la salvación que se obtendría en Cristo, el perdón de pecados a cambio de una vida inocente, lo que era sombra y figura del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29). El pueblo tenía que aprender a confiar en Dios en sus promesas. Debían comprender que su salvación no estaba en sus manos y así reposar en el futuro Salvador.

Para los creyentes del Nuevo Pacto, puesto que Cristo murió y resucitó y nos ha dado esta gran salvación, ¿qué sentido tiene el guardar el reposo del sábado que era señal del Antiguo Pacto, cuando dicho Pacto ya no está vigente y el mismo Jesús ha establecido la Santa Cena como señal del Nuevo Pacto, “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama (Lucas 22:20).

No solamente no encontramos en el Nuevo Testamento ningún atisbo de la obligatoriedad de la ley del sábado del Antiguo, sino que por el contrario tenemos claras evidencias de la anulación o abolición total de ese mandamiento. Veamos por ejemplo los siguientes pasajes:

Colosenses 2: 16, 17:

“Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, (17) todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.”

El reposo del sábado era sombra del futuro reposo que representa la salvación en Cristo, la cual poseemos ya desde el mismo momento que creímos.

Así lo confirma también el escritor de Hebreos:

Hebreos 3:18; 4:1-3

“18 ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? 19 Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.

 1 Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. 2 Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. 3 Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo:”

Observemos que el autor de Hebreos se refiere claramente a que el reposo en el Nuevo Pacto no es guardar el sábado sino creer en Jesús como nuestro Salvador, aceptar la buena nueva con fe, pues de no ser así no nos aprovecharía de nada como les ocurrió a aquellos a los cuales se dirige el escritor de esta epístola. Por lo tanto, creer en esa buena nueva es entrar en el reposo de Dios. No se trata, pues, de guardar el reposo cada sábado de la semana, sino de vivir en Cristo todos los días.

Hebreos  4:1-13

 "Por tanto, juré en mi ira, No entrarán en mi reposo; aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo. 4 Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día. 5 Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo. 6 Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia, 7 otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones.

8 Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. 9 Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. 10 Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.

11 Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia."  
 
Como ya hemos visto, entrar en aquel reposo es aceptar la buena nueva  de salvación, o sea el evangelio de nuestro Señor Jesús con inquebrantable fe. Cuando aceptamos a Jesús con fe, cuando no confiamos en nuestras obras, sólo confiamos, reposamos en Él, obtenemos el descanso para nuestra alma, que es la seguridad de la salvación, saber que nuestros pecados han sido perdonados y que somos salvos por los méritos de Jesús.

Romanos 5:1

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;”

Éste es el verdadero reposo, y no el del sábado, reconocer, por fe, que hemos sido redimidos, justificados y salvos, y que nada ni nadie nos podrá separar del amor de Cristo (Romanos 8:28-39).

El pueblo de Israel había sido esclavo en Egipto durante más de 400 años. La influencia de las costumbres paganas de Egipto, y su condición de esclavitud en un país extranjero, seguramente, habían oscurecido su conocimiento de Dios, embrutecido su mente y endurecida su conciencia. Dios, por tanto, necesitó realizar una gran labor de reforma y educación religiosa del pueblo, a fin de restablecer una relación correcta con Él mismo. Primero tuvo que revelarles que Él no era un dios a la manera de los dioses de Egipto, sino que era el Creador de los cielos y la tierra.

El mandamiento de reposo en el día sábado, de no hacer obra alguna fue dado, por Dios a Israel, incluso antes que la ley de los diez mandamientos fuera revelada por Dios a Moisés en el Monte Sinaí (Éxodo 16:4,20-32). Por tanto, dicho mandamiento existió independientemente de la ley, y poco después, Moisés mostró al pueblo, las dos tablas de la ley, estando el mandamiento del reposo sabático colocado en el cuarto lugar de la primera tabla de piedra (Éxodo 20:2-17).

Éxodo 16:4, 19-30

 “4 Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no. 5 Mas en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día.

Y les dijo Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana. 20 Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés. 21 Y lo recogían cada mañana, cada uno según lo que había de comer; y luego que el sol calentaba, se derretía.

22 En el sexto día recogieron doble porción de comida, dos gomeres para cada uno; y todos los príncipes de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés. 23 Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana. 24 Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió. 25 Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo para Jehová; hoy no hallaréis en el campo. 26 Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo; en él no se hallará. 27 Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron.

28 Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes? 29 Mirad que Jehová os dio el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estese, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día. 30 Así el pueblo reposó el séptimo día.”

Con estos textos comprobamos que el mandamiento del reposo sabático  también fue dado para educarles en la obediencia: para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no.” (Éxodo 16:4). Vemos como algunos del pueblo inmediatamente desobedecieron (verso 28: “Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?”).

Aunque este estudio no pretende presentar todos los argumentos bíblicos que prueban que el mandamiento del reposo sabático no está vigente ni se aplica al pueblo cristiano, no podemos resistirnos a enumerar algunos más. Como por ejemplo, destacar que el descanso en el día del sábado consistía de abstenerse de toda obra porque así lo había mandado Dios.

El profanar este mandamiento, haciendo cualquier tipo de trabajo como cocinar, hacer fuego, recoger leña, llevar carga u otro tipo de trabajo, incluso, no se podía realizar un viaje en día de sábado que fuese más allá de unos dos mil codos, etc., estaba sancionado con la pena de muerte. Además, el sábado se iniciaba con la puesta del sol del día viernes y finalizaba con la puesta de sol del sábado. Esto que no era difícil de cumplir para un solo pueblo, sería impensable tratar de imponerlo a todo los pueblos del mundo con tan diversos horarios y situaciones distintas de turnos de trabajo (Véase Éxodo 31: 12-17 citado anteriormente).

6. Conclusión

Los creyentes cristianos pertenecen al Nuevo Pacto que Jesucristo estableció en su muerte (Lucas 22:20). Todo lo que se ha revelado en el Nuevo Testamento es de aplicación para ellos, y por tanto, deben obedecer todas sus leyes. Los mandamientos de Dios en el nuevo pacto no son la ley del Sinaí sino la Palabra de Dios:

1ª Juan 2: 3, 5, 7

“(3) )Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.”

(5) “Pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.” (1ª Juan 2:5).

(7) “Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio.

Ninguna ley del Antiguo Pacto rige para los cristianos. El “...Nuevo Pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.” (Hebreos 8:13).

Dios anunció que el nuevo pacto no sería como el primero, porque pondría sus leyes en nuestras mentes y las escribiría sobre nuestros corazones (Jeremías 31:31-34; Hebreos 8: 7-12). Esto, Dios lo realiza con su Espíritu al habitar en nuestras vidas, haciéndonos nacer de nuevo, y librándonos de la ley del pecado y de la muerte  (Romanos 8: 1-2).

Los cristianos no están bajo la ley del Antiguo Pacto sino bajo la ley de Cristo. Jesús en el sermón del monte relatado en Mateo 5 aclara el alcance de los inmutables principios de la ley moral haciendo contraste con la ley antigua, con lo que da a entender que aquella desaparece, introduciéndonos en el ministerio del Espíritu y no el de la letra (2ª Corintios 3:3-18). En donde el amor debe regir toda conducta: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.(44) Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;” (Mateo 5:45).

¿Cuál es la ley de Cristo?

“Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.” (Juan 13:34).

“Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros, como yo os he amado.” (Juan 15:12).

El cumplimiento de la ley es el amor:

Santiago 2:8

“Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis;”

Y lo que declara Pablo en Romanos y Gálatas:

Romanos 13:9-10

“8 No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. 9 Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 10 El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor.

Gálatas 5:14

“14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

La ley que Dios implanta en nuestra mente y corazón en el nuevo pacto es la ley del amor.

Dios, en todos los tiempos ha exigido a la humanidad el cumplimiento de la ley moral:

Mateo 22: 37-40

“37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.”

Todo esto que venimos diciendo está en armonía con lo que afirma el apóstol Santiago en el siguiente pasaje:

Santiago 2: 12:

“Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad.”

La ley de la libertad es la ley del amor.  El cristiano no se centra en la letra ni en el espíritu de la ley, porque reconoce que no puede cumplirla sino que se acoge a la gracia de Dios por medio de Jesucristo que cumplió perfectamente toda la ley, siendo, por tanto revestidos por su justicia.

Por cuanto Jesús murió y pagó nuestra deuda con la ley, al aceptar su sacrificio expiatorio, nos identificamos con Él, y morimos con Él mediante el bautizo. Esto es el evangelio, las buenas nuevas de salvación según nos relata el gran apóstol Pablo:

Romanos 6:1 e.a (Se recomienda leer también el capítulo 7):

“1 ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2 En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva(Esto es el corazón del evangelio)

5 Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; 6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 7 Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. 8 Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; 9 sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. 10 Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. 11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; 13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. 14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

Siervos de la justicia

 15 ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. 16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? 17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. 19 Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.

20 Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. 21 ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. 22 Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. 23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Los cristianos no servimos bajo el régimen viejo de la letra sino bajo el nuevo del Espíritu. No miramos la ley sino a Cristo. De esta forma somos libres de la ley y del pecado, porque hemos muerto al pecado en Cristo.

Romanos 7: 4-6:

“4 Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. 5 Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. 6 Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.”

En el Nuevo Testamento no existe la ley del reposo sabático aplicada a los cristianos. En ningún lugar  se exige este mandamiento. Por el contrario Pablo nos dice en Colosenses 2:16-17 que el sábado era sombra de Cristo. Además, a lo largo del Nuevo Testamento encontramos situaciones, en que si este mandamiento hubiera estado en vigor, habrían sido totalmente oportunas y convenientes para confirmarlo, y sin embargo esto no se produjo. Por ejemplo: cuando los fariseos creyentes en Jesús quisieron imponer la ley de Moisés (Hechos 15:5), Jacobo lo impidió y dijo:

Hechos 15:19-20:

“por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se conviertan a Dios, (20) sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre.”

Léase además Hechos 15:24, 28, 29. Aquí hubiese sido una ocasión de oro para ratificar la vigencia del sábado de la ley antigua, sin embargo, la respuesta de los apóstoles fue “porque ha parecido bien al Espíritu santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias:”

A continuación citamos unos pasajes de Romanos y Gálatas, en los cuales el apóstol Pablo, tuvo oportunidad, si esa hubiera sido su intención, de confirmar el mandamiento del reposo sabático. Sin embargo, contrariamente, les amonesta a que no guarden ningún día, o para que cada uno guarde el día que quiera, de acuerdo a su conciencia, puesto que la ley no exige el reposo de ningún día en especial.

Gálatas 4:8-11

“8 Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; 9 mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? 10 Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. 11 Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.”

Romanos 14:5-9

5 Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. 6 El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios. 7 Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. 8 Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. 9 Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven."

El reposo del sábado fue la señal del antiguo pacto (Éxodo 31:13-17), y un recordatorio de la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto (Deut. 5:15).

El Nuevo Pacto sustituyó al Antiguo y éste ya no está vigente (Hebreos 8:13). En el Nuevo Pacto, Cristo establece la Santa cena como señal y memoria de su muerte expiatoria por los pecadores y de su segunda venida en gloria.

Por tanto, el creyente cristiano no contempla a la ley que le condena sino a Cristo que le salva mediante la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” (Romanos 8: 2).

Cuando aceptamos a Jesús como nuestro salvador, Dios nos hace nacer de nuevo e implanta en nuestra mente, corazón y conciencia sus leyes (Hebreos 8:10).

Los creyentes en Cristo, pues, somos salvos por la fe y no por las obras de la ley (Romanos 3:28; Gálatas 2:16; 3:11-14). “Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra” (Romanos 7:5,6; Véase además 2ª Corintios 3:2-18).

Significado de Isaías 66:22, 23 a la luz de toda la Biblia

“22 Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre. 23 Y de mes en mes, y de día de reposo en día de reposo, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová.”

En primer lugar, en mi opinión, aquí no dice que en los cielos nuevos y tierra nueva los creyentes irán a adorar a Dios de mes en mes y de día de reposo en día de reposo, sino que por el contrario, el énfasis se hace en la permanencia de la descendencia de Israel comparándola con la tierra prometida. Dios está hablando del triunfo de los verdaderos creyentes, los cuales permanecerán, tan cierto como permanecerán el cielo y la tierra nueva. Y la adoración de mes en mes y cada sábado, está inscrita en el marco del Antiguo Pacto, y se refiere, por tanto, sólo al pueblo de Israel, que como sabemos estaba obligado por la ley.

No obstante, es bueno leer estos versos en otras versiones de la Biblia que quizá puedan arrojar luz adicional, por ejemplo, a continuación transcribiré dichos versos con la Biblia de Jerusalén, 1998:

Isaías 66:22, 23  (Biblia de Jerusalén, 1998)

“22 Porque así como los cielos nuevos y la tierra nueva que yo hago permanecen en mí presencia –oráculo de Yahvé-, así permanecerá vuestra raza y vuestro nombre. 23 Así pues, de luna en luna nueva y de sábado en sábado, vendrá todo el mundo a prosternarse ante mí -dice Yahvé.”

Como podemos comprobar, la mención luna nueva y sábado corresponden perfectamente a la dispensación del Antiguo Testamento, pues se trata de las fiestas ceremoniales que celebraba el pueblo de Israel, que estaban en la Torah, como el mismo Pablo nos dice en Colosenses 2: 16: “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo.” Queda claro, pues que no se trata de la Jerusalén celestial (Apoc. 21), sino de la terrenal, o sea, sólo para el pueblo judío del Antiguo Pacto.


 
Con la ayuda de Dios, espero haberle contestado adecuadamente a su pregunta, no obstante, si desea hacer alguna aclaración o comentario a este estudio o a cualquier otro, puede dirigirlo a la siguiente dirección de correo electrónico:

carlosortsgmail.com

 

 

* Las referencias bíblicas están tomadas de la versión Reina Valera de 1960 de la Biblia. Las negrillas y los subrayados realizados al texto bíblico son nuestros.

 

 

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